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La respiración de suelos urbanos versus naturales y las huellas de la contaminación de las ciudades Industriales

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Fuente: colaje de google imágenes

Si como algunos investigadores comentan, la respiración del suelo es un indicador de su resiliencia, ahora resultaría que los suelos urbanos lo son, mucho más que los naturales. No me parece obvio, por tanto, utilizar respiración como síntoma de resiliencia, al menos por si sola. Hoy analizaremos dos notas de prensa derivadas de otros tantos artículos de investigación. La primera nos advierte que la respiración de los suelos urbanos puede alcanzar en algunas ciudades, como es el caso de Boston, el 72% del CO2 emitido por los propios combustibles fósiles, hecho que no deja de ser tan sorprendente como interesante. Y tales fuentes de CO2 parecen doblar la de los suelos rurales, por lo que de hecho comienzan a ser motivo de preocupación a la hora de mitigar el calentamiento climático. Según el estudio, los altos contenidos en materia orgánica, el espesor del mantillo, y la razón carbono/nitrógeno se encontraban en estos ambientes urbanos/periurbanos positivamente correlacionados con la respiración del suelo, es decir el CO2 que emiten a la atmósfera. Refiriéndose a los jardines domésticos o a las zonas ajardinadas, los investigadores que llevaron a cabo este estudio advierten de que, cuando los propietarios y jardineros añaden enmiendas orgánicas, a los suelos mentados con vistas a que sus céspedes crezcan con vigor ofrecen sabroso alimento, rico en nutrientes, a los microrganismos del suelo y, como resultado, estimulan su crecimiento, pero también las emisiones de anhídrido carbónico a la atmósfera.  Más concretamente, en la ciudad de Boston, detallan que, alrededor del 64 por ciento de los propietarios de viviendas fertilizan el césped, el 37 por ciento el uso de compost o abono orgánico, y el 90 por ciento utiliza “enmiendas” orgánicas del tipo de los mulching (acolchado). Todas estas “opciones, principalmente llevadas a cabo en los espacios verdes, públicos o privados,  se traducen en adiciones de carbono al suelo, promoviendo, como ya hemos comentado, las emisiones de CO2. No obstante, los doseles de los arboles contrarrestan “en parte” este proceso al absorberlo.

De ser cierto, resultaría paradójico, crear zonas verdes en las ciudades con vistas a que sean más sostenibles ambientalmente, cuando en realidad tal iniciativa podría generar efectos de retroalimentación positiva sobre el calentamiento climático. Resumiendo, ¡no hay forma de aclararse! ¿Qué debemos fomentar: asfalto, tierra yerma o zonas verdes?. Para aquellos que defienden que la respiración es un indicador de la resiliencia del suelo, lo lógico sería que sustituyéramos muchos espacios geográficos baldíos por vertederos, ya que estos si emiten CO2, metano y otros gases de invernadero en enormes cantidades. ¡Sin comentarios!. Eso si, los suelos urbanos suelen estar muy contaminados, como ya os hemos reiterado en varias ocasiones. Empero, tengamos también en cuenta que las urbes siguen creciendo en detrimento de los paisajes agrarios y naturales.  ¿Más Co2?

La segunda noticia nos informa de los esfuerzos de las autoridades y vecinos de ciudad de Detroit, cuya economía se derrumbó (de hecho se encuentra en bancarrota) como consecuencia de la decadencia de la industria automovilística antaño, santo y seña de esta ciudad. Por tanto, esta ciudad se encuentra sufriendo una enorme crisis acompañada de un proceso de des-urbanización y éxodo al medio rural. Pues bien, de acuerdo a los investigadores que llevaron a cabo el segundo estudio, entre las herencias de su anhelada edad de oro industrial, se encuentran suelos fuertemente contaminados, lo cual dificulta e incluso impide en ocasiones la regeneración de las infraestructuras verdes de la urbe.  En sus propias palabras: “historia de la industrialización y la urbanización de Chicago dejó su marca en el suelo. El medio edáfico actúa como una esponja, llegando a albergar contaminantes durante muchos años. En Chicago, los residuos procedentes de la fabricación industrial han inducido la acumulación de los productos químico-orgánicos indeseablemente tóxicos, metales pesados y otras sustancias persistentes. Tal hecho plantea serios problemas para la salud humana, animal y vegetal. ¡En fin!: “lo que no mata engorda”.

Como puede observarse, generar ciudades verdes sostenibles, resulta ser una terea bastante más compleja de lo que usualmente pensamos. Vivimos en una sociedad enferma y como todos sabéis: “a perro flaco todo son pulgas”.

Os dejo con las noticias mentadas…….

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