Posts etiquetados con ‘contaminación de humedales’

Adiós Humedales Adiós (… y suelos hídricos)

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Al paso que vamos, un día no muy lejano, aquellos humedales que alegraban la vista y refrescaban el ambiente serán un recuerdo y/o charcas atiborradas de residuos malolientes.

 Como me alegraría poderos ofrecer noticias que nos alegraran a todos sobre la naturaleza y el hombre. Sin embargo, la prensa se encuentra repleta de notas de prensa preocupantes cuando no dramáticas, aparentes descubrimientos científicos que nos narran hallazgos intrascendentes, ¡Cuánto viejo vino en nuevas botellas!. Y si hablamos de tecnología, nos narran novedades que sirven de poco, u ocultando sus lados oscuros por ser dañinas para el medio ambiente, la salud humana o el control del procomún ciudadano diezmado por la avaricia de multinacionales y gobiernos sin escrúpulos. A menudo me entran ganas de cerrar la bitácora porque termino malhumorado.   Pero vayamos ya al tema que hoy nos preocupa y mucho. Abajo os dejaré los enlaces sobre varios post precedentes relacionados con el tema y más de 20 páginas de noticias que tan solo tienen el propósito de serviros de ejemplo entre otras miles.

 La superficie de España, como la de casi todos los países del mundo, se encontraba antaño salpicada de hermosos humedales, lagunas y charcas que embellecían el paisaje y enriquecían su biodiversidad. Sin embargo, actualmente han desaparecido en su inmensa mayoría. Hoy incluso nuestras zonas húmedas más emblemáticas, como Doñana, la Albufera y el Delta del Ebro, todas ellas mundialmente reconocidas y “en teoría protegidas”, corren graves riesgos de desaparecer, siendo muchos son los que piensan que tal proceso es ya irreversible, como nos informa SEO/BirdLife. De acuerdo a esta organización: el 64% de los humedales del mundo ha desaparecido del planeta desde 1900. Tal cifra ascendería al 87% si calculamos su extinción desde 1700. Más aun, según las mismas fuentes, en España, el 80% de los ecosistemas húmedos dulceacuícolas restantes padecen severos síntomas de degradación. “Adiós humedales adiós”. El Homo sapiens, piensa ya poco de por sí, y al parecer nada en la biosfera, así como la enorme belleza, valor y riqueza del mundo natural. Empero necesitamos sus enormes servicios ecosistémicos, les guste a algunos o no. Por lo que todo este drama del teatro ecológico ya nos pasa una dramática factura.  

 Las causas de tal pérdida son tan numerosas como para no poder enumerarlas aquí. Millones de maneras de infringir daños o extinguir la riqueza y variedad de la biosfera. Digamos que su aprovechamiento agrícola, y en el pasado también el riesgo de paludismo que padecían los hombres y mujeres que vivían en sus proximidades, dio lugar a la destrucción de parte de los mismos. Sin embargo,  hoy en día la sobreexplotación de las aguas subterráneas, junto a los trasvases de aguas corrientes inter-cuencas (como amenazan constantemente a las Tablas de Daimiel), ha dado cuenta de otros tantos  ecosistemas de la misma índole. Por su parte, en el litoral, primero la agricultura y luego el sellado urbano generado por la litoralización de la población (expansión de ciudades, polígonos industriales, residencias turísticas, cultivos bajo plástico, etc.) también han generado estragos devastadores, en el seno o cerca de los ambientes costeros. En países como España, pero también en otros muchos, la presencia de agua se encontraba correlacionada con la de los suelos más fértiles, hoy sepultados bajo asfalto y cemento, de tal modo que hemos descapitalizado la edafosfera más valiosa, perdiendo gran parte la soberanía alimentaria. En otros países, las perdidas en vidas humanas y los miles de millones de euros que cuestan los “denominados desastres naturales” causados por huracanes, tifones, etc., alcanzan cifras escandalosamente escalofriantes. De haber respetado aquellos ecosistemas, casi nada de lo ocurrido hubiera tenido lugar.   ¿Desastres naturales?. No tanto, sino que tales desgracias han sido más bien causadas  por la codiciosa sociedad que padecemos.

 Nuestros políticos no parecen percatarse de que aunque los humedales ocupan exiguas extensiones en comparación con la tierra firme que les rodea, albergan una biodiversidad impresionante. Por ejemplo, en las zonas áridas del SE Español, y más concretamente en Almería, acabo de publicar un trabajo en el que constata que el 50% de las comunidades vegetales, surgen de los lechos fluviales pedregosos de las ramblas, ocupando estos últimos menos del 1,5% de sus superficie. En este tipo de cauces,  generalmente secos, surgen afloramientos de las aguas subterráneas, dando lugar a maravillosas islas de biodiversidad y edafodiversidad.

