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El suelo y el Medio Natural: Reflexiones desde la Universidad (Antonio López Lafuente)

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Antonio López Lafuente: Genio y Figura hasta la sepultura cuando llegue que todavía es muy pronto….

Otra vez me ha permitido Juanjo asomarme al balcón, ahora que por desgracia está de moda (Pandemia de Covid-19), de su bitácora para compartir con vosotros algunas reflexiones relacionadas con el suelo y el medio natural. Deseo empezar dándole las gracias por esta nueva incursión que espero sea de algún interés. 

 Los que nos dedicamos a la  actividad docente e investigación en la universidad nos  encontramos pasando momentos de confinamiento, como muchas personas dedicadas a otras profesiones, lo cual nos está permitiendo tener más tiempo libre como para poder plantearnos algunas reflexiones, en este caso, acerca de nuestro trabajo, a la vista de las numerosas dificultades que nos estamos encontrando.

 Los profesores de universidad, como así lo establece la ley, debemos cumplir con dos misiones básicamente: (i) participar en la investigación del país, a través de los proyectos financiados por los distintos organismos oficiales, también de empresas privadas, pero claramente en menor proporción, y (ii) ocuparnos de la docencia de los futuros egresados. Esta ha sido la biga que ha mantenido el fundamento de nuestra universidad a lo largo de la historia. 

 Esta doble función que lógicamente en sus principios no va a cambiar, si bien es posible que se vea modificada con nuevos planteamientos a partir por el surgimiento  de la pandemia del COVID-19. Durante el tiempo de confinamiento estamos aprendiendo a marchas forzadas que no podemos seguir con los modelos tradicionales ni de investigación ni de docencia. La pandemia nos está ayudando a recordar que la investigación o se hace y se financia para potenciar equipos multidisciplinares, o no tendrá sentido de ser, y la docencia, o se hace desde la integración, no solo de los estudiantes, sino también del conocimiento, con una participación expresa de las nuevas tecnologías, ono tendrá garantías de calidad. Estos dos planteamientos no son nuevos, forman parte del frontispicio de nuestra profesión, pero parece momento de recordarlos si queremos tener en el futuro un mejor control de las distintas amenazas a que el planeta, y en especial el ser humano, va a estar sometido.

 Otra de las cosas que ha dejado claro este confinamiento es que no estábamos preparados para asumir tareas que empezaban a ser utilizadas, y de las que se hablaba mucho, aunque se ha demostrado lo lejos que nos encontramos para poder utilizarlas con rigor, me refiero al teletrabajo, o trabajo a distancia. Ni las empresas, ni las instituciones, ni los ciudadanos, ni los medios de que disponíamos estaban preparados para realizar una labor eficaz. Es evidente que algunas empresas, sobre todo en áreas concretas, el mundo de las finanzas, el entrenamiento a través de la red, llevan haciendo un trabajo de implantación desde hace años, lo que les ha permitido avanzar en este momento a un ritmo mayor, y seguramente han cubierto mejor sus objetivos. Pero sectores como la salud, la educación, la cultura, la alimentación, entre otros, necesitan impulsar de forma rápida la digitalización de sus actividades si no quieren encontrarse desfasados en los próximos años.

 Otra cuestión que merece una reflexión profunda estriba en analizar el papel de los ciudadanos en el devenir de la pandemia. Su colaboración está siendo fundamental para superar la catástrofe, si no se hubiera entendido que sin su participación no sería posible salir, los tiempos para superarla hubieran sido muy superiores y con consecuencias los estragos mucho más trágicos. Con ello se ha puesto de manifiesto la importancia de entender que los problemas cuando adquieren carácter global, como es el caso de la pandemia generada por el COVID-19, o del cambio climático, del que se lleva hablando décadas, o lo que fue en su momento la crisis económica producida por la quiebra de Lehman Brothers, afectan a cada una de las personas y es imprescindible la concienciación colectiva para superarlos.

 Ante esta concienciación de los grandes problemas a nivel planetario afecta a todos los ámbitos del conocimiento, es necesario que asumamos cada uno de nosotros muchos de los planteamientos que la ciencia está haciendo sobre diversos campos. Me centrare a partir de aquí en el suelo, que es lo que yo enseño en la universidad, y principal objetivo de esta bitácora.

