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Un Avatar en La Tierra (Los Waiapi de la Amazonía)

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Fuente: Colaje Google Imágenes

Tras visionarla, quizás a muchos humanos nos hubiera gustado habitar en un planeta del tipo que se describe en Avatar, la película. Lo que muchos desconocerán es que “aún existen” lugares y pueblos en la Tierra cuyos habitantes disfrutaban de un mundo mágico y placentero semejante, hasta que llegó el Homo tecnológicus subespecie depredator para acabar con tal intolerable felicidad. Hablamos del pueblo Wajãpi, escondido en pequeños y recónditos pedazos de selva amazónica. En un post anterior  (¿El Progreso trae felicidad?. Viajando al jardín del Edén en el Amazonas), ya os comentamos diversos aspectos de su dramática situación, costumbres, agricultura, manejo del suelo, etc. Os recomendamos también la lectura de la siguiente entrega: El Expolio a los Pueblos Indígenas en Aras del Progreso: Los Dongria Kondh, Avatar y James Cameron.

 Lo que cabe preguntarse es si tanto progreso tecnológico nos ha ido separando del verdadero bienestar, en lugar de abrirnos nuevos caminos de paz, harmonía, conocimiento genuino y confort. Francamente, comienzo a sopesarlo muy seriamente. Cuando uno entra en la saga de los sexagenarios y ha vivido/sufrido multitud de experiencias, comienza a valorar que lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano, resulta ser simplemente disfrutar de su vida en paz, divertirse a raudales tras cumplir con sus necesidades más básicas, encontrarse rodeado de familia y amigos, sin beligerancia alguna contra otros, contemplar con respeto y amor el universo que le ha ofrecido tanto disfrute, para finalmente despegarse para siempre de nuestro cuerpo material, rodeado de todo lo que quiere. Y todo ello tiene que ver tanto con los bienes que le ofrece su ambiente, como por haber nacido en una cultura tan especial como humilde. El hombre moderno siempre desea más, y confunde lo material con lo espiritual. La vida se nos escurre entre los dedos deseando más dinero, éxitos, un hogar repleto de artefactos, estresados casi siempre a la hora de dar la mejor educación a sus hijos, en competencia/lucha cotidiana con nuestros congéneres. A la postre, el estrés, la depresión y la infelicidad enferman esos mismos cuerpos y almas. La noticia central de hoy lleva el título: “Para la Tribu amazónica el bosque pluvial es el universo entero”.… ya que tienen todo lo que demandan y desean a su alrededor. Como veréis abajo, he traducido rápidamente la noticia científica del suajili publicada en TerradDaily al español castellano usando el ingenio Google, por lo que no esperéis delicatesen lingüísticas.

 Reitero que, por lo que a día de hoy saben los expertos, muchas de las tribus amazónicas fueron más sofisticadas que las que actualmente resisten. Algo ocurrió, según se piensa en 2019, un par de siglos antes de la llegada de los europeos, que arrasaron con todo lo que encontraron a su paso, (¿qué sucedió?). Se desconoce la causa y las fechas precisas, pero gran parte de la cuenca amazónica era un paisaje semi-agrario, rebosante de prácticas agronómicas y manejos de suelos ingeniosos, diversos y sofisticados. ¿Qué paso pues?; ¿Por qué se perdió (ver post: “Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?”). Posiblemente, muchas de las etnias y pueblos no culturizados ¿?¿? que aún restan en aquellos lares, son el fruto de un retroceso tecnológico, típico de la falta de intercambios culturales, necesidad de huir constantemente del hombre blanco (perdiendo parte de su sedentarismo), pérdida de diversidad de recursos naturales en espacios pequeños, así como también de unas organizaciones sociales dispersas en diminutos poblados, etc. Empero tal hecho no hizo mella en su modo de vida, aunque necesariamente debió cambiar.

 En la película Avatar, se hablaba de una inteligencia natural distribuida por todo el bosque en donde los seres del suelo y las raíces de las plantas, funcionaban como una ciudad, muy inteligente, pero además genuinamente sustentable. En nuestro post: “La Inteligencia de los bosques y su comunicación bajo el Suelo” os explicamos que una nueva corriente de pensamiento, así como evidencias empíricas, parecen constatar que lo narrado en Avatar no resulta ser descabellado, en absoluto, aunque seguramente idealizado.

 Quizás los Wajãpi se encontraban y aun lo hacen (aunque mermados) en su Avatar, y nosotros pensando que es un producto de nuestra calenturienta imaginación. ¡Qué lástima!. Todo lo que podríamos seguir aprendiendo de un pueblo tan respetuoso, afable, feliz y sustentable. Empero preferimos exterminarlos porque somos cultos y sofisticados ¿? ¿?. ¡No tenemos perdón!.  Y por ello los Wajãpi, hartos, nos han declarado la guerra al mundo entero, al menos si se pisan sus dominios. Ya les han engañado demasiadas veces: han dicho ¡basta!.

 Hoy os dejamos pues nuestro más entrañable recuerdo y solidaridad con los Wajãpi, y otras tribus latinoamericanas que sufren los mismos padecimientos y exterminios ante nuestro hipócrita y cómplice desinterés. ¿Un Avatar en la Tierra?. Al parecer antaño así puedo ser, actualmente una quimera.

PD. Observar en la narración como entienden y utilizan el concepto de “cansancio/fatiga del suelo”. 

 Juan José Ibáñez

Continúa……

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¿El Progreso trae felicidad?. Viajando al jardín del Edén en el Amazonas (el Pueblo Wajãpi)

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Pueblo Wajãpi. Fuente: Colaje Google imágenes

 

¿El Progreso no trae felicidad?. ¡Pues hay que acabar con los afortunados que lo rechazan, que mal ejemplo, trabajan poco, viven felices, se divierten….!. ¡Intolerable!

