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La domesticación de las papas, la geofagia y las arcillas (Gastronomía Peruana)

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Geofagia y gastronomía Peruana: Papas silvestres toxicas + arcillas = Papas comestibles. Fuente: Imágenes Google

Ya os hemos hablado en siete post precedentes de la geofagia, el consumo de suelos y las arcillas. Vimos que se trata de una práctica habitual en las culturas aborígenes de buena parte del mundo. También os narramos como son preferentemente consumidas por mujeres embarazadas e infantes. Sin embargo, hoy vamos a ir un poco más allá. La noticia que os ofrecemos en esta entrega concierne en parte a la geofagia y en parte a la domesticación de la papa/patatas. Las papas silvestres eran tóxicas, por lo que su consumo podía generar trastornos leves e incluso muy graves si se engullían en grandes cantidades. La nota de prensa que abajo os reproducimos, en inglés y traducida al español castellano, lanza una hipótesis bien analizada y argumentada acerca del papel del consumo de arcilla junto a la papa tóxica, de tal modo que se neutralizaba sus riesgos perjudiciales para la salud. Con el tiempo, aquellas culturas precolombinas del altiplano y regiones aledañas, lograron obtener cientos de variedades comestibles empero la costumbre quechua  de cocinar con arcilla aún persiste.

También vuelve a informársenos de los efectos beneficiosos para nuestro aparato digestivo de la ingesta de arcillas por sí mismas. Sin embargo existen dos “detalles” muy idiosincráticos. En primer lugar, en ningún momento se menciona su “especial consumo” por mujeres preñadas y pequeños, sino por toda la comunidad, es decir, sin diferencia de género y edad. Finalmente, hasta la fecha, todo parece apuntar,  a que sin la gastronomía que conlleva la arcilla, las papas no hubieran podido entrar en la gastronomía precolombina. Recordemos que el mundo y la seguridad alimentaria serían muy distintos y quizás difíciles, si aquellos pueblos de la región no hubieran descubierto el secreto que os contamos seguidamente. Para finalizar, tan solo mentar que sigue siendo una práctica en uso, y no solo por los indígenas quechuas, sino por buena parte de la población del Perú.  Los deliciosos platillos incrustados en el mosaico fotográfico que encabeza el post, parecen ser recetas actuales que se expenden en restaurantes peruanos.

A título personal, me entristece que recorriera toda aquella maravillosa región, tras una invitación de la Universidad de Arequipa, sin probar tales manjares. ¿O quizás sí? Realmente disfrute de la ingesta de algunas comidas tradicionales con papas y quizás inadvertidamente (…..).   Recientemente me volvieron a invitar de esta universidad que siempre me ha honrado con su cariño. Por razones de salud me ha sido imposible asistir, empero lo ha hecho en mi lugar uno de los más prestigiosos edafólogos españoles.  Mi más entrañable agradecimiento a Lunsden Coaguila.

Y recordar: hay recetas en Internet que podéis leer para degustar tales “delicatesen”. Os dejo ya con la noticia, que se me antoja tan interesante como sabrosa.

Juan José Ibáñez

Continúa……… 

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Sorprendente noticia sobre la evolución humana: Un cuento sobre miel, cera, abejas y chimpancés

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Agricultores Neolíticos aprovechando la miel. Mira que eran feos. Fuente: M·GAV/.1

Allá por los años 50 del siglo pasado nació una entrañable amiga, en los páramos de Ávila. Tras la guerra civil española el hambre era desgraciadamente habitual. El interior continentalizado de la Península Ibérica, con tan largos y fríos inviernos (y huchas heladas) como tórridos veranos (cuando no sequías), comer verduras durante gran parte del año se encontraba tan solo al alcance de las oligarquías locales. Mi amiga comentaba sus casi invisibles rasgos de raquitismo infantil. Seguidamente, en el campo, me señalaba las hierbas que creciendo naturalmente eran comestibles. Los niños, en sus juegos alrededor del pueblo, las recolectaban y consumían, enriqueciendo una dieta en la que durante muchos meses la verdura brillaba por su ausencia. En navidad, los reyes magos la dejaban dos o tres mandarinas y algunas castañas, ¡manjares inauditos, por aquellos tiempos y en aquellas duras tierras!.  Hablamos de una labor recolectora, en estaciones y circunstancias desfavorables del “Neolítico”. Hagan hoy la prueba con algunos  de nuestros infantes, aunque no hace falta ser cruel; mejor probemos a alimentarnos así nosotros mismos y veamos que porcentaje no acaba en el hospital. ¡El conocimiento campesino, hoy casi perdido, en tiempos de crisis debiera ser recuperado, ya que no sabemos que nos deparará el fututo. Pero a lo que vamos (….).   

