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Estimación de la Virosfera y sus Recorridos Planetarios: ¿cuantos virus llueven en un metro cuadrado del suelo diariamente?

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Fuente: Colaje Imágenes Google

 En las navidades de 1988 o 1989, me encontraba en Edimburgo (Escocia). Había temporal y corría mucho el viento, la lluvia arreciaba. Junto a dos colegas visitábamos la ciudad tras viajar previamente a un centro de investigación de agricultura, un poco más al norte, en Dundee. De pronto el paraguas se me escapó de las manos y subió vertiginosamente en la vertical hasta perderse en el cielo. No, nos encontrábamos en el ojo de un huracán. No me pregunten porqué, pero pasó. ¿Resultado?. El agua gélida nos caló hasta los huesos.

La Nota de Prensa que abordaremos hoy (en su versión inglesa y española) nos informa de algo que ya era conocido, siendo las cifras las que sorprenden y mucho. Por ejemplo, os dejamos abajo algunos de los post previos que editamos en su día sobre el tema. Sin embargo, tales entregas hablan de esas grandotas bacterias, si las comparamos con los diminutos virus. En esta ocasión se han estimado las deposiciones de ambos sobre el suelo encontrándose sorpresas como esta que apuntan los autores: “De media, encontraron hasta 800 millones de virus y unos 20 millones de bacterias caídas del cielo cada día sobre la superficie que ocupa un metro cuadrado. Más aun, parecían viajeros que provenían de lugares diferentes, así como haciendo uso de medios de transporte distintos. Las bacterias  arribaban de África adheridas a finos materiales o polvos “terrestres” procedentes del Sahara, mientras que los virus, viajaban acomodados en aerosoles “marinos” de materia orgánica procedentes del atlántico.  El aeropuerto-suelo, sito en Sierra Nevada (Cadena Montañosa de la Península Ibérica ya cercana al continente africano) los recibía con la misma alegría, ya fueran los minúsculos norteños, o los grandotes sureños. ¡No se trata de inmigrantes ilegales, sino desapercibidos!. ¡Trump no saques el arsenal!, que eso sí consistiría en matar “virus a cañonazos”.

Virus lejanos, bacterias próximas….. Todo esto me recuerda a los archiconocidos procesos de deposición de las partículas arrancadas por el viento de los desiertos. Los cantos y las gravas son desplazados unos pocos metros, generalmente rodando por el suelo, o dando algún saltito si son “peques”. Las arenas viajan a mayores distancias, pero no excesivamente, formando los campos de dunas a distancias variables, aunque usualmente en el mismo continente. Los limos llegan a mayores distancias, pero las arcillas diminutas pueden elevarse mucho más allá de los 3.000 metros, logrando  proyectarse en viajes transoceánicos (de hecho son los vehículos de las bacterias). Por lo tanto, no veo mayores misterios. Lo mismo podría decir de la diferencia de individuos entre estos dos grupos taxonómicos. Como señalamos en nuestro post acerca de la Virosfera, y como es ley en ecología, la cantidad de individuos aumenta según desciende su tamaño en órdenes de magnitud.

Eso sí, una advertencia a los autores de esta interesante cuantificación del trasiego de los individuos pertenecientes a este mundo microscópico globalizado desde tiempos inmemoriales. Me refiero a la zona de recolección que se eleva a 2.900 metros de altitud. Estudios recientes muestran como las cantidades de plomo depositadas en los lagos glaciares procedentes de antiguas extracciones mineras de las áridas y desérticas zonas próximas (por ejemplo Almería), aumentaron y disminuyeron en el pasado, según tal práctica decaía y renacía de nuevo, en función de las demandas de las poblaciones locales. Tal hecho constata lque sí debe existir la contaminación local, ineludiblemente. No mezclemos nacionales con extranjeros. Más aun, parte de los cm superficiales de los suelos en estos últimos ambientes ineludiblemente deben atesorar deposiciones de polvo sahariano y sus viajeros bacterianos, por lo que no debe descartarse que se trate, en este caso, de un vuelo con escalas o paradas intermedias.

De cualquier manara se trata de datos muy interesantes, de ser corroborados en otros estudios. ¡Mis felicitaciones!.

Y ahora la pregunta del millón. A la luz de todo lo explicado: ¿alguien de ustedes se atreve a inferir donde fue a parar mi paraguas abducido por las corrientes atmosféricas escocesas?. ¿No?. Pues yo tampoco. ¡Algo se pierde en el alma cuando un paraguas se va… tutua!.

Juan José Ibáñez

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