 Recuerdo con nostalgia como mi amigo y colega Alfred Zinck narraba apasionantes historias de cuando investigaba en las selvas tropicales de Latinoamérica. Alfredo comentaba que, a veces, salían del helicóptero, y los moradores de aquellas tierras les lanzaban flechas y lanzas cuando intentaban bajar de su “pájaro metálico”. Y así podía pasarse horas. Del mismo, rememoro un viaje a un poblado aborigen de las américas tropicales que recordaba el colega Juan Sánchez. Aun vislumbro su cara de asombro al describir a hombres sexagenarios que parecían muchos más jóvenes, vigorosos y saludables que nosotros, con exquisitos dientes blancos como el mármol, y cuya afabilidad y ganas de divertirse eran enormes. En noviembre de 2017, me llegó una noticia que ha dado lugar al post que redactamos hoy. Hablamos del pueblo Wajãpi, que habita en los bosques pluviales de Brasil, apenas ha contactado con el nombre blanco, y se prepara para defender sus últimos reductos. ¿Habéis visto el film titulado  La Selva Esmeralda (The Emerald Forest, 1985)?: ¿No? Os la recomiendo, ya que narra la vida en un poblado “no contactado” de aquellos lares, en donde sus moradores habitaban felizmente, aunque siempre temiendo la amenaza de los “hombres termita” (destruyen la madera de los boques), es decir el “hombre blanco” que dejaba sus masas forestales hechos añicos.  Pues bien, dos de los testimonios que os dejo abajo “parecen salidos de tal película.

Alan Tormaid Campbell, vivió en uno de los poblados Wajãpi durante los años setenta, publicando a la postre en 2002 una monografía antropológica de los indígenas mentados: “Getting to know Waiwai.”. En Internet aparece alguna relación entre el libro y el film, si bien no he profundizado lo suficiente como para corroborar si habla de la misma tribu, aunque desde luego lo parece. La relación entre el libro que viene citado en el texto y la película de la Selva Esmerala es comentada en el primero. Como veréis abajo, trabajan para comer y comen para vivir disfrutando, hasta que comenzaron a ser acosados inmisericorde e incesantemente, cuando no asesinados por los hombres termita. Se encuentran al borde de la desaparición. ¡Obstinados jinetes de la apocalipsis!. Y efectivamente, no se trata de leyendas, la selva les da sus frutos y animales, los ríos sus peces, sus cultivos lo que demandan para alimentarse, jugar y satisfacer sus vicios. Así, en pocas horas, han llevado a cabo sus labores, y tan solo resta divertirse, beber su cerveza ingerir lo que haga falta, bailar y cantar, hasta finalmente reunirse alrededor de una fogata y contar historias. ¿No sienten ustedes envidia?. ¡Qué fácil resulta ser feliz sin tanta tecnología, sin necesidad alguna de apelar al progreso, etc.! Algunos comentarán que si las enfermedades, que si tal, que si cual. Empero, lo mejor que puede ocurrirle a un ser humano es que disfrute de su vida terrenal, feliz, en harmonía con sus gentes y respetando el medio ambiente. Sin embargo, no se lo consentimos, por lo que hartos amenazan por comenzar a guerrear a todo el que amenace más aun su forma de vida.  Survival International, se afana por defender a estos pueblos, muchos de los cuales, no han contactado jamás con la civilización contemporánea, siendo por tanto además fácil presa de nuestros gérmenes, su peor enemigo invisible. 

 En alguna noticia que os reproduzco abajo, redactada en español castellano, se habla de “hombres de la edad de piedra” ¡Qué atrevida es la ignorancia! Otra de las noticias nos informan que su agricultura se basa el más simple de los sistemas de aquellas tierras: chamiceras o “cultivo de tala y quema” . Sin embargo, de “piedra” se quedaron cuando llegó el hombre blanco ya que la Amazonía sería un jardín del edén que no un paisaje prístino, como explicamos en nuestro post: “Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?”. Pues bien, como os explicamos en algunos de los post previos que os mostramos abajo, la agricultura de aquellas culturas perdidas resultaba ser mucho más sofisticada, para nuestra vergonzante e insustentable ineficacia agraria. Al parecer, los expertos actuales argumentan que las chamiceras fueron reemplazando a múltiples manejos agrarios y de suelos más sofisticados, tras la invasión de las américas por los europeos. En ese momento comenzó su diáspora y no hubo más remedio que quemar, cultivar y salir corriendo so pena de ser reos de los hombres termita. Abajo os dejo abundante información sobre los Wajãpi en la Wikipedia portuguesa e inglesa,  ya que lamentablemente la española no atesora capítulo sobre los mismos.

 A estas alturas de mi vida, sigo preguntándome ¿para qué tanta ciencia, tecnología y progreso, si con ellos estamos destrozando la biosfera (nuestro hogar), contaminándonos, enfermando de stress y depresiones, etc. ¿Qué ganamos con ello?: ¡No lo sé!. ¿Qué perdemos?: Nuestro hogar y la felicidad. Algunos alegareis que somos más longevos o que nuestra vida media es más dilatada y confortable. Habría que saber cuánto podían vivir con sus cultivos tradicionales, sus intercambios culturales con otras etnias y sin tanto germen llegado de Europa. ¿Conocemos esos datos?: ¡No!. Prefiero pensar que hemos venido a vivir este mundo para disfrutarlo, mientras podamos y sin injerencias. ¡Viva la fiesta de los Wajãpi!. Pasen lean y reflexionen hacia dónde vamos, comenzando con la primera nota de prensa traducida al castellano y que llevaría el título deCerveza en el Amazonas la tribu que ama la fiesta”. Y sin resaca, ya que disponen de los remedios para evitarla.  Eso si, ya advertimos que haremos otro post acerca de su cosmología, su visión del mundo.¡Viva la fiesta de los Wajãpi!.

