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El Monstruo Climático: Catástrofes, Mala Gestión y Colapso de Civilizaciones

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El Monstruo Climático. Fuente: Cosmic Convergence: 2012 and Beyond

 Las fechorías del clima cambiante componen un largo rosario de calamidades (…). Jared Diamond subraya la incapacidad de los antiguos para entender y prevenir las causas.

 ¡La culpa de todo la tiene el cambio climático!. ¿Y en el pasado?. ¡Me da igual! ¡La culpa de todo la tiene el cambio climático!. José ten cuidado con el ¡niño! y ¡la niña!, mientras voy a hacer la compra. ¿El Niño? y ¿La Niña?. ¿No ves?, ¡la culpa de todo la tiene el cambio climático!. Y así puede entenderse la siguiente nota de prensa que lleva por título: El clima acabó con los Mayas y Vikingos, ya que en el resto de la noticia se apuntan otras numerosas causas adicionales como presuntas responsables de la caída de grandes y pequeñas civilizaciones, aunque según aseguran algunos expertos, cientos pueblos lograron sortear los veleidosos vaivenes de los climas a nivel regional.  Sin embargo, el ser humano no ha sido la única víctima. Así por ejemplo a la hora de redactar este post acabo de leer en la prensa esta otra nota: El debilitamiento del monzón asiático impulsó la adaptación de los roedores a la vida subterránea.

Por obra de las modas y la prensa científica rosa, el ciudadano debe pensar que el clima es una especie de asesino en serie, pero no de personas sino como motor de un magnicidio tras otro. Dicho de otro modo, lo que ha sido la pauta desde que la Tierra es Tierra, se ha convertido por la conjura de los necios, el enemigo público número 1. Se trata de un recurso natural políticamente incorrecto y azote de una naturaleza razonable y necesariamente servil. Así por ejemplo,  cómo veréis en la nota de prensa que os incluyo abajo se cita fuera de contesto: En la cuenca del Ebro, en concreto, la crisis “forzó un cambio cultural, obligando a los cazadores-recolectores a volverse agricultores sedentarios“. Ellos, que vivían felices, al parecer “no querían” pero se vieron obligados por el maldito clima. Dicho así parece que el nacimiento de la agricultura fue una maldita bendición. Seguidamente también se puede leer: “durante mucho tiempo se consideró el medio ambiente un actor secundario en la historia. Preferíamos atribuir los derrumbamientos sociales a las invasiones, rebeliones o crisis económicas, minimizando el impacto de las sequías, las inundaciones o la desertización”. Actualmente una ciencia un tanto borracha parece haber virado 180º, y ahora se responsabiliza al clima hasta cuando El Niño se hace pis en la cama. Empero lo acaecido realmente en el pasado, aun esconde muchos misterios, por lo que estos estudios tan solo constatan que la sociedad actual se encuentra muy, pero que muy enfada por el clima, ya que no responde debidamente ante nuestros desmanes 

Sin embargo, la nota de prensa no deja de ser más que un pastiche inconexo de diversas opiniones, algunas avaladas rotundamente por descubrimientos científicos, en tanto que otras no pasan de meras especulaciones. Seguidamente aparecen frases más juiciosas, como la siguiente:  “(…) especialistas advierten de que un “determinismo ecológico” sería tan miope como reducir el medio ambiente a mero telón de fondo. Los altibajos de las civilizaciones son más complejos; no reconocen una única causa. El ecocidio decidió la debacle en pocas ocasiones; la mayoría de las veces fue sólo la gota que colmó el vaso (…)El catastrofismo retrospectivo presenta un peligro: llevarnos a ver desastres ecológicos donde no los hubo”.

Sin embargo también existen otras explicaciones, como las de índole político. Lean por ejemplo esta noticia: La lucha de clases hundió Teotihuacán. En fin… sin comentarios.

