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Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?

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Bosque de Lluvia amazónico. Fuente: World for Travel y Descubriendo el pasado de los paisajes y pueblos amazónicos. Fuente: Mail Online

El ser humano ha modelado prácticamente toda la biosfera. Difícilmente podemos hablar de paisajes prístinos, sino culturales, incluso en los bosques tropicales lluviosos de la cuenca amazónica.

La perturbación por la acción del hombre de los ecosistemas forestales ha sido menormente diversa, desde su total erradicación, hasta el incremento de la biodiversidad de los mismos. Así por ejemplo, en la Europa mediterránea, la denominada por Paco González Bernáldez “frutalización” del bosque viene a recordarnos que, a lo largo de la historia las culturas que habitaron en estos ambientes, eliminaron las especies arbóreas que menos les interesaban, preservando las que les ofrecían mayores beneficios, fomentando en los espacios sabanoides resultantes, la creación de pastos y/o policultivos. En consecuencia las masas forestales perdían biodiversidad de las especies leñosas, pero dando lugar a sistemas agrosilvopastorales, que no agroforestales, muy diversificados. En este post mostraremos la asombrosa historia de los paisajes amazónicos en un pasado no muy lejano.

Ya hemos explicado en numerosos post, como conforme a la geoarqueología, etnoagricultura y etnoedafología progresaban, iba poniéndose en duda el mito de la Amazonía pristina, como fue el caso, entre otros, de nuestra entrega dedicada al explorador Francisco de Orellana y la enmienda actualmente conocida como biochar

Willian Baleé (año 2000) explicaba en un interesantísimo artículo publicado en la Revista Mundo Científico, como a la hora de comprender la biodiversidad del Amazonía se ha soslayado el factor humano, es decir el papel de sus pueblos indígenas con vistas a fomentar la biodiversidad que hoy observamos, y que incluso podría ser mayor de la acaecida hace siglos tras la desaparición/desorganización de muchas de aquellas culturas. Los pueblos aborígenes amazónicos cultivaron extensas superficies de la cuenca amazónica, desde hace al menos 6.000 años, siendo la domesticación de especies, la formación de campos elevados y la creación de suelos antrópicos sobre ellos, prácticas muy comunes que terminaron por aumentar la biodiversidad. Como mínimo,  muchos de los puntos calientes o hotspots de biodiversidad de esta región aparecen sobre antiguos suelos antrópicos, sitos en campos elevados. Hablamos de lo que se ha denominado agricultura forestal, y que tiene que ver con el concepto de reservas extractivas, puesto de moda durante la última década del siglo XX. Se supone que durante los recorridos y cambios de asentamientos, aquellos pueblos indígenas llevaban consigo ciertas especies de cultivo (u otras con distintos fines, como para la obtención de ciertos medicamentos, fibras, etc.). Tales semillas debían ser sembradas tras desbrozar parte de la vegetación natural, aunque dejando intacta en su mayoría. Del mismo modo, o en combinación, los campos elevados resultaban ser nuevos hábitats originados por el hombre, con vistas a mantenerse fuera de los estragos de las inundaciones estacionales de los caudalosos ríos, típicos de la región. Ahora bien, posiblemente también tuvieran cabida algunos manejos que erradicaran toda la cubierta arbórea. Lo mismo puede decirse de las chamiceras, si bien su extensión parecía ser mucho menor que la que se produjo tras la denominada colonización.

Reiteramos que en el mentado artículo se menciona como muchos puntos calientes de biodiversidad se ubicaban en enclaves elevados (frecuentemente con obras para favorecer el drenaje) cuyos suelos se habrían formado por la progresiva acumulación intencional de materiales ricos en carbono orgánico (Antrosoles). Por tanto, las remociones de suelo para formar hábitats no inundables permitían que los asentamientos y los cultivos más importantes no terminaran por ser sumergidos o dañados. Se trata de un tema que aún sigue siendo motivo de debate, aunque, como veremos a continuación, se acumulan numerosas evidencias a favor de que la cuenca amazónica resultaría ser un paisaje cultural y no un paraíso prístino.