 Juan José Ibáñez

 Continúa con abundante información……..

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Los biocarbones o carbones pirogenéticos en los suelos del mundo. Una sorpresa inesperada

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Biocarbones  como práctica campesina: Fuente: Mother Earth News

La noticia que os vamos a comentar hoy (Taking stock of charcoal in the world’s soil) me ha causado una gran sorpresa, aunque tras meditar los contenidos parece lógica. En mi modesta opinión, esta es la mayor virtud del estudio. Los autores nos informan que, conforme a sus cálculos (aun con grandes incertidumbres), el 16% del carbono de los suelos del mundo posee origen pirogenético (PyC), lo cual resulta ser una cantidad ingente. Este tipo de materia orgánica del suelo (MOS) se puede generar por incendios naturales, la quema de rastrojos o la producción del ya mentado biochar (en sus diversas modalidades para mejorar las propiedades del suelo, o secuestrar carbono de la atmósfera), de los cuales hemos hablado con profusión en numerosos post de la bitácora. Por tanto, una mirada retrospectiva al papel de la MOS en los suelos y la biosfera adquiere una nueva dimensión, en la cual el fuego se alza como un protagonista de primer orden.

 Los incendios naturales se han producido siempre y ellos dan lugar al carbono pirogenético, como también la quema de residuos agrícolas desde tiempos inmemoriales. Ya hemos comentado estos carbones pirogenéticos se descomponen muy lentamente, actuando como secuestradores de carbono atmosférico.  Más aun, en algunas regiones “el PyC representa hasta el 60% de la materia orgánica edáfica”. ¡Tremendo!. Su mayor abundancia acaece en las regiones tropicales y decrece hacia los Polos. Lo mismo ocurre en los paisajes agrarios respecto a los que atesoran vida salvaje, lo que denuncia el importantísimo papel del ser humano en el secuestro de carbono que atesoran los suelos desde hace miles de años. Eso sí, los autores no nos informan, de lo que ya conocemos sobradamente, es decir que existen PyC capaces de retener agua y nutrientes mientras otros no. Esperemos que su iniciativa nos aclare en los próximos años que porcentaje almacenan los suelos de cada una de restas formas.

 Los investigadores que han publicado el artículo también comentan que: “Los pH elevados, y los suelos ricos en arcilla parecían retener el carbono orgánico pirógeno mejor que cualquier otro tipo de suelo”. Este resultado era de esperar, para todos aquellos que hayan trabajado mínimamente sobre el tema.  De aquí que debamos inferir que la actividad humana ya ha secuestrado de la atmósfera ingentes cantidades de CO2, miles de años antes de que este tema se pusiera de moda, algo así como si estuviéramos descubriendo la dinamita. Como siempre, nos creemos innovadores, cuando en realidad imitamos a nuestros ancestros y su conocimiento campesino (ver los numerosos post al respecto que alberga nuestra categoría: etnoedafología y conocimiento campesino), y con mucha dificultad.

 El estudio ha sido llevado a cabo haciendo uso de minería de datos de investigaciones precedentes publicadas en la literatura, lo cual conlleva ineludiblemente incertidumbres. Ahora bien, como veréis en la noticia original que os muestro abajo (como también en el artículo científico que se encuentra en acceso abierto), se ha liberado una base de datos en acceso abierto que permite obtener tal información, pero también enriquecerla con nuevas contribuciones. Es decir hablamos de una investigación participativa de gran interés. He traducido todo el texto del suajili al español-castellano,  por lo que os dejo sin más con sus contenidos. Buen trabajo. ¡si señor!.

Juan José Ibáñez

veamos pues la noticia……..

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El cambio climático, la Conquista de las Américas y los Mongoles

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Colonización de las Américas. Fuente: Gordon Miller Sailing Into History

