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El Circo de la Ciencia Contemporánea

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Matías Zaldarriaga Fuente: Prospects in theoretical Physics

Una de las maravillosas conclusiones que puedes extraer un ciudadano como científico consiste en percatarte en la gran complejidad del universo, de la vida, de lo poco que sabemos y de la enorme inmensidad de estructuras y procesos que permanecen por descubrirse. Un gran número de jóvenes fuimos atraídos también por la idea de que la ciencia era objetiva, que no había lugar para las mentiras que aquejan a otros ámbitos de la sociedad. Tampoco es cuestión de engañarse, pero pensábamos que la honestidad y la humildad debían regir el quehacer de los investigadores a pesar de que no existe rincón humano en donde los arribistas, fabuladores y mentirosos intenten medrar. No obstante, la comunidad científica daría cuenta de ellos, tarde o temprano. Personalmente tras 35 años de actividad indagadora lo único que puedo aseverar es que también este mundo adolece de todos males que aquejan a las sociedades modernas. La historia de la ciencia la escriben los vencedores, muchos de los cuales, con el tiempo, hemos descubierto que eran unos soberanos tramposos sin escrúpulos.

En las sociedades actuales la imagen lo es todo, a la que someten las esencias de las cosas. No importa lo que contenga una botella, sino que esta impresione a la vista, que sean atractivas, que seduzcan al consumidor y las compre, que al menos proporcionen un momento de gloria. La comunidad científica, constituida por humanos, y por lo tanto entes sociales, se han contagiado de tal afección que atenta contra la genuina esencia de nuestra tarea. Pero el problema no termina aquí:

Como explico a mis alumnos de la Universidad Politécnica de Madrid, intentar defender en estos tiempos que la ciencia se encuentra acarreada a hombros de gigantes, resulta ser tan ingenuo como pensar que todos los niños nacen en Paris y los lleva al hogar de papá y mamá una cigüeña. Bruno Latour y Michel Callon fueron los principales proponentes de la Teoría-Actor Red (analizar seriamente las estúpidas e insustanciales críticas lanzadas contra este constructo teórico en Wikipedia). Según Latour y Callón, el entramado de la ciencia resulta ser una red constituida por agentes humanos y no humanos que interaccionan entre sí. Dentro de los segundos se encuentra la instrumentación científica, los intereses empresariales, las prioridades nacionales, las Instituciones Científicas y como no, sus gabinetes de prensa, muchos de los cuales hacen cualquier cosa con vistas a publicitar y atraer a los potencialmente e incautos clientes.  Según Latour y Callón, o analizamos la red es su conjunto, dando el mismo valor a todos sus actores y sus relaciones, o la actividad indagadora nos parecerá incomprensible. Empero entre tantos intereses, es fácil entender que la coherencia que debiera atesorar la ciencia termine diluyéndose como un azucarillo en un café caliente. Los investigadores, individualmente parecemos meras marionetas que bailan al son de esos hilos ¿invisibles? para otros que resultan ser la política, la economía de mercado, las multinacionales, los intereses de sus instituciones, etc. Ellos proporcionan los medios y la financiación, por lo que mutatis mutandis ellos mandan. ¡Danzad, danzas malditos!, y nosotros a mover el esqueleto siguiendo sus ¡sabios consejos!.  Y en este contexto en el que la sustancia se diluye y la imagen lo es todo, puede entenderse la siguiente frase:

La frase del año, dicha por el premio nobel de medicina, el  el oncólogo brasileño Drauzio Varella (Mar 13 Abr 2010)

“En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven”.

Matias Zaldarriaga es un afamado cosmólogo argentino que ha realizado la mayor parte de su carrera en EE.UU. Matías piensa, como yo y otros muchos colegas que estamos mermando, por no decir decapitando los valores que debería atesorar la comunidad científica en su conjunto y la de cada uno de sus miembros individualmente.  Muchos de nosotros estamos hartos de este reality show, en el que resulta fácil medrar siendo un muñeco de guiñol,  que defendiendo el genuino interés que nos llevarían a la búsqueda de la verdad, sea lo que sea. Abajo os dejo una entrevista llevada a cabo por el rotativo El País., a Matías, un científico que parece ser bastante sincero y honesto. Dado que se le entrevista simultáneamente sobre cosmología y el deplorable espectáculo ético de la ciencia contemporánea, tan solo he subrayado lo concerniente a este último aspecto.  ¿Cuál será el futuro de la ciencia bajo el escenario actual?. Me temo que, aunque ya abundan los payasos sin escrúpulos, o cambia la sociedad o… los investigadores horrados comenzarán a ubicarse en esa línea roja que nos demarca el riesgo de extinción. No hemos entrado en el mundo de la ciencia para publicitarnos, no hemos llegado aquí a bailar al son de los que llevan a los ciudadanos hacia la pobreza, no somos vendedores, pero, así están las cosas. Publica o  perece y si quieres saber quién es un personajillo, dale un carguillo, que es lo que ansían ya demasiados colegas.  Y sin darse cuenta luego viene la mala praxis, el fraude científico, etc.  

Os dejo pues con la entrevista (…)

Juan José Ibáñez

¿a hombros de gigantes?. Jajajaja.

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La Evanescencia de la Verdad Científica, Dogmas Religiosos y las Enseñanzas de los Místicos

Este último Jueves, 15 de septiembre de 2010, me encontraba en el Ateneo de Madrid para atender a la presentación del libro “Juan de la Cruz. Símbolo y espiritualidad”, cuyo autor resulta ser de Carlos Mengod”, un buen amigo mío. La declamación corría a cargo de mi prima Irene Mira Sempere, bajo un magnífico acompañamiento musical. Por mi mente retornaba fugazmente la espuria pero interesada polémica sobre el contenido del libro escrito por físico  Stephen W. Hawking, que ha acaparado durante varios días la atención de los medios de comunicación. Y recordé este pasaje espeluznante”: Lo que sí hay ahora son científicos, de prestigio, que no solo se declaran creyentes, sino que consideran que hacerlo es casi un acto de rebeldía ante lo políticamente correcto en ciencia (ser ateo). Para otros, en cambio, ser un investigador de primera fila es simplemente incompatible con creer en Dios”. No cabe duda de que muchos científicos, por desgracia, desconocen por completo los límites de la ciencia y la evanescencia de sus “verdades”, siempre efímeras por definición, ya que de no ser así no existiría progreso científico. Y en supina ignorancia que, parece ser tan acusada como su arrogancia, algunos incluso pretenden que el ciudadano la entienda como una nueva religión, siendo los investigadores sus sumos sacerdotes (fundamentalismo científico, puro y duro). Esta actitud es totalmente incompatible con la indagación científica. Como ya explicamos en nuestro post anterior, la ontología no es miscible con la epistemología y la ciencia. Son dos aspectos culturales inconmensurables entre sí.

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Imagen de un franento del Universo. Fuente: Hubble Gallery

 Hay quienes creen que la ciencia les guiara por las veredas que culminan en la “verdad absoluta”. Están los que creemos en la maravillosa e irreductible complejidad del mundo, imposible de ser aprehendidas por mentes tan limitadas y arrinconadas en un pequeño planeta perdido en el inmenso universo. Nos conformamos pues con arrancar, pedacito a pedacito, algunos de sus innumerables secretos, con humildad. ¿Son mejores los primeros que los segundos, o simplemente más ingenuos?  

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