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Los Patrones de Biodiversidad y Fertilidad del Suelo en Zonas Áridas a Debate

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Matorrales en Ambientes áridos y semiáridos. Parque Nacional de Cabo de Gata (Almería, España). Foto: Juan José Ibáñez

 Hace ya años que la matorralización de las praderas secas americanas ha sido materia de preocupación en EE.UU. Y así, a través de la publicación de papers y más papers se ha extendido la falsa idea de que tal matorralización tiene efectos negativos en los ambientes naturales. Sin embargo, este tipo de extrapolaciones, sin precisar más, carecen de fundamento. En la nota de prensa que os mostramos hoy, los autores dicen haber encontrado patrones globales que relacionan cobertura de matorrales, biodiversidad y fertilidad del suelo. Las islas de fertilidad y estructuras bandeadas, a menudo compuestas por matorrales, han venido siendo materia de estudio durante décadas, mostrándose sus bondades en muchos aspectos, como el freno de la pérdida de los recursos edáficos por erosión. No obstante cabría precisar que la mayor o menor abundancia de estas especies leñosas no indica nada, si no se tienen en cuenta otros factores insoslayables.  Hablamos de los usos del territorio, sucesión ecológica, naturaleza del matorral (existen especies que mejoran las propiedades edáficas y otras que las deterioran), hecho conocido por la ciencia desde hace muchas décadas y por las culturas campesinas durante milenios. Del mismo modo el grado de aridez del ambiente es esencial, si bien los autores del estudio que mostramos hoy sí lo han tenido en cuenta.   

Del mismo modo es archiconocido que, a mayor heterogeneidad ambiental, mayor cantidad de nichos ecológicos y como corolario también la biodiversidad debe aumentar. A pesar de que el muestreo llevado a cabo por los autores abarca diversos países del globo, en los que muchos de sus territorios son afectados por este clima,  se echa en falta la carencia de otros.   

Pero para explicar el tema nos ceñiremos a un caso concreto, como lo son los  matorrales bajo clima mediterráneo seco, subárido y árido de la Península Ibérica. Ciertas especies leñosas, como las leguminosas, mejoran enormemente la fertilidad del suelo, por lo que ya en el acervo cultural campesino se reconocía que  debajo de una retama crece una oveja. Muy por el contrario, otros grupos de plantas como las jaras y los brezos, además de ser poco o nada comestibles para el ganado, empobrecen la biodiversidad y fertilidad del suelo, afectando negativamente a la parte aérea de los ecosistemas. Vemos pues una primera evidencia que este tipo de generalizaciones resultan ser más que peligrosas.

Del mismo modo, el uso/abandono de las tierras cultivables ha deparado en la Península Ibérica bastantes sorpresas. Así por ejemplo, en primera instancia, el abandono de plantaciones y pastos ha dado lugar a que sobre aquellos predios prosperen diversos tipos de matorrales.  En principio cabría esperar que le revegetación natural y su densa cobertura, al menos en muchos casos, conllevara un aumento de la biodiversidad, como también de la fertilidad del suelo.  Sin embargo experiencias de campo han mostrado que, con harta frecuencia (si soslayamos los antiguos cultivos), el abandono de estos ecosistemas ha tenido como resultado el efecto inverso. También en La Península Ibérica, el crecimiento de las masas forestales por abandono de antiguas zonas pastorales que albergaban especies de pasto y leñosas se ha traducido en un descenso de la diversidad de plantas vasculares, en lugar de aumentarla. A menudo, una buena gestión humana de sus recursos pascícolas (incluyendo herbáceas y leñosas) resulta ser mucho más importante que el clima y otras variables ambientales a la hora de conservar el territorio y aumentar su biodiversidad.

Del mismo modo, el ramoneo natural de los matorrales ha sido y lo sigue siendo una fuente indispensable de alimentos para ciertos tipos de el ganado y los mamíferos salvajes en diversos ambientes. El problema estriba en que la carga ganadera sea adecuada, ya que cuando resulta ser excesiva genera el consabido sobrepastoreo y la degradación física de los suelos. Por el contrario si un pasto no se encuentra sujeto a una herbivoría suficiente se matorraliza.  Según el ambiente y la gestión pastoral, la cobertura óptima del matorral  puede variar ampliamente, en un mismo ambiente. Dicho de otro modo, un pastoreo sustentable depende de otras variables que las analizadas por los autores.  Por no extendernos, finalicemos señalando que en una sucesión ecológica, los matorrales pueden mejorar la biodiversidad y fertilidad de los suelos  en función de otros factores.

Dicho todo esto, me inclino a pensar que si no se contempla el tipo de gestión de los ambientes estudiados (sustentables/insustentables), la historia ecológica, además de la composición de especies, no pueden extraerse de la ecuación generalizaciones, so pena de alcanzar resultados equívocos y/o correlaciones espurias. Comparar el papel y significado de un matorral de Kenia con el de una estepa, una sábana o una formación leñosa mediterránea, por ejemplo, carece de sentido. Por muy sofisticados tratamientos estadísticos que se apliquen, nunca pueden soslayarse  variables como el tipo de uso, la historia de los ecosistemas en un ambiente, sin ser exhaustivos. ¿Son estas formaciones productos de cambios climáticos recientes y/o antiguos, lo cual determinará su adaptación evolutiva al entorno?. ¿Son un producto indeseable de una mala gestión pastoral, o al contrario fomentados por los campesinos por su capacidad de prolongar los recursos alimentarios durante el ciclo anual con especies comestibles?. No se trata de atacar este estudio en concreto, sino de cuestionar muchos de la misma guisa, ya que reitero que pueden extraerse conclusiones precipitadas. La pandemia del cambio climático, bajo cuyo paraguas es más fácil publicar, da lugar a que se olvide mucha de la literatura científica valiosa con vistas a entender y explicar las bondades y debilidades de una matorralización según ambientes y tipos de manejo.

Juan José Ibáñez        

 Leer el material; nota de prensa y resumen del trabajo original……

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La Vida y Formación del Suelo en los Desiertos: Las Costras Biológicas del Suelo

Hoy os hablaremos de una interesantísima aportación a la génesis de los suelos desérticos (cálidos y frios) publicada recientemente en la Revista SSSA. Se trata del papel que desempeñan las costras biológicas del suelo propiciadas por la acción de las cianobacterias (bacterias fotosintéticas) que habitan en su superficie. Ellas comienzan a generar las estructuras edáficas, atrapan las partículas finas atmosféricas que arrastra el viento desértico y finalmente ayudan a retener el ansiada e indispensable agua que se precipita muy ocasionalmente, poniendo a disposición de las comunidades microbianas edáficas y las plantas. Empero estas costras son muy susceptibles a las perturbaciones físicas, tardando años en recuperarse, tanto tras el pisoteo humano o del ganado como del tráfico de vehículos. De este modo el ecosistema se degrada o tarda años en recuperarse. Entendemos, que los ciudadanos piensen que al pisar un suelo yermo en el desierto no generen perjuicio alguno, al contrario de lo que pudiera ocurrir en un vergel repleto de vida. Sin embargo, la ciencia nos muestra que ocurre todo lo contrario. La nota de prensa se me antoja tan interesante y didáctica que, en lugar de elucubrar más de la cuenta, me remito a traducirla. Merece la pena leerla os lo aseguro. Vamos allá (…)

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Paisaje fundamentalmente constutuido por costras biológicas en ambientes desérticos. Fuente: Revista “Environmental Research Letters”. Walker et al. 2012

Juan José Ibáñez

Key to Life in the Desert: What New Research Reveals About the Importance of Soil Crusts

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