 El estudio de los cambios climáticos en el pasado resulta ser apasionantes cuando nos informa de algo que realmente sucedió. Ahora bien, si uno lee noticias como esta, no sabe que pensar. Nos referimos a la siguiente nota de prensa: La conquista de América no influyó en el clima. ¿Y la pregunta del millón sería: ¿Y por qué debía haberlo hecho. Leí su contenido interesado y (….) ¿¿??. ¿La deforestación y puesta en cultivo de amplios espacios geográficos? Acaso resulta que las culturas precolombinas no cultivan extensas extensiones de terreno? ¿Cuánto incrementó el  especio cultivado en detrimento de los bosques al comenzar a instalarse los europeos allí? Esta última, de hecho, hubiera sido la primera pregunta a contestar antes de realizar la investigación cuyos resultados os mostramos hoy abajo. La segunda sería: ¿Cómo el cambio del modelo productivo agrario precolombino/postcolombino afectó las emisiones de gases de invernadero en América? Los autores, usando los denominados testigos de hielo, intentaban averiguar si grandes acontecimientos históricos del pasado afectaron el clima terrestre, ya fuera por enormes deforestaciones, ya por cambios abruptos de la demografía humana.  Y con tal motivo seleccionaron varios acontecimientos de ¿envergadura?, aunque personalmente no entiendo los criterios, o si por un casual fue una tómbola.  Pues bien, los elegidos fueron: la invasión mongola, la conquista de América y la caída de la Dinastía Ming. Conforme a estos autores: “(….)  durante los acontecimientos de corta duración, como la peste negra y la caída de la dinastía Ming, el crecimiento de los árboles no fue suficiente para contrarrestar las emisiones normales” (….) Sin embargo, durante la conquista de América y la invasión mongola sí hubo tiempo suficiente“. Al parecer los autores no eran muy doctos en lo concerniente a la historia y cultura  de las Américas Precolombinas, ya que como os mostramos en  post precedentes, diversos territorios actualmente forestados, eran cultivados con anterioridad a la llegada a las Américas de los Europeos, y no solo por bajo los Imperios Azteca y Mayas, sino también en los bosques tropicales húmedos del continente por culturas aborígenes menos conocidas/estudiadas. Me temo, que lo mismo les ocurre con la de los Mongoles y la enigmática  y poco conocida  “dinastía Ming” en China. Ahora bien, la conclusión de la nota de prensa es como para llevarse las manos a la cabeza. El párrafo reza así: “Los resultados indican que, como se siguió produciendo deforestación, solo la invasión mongola, el acontecimiento de mayor impacto, pudo llegar a producir una disminución neta del dióxido de carbono, cifrada en 700 millones de toneladas de carbono, equivalente a la actual demanda anual de gasolina en el mundo. Sin embargo, es tan poca cantidad que no se puede detectar en los testigos de hielo, reconocen los investigadores”. Tal cual se encuentra redactada la noticia, debe suponerse que la cuantificación de las emisiones de la invasión mongola fue llevada a cabo por otros autores ya que luego reconocen que no pudo detectarse en los testigos de hielo. Y si es así, ¿de qué nos informa la noticia? Pues estos geniales investigadores consideran que “De hecho, los humanos empezaron a influenciar el ambiente hace miles de años al cambiar la cubierta vegetal, cuando talaban bosques para convertir los terrenos en espacios agrarios”.  Ahhhhh. ¿Y tal descubrimiento es nuevo para la ciencia?. Les ruego por favor que lean los numerosos post incluidos en nuestra categoría: “etnoedafología,y conocimiento campesino” y tendrán mucha y mejor documentación sobre el tema. No obstante, como también mostramos en nuestra categoría  “historia de la Tierra y de los suelos”, existen evidencias de que incluso antes del nacimiento de la agricultura, el hombre paleolítico se empeñó en alterar en clima, al ensañarse con la megafauna, como os muestro en una relación de post previos debajo de la noticia aludida.

 Resumiendo. ¿Desea usted publicar en un revista científica?.  Pues bien, escoja unos instrumentos sofisticados, plantéese la hipótesis que le pete, haga malabarismos con la retórica,  escriba algo y ¡ya está! Fácil. Fácil!

 Juan José Ibáñez

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El asombroso misterio del carbón pirogenético (un nuevo biochar detectado entre los pueblos aborígenes de África)

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Carbón pirogenético. Fuente: colaje google imágenes

El título con el que pretendía presentar este post era el siguiente: “El Carbón pirogenético: Los pueblos aborígenes de África lograban mejorar la fertilidad de suelos pobres en nutrientes, alcanzando así una agricultura plenamente sustentable.” Pero realmente, el tema, deprimente en manos de la ciencia actual, resulta asombroso a la luz de la etnoagricultura y etnoedafología. Por esta razón, abajo os he traducido buena parte de la nota de prensa original en inglés, dejando material adicional sobre lo que ahora algunos denominan “pirogenético”. Pero vayamos al meollo del contenido. Ya os hemos hablado en numerosas ocasiones del biochar. En la foto podréis observar cómo ha ido creciendo vertiginosamente el número de artículos que las revistas de prestigio han publicado sobre el tema. Sin embargo, sus propiedades no logran emular las que atesoraban las Terras Pretas (Propiedades y Fertilidad del Biochar). Reitero que abajo tenéis una relación de todo lo publicado en esta bitácora desde que Francisco de Orellana habló por primera vez de ellas, tras su descubrimiento en la desembocadura del “Gran Rio”. El biochar fue desarrollado por los pueblos aborígenes de la Amazonia. Básicamente se trata de un tipo de transformación de la materia orgánica mediante el fuego, y “algo más” (a saber qué), de tal modo que tras añadirse al suelo le otorgaba de una fertilidad enormemente superior a la de los pobres suelos naturales de la región. Y tal enmienda, al parecer, lograba persistir durante cientos y/o miles de años. De este modo, territorios infértiles adquirían una fertilidad pasmosa. La ciencia moderna intenta descubrir el secreto, con vistas a poder obtener con nuestra portentosa tecnología lo que los indígenas hacían sin prácticamente ninguna. Años después, unos investigadores japoneses mostraron al mundo el biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal. Pues bien, en la noticia de hoy se nos informa que algo parecido ha sido hallado en pueblos aborígenes del oeste de África. ¡Sí1, ellos también transformaban suelos improductivos en altamente productivos sin necesidad de tecnológica, enormes insumos de agroquímicos contaminantes y otras prácticas que a la postre han resultado insustentables. Si logramos esclarecer el secreto de aquellos que han venido denominándose “salvajes” en occidente, alcanzar la sustentabilidad y la soberanía alimentaria a nivel mundial podría considerarse como un objetivo viable y próximo en el tiempo. Varios aspectos resultan asombrosos cuando hablamos de este tema.

¿Cómo es posible que tras casi quince años de intentos para desentrañar tal enigma la ciencia actual sea impotente, con todo nuestro instrumental y bagaje científico?

¿Cómo es posible que se lograra tal hazaña en tres continentes distintos (América, Asia y África) por pueblos que todo indica que jamás mantuvieron comunicación alguna?. Empero un manejo y enmienda semejante dicen que fue practicado en lo denominados Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, es decir en Oceanía. De ser así, tan solo en Europa (por lo menos hasta la fecha, según los estudios realizados), sus culturas ancestrales fueron incapaces de fabricar tal piedra filosofal. ¿Quién defiende pues la supremacía aria?