Como todo en la vida, hay noticias científicas que nos informan sobre la evolución humana que se me antojan un tanto desconcertantes. Quizás sea mi propia ignorancia, pero solo quizás. Se trata de este tipo de informaciones que en la prensa aparecen publicitadas a bombo y platillo por razones que no alcanzo  a entender. Como en otras ocasiones, no juzgo el artículo original, sino el modo en que los periodistas explican el hallazgo a los lectores. Personalmente, y por los motivos que ya expliqué en su día, este tipo de notas las incluyo en mi categoría mental “El dilema de los huevos de avestruz”. La noticia que os mostramos en el presente post nos informa de que “Los agricultores del neolítico ya explotaban las abejas de la miel” (pero también la cera, que resulta ser muy útil). ¡Pues mola, que interesante! ¡Qué listos eran nuestros antepasados!. Ahora bien tal expectativa, en principio, no se sostiene, cuando, como os narramos abajo”, ciertos simios (léase al menos chimpancés), ya consumían tal majar sorteando los peligros de las picaduras de estos insectos sociales posiblemente millones de años antes que nosotros. Y así uno podría cambiar el título, por el de “durante la evolución de los simios comienza a constatarse que el ser humano no ha perdido inteligencia ni aptitudes recolectoras” (afirmación que yo mismo pongo en duda, debido a los estragos que estamos causando actualmente a estos insectos, entre una gran variedad de dislates de toda índole).  Con toda la prudencia del mundo, yo me pregunto ¿No sería realmente extraño que no ocurriera así? ¿Por qué debe sorprendernos? Si especies durante la evolución de los simios podían usar tecnologías tan sofisticadas como los “palitos” con vistas a extraer ciertas sustancias alimentarias de sus cubículos naturales”, y el alimento en sí resultaba ser (como en este caso) altamente nutritivo, ¿por qué debía habérsenos olvidado?.  Introduzcamos o no el término domesticación en la secuencia, en mi opinión, tampoco altera la esencia del hallazgo, ya que aún no parece que tal domesticación se haya demostrado irrefutablemente.

Seguramente, desde el punto de vista de los expertos, el hallazgo rellene una pieza del puzzle en nuestro conocimiento de la evolución humana. Eso sí me parece que eliminamos una laguna un tanto trivial, aunque por ello, no menos importante para el erudito, empero desconcertante para los profanos en la materia, como yo.

Del mismo modo en la noticia que muestro seguidamente sobre los chimpancés, se menciona que el consumo de miel por estos simpáticos e inteligentes simios, no se producía, “como cabría esperar” en la época de mayor floración, sino cuando escaseaban los frutos/frutas. ¡Guau!. Es lógico suponer que recoger una fruta rica en azúcares conlleva menos riesgo que robar la miel de un panal ¿no? ¿Por qué iban a hacer lo contrario los “chimps”?. La inteligencia, tal como la entiendo, estriba en correr riesgos cuando son estrictamente necesarios, no antes ni después. Esto último lo hemos inventado, contra natura, los humanos modernos, que sí parecemos un tanto estúpidos.  

Supongo que las dudas, para mis desconcertantes de estas notas de prensa,  surgen a cause de su pobre redacción y adecuación  a los contenifos del estudio original. Son los propios plumillas (léase periodistas) los que deberían aclarar a los lectores ignorantes como yo cual es la sorpresa inesperada o el valor en forma de nuevos conocimientos de los resultados del estudio. Ya sé que es pedir demasiado, dada la formación del periodismo científico en español.  Empero esto no es periodismo, simple y llanamente. Un gabinete de prensa científica publica la noticia, y posteriormente los rotativos generales las reproducen como cacatúas. No hace falta ser un profesional con vistas a realizar tal sesuda tarea. Y así muchos ciudadanos continuaremos en ascuas, no sabiendo si realmente se menta algo interesante o simplemente se trata re rellenar espacios dentro de los periódicos, ya que en cuanto a la indagación científica concierne, en los staff de estos medios parece que ya no queda vida inteligente ¿tan solo crisis económica?.     

Juan José Ibáñez

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