Más allá del Jardín del Edén    

Recientemente, nuestro colaborador Régulo León Arteta, me envió un trabajo recientemente aparecido en una revista de las denominadas de prestigio, publicado por investigadores brasileños que ponía cabeza abajo y patas arriba hasta las perspectivas más osadas sobre la naturaleza prístina/cultural de la región amazónica en su sentido más extenso (incluyendo desde el Orinoco hasta la  parte norte de la América Austral, etc.). Tal material se encuentra en acceso abierto, por lo que al final de este post os dejo el enlace con vistas a que lo podáis leer con detenimiento. Clement y colaboradores, el año de gracia/o desgracia de 2015, parecen demostrar, haciendo uso de una bibliografía extensísima, una perspectiva diametralmente opuesta a la que sostenía la naturaleza prístina del paisaje amazónico. Según estos autores, desde el Holoceno medio, los pueblos indígenas de esta maravillosa región comenzaron a desarrollar una agricultura que, a la postre, culminó en una insospechada hasta ahora revolución agraria y cultural, que dista mucho del panorama que han venido ofreciendo, tanto  la prensa científica como la divulgativa. Y así se culminó con una estructuración político-social de gran alcance que vinculaba a diversos pueblos aborígenes de etnias distintas. En consecuencia, el Amazonía debiera entenderse como un paisaje cultural y centro de domesticación de diversas plantas y animales, en cuya transformación intervinieron numerosos pueblos (pertenecientes, entre otras, a las familias lingüísticas Arahuaca, Pano, Tupi-Guaraní, Caribeñas y Tipití). De nuevo, según estos autores, aquellos paisajes culturales debían/podían alimentar a bastantes millones de personas, estando repletos de los más diversos tipos de gestión del suelo y el vuelo. La extensión de las terras pretas llegó a alcanzar el 3,2% del territorio, aunque  también crearon otros suelos antrópicos con menor contenido de materia orgánica, obras hidráulicas, canales, lagunas con fines piscícolas, extensas redes viarias que facilitaban los intercambios comerciales y un largo etc. Si bien los asentamientos más sofisticados bordeaban las grandes arterias fluviales, no es menos cierto que otros de menores dimensiones alcanzaron los interfluvios de las cuencas de drenaje. La gestión del territorio, como también acaeció y aun lo hace en otras muchas culturas y regiones del mundo, era de naturaleza centrípeta, es decir cerca de las aldeas se ubicaban los cultivos más productivos (sobre los suelos antrópicos más oscuros por su enriquecimiento en carbono), siendo la gestión más laxa (y menores las enmiendas de materia orgánica aplicadas al medio edáfico), conforme se alejaban del poblamiento.  De hecho, la Península Ibérica y otros paisajes los paisajes culturales atesoran estas mismas y lógicas características.

Continúa……..

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Sostenibilidad y Conocimiento Campesino en África (El Papel de las Creencias Religiosas)

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Liberia paisaje Rural. Fuente: TRIP DOWN MEMORY LANE

Cada vez disfruto más al leer artículos sobre etnoedafología y etnoagricultura. Y siempre extraigo la misma conclusión. Los pueblos aborígenes sabían sobradamente como desarrollar una agricultura sustentable de bajos insumos en los más dispares biomas y ambientes. En contrapartida, la agricultura industrial moderna, va en la dirección opuesta, contaminando, degradando y ofreciendo pan para hoy a costa de perderlo mañana. Hoy nos vamos a Liberia, con vistas a examinar las la agricultura tradicional de los Loma. Cuando ya había traducido la nota de prensa de ScienceDaily que os muestro abajo, he topado con que en la página Web Tendencias 21, la escritora, poeta y editora Yaiza Martínez había llevado a cabo tal labor. Más aun, también amplió la noticia, desde una perspectiva muy interesante. Debemos agradecer a la canaria Yaiza, un trabajo bien hecho, en el cual clarifica como las creencias de los pueblos aborígenes, sus religiones/tradiciones, resultaban muy útiles con vistas a mantener la mentada sostenibilidad, no tan solo entre los Loma sino también en otras etnias repartidas por el mundo. No debemos extrañarlos que tales aspectos religiosos transmitidos durante generaciones tuvieran un origen ancestral, en el cual lo religioso, incluidos mitos y tabúes, esconden contundentes razones ecológicas y agrarias, entre otras. Tal hecho también ocurre en nuestra traducción Judeo-cristiana.  Yaiza no menta las múltiples prácticas semejantes que acaecen en las culturas latinoamericanas precolombinas, que ya os he expuesto en numerosos post, aunque da cuenta de otras que personalmente desconocía. Seguidamente he ojeado por encima las investigaciones que lleva a cabo el primer autor del estudio que analizamos hoy, el Dr. James Fraser.

James va muy bien encaminado, al relacionar los descubrimientos en Liberia con las terras pretas do indio, cuyo misterio sigue oculto en la cuenca amazónica. Del mismo modo, este investigador se asombra como yo, de la enorme cantidad de culturas aborígenes que descubrieron la bondad de gestionar el suelo con biocarbones, llagando a conjeturar si puede considerarse un descubrimiento inevitable para la mayoría de los pueblos neolíticos del mundo. Os he mostrado ya evidencias de ello, como cuando hablé de las culturas campesinas del Nepal. También los mayas preservaban bosques vírgenes por sus creencias, al igual que los Loma liberianos. Podemos seguir detallando coincidencias pero no es el momento.  