Resulta complicado asumir todo este entramado de hechos y desechos carbonizados.  Aquellos amantes del misterio, siempre podrán apelar a que unos extraterrestres, al ver tanta miseria humana en el pasado, nos ofrecieron este regalito. ¿O realmente  nuestros ancestros lograron de alguna forma, aun por descifrar comunicarse globalmente? De ser cierto todo lo publicado en las revistas científicas,  ¿cómo es posible que este tema no se haya convertido en una prioridad de primer orden mundial? ¿Por qué no se nos despide a todos los agrónomos y edafólogos en vista de nuestra incompetencia?  Un misterio detrás de otro. Una de tres; ¿O somos incompetentes, o somos imbéciles, o la ciencia agronómica actual demuestra ser sumamente ineficiente?.

Os dejo pues con el material nuevo y una relación de los post previos (que no todos) relacionados con el tema……

Juan José Ibáñez 

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El sistema Quesungual en Mesoamérica y el desarrollo sostenible: redescubriendo el pasado

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El sistema Quesungual. Video. Fuente FAO

Hoy hablaremos del denominado sistema Quesungual que ha venido a aportar algo de luz a la agricultura mesoamericana. El sistema Quesungual que no deja de ser una práctica de manejo agroforestal, entre otras muchas.

A lo largo de siglos, la gestión tradicional de los paisajes agrarios solía incluir la presencia del arbolado, o de este último junto al ganado y las principales plantas de cultivo en la zona, cuando no eran de por si policultivos. Ya hemos ido repasando en nuestra categoría “etnoedafología y conocimiento campesinocomo los pueblos Latinoamericanos desarrollaron una impresionante plétora de sistemas de manejo sustentables, entre los cuales la práctica de tala y quema eran uno más, y quizás el peor. Las evidencias constatan que la extensión de este último modo de producir alimentos se expandió, justamente en los últimos siglos, cuando las culturas primigenias dejaron de ser dueñas de su propio destino.   Hace unas décadas, con el apoyo de la FAO, volvieron a introducirse prácticas más sustentables, que no dejan de ser espectros de las que ellos habían utilizado en el pasado.  Aunque debe alabarse la participación de la FAO, también resulta necesario reconocer que se trata del redescubrimiento de la dinamita, una vez más. Viejo vino que se vende en nuevas botellas. Reiteremos por enésima vez que de elaborarse un inventario (libro rojo) de las prácticas tradicionales sustentables de las culturas aborígenes, nos percataríamos que nuestras propuestas “presuntamente originales, dejarían de serlo en la mayoría de los casos. Los europeos destruimos y ahora decimos que redescubrimos y ayudamos a que los pueblos desarraigados. ¡Sin comentarios!  

 El sistema Quesungual que comienza a ofrecer exitosos resultados en Mesoamérica, no deja de ser más que una vuelta hacia el pasado, es decir a los tradicionales sistemas agroforestales y agrosilvopastorales que se usaban en una buena parte de todos los continentes del mundo.

 El sistema Quesungual, parece ir sustituyendo en parte a una práctica actualmente muy extendida, como como los cultivos de tala y quema (chamiceras) que no ofrecen los frutos deseados, pero sí degradan, empobrecen y erosionan los suelos, generando de paso una pérdida de fertilidad. Durante muchos años se nos ha vendido que los aborígenes de Latinoamérica utilizaban sistemáticamente las aludidas chamiceras, cuando en realidad, no fue cierto hasta la llegada de los europeos y el desarraigo y destrozo de sus culturas, y como corolario, de sus sistemas de manejo tradicionales.  Abajo os explicamos, haciendo uso de contenidos de ciertos documentos y páginas Web,  en que consiste el sistema Quesungual así como sus palmarias ventajas sobre los de tala y quema. “nada nuevo bajo el sol”, aunque un método de paliar la pobreza que nosotros mismos, los europeos, indujimos en las américas.  

 Juan José Ibáñez

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Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?

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Bosque de Lluvia amazónico. Fuente: World for Travel y Descubriendo el pasado de los paisajes y pueblos amazónicos. Fuente: Mail Online

El ser humano ha modelado prácticamente toda la biosfera. Difícilmente podemos hablar de paisajes prístinos, sino culturales, incluso en los bosques tropicales lluviosos de la cuenca amazónica.

La perturbación por la acción del hombre de los ecosistemas forestales ha sido menormente diversa, desde su total erradicación, hasta el incremento de la biodiversidad de los mismos. Así por ejemplo, en la Europa mediterránea, la denominada por Paco González Bernáldez “frutalización” del bosque viene a recordarnos que, a lo largo de la historia las culturas que habitaron en estos ambientes, eliminaron las especies arbóreas que menos les interesaban, preservando las que les ofrecían mayores beneficios, fomentando en los espacios sabanoides resultantes, la creación de pastos y/o policultivos. En consecuencia las masas forestales perdían biodiversidad de las especies leñosas, pero dando lugar a sistemas agrosilvopastorales, que no agroforestales, muy diversificados. En este post mostraremos la asombrosa historia de los paisajes amazónicos en un pasado no muy lejano.