 La erosión, la desertificación, la contaminación química, el cambio de uso, la perdida de materia orgánica, la permanente disminución de la biodiversidad, los cambios en los ciclos del carbono y el fosforo, en una palabra, la degradación del suelo, está alterando sus servicios ecosistémicos, tanto los que afectan a los sistemas biológicos y relacionados con el agua, como los vinculados con sus aspectos sociales y económicos. Estos hechos se llevan denunciando por parte de la comunidad científica desde hace años, y seguimos predicando en el desierto. Los suelos se siguen degradando, la perdida de superficie cultivable aumenta constantemente, lo que incide en los mercados económicos, en las hambrunas, en la migración, y esto se pone de manifiesto cada año con informes y planes estratégicos para evitarlo, que apenas se cumplen.

 Uno de los últimos intentos es la publicación de La Agenda 2030 que demanda el compromiso de los Estados para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esta Agenda fue adoptada en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobada por los 193 miembros entre los que se encuentra España. El objetivo 15 es el dedicado a “vida de ecosistemas terrestres” donde se advierte de l imperiosa necesidad de: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

 En el apartado de DATOS, podemos leer: 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo. La pérdida de tierras cultivables se estima entre el 30-35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano. El 74% de los pobres están directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

 Pero la degradación del suelo no afecta solo a los sistemas productivos, que ya sería suficiente, sino que también  genera la destrucción de los ecosistemas terrestres y tiene una incidencia muy importante en la salud de las personas.

La llegada al suelo de productos químicos procedentes de las actividades antrópicas, ocasiona daños de los que en muchos casos no se conoce cuál es su verdadero alcance, propiciando de paso que nos hagamos preguntas que necesitan una urgente respuesta porque de ellas va a depender la salud de muchas personas:

  1. No conocemos las complejas interacciones que tienen lugar entre las especies químicas del suelo.
  2. No se conocen los nuevos xenobióticos que están apareciendo en el suelo producto de reacciones orgánicas.
  3. No se conoce como afecta el cambio climático a muchas especies de microorganismos del suelo.
  4. No se conoce como afecta a los microorganismos la llegada de medicamentos (contaminantes emergentes).

Son muchos los planteamientos y muchas las incógnitas que surgen cuando hablamos del sistema suelo, pero hoy día, en nuestro planeta la especie humana no pude sobrevivir sin los suelos. La inversión en equipos multidisciplinares, desde la ingeniería a la sociología, pasando por ciencias de la salud, es necesaria si queremos tener respuestas que realmente sirvan a los problemas de la población. En las aulas, cuando explicamos Edafología, deberemos hacerlo desde el concepto de integración, como lo define María Moliner en su diccionario de uso del español, “integrar es hacer un todo o conjunto con partes diversas”, si queremos que nuestros estudiantes entiendan lo que significa “funciones ecosistémicas del suelo”. Y la población debe entender que no podemos aportar soluciones reales y duraderas si no comprende que el suelo es mucho más que el soporte que nos sostiene.

 Quiero concluir diciendo que deberíamos extraer conclusiones positivas de esta pandemia, la catástrofe está siendo tan grande en todos los campos, sobre todo en el número de víctimas, que necesitamos confiar en que no volverá a suceder, y para ello debe ser el conocimiento y la investigación, quien aporte esa confianza, porque es lo único que nos puede salvar. Concluyo con una cita del físico Richard Fyenman, que recoge Olle Häggström, en su libroAquí hay dragones. Ciencia, tecnología y futuro de la humanidad”, que por cierto me recomendó Juanjo, transcribe: “La ciencia es lo que hemos aprendido sobre cómo evitar engañarnos a nosotros mismos