Los Loma también crearon suelos antropogénicos mucho más fértiles que los naturales de la región.  Como en otros casos, apelaron a sus rituales y creencias con vistas a no devastar el paisaje, ya que los bienes materiales no pueden anteponerse a la sostenibilidad de sus prácticas y cultura.

Resulta inevitable, comparar muchas de estas prácticas de gestión del suelo con la moda del biochar, como James también hace. Ahora bien. repetimos que las investigaciones sobre estos últimos biocarbones, debidas a la maldita moda de la investigación translacional, no están llegando a buen puerto. Fíjense en los materiales que añadían “los loma” cotidianamente para “fabricar” sus antrosoles: materia orgánica fresca y carbonizada, incluyendo el estiércol, huesos, cenizas, carbón y cerámica. Es decir los biocarbones por si solos no son suficientes, sino un elemento que ayuda a mejorar la estructura del suelo, que no su fertilidad química directamente.  Esta última era promovida mediante otro tipo de enmiendas.

Finalmente me ha llegado a intrigar que, con biocarbones o no, la extendida costumbre de añadir restos de cerámica a los suelos de cultivo, por una enorme cantidad de pueblos aborígenes. No he detectado ningún estudio que analice el papel de estos artefactos culturales, pero tanta ubicuidad no pare ser fruto de la mera casualidad.

Os dejo seguidamente y por este orden, mi traducción personal de la nota de prensa de ScienceDaily, esta última y finalmente algunos de los fragmentos publicados por Yaiza Martínez para Tendencias 21. Y lo dicho, tecnológicamente el ser humano a logrado grandes proezas pero en materia de sostenibilidad, pero al parecer vamos para atrás como los cangrejos.

 Juan José Ibáñez

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El pueblo Quilmes y su herencia Incaica: Gestión de suelos y cultivos

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Ruinas Quilmes. Fuente: Tucumán Una Provincia Argentina Llena de Cultura

 Dedicado a nuestra amiga Rosa De Lima Holzmann

Hace unas semanas, Rosa De Lima Holzmann, una buena amiga del blog y ahora mía, nos envió un texto que explicaba sucintamente las prácticas y manejos de suelos del pueblo Quilmes (sí, ese que nos es muy conocido por una marca de cerveza argentina). Más concretamente me refiero a este documento: Los indígenas quilmes redactado por Carlos Eduardo Solivérez. Hasta el norte de Argentina alcanzó, como veréis, el  Imperio incaico, poco antes de la llegada de los europeos a las Américas. El sencillo texto redactado por Carlos Eduardo Solivérez, merece la pena leerse en su totalidad. Se encuentra en acceso abierto, pinchando en el primer enlace. Abajo os sintetizo un poco el contenido más relacionado con la agricultura y los suelos, y obviamente con sabor de las prácticas tradicionales Incas. Gracias a Carlos por ello.

Sin embargo, antes de comenzar, me gustaría compartir dos reflexiones con vosotros. La primera estriba en la cruel práctica de los imperios, incluyendo a los Incas, de doblegar y someter a los pueblos conquistados desarraigándoles de sus tierras y  llevándoselos a otros lares. Está práctica, desgraciadamente muy común,  se ha realizado hasta el siglo XX. La reciente guerra de los Balcanes fue fruto, en buena parte, de tal deplorable modo de proceder.

Resulta intrigante, y algún día la ciencia dará buena cuenta de este enigma, que ni en el caso de las civilizaciones Incas, y Mayas, se hayan encontrado restos de algún tipo de representación espacial, es decir de mapas en su sentido más amplio.  No se pueden controlar las vastas extensiones imperiales sin un profundo conocimiento del espacio y ubicación de los terrenos bajo sus dominios.   Francamente se me antoja inconcebible. Si leéis detenidamente el texto Carlos Eduardo Solivérez, posiblemente comencéis a entender el dilema y vislumbrar algo más allá. Fijaros bien cuando habla de caminos y postas o tambos. Personalmente he leído muchos textos en donde se habla de petroglifos, a menudo esparcidos por los bosques de LA (al margen por supuesto de las inscripciones que abundan en grandes urbes de aquellos pueblos). Estos, suelen atribuirse a enterramientos y otras prácticas culturales. ¿No podrían ser, algunos de ellos mapas o croquis para ir de un tambo a otro?. Una idea, que no alcanza ni el estatus de conjetura, pero ahí la dejo, ya que el significado de la mayor parte de los petroglifos de las civilizaciones mentadas sigue siendo desconocido.