Ya hemos explicado en numerosos post, como conforme a la geoarqueología, etnoagricultura y etnoedafología progresaban, iba poniéndose en duda el mito de la Amazonía pristina, como fue el caso, entre otros, de nuestra entrega dedicada al explorador Francisco de Orellana y la enmienda actualmente conocida como biochar

Willian Baleé (año 2000) explicaba en un interesantísimo artículo publicado en la Revista Mundo Científico, como a la hora de comprender la biodiversidad del Amazonía se ha soslayado el factor humano, es decir el papel de sus pueblos indígenas con vistas a fomentar la biodiversidad que hoy observamos, y que incluso podría ser mayor de la acaecida hace siglos tras la desaparición/desorganización de muchas de aquellas culturas. Los pueblos aborígenes amazónicos cultivaron extensas superficies de la cuenca amazónica, desde hace al menos 6.000 años, siendo la domesticación de especies, la formación de campos elevados y la creación de suelos antrópicos sobre ellos, prácticas muy comunes que terminaron por aumentar la biodiversidad. Como mínimo,  muchos de los puntos calientes o hotspots de biodiversidad de esta región aparecen sobre antiguos suelos antrópicos, sitos en campos elevados. Hablamos de lo que se ha denominado agricultura forestal, y que tiene que ver con el concepto de reservas extractivas, puesto de moda durante la última década del siglo XX. Se supone que durante los recorridos y cambios de asentamientos, aquellos pueblos indígenas llevaban consigo ciertas especies de cultivo (u otras con distintos fines, como para la obtención de ciertos medicamentos, fibras, etc.). Tales semillas debían ser sembradas tras desbrozar parte de la vegetación natural, aunque dejando intacta en su mayoría. Del mismo modo, o en combinación, los campos elevados resultaban ser nuevos hábitats originados por el hombre, con vistas a mantenerse fuera de los estragos de las inundaciones estacionales de los caudalosos ríos, típicos de la región. Ahora bien, posiblemente también tuvieran cabida algunos manejos que erradicaran toda la cubierta arbórea. Lo mismo puede decirse de las chamiceras, si bien su extensión parecía ser mucho menor que la que se produjo tras la denominada colonización.

Reiteramos que en el mentado artículo se menciona como muchos puntos calientes de biodiversidad se ubicaban en enclaves elevados (frecuentemente con obras para favorecer el drenaje) cuyos suelos se habrían formado por la progresiva acumulación intencional de materiales ricos en carbono orgánico (Antrosoles). Por tanto, las remociones de suelo para formar hábitats no inundables permitían que los asentamientos y los cultivos más importantes no terminaran por ser sumergidos o dañados. Se trata de un tema que aún sigue siendo motivo de debate, aunque, como veremos a continuación, se acumulan numerosas evidencias a favor de que la cuenca amazónica resultaría ser un paisaje cultural y no un paraíso prístino.

Más allá del Jardín del Edén    

Recientemente, nuestro colaborador Régulo León Arteta, me envió un trabajo recientemente aparecido en una revista de las denominadas de prestigio, publicado por investigadores brasileños que ponía cabeza abajo y patas arriba hasta las perspectivas más osadas sobre la naturaleza prístina/cultural de la región amazónica en su sentido más extenso (incluyendo desde el Orinoco hasta la  parte norte de la América Austral, etc.). Tal material se encuentra en acceso abierto, por lo que al final de este post os dejo el enlace con vistas a que lo podáis leer con detenimiento. Clement y colaboradores, el año de gracia/o desgracia de 2015, parecen demostrar, haciendo uso de una bibliografía extensísima, una perspectiva diametralmente opuesta a la que sostenía la naturaleza prístina del paisaje amazónico. Según estos autores, desde el Holoceno medio, los pueblos indígenas de esta maravillosa región comenzaron a desarrollar una agricultura que, a la postre, culminó en una insospechada hasta ahora revolución agraria y cultural, que dista mucho del panorama que han venido ofreciendo, tanto  la prensa científica como la divulgativa. Y así se culminó con una estructuración político-social de gran alcance que vinculaba a diversos pueblos aborígenes de etnias distintas. En consecuencia, el Amazonía debiera entenderse como un paisaje cultural y centro de domesticación de diversas plantas y animales, en cuya transformación intervinieron numerosos pueblos (pertenecientes, entre otras, a las familias lingüísticas Arahuaca, Pano, Tupi-Guaraní, Caribeñas y Tipití). De nuevo, según estos autores, aquellos paisajes culturales debían/podían alimentar a bastantes millones de personas, estando repletos de los más diversos tipos de gestión del suelo y el vuelo. La extensión de las terras pretas llegó a alcanzar el 3,2% del territorio, aunque  también crearon otros suelos antrópicos con menor contenido de materia orgánica, obras hidráulicas, canales, lagunas con fines piscícolas, extensas redes viarias que facilitaban los intercambios comerciales y un largo etc. Si bien los asentamientos más sofisticados bordeaban las grandes arterias fluviales, no es menos cierto que otros de menores dimensiones alcanzaron los interfluvios de las cuencas de drenaje. La gestión del territorio, como también acaeció y aun lo hace en otras muchas culturas y regiones del mundo, era de naturaleza centrípeta, es decir cerca de las aldeas se ubicaban los cultivos más productivos (sobre los suelos antrópicos más oscuros por su enriquecimiento en carbono), siendo la gestión más laxa (y menores las enmiendas de materia orgánica aplicadas al medio edáfico), conforme se alejaban del poblamiento.  De hecho, la Península Ibérica y otros paisajes los paisajes culturales atesoran estas mismas y lógicas características.

Continúa……..