 La pérdida de las comunidades dulceacuícolas de tal índole, no solo amenazan las plantas y pequeños invertebrados que allí habitan, al margen de crear una insufrible monotonía del paisaje, sino que lo mismo ocurre con peces, anfibios, reptiles y algunos mamíferos, así como de otras formas de vida. Más aún, muchas especies biológicas que no habitan directamente sobre las mentadas zonas húmedas, dependen a menudo de ellas con vistas a cubrir sus necesidades de agua. Por lo tanto, al desaparecer las primeras, no es infrecuente que se corra el riesgo de terminar dañando gran parte de la cadena trófica de los paisajes circundantes, siendo pues afectados espacios geográficos mucho más extensos. A menudo, la prensa general tan solo nos informa de la gravedad que sufren las enormes y diversas bandadas de aves migratorias que necesitan ineludiblemente de estos ambientes en sus recorridos anuales, siendo tan solo la punta del iceberg.

 Reiteremos una vez más que, en los litorales de diversas zonas del mundo, la desaparición de estas barreras naturales termina pasando factura, en forma de ingentes pérdidas en términos de vidas humanas, económicas y ecológicas, al dejar de frenar la violencia de huracanes, tifones y tsunamis que antaño proporcionaban las zonas húmedas a los lugareños ante tales desastres naturales, que de este modo no lo eran tanto como en la actualidad.       

 Aunque no se trata de pérdidas en sentido estricto, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas también ha asolado, estos ecosistemas acuáticos, por cuanto  sus aguas se han visto transformadas de elixir en veneno. Empero también los humedales atesoran otros servicios ecosistémicos como dulcificar los mesoclimas locales y secuestrar ingentes cantidades de carbono atmosférico a escala global. Algunos científicos sostienen que tal hecho ya ha repercutido en los climas regionales a gran escala.

Muchas regiones del globo, e incluso civilizaciones enteras crecieron sobre la fertilidad de los deltas que tapizan la desembocadura de los grandes cauces fluviales. Hoy, la cadena de embalses que los jalonan interrumpe el aporte de sedimentos, impidiendo contrarrestar el delicado balance que los mantenía en equilibrio meta-estable frente a la erosión marina. Decenas, por no hablar de millones de personas corren el riesgo de padecer hambrunas.

 Tarde y mal, algunos despiertan de su letargo, decidiendo crear humedales artificiales. Empero los contados casos en los que tal hecho ocurre, no compensan las perdidas de los naturales. Veamos por ejemplo el panorama en EE.UU.

 Según “ActionBioscience”: entre los años de 1780 y 1980, los 48 Estados inferiores perdieron el 53% de los humedales originales, equivalentes  a 42 millones de hectáreas. Por su parte, veintidós Estados han perdido el 50% o más de sus zonas húmedas naturales, siendo California la que encabeza el ranking al desaparecer el 91%, mientras que Florida ha sufrido la mayor reducción en términos de extensión (3.76 millones de hectáreas). Las causas principales han resultado ser la agricultura y el desarrollo urbano, como en la mayor parte del Planeta. Más recientemente, las pérdidas de los humedales dulceacuícolas han alcanzado la espeluznante cifras del 98%.  Un fenómeno tan alarmante ha acaecido también en Nueva Zelanda, ya que solo persiste el 8% de los humedales originales.

 Debemos recordar que no existen cifras contrastadas para la mayor parte de los países del mundo. Pues bien, retornando al caso de EE.UU., durante la administración Obama, el Departamento de Agricultura (USDA), parece haber realizado un gran esfuerzo con vistas a sanear su más que depauperado medio ambiente rural, fomentado la conservación de las enclaves de agua dulce e induciendo la creación de otros artificiales en las granjas, sustituyendo los abonos químicos por una agricultura orgánica, a la par que animando a que sus agricultores construyeran charcas al objeto de mantener la vida salvaje y obtener otros productos con valor en el mercado, como la cría de cangrejos. Pero con el cambio de reemplazo de su Presidente, comienzan a sonar lasTrumpetas del Apocalipsis”.  Los Boletines electrónicos de la USDA se encuentran, hoy por hoy, casi fuera de servicio desde un punto de vista ambiental.  Más económico. ¿verdad?.

 Reitero que abajo os he incluido abundante información sobre las millones de maneras de destruir, asolar y devastar, pero hay muchas más.