Vamos pues a informarnos brevemente acerca estás prácticas Quilmes/Incaicas de la mano de Carlos Eduardo Solivérez

Juan José Ibáñez

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Los Jardines Preuropeos Maoríes de Nueva Zelanda, sus Antrosoles, manejo y biocarbones (Biochar)

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Paisaje Agrario Maorí. Fuente:Ministry for Culture and Heritage

Ya os comentamos en un post anterior como la llegada de los Maoríes a Nueva Zelanda transformó sus paisajes prístinos, si bien, poco añadimos acerca de su agricultura (“Culturas Aborígenes, Paisajes, Incendios y Suelos. El Pueblo Maorí en Nueva Zelanda“). Recientemente El European Journal of Soil Science ha publicado un monográfico sobre el biochar o biocarbón, que como muchos de vosotros sabéis, comenzó a investigarse fanáticamente a partir de su descubrimiento en las Terras Pretas do Indio amazónicas, de las que tanto os hemos hablado. Los contenidos de este número especial son sorprendentes reveladores, por lo que merecen abordarse en un post aparte, con tintes que no se si calificar como sociológicos o psicológicos. A pesar de todo, existen algunos artículos que como el que da lugar a este entrega, atesoraban un contenido interesante. Se trata del manejo de suelos en los denominados Jardines Maoríes Preuropeos. Hablamos de la gestión que la cultura maorí hacía de sus suelos agrarios con vistas a la producción de cultivos. Abajo os muestro un material relativamente abundante escrito a toda velocidad, por lo que contendrá algunos errores, especialmente dada la premura en su traducción/redacción. Pido disculpas por ello. Tan solo exponeros antes unas breves líneas centradas principalmente en los aspectos etnoedafológicos que considero más relevantes, entre el material leído.  

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Recreación de los Jardines Maoríes: Fuente: Chris Gregory’s Alphathreads

Al parecer, El Pueblo Maorí atesoraba sorprendentes conocimientos de los suelos que aún perviven en su lengua. Del mismo modo, discernían entre diferentes tipos de suelos. La gestión de sus cultivos incluía principalmente el trasporte de arena y gravas a sus parcelas, pero también las enmendaban con limo, arcillas, conchas (carbonatos) materia orgánica carbonizada (es decir utilizaban biocarbones), etc. Por lo que se sabe. su sistema de manejo incluía sutilezas como la de cubrir el suelo con una especie de mulching, con vistas a que la cobertura superficial no fuera presa de la erosión eólica. De este modo modificaban sus suelos antropogenéticamante hasta el punto de que algunos autores los han clasificado en dos tipos diferentes de Antrosoles  Plágicos (plagen, plácico). También construían montículos en donde depositaban las semillas de las especies a cultivar, principalmente batata. En una de las fuentes consultadas se menta que, por sus tradiciones y tabúes, no podía añadirse abono orgánico sin tratar . Así pues, la gestión de los jardines Maoríes, al parecer contemplaban procedimientos que hoy se consideran modernos ya que las gravas, el mulching y las enmiendas precocinadas (como los biocarbones), (…) Jardines Maoríes resultan ser otro ejemplo, del ingenio de los primeros agricultores o cazadores/recolectores/agricultores que muestran como la agricultura nació ya con su vista puesta en el suelo.

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Recreación de algunas prácticas Maoríes del Manejo del Suelo. Fuente:  Mike Burtenshaw The Open Polytechnic of New Zealand

Tan solo señalar adicionalmente que (i) los análisis realizados sobre aquellos biochar constatan su recalcitrante composición y dificultad para  biodegradarse (algo bastante natural cuando la materia orgánica es carbonizada, como ocurre tras un fuego natural); y (ii) que ya se han detectado la adición de biochar indígena en tres continentes, como lo son: América del Sur (la Amazonía), Asía (Nepal), y ahora vemos que también en Oceanía. Seguro que con el tiempo irán saliendo a la luz otros muchos ejemplos. Os dejo con el material recopilado y traducido apresuradamente (so pena de eternizarme), pidiendo de antemano disculpas.