 Comentario del bloguero que espera/teme Antonio: Veamos Antonio López Lafuente. Cuando comenzamos la andadura en esta bitácora entramos a participar cuatro colegas como blogueros responsables. Poco a poco fueron siendo abducidos los restantes, dejando de participar por los motivos más variados y comprensibles.  Uno de ellos resulta ser mi entrañable amigo Antonio, que además de gran investigación y docente, ha resultado ser un magnifico gestor, ocupando cargos de garn relevancia en España. Antonio, no tienes porqué pedir permiso para nada. Esta es tu casa. Siempre serás bienvenido. Obviamente estos asertos no causan ningún temor. Empero y  si digo con más asiduidad por favor….. Ahí … ¿Antonio dónde estás?…. ¿Antonio dónde estás?…. Me temo que salió corriendo. ¡en fin!…… Mi ”gozo en un pozo 

 

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El Copia y Pega en la Docencia Universitaria

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Imagen copiada y pegada de una página Web de la Universidad de Alicante

El curso 2013/2014 fue para mí bastante más decepcionante que el anterior en la asignatura que imparto en la Universidad. ¿Razón?: A la hora de evaluar me he topado con niñatos que, en lugar de esmerarse para redactar el trabajo/examen final, hicieron un uso descarado e infantil del copia y pega. En el año anterior, tan acción tan solo fue realizada por un alumno bastante díscolo. Sin embargo en 2013/2014, se alcanzó la cifra de 5+1 (el 35% de los alumnos). Es decir cinco alumnos realizaron un ejemplar deplorable copia y pega. Estaban advertidos que tal práctica acarrearía un “0” en su calificación. Empero para que entendáis mejor el tema digamos que hablo de un Master de post-grado, es decir que el alumnado debía considerarse adulto a la par que pagaban  un dineral por recibir el mismo. Y como siempre, eran los más jóvenes y, permítanme que lo diga, “pijos”. El tema fue peor de lo que pudiera parecer a primera instancia, tras sus quejas, embustes y otros tipos de trampas. Justamente un día después de enviar las calificaciones recibí una carta dirigida al profesorado de dicha universidad, por cuanto el copia y pega deviene en pandemia universitaria. Y así se nos informa que tal práctica sería motivo de expediente académico universitario en cursos venideros. Si me llegan a avisar antes (…). Pero a lo que vamos (…)

Sabemos que en la actualidad, inculcar la cultura del esfuerzo y la disciplina a los alumnos se encuentra dificultada por los cánones que recibieron en la educación escolar. Sin embargo, el profesor debería saber que “se pilla más rápido a un mentiroso que aun cojo.  Con vistas a conseguir tal objetivo uno debe saber “un poco” acerca de los recursos que dispone el alumno en Internet, ya que raramente se molestarán en copiar de un libro en formato papel.   Obviamente, también debemos reconocer que en determinadas asignaturas detectar al tramposo puede resultar ser más complejo que en otras. O los cinco jovencitos que yo he tenido que padecer son memos o simplemente se creían que lo era yo. No tardaba más de 30 segundos en cazar la fuente de donde se había copiado. Más aun, comenté que seguiría en ciertos temas una escuela cuyos contenidos no se encuentran bien reflejados en Internet. Y como no se molestaron en buscarlos, tomaron prestados (perdón plagiados), otros que ya había reiterado personalmente en clase que no enseñaría por diversas razones. Así de tontos, así de fácil. Eso sí, en otros casos pudiera llegar a ser algo más difícil si no fueran también sordos. Francamente escribir el blog, y realizar búsquedas me ha ayudado a cazar al tramposo con suma facilidad. Veamos el procedimiento.

En nuestras carreras universitarias, ya sean en facultades ya en escuelas politécnicas, constatamos que nuestros jóvenes cada vez manejan un vocabulario más pobre. Cuando en el texto que ellos entregan cambia abruptamente el estilo de redacción de uno pedestre a  otro más sofisticado (mejor si se les exige que su tema lo envíen vía electrónica), tan solo basta “copiar” cuatro o cinco líneas del texto sospechoso y “pegarlo” en nuestro motor de búsqueda” (quien a hierro mata a hierro muere”).  Seguidamente se pulsa el “enter” e inmediatamente se obtienen, no solo la comprobación, sino también el enlace del sitio Web de donde han obtenido el texto. Ellos lo negarán. Sin embargo, uno debía recordarles el dilema del mono de Borel (leerlo por favor).  En pocas palabras la probabilidad de que alguien escriba veinte o treinta palabras seguidas (siempre harán trampillas, pero son tan cándidos como  timoratos) resulta ser altísimamente improbable.  Muchos de ellos no lo reconocen, pero para su escarnio puede demostrarse “científicamente”.  

