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Catástrofes en cascada: Vertederos, deslizamientos, avalanchas, contaminación…..

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Deslizamiento en China y destrucción de un polígono Industrial: Fuente MailOnline.

Si la naturaleza nos depara “naturalmente” eventos catastróficos, la acción del hombre los introduce “artificialmente” ¿?. Solemos pensar y describir ambos hechos como singulares, por lo que pueden tratarse y clasificarse por separado. Empero no suele ser el caso, siendo moneda de cambio que los unos interaccionen “sinérgicamente” con los otros y el resultado deviene en demoledor. Y así, mientras se pierde la biodiversidad, geodiversidad, edafodiversidad, etc., el ser humano se encuentra generando una radiación sin precedentes de los desastres colosales más variopintos. ¿Naturales?, ¿artificiales?. Personalmente, en abundantes ocasiones, no lograría encasillar muchos de estos eventos en una u otra clase. Ciertamente algunos son singulares, aunque con harta frecuencia se combina lo natural con lo antropogénicamente inducido. ¿No queríamos diversidad? Pues aquí tenemos un ejemplo. Abajo os exponemos numerosos casos,  si bien os dejo este como botón de muestra: Erosión por Deslizamientos y Avalanchas: Un Desastre Natural y Humanitario de Magnitud Global.

 Francamente, resultaría ya muy difícil precisar “a ciencia cierta” las víctimas y pérdidas materiales causadas actualmente por un genuino desastre natural, ya que en la mayoría de los casos, el hombre, de un modo y otro, desea impenitentemente introducirse en la ecuación. Y en verdad que en este tipo de empresas tenemos mucho éxito.  Y a las pruebas me remiro (ver al final de esta entrega).

 No obstante, no solemos percatarnos de los abundantes tipos de “naturo-antropo—catastrofos”, por cuanto a menudo, no se producen sincrónicamente, sino en cascada, siendo los tipos de respuesta muy variados, es decir dilatados temporalmente (ver por ejemplo lo que se denomina bomba química del tiempo). Y así, hablamos de dos desastres cuando en realidad no suele ser inusual que sea uno solo, eso sí, repito que  naturo-antropo-catastrofos”. No echemos pues la culpa a la naturaleza, de lo que causamos con nuestro más que negligente comportamiento.

 Por ejemplo, solemos pensar, y leer  que los deslizamientos de tierras y avalanchas, no dejan de ser más que un tipo de erosión violenta producidas por un terremoto, lluvias intensas o un tsunami, por ejemplo. Es decir desastres naturales. Sin embargo, suele darse el caso de que los daños generados no se habrían producido con una adecuada planificación territorial, lo mismo que ocurre con los tsunamis, por citar tan solo un caso más. Y a costa de repetirme, el problema se complica, en lo que concierne a los aludidos movimientos de tierra, si afectan a suelos contaminados, o peor aún a nuestros constructos materiales, tales como los vertederos (siempre contaminados: “Contaminación de suelos en los vertederos  y con harta frecuencia inestables: “frágil estabilidad de muchos vertederos”),  urbanizaciones de lujo (léase chabolas y favelas), centrales nucleares, prospecciones energéticas (ver por ejemplo: verederos, fracking y contaminación de aguas), etc. Pero fijémonos tan solo en los primeros. El deslizamiento de un vertedero, puede contaminar todo, aguas y suelos abajo (deslizamiento de tierras y contaminación ; otro ejemplo extraído de Latinoamérica puede leerse aquí ).  Y así tal proceso erosivo, al margen de destrozar infraestructuras y poder producir algunas epidemias (falta de salubridad), no es extraño que años después de lugar a ciertas calamidades, como una fuerte contaminación, previamente no prevista (o en caso contrario escondida por nuestras autoridades), Se encontraban esperando agazapadas para surgir después como regalos envenenados. Esta última causa nuevos problemas de morbilidad y mortalidad, y así sucesivamente.

Yo retaría a mis colegas a que elaborarán una clasificación que incluyera todos los elementos escondidos en la caja de pandora: tipos de “naturo-antropo-catastrofos. Del mismo modo, también retaría a que las autoridades la usaran con vistas a saber a “ciencia cierta” el número de víctimas y daños materiales causados por cada uno de los taxones de esa virtual  clasificación, difícil hoy de vislumbrar.

En este post vamos a mostrar tan solo un caso, aprovechándonos de una noticia que acabamos de recibir a la hora de redactar este post. Eso sí, antes de empezar conviene saber que es la denominada Espectrometría de masas (LIBS), así como, los quelantes de mercurio, contaminantes muy peligrosos.