Juan José Ibáñez

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Antrosoles de los jardines Maoríes. Fuente Nelson Mail

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Mecánica de Suelos en Civilizaciones Ancestrales: El Caso de las Pirámides Egipcias

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Las Pirámides Egipcias. Fuente Fakhouri Picks

Todos los investigadores padecemos de lagunas en algunos ámbitos del conocimiento que decimos practicar en el seno de una disciplina concreta. Debo reconocer que en mi caso uno de ellos es la mecánica de suelos. Tal temática resulta ser de suma importancia en ingeniería civil como lo es la construcción de obras públicas.  De hecho soy tan ignorante que unos colegas ingleses  de la Universidad de Cranfield me sorprendieron, cuando comentaron en un Meeting que se habían visto obligados por el gobierno ultra-neoliberal de Margaret Thatcher (otro caballo/yegua de Atila que asoló parte del sistema de I+D+i en el Reino Unido, a finales del siglo XX) a investigar sobre la tracción de los Land Rover. Eso sí “la Tacher” consiguió el odio unánime de todos los científicos de aquel país, muchos de los cuales fueron obligados a emigrar de este Estado bandera en lo que concierne a la indagación científica. Pues bien, la noticia de hoy se me antoja sumamente interesante por cuanto, al parecer, el enigma de la construcción de las Pirámides de Egipto parece haber sido resuelto, al menos en parte. Y ello fue posible debido a que la civilización egipcia atesoraba “ingenieros” con conocimiento sobre la mentada mecánica de suelos en aquellos hostiles espacios extremadamente áridos. El sistema que utilizaron fue de lo más original, ya que cuando existen conocimientos e ingenio, la tecnología necesaria no tiene por qué ser muy sofisticada. Pues bien, con una especie de trineos, y mojando los suelos áridos del desierto con cantidades precisas de agua, tamaña proeza ingenieril fue posible, arrastrando enormes bloques de piedra imposibles mediante la tracción humana, por si sola. Existía pues otro tipo de obreros a los que hoy se denominaría aguadores.

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¿Donde está la clave de la Noticia en este mural egipcio?. Fuente: El Periódico

Resulta palmario que cuanto más se profundiza y descubre sobre los saberes de las culturas ancestrales, resulta imposible dejar de reconocer que sin los conocimientos adecuados del medio edáfico, no habrían logrado llevar a cabo aquellas construcciones, verdaderas  maravillas del mundo ante las cuales hoy nos quitamos el sobrero. Y poco puedo añadir más, ya que la noticia parece estar muy bien redactada y no es cuestión de repetir su contenido con otras palabras. Aquí abajo os dejo pues su contenido.

Juan José Ibáñez

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Biochar natural a baja temperatura de las culturas del Nepal (Etnoedafología)

Seguimos con nuestra nueva tanda de post que intenta entender y analizar críticamente es nuevo furor (¿Científica o empresarial?) por demostrar las bondades del Biochar o Biocarbón, respecto a otros productos ya existentes en el mercado. Sin embargo, no lo consiguen. Al buscar información para una entrega anterior sobre este asunto, me topé con una página Web de la denominada “International Biochar Initiative” (ya vemos por dónde van los tiros) que nos informa de que las culturas rurales del Nepal también llevan a cabo una combustión lenta de la materia orgánica, cuyas propiedades dicen asemejarse a las del biocarbón de las culturas indígenas del Amazonas. De ahí infieren sus bondades, cuando para mí se constata lo que he venido defendiendo hasta ahora, a saber que existen empresas que nos quieren vender gato por liebre, es decir estafarnos, en cierto sentido, ya que de no ser así cabría hablar de torpeza y miopía. Eso si, la información resulta ser de lo más interesante, demostrando que: (i) la combustión lenta del carbón, como enmienda/estructurador/corrector fue descubierta por varias culturas en los países de diversos y distantes continentes (como fue también el caso de la propia agricultura); (ii) que su obtención no se realizó por la simple transformación de una biomasa simple (de una sola especie vegetal), sino que demanda un proceso relativamente más complejo, en la que intervienen otros factores y una variedad de materias primas y procedimientos que concatenan, uno tras otro, con vistas a conseguir los fines perseguidos; (iii) que no haría falta comercializar ningún producto para el lucro de determinadas compañías, por cuanto su producción podría llevarse a cabo por los propios agricultores, en fundición de las materias primas disponibles, tipos de suelos locales, climas, medios de subsistencia, etc., y como corolario (iv) que andamos muy descarriados o forzados por esos intereses velados de diversas multinacionales. He ido traduciendo algunas sentencias (que no todas, sino las que me parecieron más interesantes) de la nota de prensa en inglés, con bastante dificultad (desconozco si no tenía un día fino, o si el contenido fue redactado deficientemente). No obstante, como la versión extendida se encuentra escrita en japonés, no doy más de sí (¡vaya por Dios!, el único idioma que no domino ¿¿??). Ahora bien, a pesar de todo, el mensaje resulta ser lo suficientemente ilustrativo como para desmontar el montaje de las mentadas empresas que se esfuerzan denodadamente en aumentar su lucro, que no solucionar un problema de primera magnitud: buscar métodos sostenibles y no contaminantes que incrementen la fertilidad del suelo y que no dependan de las veleidades del mercado y las susodichas multinacionales.