Y aquí está el problema, cuanto más compleja es una civilización, tanto más vulnerable resulta ser ante los impactos de esos eventos a los que denominamos catastróficos. Y nuestro clima al parecer es un desastre. Como solemos burlarnos hablar de la tercera edad y sus quejas hacia todo lo nuevo: “el clima de ahora ya no es como el de antes, aquel sí que era un buen clima”.  Resulta trivial entender que un pueblo cazador recolector pueda mudarse de sitio, en función de los cambios climáticos, pero también de los estacionales, que comprendían perfectamente. A una cultura sedentaria, basada en la agricultura de secano, le costaría más encontrar otro lugar en donde seguir realizando las mismas prácticas aunque con el tiempo evolucione adaptándose al nuevo ambiente. Ahora bien, en una civilización compleja, cuyo excedente alimentario provenga del control del sistema suelo-agua planta, en la que habitan centenares de miles de personas, la cosa cambia sobremanera. Tan solo hace falta que penséis a cerca de  los efectos de un corte prolongado de la electricidad y/o agua en una mega-urbe actual en donde se hacinan millones o decenas de millones de personas. Leí (aunque no he podido verificar debidamente) que unos egiptólogos decían haber descubierto que en el Delta del Nilo un reajuste de sus canales anastomosados (algo muy habitual en estos ambientes fluviales) dejó una gran ciudad sin suficiente agua potable. Pues bien, en lugar de construir otra, posiblemente forzados por sus creencias y mitos, trasladaron toda la urbe, piedra por piedra hasta otro canal más caudaloso. Se imaginan el traslado de San Francisco o México D.F. decenas o cientos de kilómetros.

Eso sí, como el riego resulta ser imprescindible para incrementar la producción alimentaria,  veréis en la noticia que hoy reproducimos que la salinización del suelo aparece como la causante de muchos desastres.  Y debe ser esta la razón por la que: “. Jared Diamond subraya la incapacidad de los antiguos para entender y prevenir las causas “. A pesar de que me gustan los libros de Jared, habría que recordarle que (i) Si los antiguos fueron incapaces de comprender (….) los “postmodernos” menos aún, ya que con más tecnología y conocimiento seguimos perdiendo suelo fértiles por la salinización de nuestros regadíos y (ii) los grandes cambios climáticos acaecen de vez en cuando, a menudo tras varios milenios, decenas de milenios etc., por lo que aquellos pueblos obviamente eran incapaces de predecirlos.  Sin embargo nosotros estamos cambiando el clima, lo sabemos, tenemos tecnología y capacidad políticas para no haber llegado hasta aquí. No obstante hemos alcanzado la más alta cota de la estupidez humana a lo largo de toda su historia.  Habría que preguntarle al gran “Jared Diamond”: ¿quien eran más ineptos los antiguos o nosotros?.

 Nuestros conocimientos han avanzado mucho desde las antiguas civilizaciones, sin embargo como especie hemos progresado más aun en nuestra estulticia. El clima ha cambiado desde el origen de la Tierra una y otra vez. Un proceso natural no es culpable de nada, pero nosotros sí. Si deseamos un superclima, vayámonos a un superplaneta (habitable “of course”). Aunque no lo duden, a poco de llegar, si no cambiamos nosotros, pronto lograríamos mediante nuestra super-geoingeniería planetaria convertirlo en un super-yermo planeta.

El registro fósil nos enseña que ante una gran catástrofe natural las especies que antes desaparecen resultan ser las más Complejas.

 Prehistoria e historia nos informan que las culturas más susceptibles por los caprichos del clima resultan ser las grandes civilizaciones.

Y aplicando un silogismo lógico…. Tendríamos una sencilla solución a esta ecuación.

Ahora lean la noticia, muy culta ella, y alucinar con el pastiche y su dudosa relación con el título que la encabeza.  

 ¿Quién tiene la culpa?: ¡El Clima!

Repitamos:  ¿Quién tiene la culpa: ¡El Clima!

¿Pero nos hemos enterado? ¡Por última vez!: ¿Quién tiene la culpa: ¡El Clima!.

Nada, ni modo. ¿Y para esto tanta ciencia y expertos en cambio climático?.