Con la red de redes ha cambiado la forma de estudiar de los alumnos, por lo que el profesorado que tenga alergia a Internet puede padecer más problemas. Sin embargo, con impartirles unos breves conocimientos (bastan unas dos horas) resulta ser más que suficiente para que cacen a los tramposos.  

Cierto es que en determinadas materias, como por ejemplo, cuando deben emplearse el lenguaje matemático el tema pueda parecer más difícil, en primera instancia. No obstante, siempre hay recursos, como utilizar expresiones formales poco habituales de las fórmulas, en lugar de las más comunes. Reitero que existen muchas maneras si uno conoce “un poco” el mundo de Internet.  Veamos un ejemplo. Esta bitácora recibía muchas visitas de gente menuda, es decir escolares de toda Latinoamérica, con vistas a hacer sus deberes hasta que una veleidosa modificación de Google hizo añicos las estadísticas de nuestra audiencia. Ahora ya solo nos visitan adultos. Pues bien, se pueden redactar contenidos con vistas a que aprendan los más pequeños escribiendo el post en lenguaje muy simple, pero salpicado de palabros impropios para la edad de los alumnos.  Y al hacerlo, resulta fácil detectar el copia y pega, ya que los pequeños no atesoran un lenguaje tan rico como para sustituir unas palabras por otras entendiendo su pleno significado.

El copia y pega de los Power Points que se les ofrece con los contenidos de la clase.

Tras impartir una clase, generalmente les dejo a los alumnos un power point con sus contenidos. Como el trabajo/examen lo pueden realizar en casa, la tentación de copiar lo que les parece más relevante, sin entender su verdadero significado es, a veces,  irrefrenable. Pues bien basta con añadir a los contenidos habituales otros que se intercalan, pero a los que el profesor critica por falsos o irrelevantes, etc.. Estos últimos se exponen sin más, siendo el profesor el que lleva a cabo su análisis verbalmente. Y así el alumno que no atienda, no sabrá separar el grano de la paja, es decir cuáles son los que el profesor considera ciertos y cuales falsos.  Pues bien, los listillos adictos al copia y pega, suelen recogerlos por igual, acusando al docente que él los había impartido en al aula, al ser suspendidos. De este modo se puede detectar quien atiende y quien dormita en una clase.   

En última instancia siempre queda el recurso al examen escrito u oral. Sea cual sea el caso no debemos jamás olvidarnos que fuimos cocineros antes que frailes, por lo que la mayor parte de nosotros utilizábamos las más ingeniosas maneras de copiar o recordar “algo”, como por ejemplo utilizando las famosas “chuletas”. Me resulta comprensible que algunos jóvenes copien en los primeros cursos universitarios. Ahora bien cuando se cursa un master que paga “papa” lo único que se demuestra es que lanzamos al mercado laboral criaturas perezosas y tramposas, más que jóvenes instruidos en la cultura del esfuerzo.  Mi problema resultaba aún más desalentador por cuanto en algunas clases abundaba sobre el problema del fraude y mala praxis científica, por lo que al leer sus burdos “copias y pega” se me caía el alma a los pies. ¡Tramposos y torpes!. Así no hacemos país; Así lanzamos niñatos corruptos al mercado. Hay que atajar el problema ¡ya!.

Juan José Ibáñez

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La Filosofía y Sociología de La Ciencia en la Docencia Universitaria: la Reacción de los Alumnos