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Camesina Nepalí fabricando biochar o biocarbón. Fuente: International Biochar Initiative

La noticia de prensa nos informa que en el mundo rural del Nepal la mano de obra masculina escasea, las mujeres cultivan el agro, siendo la obtención de cosechas difíciles, dado los condicionantes de clima, relieve, y suelo locales. Como podréis leer abajo, una campesina explica como obtiene el biochar nepalí, paso a paso, haciendo uso de diferentes fuentes de materia orgánica (incluido el estiércol), formando capas en el suelo y con la inclusión de los propios materiales edáficos en la fabricación casera del producto. De hecho, según la narradora étnica, sin tal proceso las cosechas en aquellas tierras serían mucho más pobres e incluso imposibles. Se me ocurren otros ejemplos, incluidos algunos que he observado en la Península Ibérica que habría que revisar a la luz de como la combustión lenta de cierta biomasa (variada), bajo determinadas condiciones, y sometida a varios procesos, puede incrementar el potencial del suelo para la producción agraria. Lo que les falta a las empresas actuales y los colegas que investigan para ellas, es ampliar su cortedad de miras y/o entender que se comercializa algo que bien pudiera ser  llevado a cabo por los propios campesinos, sin pagar un dólar a las devoradoras multinacionales, como defendía Antonio Bello en su propuesta denominada desinfección de suelos, que no biofumigación (ver entre otros el siguiente post “Desinfección de Suelos (Biofumigación): Abono y Alternativa Ecológica al Uso de Plaguicidas y Fertilizantes Sintéticos”. Os ruego que leáis los contenidos y los comparáis con mis críticas contra la nueva moda del biochar o biocarbón (en post precedentes), mal planteados desde sus inicios, hace algo más de una década. (..). Finalmente digamos que ya se han publicado más de mil o dos mil artículos en pocos años (papers en revistas indexadas, sino las cifras serían aun más desorbitantes) y los investigadores no aciertan a conseguir un producto digno.  Vamos a ver como se las arregla en pueblo nepalí (…)

Juan José Ibáñez      

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La Preservación de las Culturas Aborígenes y Sus Prácticas de Manejos de Suelos en Agricultura: Investigación en Ciencias del Suelo y Agricultura para el desarrollo (GSP)

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Culturas aborígenes e investigación del suelo para el desarrollo. Fuente: thecanadianencyclopedia.com

En un post precedente os comentaba  como en estos momentos me encuentro colaborando en un grupo de trabajo  de la FAO (Alianza Global por el Suelo: Global Soil Partnership). Su objetivo es elaborar un primer documento en el que se presenten las prioridades de investigación en ciencias del suelo para las próximas décadas. Tal información se remitirá, junto con la de los otros IV pilares (ver relación abajo) al Grupo Técnico Intergubernamental de Suelos. El documento debe identificar las directrices a seguir en una agenda global sobre el tema, si bien haciendo un especial énfasis en las que necesitan imperiosamente los países en vías de desarrollo, por cuanto la FAO tiene la obligación de paliar el hambre, salud, medioambiente y desarrollo de los territorios más empobrecidos del Planeta. Y como ya os anuncié en aquel post desearía ir mostrando mis dudas y tribulaciones. Hoy hablaremos de los pueblos indígenas que desean mantener sus culturas y modos de vida en una sociedad que, de un modo u otro, les agrede inmisericordemente. En el mentado post que precedió a este os hablaba de varios problemas con vistas a regionalizar el planeta en zonas de actuación que, por sus características ambientales y edafológicas, pudieran considerarse adecuadas para ser incluidas en un mismo bloque, es decir cuyas prioridades en materia de investigación edafológica sean semejantes. A la hora de regionalizar nos encontramos con un problema del que ya hablamos, y que resultaba ser el que existen demasiadas regiones que sufren conflictos bélicos como para poder garantizar el éxito de cualquier ayuda de esta índole. Los  Derechos de los indígenas están siendo reconocidos sobre el papel, aunque todas estas declaraciones distan mucho de haberse llevado a la práctica, sino que más bien ocurre todo lo contrario. Existe una Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, como una plétora de Organizaciones de derechos indígenas que pretenden ayudar a salvaguardarlos. Ahora bien, ¿qué se puede hacer nuestro grupo de trabajo en este caso concreto? Adelantemos que en este post expondremos algunos de los problemas para la supervivencia de estas etnias, dejando para otro las iniciativas en materia de investigación de suelos que se me antojan más interesantes. 