 La cuestión ya no estriba pues, en que podemos hacer con los humedales, sino con la propia especie humana. Adiós, humedales adiós.

 Juan José Ibáñez

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Humedades, suelos hídricos, aguas residuales tratadas y epidemia de botulismo aviar

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Las Tablas de Daimiel, el último ecosistema de tablas (Torralba de Calatrava – Ciudad Real) Fuente Ruralia

 Hubo un tiempo en donde en las llanuras de Castilla-La Mancha (el hogar de Don Quijote) numerosos humedales salpicaban el paisaje. Por desgracia, el azote del paludismo devino en que se desecaran muchos de ellos con vistas a erradicar a los mosquitos que actuaban como vectores de la enfermedad. Hace más o menos una década, cuando visitaba en un momento dramático la posible desaparición de los humedales del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, debido a la sequía, observé atónitamente indignado como en varios de los campos agrícolas que lo rodeaban el agua para el riego salía a raudales, mientras que la reliquia natural parecía avocada a fallecer de sed. Ya os comentamos en algunos post precedentes, del que el siguiente es un mero ejemplo, “El riesgo de las aguas residuales tratadas,” que los tratamientos descontaminantes al uso no eliminan todos los riesgos que suponen para el ser humano y la naturaleza la reutilización de este recurso (por ejemplo, la  contaminan los acuíferos y aguas embalsadas). Empero existen demasiados falsos brotes verdes que pretenden deliberadamente soslayar tales peligros. El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel resulta ser un tipo de humedal muy singular y de gran interés estratégico para la conservación de la fauna aviar (Convenio Ramsar) en Europa. A algún político ignorante se le escurrió la deplorable idea de suplir la falta del líquido elemento que necesitan (y que en parte le es secuestrada por la política actual de este recurso y los polémicos  trasvases), con aguas residuales previamente recicladas. Y como veremos en la noticia que os mostramos hoy  (Un estudio muestra el riesgo de verter aguas residuales en los humedales) la solución propuesta puede generar un verdadero desastre ecológico. Con tal práctica se comienzan por eutrofizar las aguas, dando lugar a la anoxia de las mismas y los sedimentos lacustres subyacentes, que a su vez favorecen el botulismo aviar. Resumiendo, las aguas residuales tratadas, contaminan la cadena trófica, produciendo una gran mortandad en la fauna aviar, al margen de la indeseada eutrofización del humedal, que no deja der ser más que otro impacto ambiental indeseable por afectar negativamente al conjunto del ecosistema (vía botulismo, causado por el archiconocido  C. botulinum, a la par que una polución química que modifica la estructura de las comunidades de organismos acuáticos). La noticia que os ofrecemos hoy se encuentra lo suficientemente bien redactada como para que todos podías entender lo que sucede. Tan solo recordaros que gran parte de los sustratos de estas “Tablas” entrarían conforme a la WRB 2006/2007, en la categoría de los suelos hídricos. Espero mostraros muy pronto, en otro post, y con resultados propios, que este tipo de modificaciones de las clasificaciones edafológicas ayudarán a un mejor inventario del recurso suelo, y como corolario a dar un gran salto en la comprensión del paisaje y su biodiversidad. Os dejo pues con la noticia, que recomiendo leáis con atención.

Juan José Ibáñez

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BP, Desastre Ecológico en el Golfo de México, Humedales y Mucho que Reflexionar

¿Quien contamina paga? ¿Y en base a que cálculos? ¿Quien los lleva a cabo? No he entrado a abordar este trágico tema, por cuanto Antonio Figueras, en su magnífico blog “Ciencias Marinas y Otros Asuntos”  nos lo está explicando con mayor conocimiento de causa. Cuando escribo este post, los ejecutivos de BP intentan convencer a sus accionistas para que no cunda el pánico entre sus codiciosas mentes. Dicen haber amasado dinero suficiente como para afrontar tal debacle. Lo dudo, por no decir ¡lo niego!, si se valora el daño que están causando y cuya resolución dista mucho de ver la luz. Si quien contamina paga, habrá que replantearse muy seriamente quienes son los culpables. Esta compañía por supuesto. Sin embargo, cabría preguntarse cual es la responsabilidad de los que concedieron las licencias, el sistema económico que permite los continuos desmanes que sufrimos, así como del silencio de los corderos, es decir de nosotros como ciudadanos. Porque todos formamos parte de esta sociedad globalizada, es decir bobalizada hasta decir basta.     

Humedales de Luisiana, Catástrofe natural, contaminación, petróleo. 

Los Humedales de Luisisina. Fuente: El Polvorín.com

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