Ya os comentamos en el post titulado “La filosofía de la Ciencia en la Docencia Universitaria” cómo, aunque sorprendidos por la contenidos de la signatura, los alumnos piensan que (i) no han perdido el tiempo y (ii) que de acuerdo a muchos de ellos debería impartirse como asignatura obligatoria en cualquier carrera universitaria. Ya os expliqué los contenidos que imparto en aquella entrega. Ahora deseo que los lectores interesados en estos temas lean sus respuestas a una de las tres preguntas que tenían que responder en su examen final. Obviamente “en principio” era la más fácil. Ahora bien, es fácil detectar quien adula al profesor y quien responde por mera estrategia. Se inscribieron y asistieron 16 alumnos, de los cuales dos no se presentaron al examen final. No he añadido nada, ni cambiado una coma de sus narraciones. No busco con estos exámenes que comprendan todo lo que escuchan, y menos aún que lo memoricen. Se trata de que entiendan en que consiste la empresa científica, para bien y para mal, con sus virtudes y defectos, así como los sesgos humanos que atesora, ya que se trata de un constructo social.  Reitero que se trataba de una asignatura de un máster destinado principalmente para Ingenieros, por lo que su vocación por aplicar la ciencia en el mundo de la tecnología, no debía inducir a que fueran muy proclives a interesarse por desideratas teóricas y menos aún humanistas, como ellos consideran la asignatura, mal que me pese. Entiendo que mi discurso pudiera estar más sesgado que los suyos. Como podréis observar, a ninguno le ha perecido que perdían el tiempo, sino todo lo contrario. El examen consistía de tres preguntas, siendo las dos restantes sobre filosofía de la ciencia y sociología del conocimiento científico respectivamente. Mi conclusión es clara, nuestros futuros científicos y tecnólogos son mucho más receptivos a abrirse al pensamiento crítico que los propios investigadores y docentes actuales. Tan solo necesitamos abrirles el camino (…) Debiéramos reflexionar muy seriamente las razones por las que estas materias no son actualmente impartidas en las facultades de Ciencia y Escuelas de Ingeniería. ¿Buscamos generaciones de borregos doctrinalmente instruidos u otras que aprendan a pensar críticamente sobre la actividad que realizarán en un futuro?. Lo que abajo leeréis no deja lugar a dudas. Os puedo asegurar que no he excluido ningún examen y si pensáis lo contrario, el Director del Máster dará fe aquí de que lo que asevero es cierto. Reitero que debiéramos reflexionar sobre este asunto son suma seriedad. Eso si no entremos si redactan mejor o peor, por cuento se trata de temas colaterales al objetivo del post. ¡de todo hay en la viña del Señor!. Termino señalando que aunque más de un alumno insiste en que les enseñe como se escribe un “paper”, lo rehúyo, ya que los que se dediquen a la investigación tendrán que leer muchos antes de ponerse a redactar el primero de su propia cosecha, mientras que no ocurrirá lo mismo con los contenidos impartidos en el curso. Comenzamos pues a ver sus narraciones. (…)

Juan José Ibáñez

 14 Alumnos

1. ¿Que es lo que se ha aprendido del curso?

¿Por dónde empezar?. Partiré por decir ¿Por qué no me enseñaron antes esto? (…)

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 Fuente: Blog Vedanta y Yoga

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La Filosofía de la Ciencia en la Docencia Universitaria

Tanto la filosofía como la sociología de la ciencia debieran ser materias de  enseñanza obligatoria en todas las carreras universitarias, sin excepción.