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Sostenibilidad y Conocimiento Campesino en África (El Papel de las Creencias Religiosas)

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Liberia paisaje Rural. Fuente: TRIP DOWN MEMORY LANE

Cada vez disfruto más al leer artículos sobre etnoedafología y etnoagricultura. Y siempre extraigo la misma conclusión. Los pueblos aborígenes sabían sobradamente como desarrollar una agricultura sustentable de bajos insumos en los más dispares biomas y ambientes. En contrapartida, la agricultura industrial moderna, va en la dirección opuesta, contaminando, degradando y ofreciendo pan para hoy a costa de perderlo mañana. Hoy nos vamos a Liberia, con vistas a examinar las la agricultura tradicional de los Loma. Cuando ya había traducido la nota de prensa de ScienceDaily que os muestro abajo, he topado con que en la página Web Tendencias 21, la escritora, poeta y editora Yaiza Martínez había llevado a cabo tal labor. Más aun, también amplió la noticia, desde una perspectiva muy interesante. Debemos agradecer a la canaria Yaiza, un trabajo bien hecho, en el cual clarifica como las creencias de los pueblos aborígenes, sus religiones/tradiciones, resultaban muy útiles con vistas a mantener la mentada sostenibilidad, no tan solo entre los Loma sino también en otras etnias repartidas por el mundo. No debemos extrañarlos que tales aspectos religiosos transmitidos durante generaciones tuvieran un origen ancestral, en el cual lo religioso, incluidos mitos y tabúes, esconden contundentes razones ecológicas y agrarias, entre otras. Tal hecho también ocurre en nuestra traducción Judeo-cristiana.  Yaiza no menta las múltiples prácticas semejantes que acaecen en las culturas latinoamericanas precolombinas, que ya os he expuesto en numerosos post, aunque da cuenta de otras que personalmente desconocía. Seguidamente he ojeado por encima las investigaciones que lleva a cabo el primer autor del estudio que analizamos hoy, el Dr. James Fraser.

James va muy bien encaminado, al relacionar los descubrimientos en Liberia con las terras pretas do indio, cuyo misterio sigue oculto en la cuenca amazónica. Del mismo modo, este investigador se asombra como yo, de la enorme cantidad de culturas aborígenes que descubrieron la bondad de gestionar el suelo con biocarbones, llagando a conjeturar si puede considerarse un descubrimiento inevitable para la mayoría de los pueblos neolíticos del mundo. Os he mostrado ya evidencias de ello, como cuando hablé de las culturas campesinas del Nepal. También los mayas preservaban bosques vírgenes por sus creencias, al igual que los Loma liberianos. Podemos seguir detallando coincidencias pero no es el momento.  

Los Loma también crearon suelos antropogénicos mucho más fértiles que los naturales de la región.  Como en otros casos, apelaron a sus rituales y creencias con vistas a no devastar el paisaje, ya que los bienes materiales no pueden anteponerse a la sostenibilidad de sus prácticas y cultura.

Resulta inevitable, comparar muchas de estas prácticas de gestión del suelo con la moda del biochar, como James también hace. Ahora bien. repetimos que las investigaciones sobre estos últimos biocarbones, debidas a la maldita moda de la investigación translacional, no están llegando a buen puerto. Fíjense en los materiales que añadían “los loma” cotidianamente para “fabricar” sus antrosoles: materia orgánica fresca y carbonizada, incluyendo el estiércol, huesos, cenizas, carbón y cerámica. Es decir los biocarbones por si solos no son suficientes, sino un elemento que ayuda a mejorar la estructura del suelo, que no su fertilidad química directamente.  Esta última era promovida mediante otro tipo de enmiendas.

Finalmente me ha llegado a intrigar que, con biocarbones o no, la extendida costumbre de añadir restos de cerámica a los suelos de cultivo, por una enorme cantidad de pueblos aborígenes. No he detectado ningún estudio que analice el papel de estos artefactos culturales, pero tanta ubicuidad no pare ser fruto de la mera casualidad.

Os dejo seguidamente y por este orden, mi traducción personal de la nota de prensa de ScienceDaily, esta última y finalmente algunos de los fragmentos publicados por Yaiza Martínez para Tendencias 21. Y lo dicho, tecnológicamente el ser humano a logrado grandes proezas pero en materia de sostenibilidad, pero al parecer vamos para atrás como los cangrejos.

 Juan José Ibáñez

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El pueblo Quilmes y su herencia Incaica: Gestión de suelos y cultivos

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Ruinas Quilmes. Fuente: Tucumán Una Provincia Argentina Llena de Cultura

 Dedicado a nuestra amiga Rosa De Lima Holzmann

Hace unas semanas, Rosa De Lima Holzmann, una buena amiga del blog y ahora mía, nos envió un texto que explicaba sucintamente las prácticas y manejos de suelos del pueblo Quilmes (sí, ese que nos es muy conocido por una marca de cerveza argentina). Más concretamente me refiero a este documento: Los indígenas quilmes redactado por Carlos Eduardo Solivérez. Hasta el norte de Argentina alcanzó, como veréis, el  Imperio incaico, poco antes de la llegada de los europeos a las Américas. El sencillo texto redactado por Carlos Eduardo Solivérez, merece la pena leerse en su totalidad. Se encuentra en acceso abierto, pinchando en el primer enlace. Abajo os sintetizo un poco el contenido más relacionado con la agricultura y los suelos, y obviamente con sabor de las prácticas tradicionales Incas. Gracias a Carlos por ello.

Sin embargo, antes de comenzar, me gustaría compartir dos reflexiones con vosotros. La primera estriba en la cruel práctica de los imperios, incluyendo a los Incas, de doblegar y someter a los pueblos conquistados desarraigándoles de sus tierras y  llevándoselos a otros lares. Está práctica, desgraciadamente muy común,  se ha realizado hasta el siglo XX. La reciente guerra de los Balcanes fue fruto, en buena parte, de tal deplorable modo de proceder.