Obviamente la FAO debe seguir los mandatos de la ONU al respecto. Cualquier cultura ancestral debiera poder decidir su modo de vida sin ser agredida por los Estados modernos. Muy a menudo el problema se complica por estar en territorios azotados por conflictos bélicos, habiéndose disgregado sus desdichados habitantes entre diversos países colindantes debido que los Estados modernos, al descolonizarse, crearon unas  fronteras que les son ajenas, etc. El problema se complica esperpénticamente cuando se tiene noticia que una de las principales razones por las que son expulsados de sus tierras proviene de que estas últimas comenzaron a ser protegidas por algún tipo de legislación conservacionista/ecológica que demanda espacios geográficos más o menos prístinos o intenta paliar la caza furtiva de ciertos animales emblemáticos. Entendiendo las razones de estas últimas iniciativas, lo cierto es que sus buenas intenciones terminan anteponiendo el derecho de la vida de animales a la de los humanos, lo cual debiera ser materia de un intenso debate. Unos buenos planes de protección de la vida salvaje necesitan conciliar ambos aspectos elaborando planes de reubicación de los pueblos afectados o dándoles las herramientas para que se desarrollen sin afectar al medio ambiente y la vida salvaje. Dado este panorama, ¿qué se puede hacer en materia de investigación de suelos y agricultura?.

Pero aquí no queda todo. El problema resulta ser aún más complejo, independientemente de todo lo ya expuesto. Si a cada pueblo indígena, en una región o lugar, se le destina cierto espacio geográfico “adecuado a su cultura y modos de hacer” (no se les puede reubicar, por ejemplo en una zona árida cuando sus costumbres y hábitos ha evolucionado en una selva tropical húmeda), surge un problema que a continuación expondremos. Todas las prácticas ancestrales sustentables que atesoren estos pueblos, en la inmensa mayoría de los casos, lo son bajo unos ciertos parámetros demográficos. Analizando este último aserto desde otra perspectiva: cada territorio tiene una capacidad de carga humana (nº de habitantes) bajo un  sistema de gestión de agricultura/suelos concreto. Si se excede de tal capacidad, los habitantes necesitarían sobreexplotar sus territorios, con la consiguiente degradación medioambiental de sus hábitats y a menudo llegando a surgir conflictos con los pueblos vecinos, ya sean también indígenas con las mismas intenciones, o poblaciones rurales más aclimatadas a los vaivenes de una economía de mercado.

Como el Homo tecnológicus, siempre “aparentemente cargado de buenas intenciones” no deja de meter la pata (herrar en sus propósitos) y ya ha exterminado varias etnias, cabría recordar ciertas circunstancias. Os narramos, por ejemplo el caso de la Tragedia del Pueblo kawésqar en los Campos de Hielo de la Patagonia Chilena.

La única forma en la que pueden sobrevivir tales culturas ancestrales, bajo sus modos de vida y en un espacio geográfico concreto estribaría en (…)

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La Clasificación Maya de Los Suelos (Artículo en Acceso abierto)

Recientemente, nuestro amigo Francisco Bautista nos ha remitido un correo electrónico en el que  anuncia que se encuentra en acceso abierto un artículo sobre la “Clasificación Maya de los Suelos” (escrito en español). Se trata de un énsayo, divulgativo y ameno escrito por este etnoedafólogo, en colaboración con Diana Maldonado y Alfred Zinck. Hablamos de expertos de reconocido prestigio internacional en este  ámbito. Para todos aquellos que desean profundizar en el tema, o para los incrédulos que aun creen que la agricultura moderna y el conocimiento campesino actual superan al de muchas culturas precolombinas  les recomiendo vívidamente su lectura. Eso sí, no se trata de un caso aislado, como os venimos relatando en los post incluidos en nuestra categoría “Etnoedafología y Conocimiento Campesino”. Seguiremos ofreciéndo documentación sobre estos temas que, desde mi punto de vista, son de una importancia capital. Como en otros muchos asuntos relacionados con el desarrollo sostenible, la clave del futuro se encuentra en gran medida en analizar concienzudamente el buen hacer de nuestros antepasados alrededor de todo el mundo.  Sin embargo, en el caso de las clasificaciones de suelos, el trabajo llevado a cabo en México por Francisco y otros colegas, durante decenios, nos permite constatar que los constructos taxonómicos del pueblo Maya alcanzan una sofisticación que puede rivalizar con cualquiera de los sistemas actuales. Abajo os dejo el enlace y el correo de Francisco. Felicidades y gracias!!!.