En vísperas de mi tercer año como profesor de filosofía y sociología de la ciencia en una Escuela Técnica Superior de Ingeniería, perteneciente a la Universidad Politécnica de Madrid, considero que he alcanzado un bagaje, corto aunque suficiente, como para extraer algunas conclusiones. Fui invitado para impartir una asignatura en el segundo curso de un máster y elegí este reto en lugar de explicar una materia más afín a las indagaciones científicas que llevo a cabo. La dificultad era todavía superior para mí, por cuanto jamás había realizado tal actividad, siendo un profano en cuestiones docentes. Más aun, en general, los aspirantes a ingenieros tienden tender a ser más pragmáticos y menos propensos a que les interese la teoría que los que estudian física, matemáticas u otras carreras de ciencias experimentales. Me enfrentaba pues ante un reto que, en mi opinión, era de gran calado. Eso sí, si fracasaba, tampoco se iba a hundir el mundo a mi alrededor ya que pertenezco a una institución científica en donde la docencia no ocupa a penas lugar en los curriculum vitae de sus investigadores. En este primer post os explicaré brevemente la experiencia vivida así como el contenido de las materias impartidas. Empero en otro que le seguirá a este, serán los propios alumnos los que os narren con sus escritos la impresión que extrajeron de la asignatura, a la que consideran de “humanidades”. Prácticamente todo el material del curso se encuentra aquí, en los post de nuestra bitácora, almacenado en las siguientes categorías: Curso básico sobre filosofía y sociología de la ciencia, curso breve sobre periodismo científico y curso básico de ciencia para jóvenes universitarios y tecnólogos. Este año, para mi júbilo, al ofrecerles las calificaciones finales a los alumnos (que son primero personalizadas, y  que las conocen vía correo electrónico en menos de 24 horas, por si quieren mejorar la nota final lo antes posible) y exponerlas en el tablón de anuncios de la Escuela les he tenido que felicitar a todos, ya que en su inmensa mayoría han entendido el mensaje y conocen los principios básicos que deseaba inculcarles, por cuanto no se trata de memorizar o de sesgarles hacia ciertas escuelas concretas, sino de estimular su pensamiento crítico y que conozcan esas “verdades de la ciencia” que jamás son explicadas en los manuales de texto. Como observaréis, en el próximo post, la receptividad y asombro que mostraron, así como su agradecimiento, no me ofrecen lugar a dudas. Esta materia debía ser de enseñanza obligatoria en todas las carreras universitarias, sin excepción. No lo digo yo, sino que os lo explicarán ellos en breve.

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Imagen extraída  de la página web:   Filosofía, Ciencia, Religión y Fe (Norberto Herrera Zúñiga). El Nuevo Diario.com.ni

Nunca entendí la razón por la cual la filosofía y sociología de la ciencia tan solo se impartían (salvo alguna rara excepción) en las carreras universitarias de humanidades, pero no en las que van a hacer uso del método científico.  Dicho de otro modo, a los científicos se nos adiestra en ciencias sin tan siquiera explicar en que consisten cuestiones tan básicas como en que consiste la propia ciencia, cuál es su definición, que es el método científico, como discernir entre una teoría científica de la que no lo es, y por lo tanto menos aun cuales son los principios, si existen, del “mentado método”. Comienzo las clases provocando a los estudiantes al exclamar que no tienen ni idea de que es la ciencia y que se lo voy a demostrar ya en la primera clase. A la media hora se disipa cualquier duda.  Sin embargo, también les advierto que los propios investigadores suelen desconocerlo tales asuntos, al igual que ellos. Y así tras ese primer contacto narro cómo se desarrollará el curso en varios módulos (concretamente cuatro).

En el módulo 1, trato de explicarles que es la ciencia, el método, un concepto, una modelo, una clasificación, o discernir una idea de una conjetura esta de una hipótesis y finalmente. en que consiste una buena teoría. ¡Cosas de este estilo!. Tras cuatro horas inicio el módulo 2 que versa en detallar el susodicho método científico. Debido a que siempre he pensado que casi todas las materias se explican mejor narrando sus progresos paulatinamente, desde un punto de vista histórico, así como que existen diversas escuelas rivales a la hora de interpretar y aplicar el “método”, comienzo por los primeros intentos llevados a cabo en el siglo XVIII. Así, por orden cronológico, inicio esta parte del curso por la inducción o Inductivismo, sigo por el positivismo lógico y el Circulo de  Viena, continuo con el Falsacionismo de Karl Popper, los PIC de Irme Lakatos, para adentrarme después en la propuesta de los cambios de paradigma de Thomas Kuhn, la teoría anarquista del conocimiento de Paul Feyerabend, finalizando por las escuelas actuales más radicales. Una vez terminadoo todo esto, les (me) pregunto: ¡A la luz de lo que hemos aprendido, deberíamos saber cuándo y cómo una hipótesis llega a alcanzar el estatus de teoría científica  aceptada por la comunidad científica y porque son refutadas y abandonadas otras!: ¿No?. Pues va a ser que no. La ciencia es un constructo social, y por lo tanto está sujeta a las veleidades de las relaciones y decisiones humanas, por lo que no puede entenderse sin apelar a la sociología y estudios sociales de la ciencia.

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