Resulta intrigante, y algún día la ciencia dará buena cuenta de este enigma, que ni en el caso de las civilizaciones Incas, y Mayas, se hayan encontrado restos de algún tipo de representación espacial, es decir de mapas en su sentido más amplio.  No se pueden controlar las vastas extensiones imperiales sin un profundo conocimiento del espacio y ubicación de los terrenos bajo sus dominios.   Francamente se me antoja inconcebible. Si leéis detenidamente el texto Carlos Eduardo Solivérez, posiblemente comencéis a entender el dilema y vislumbrar algo más allá. Fijaros bien cuando habla de caminos y postas o tambos. Personalmente he leído muchos textos en donde se habla de petroglifos, a menudo esparcidos por los bosques de LA (al margen por supuesto de las inscripciones que abundan en grandes urbes de aquellos pueblos). Estos, suelen atribuirse a enterramientos y otras prácticas culturales. ¿No podrían ser, algunos de ellos mapas o croquis para ir de un tambo a otro?. Una idea, que no alcanza ni el estatus de conjetura, pero ahí la dejo, ya que el significado de la mayor parte de los petroglifos de las civilizaciones mentadas sigue siendo desconocido.

Vamos pues a informarnos brevemente acerca estás prácticas Quilmes/Incaicas de la mano de Carlos Eduardo Solivérez

Juan José Ibáñez

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Biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal (Etnoedafología)

Seguimos con nuestra nueva tanda de post que intenta entender y analizar críticamente es nuevo furor (¿Científica o empresarial?) por demostrar las bondades del Biochar o Biocarbón, respecto a otros productos ya existentes en el mercado. Sin embargo, no lo consiguen. Al buscar información para una entrega anterior sobre este asunto, me topé con una página Web de la denominada “International Biochar Initiative” (ya vemos por dónde van los tiros) que nos informa de que las culturas rurales del Nepal también llevan a cabo una combustión lenta de la materia orgánica, cuyas propiedades dicen asemejarse a las del biocarbón de las culturas indígenas del Amazonas. De ahí infieren sus bondades, cuando para mí se constata lo que he venido defendiendo hasta ahora, a saber que existen empresas que nos quieren vender gato por liebre, es decir estafarnos, en cierto sentido, ya que de no ser así cabría hablar de torpeza y miopía. Eso si, la información resulta ser de lo más interesante, demostrando que: (i) la combustión lenta del carbón, como enmienda/estructurador/corrector fue descubierta por varias culturas en los países de diversos y distantes continentes (como fue también el caso de la propia agricultura); (ii) que su obtención no se realizó por la simple transformación de una biomasa simple (de una sola especie vegetal), sino que demanda un proceso relativamente más complejo, en la que intervienen otros factores y una variedad de materias primas y procedimientos que concatenan, uno tras otro, con vistas a conseguir los fines perseguidos; (iii) que no haría falta comercializar ningún producto para el lucro de determinadas compañías, por cuanto su producción podría llevarse a cabo por los propios agricultores, en fundición de las materias primas disponibles, tipos de suelos locales, climas, medios de subsistencia, etc., y como corolario (iv) que andamos muy descarriados o forzados por esos intereses velados de diversas multinacionales. He ido traduciendo algunas sentencias (que no todas, sino las que me parecieron más interesantes) de la nota de prensa en inglés, con bastante dificultad (desconozco si no tenía un día fino, o si el contenido fue redactado deficientemente). No obstante, como la versión extendida se encuentra escrita en japonés, no doy más de sí (¡vaya por Dios!, el único idioma que no domino ¿¿??). Ahora bien, a pesar de todo, el mensaje resulta ser lo suficientemente ilustrativo como para desmontar el montaje de las mentadas empresas que se esfuerzan denodadamente en aumentar su lucro, que no solucionar un problema de primera magnitud: buscar métodos sostenibles y no contaminantes que incrementen la fertilidad del suelo y que no dependan de las veleidades del mercado y las susodichas multinacionales.

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Camesina Nepalí fabricando biochar o biocarbón. Fuente: International Biochar Initiative

La noticia de prensa nos informa que en el mundo rural del Nepal la mano de obra masculina escasea, las mujeres cultivan el agro, siendo la obtención de cosechas difíciles, dado los condicionantes de clima, relieve, y suelo locales. Como podréis leer abajo, una campesina explica como obtiene el biochar nepalí, paso a paso, haciendo uso de diferentes fuentes de materia orgánica (incluido el estiércol), formando capas en el suelo y con la inclusión de los propios materiales edáficos en la fabricación casera del producto. De hecho, según la narradora étnica, sin tal proceso las cosechas en aquellas tierras serían mucho más pobres e incluso imposibles. Se me ocurren otros ejemplos, incluidos algunos que he observado en la Península Ibérica que habría que revisar a la luz de como la combustión lenta de cierta biomasa (variada), bajo determinadas condiciones, y sometida a varios procesos, puede incrementar el potencial del suelo para la producción agraria. Lo que les falta a las empresas actuales y los colegas que investigan para ellas, es ampliar su cortedad de miras y/o entender que se comercializa algo que bien pudiera ser  llevado a cabo por los propios campesinos, sin pagar un dólar a las devoradoras multinacionales, como defendía Antonio Bello en su propuesta denominada desinfección de suelos, que no biofumigación (ver entre otros el siguiente post “Desinfección de Suelos (Biofumigación): Abono y Alternativa Ecológica al Uso de Plaguicidas y Fertilizantes Sintéticos”. Os ruego que leáis los contenidos y los comparáis con mis críticas contra la nueva moda del biochar o biocarbón (en post precedentes), mal planteados desde sus inicios, hace algo más de una década. (..). Finalmente digamos que ya se han publicado más de mil o dos mil artículos en pocos años (papers en revistas indexadas, sino las cifras serían aun más desorbitantes) y los investigadores no aciertan a conseguir un producto digno.  Vamos a ver como se las arregla en pueblo nepalí (…)

Juan José Ibáñez      

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