Os dejo pues con la buena nueva, que no deja de ser más que un granito de arcilla en un mar de arenas movedizas

Juan José Ibáñez

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Epidemias, Crecimiento Urbano, Residuos y Abonos (El Gran Hedor: Cólera en Londres, 1854)

En el medio rural, los campesinos siempre han usado tanto los residuos y sus propios detritus con vistas a devolver la fertilidad a las tierras de cultivo que atesoraban. De este modo, todo los restos desaprovechados eran mínimos. Yo mismo todavía he visto en el agro español (décadas de los años 50 del siglo XX), letrinas que evacuaban a pajares, en donde se mezclaba con los restos vegetales para elaborar abonos orgánicos. En Galicia, por ejemplo, también era frecuente cortar un matorral de leguminosas, llamado tojo, que a la postre era también usado como cama del ganado en los pajares, lo cual ayudaba a ¿compostar? la materia orgánica. Sin embargo, desde la creación de las primeras grandes aglomeraciones urbanas, nuestros detritos o deposiciones comenzaron a ser un problema de salud pública de primera magnitud, causando epidemias terroríficas. Y este feo asunto ha persistido hasta el siglo XX en los países desarrollados, mientras que aun permanece y se agudiza aun hoy en día en los que no lo son. Lamentablemente, el riego a manta con aguas residuales no depuradas causa dolosos estragos en la población campesina que no tiene más remedio que aplicar tal práctica, si la inmensa mayoría del agua de riego procede de urbes próximas que carecen de depuradoras. Se trata de un grave problema que aún dista mucho de ser resuelto, a pesar de que la sociedad moderna dispone de tecnologías para convertir tales elixires venenosos en residuos sólidos urbanos (sin bien estos también acarrean bastantes problemas que ya os mentamos en otro post).  La narración de hoy parte de una lectura previa que me llamó mucho la atención. En las primeras páginas del libro que lleva por título Simplejidad”: Por qué las cosas simples acaban siendo complejas y como las cosas complejas pueden ser simples, escrito por Jeffrey Kluger, se detallan las graves epidemias de cólera acaecidas en Londres durante los siglos XVIII y XIX y el evento conocido como el Gran Hedor.  Me llamó especialmente la atención, como, en parte, de la crisis vino propiciada al desplazarse granjas previas cercanas a los sistemas de alcantarillado y bombas de agua potable, fuera de la ciudad. Y asi el crecimiento y reorganización urbanas dieron lugar a que las aguas antaño utilizadas con vistas a estercolar esos predios urbanos y periurbanos dejaron de ser rentables, para aquellas compañías que, con anterioridad mantenían el sistema de fosas sépticas, comenzando la catástrofe. Sin embargo reconozcamos también que el problema, a parte de dramático era muy fétido, tratando de paliarse desde la antigüedad. De este modo, por ejemplo, en el portal e-ciencia puede, más o menos leerse: “Los métodos de depuración de residuos se remontan a la antigüedad y se han encontrado instalaciones de alcantarillado en lugares prehistóricos de Creta y en las antiguas ciudades asirias. Las canalizaciones de desagüe construidas por los romanos todavía funcionan en nuestros días. Aunque su principal función era el drenaje, la costumbre romana de arrojar los desperdicios a las calles significaba que junto con el agua de las escorrentías viajaban grandes cantidades de materia orgánica”. Pero comencemos primero con nuestra tan hedionda como interesante narración:

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Presunta Granja en Londres Siglo XIX

“Londres, 1854 y John Snow, médico de 40 años que terminó por descubrir como atajar la propagación de la epidemia: Los barrios londinenses contaban con buenas instalaciones de agua desde hacía varias décadas, estando equipados con bombas públicas que proporcionaban un suministro ilimitado para  lavar, cocinar y beber (…). Sin embargo, a pesar de todo, había más fosas sépticas que bombas (unas 200.000) (…) Antaño estos pozos negros se mantenían sorprendentemente limpios y su contenido era vaciado regularmente utilizando los detritus como fertilizantes para las granjas que todavía existían dentro y en la periferia de la urbe. El dinero que se obtenía de la venta de las aguas residuales se utilizaba para el mantenimiento del alcantarillado que forraba y sellaba las mentadas fosas. Conforme Londres (la City) crecía las granjas se fueron trasladando paulatinamente más lejos de la ciudad por lo que sus propietarios comenzaron a adquirir sus fertilizantes del campo. El negocio decayó. Al no haber nadie que vaciara habitualmente las fosas sépticas de la ciudad, y sin fondos con vistas a mantener el enladrillado sumergido, los cierres de mampostería comenzaron a deteriorarse y el contenido de las fosas empezó a filtrarse en el suministro de agua potable colindante. El Dr. Snow comenzó a sospechar que si se cerraban las bombas presumiblemente infectadas por fosas deterioradas (en función de la ubicación de los enfermos que eran presa del cólera) se podía atajar los contagios. Una solución simple que al menos aquel día comenzó a dar resultados(…)”.

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Londres 1845 en Gran Hedor, Epidemia de Cólera Fuente: Museum of London

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