Yo voy a emular pues a los roedores y me adaptaré a la vida subterránea en el suelo, ya no tendré que escuchar tanta desiderata indigna de la inteligentia científica, social y económica. Os recomiendo que leáis este post previo relacionado en el tema de hoy. El Nacimiento de las Civilizaciones y El Sistema Suelo-Planta-Agua: El Caso de las Culturas Mesoamericanas.

Juan José Ibáñez

Cavando su nuevo hogar-madriguera en el suelo.

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Erosión Fría

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Glaciares desembocando en las Rías Patagónicas (Chile); Foto. Juan José Ibáñez

El post de hoy nos habla de la erosión fría, que no de la fusión fría, tema que escapa a nuestras competencias. Se trata de un breve artículo publicado en Investigación y Ciencia, partiendo de otro previo aparecido en las páginas de Nature.

El encabezamiento del título en Investigación y Ciencia, comienza así, resumiendo perfectamente el contenido de estos estudios: Erosión por enfriamiento. La historia térmica de miles de rocas avala la idea de que el enfriamiento climático de los últimos millones de años aceleró la erosión de la superficie terrestre. Con tal motivo se hace uso de cronómetros térmicos o más concretamente de sus métodos de datación en geología (geotermocronología). Abajo os añadimos el inicio de los contenidos en acceso abierto que permite Investigación y Ciencia. Seguidamente incluimos la Nota de Prensa de ScienceDaily, para finalizar con una sucinta descripción sobre la geotermocronología procedente de Wikipedia. El estudio ha sido realizado en diversas partes del mundo y “parece” bastante serio, aunque personalmente dudo que finiquite el debate acerca de si el relieve terrestre obedece fundamentalmente a la orogénesis (que incluye formación de montañas) causada por la tectónica de placas, o si por el contrario resulta ser el clima el factor que controla la fisiografía del globo terráqueo. Esta forma de crear antinomias (contextuales)  se me antoja fortunada.

Los autores detectan que la producción de sedimentos y la erosión montañosa resultan ser mucho mayores bajo climas fríos que cálidos, siendo muy elevada en diversos sistemas montañosos del mundo durante los periodos gélidos de los últimos seis millones de años, en los que la actividad tectónica era muy variable en los diferentes enclaves analizados por toda la superficie terrestre. Por tanto refuerza la hipótesis climática frente a la tectónica, si bien no considero que sea el punto fuerte del mensaje de los autores que, en todo caso, cabría matizar.   

Nadie duda del enorme poder erosivo de las masas de hielo, es decir de la erosión glaciar. De confirmarse los resultados obtenidos por los investigadores implicados en el estudio, el rebajamiento del relieve sería mayor durante los periodos gélidos, rebajando las cimas de las altas montañas y depositando los sedimentos de suelo, regolitos y rocas a menores altitudes. Eso sí, si la alteración física de las rocas resulta ser enorme, al contrario ocurre con la química, que necesita de ambientes más calentitos y húmedos con vistas a que puedan producirse las los procesos de intemperización que transforman las rocas en suelos.  

En consecuencia, podría inferirse que una alternancia de periodos fríos y cálidos sería un ciclo inmejorable  con vistas a alterar la superficie terrestre y rebajar sus relieves. Esto es justamente lo acaecido en los últimos millones de años y especialmente en el Pleistoceno. Sin embargo, que yo sepa, la comunidad científica sigue defendiendo que la actividad tectónica ha sufrido épocas de intensa y baja actividad, en lo que concierne a la elevación de las montañas, hecho que, hoy por hoy, no puede soslayarse. Por lo tanto, este tipo de controversias “blanco-negro”, “mucho-poco, bueno-malo” me parecen soberanamente inútiles.

A pesar de todo creo que la nota de prensa atesora gran interés de confirmarse que este tipo de periodos geológicos alternantes (fríos/cálidos) aceleran la transformación y rebajamiento del relieve terrestre, estando actualmente inmersos en uno de ellos. Os dejo pues con la información aludida con vistas a que los interesados abunden “un poco más” en el tema”.

Juan José Ibáñez

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