Juan José Ibáñez

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Agricultura tradicional Maya hoy. Fuente Arbor Day Foundation (más…)

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Sabanas Inundables Amazónicas, su Etnoagricultura y Etnoedafología: Una Lección de Sustentabilidad Creativa

Hoy vamos a hablar de nuevas evidencias sobre las maravillosas e ingeniosas prácticas anteriores al eufemísticamente denominado “intercambio precolombino”, es decir la colonización Europea de las Américas. Tal evento significó un antes y un después en los paisajes de Mesoamérica y Sudamérica. Os mostramos hace ya un par de años las primeras evidencias de como se manejaban suelos y plantas cultivadas en las sabanas inundables de la Cuenca Amazónica. El manejo de los suelos mediante los denominados campos elevados se extendía desde Mesoamérica hasta el Amazonas, dando signos de un intercambio cultural entre distintos pueblos indígenas, por no hablar de una posible unidad cultural entre lo mismos. Antes de la colonización, estos territorios ni eran reductos de salvajes, ni se encontraban tan repletos de bosques como ahora, ni sufrían un uso intensivo de la práctica denominada de tala y quema. Muy por el contrario, el manejo de los suelos daba lugar a Antrosoles y Tecnosoles altamente sustentables bajo sistemas de policultivos e incipientes manejos agrarios que incluían peces y tortugas. Todo en el mismo tiempo y lugar. La fertilidad física, química y biológica de tales medios edáficos daba lugar a productividades agropecuarias elevadas y sostenibles. Empero llegó el “hombre blanco” destruyéndolo todo. Y así al margen de incorporar sistemas agrarios típicos de climas templados y mediterráneos, poco aptos para los ambientes tropicales y subtropicales, secos y húmedos, desorganizaron los saberes precolombinos hasta que aquellos pasaron al olvido que hoy intentamos recuperar. El resultado fue un descenso de la población, reforestación de paisajes agrarios ancestrales y el incremento de las chamiceras. Muy probablemente, como explicó Jared Diamond en su best seller Armas, Gérmenes y Acero, el descenso de la población nativa se debió esencialmente al a transmisión de enfermedades euroasiáticas, más que al exterminio intencionado de los seres que allí moraban, si bien nadie duda que matanzas las hubo. Tal retroceso demográfico sería el detonador de la deforestación, mientras que el abandono de las mentadas prácticas sustentables fue el resultado de poblaciones dispersas, desconectadas y des-a-culturizadas. Ya os comenté un tipo especial de estos sistemas en nuestro post “Hombre y Naturaleza: La Unión Hace la Fuerza: Geo-Biotecnología Indígena y Sostenibilidad”. Empero la nota de prensa que os mostraremos hoy, así como el artículo original (en acceso abierto) que dio lugar a la primera profundizan, y explican con más detalle tanto aquellos manejos de suelos como su dispersión por vastos territorios de América en ambientes difíciles de manejar incluso con la tecnología moderna, haciendo uso exclusivamente del ingenio y utensilios de madera. Hablamos de las Sabanas inundables, caracterizadas por estaciones sometidas a intensas lluvias en alternancia con otras de sequía.

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Campos Elevados en ambientes inundados; agricultura precolombina en las sabanas sudamericanas. Fuente. PNAS, Iriarte et al. 2012.

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Nueve mil años de agricultura en México: Homenaje a Efraín Hernández Xolocotzi (4 libros en Acceso Abierto y videos) de Libre Acceso en Internet

Nuestro amigo y colaborador Régulo León Arteta nos ha enviado un enlace del CONABIO para poderse bajar libremente de Internet los cuatro volúmenes que dan título a este post. Ya hablamos de la Figura de Efraín Hernández Xolocotzi en este post. Aunque no he tenido tiempo de leerlos, seguro que son una joya para todos los amantes de la etnoagricultura, etnobotánica y etnoedafología mesoamericana, por los que os muestro simplemente el resumen que da pie a esta magnífica. Abajo os indico el enlace a la página Web para acceder a todo el material. Así la presentación nos informa de que:

Resumen: Para evidenciar la importancia que tienen a nivel mundial los sistemas agrícolas mesoamericanos, específicamente, los mexicanos, y reconocer la dependencia que algunos pueblos del mundo tienen de especies y técnicas generadas y conservadas en esta región del planeta, con el apoyo de la CONABIO se desarrolló este proyecto cuyos resultados, presentados en la forma de programas en video, facilitan la identificación y valoración de los elementos que aporta el conocimiento tradicional al uso y manejo actuales de los ecosistemas. La trascendencia de las aportaciones de Efraím Hernández Xolocotzi al campo de conocimientos agronómicos, en especial a la etnobotánica, hizo inevitable que, en adición, este trabajo resultara un homenaje para él. Los programas en video, entregados como productos de este proyecto, constituyen un ejemplo del buen aprovechamiento de uno de los medios de comunicación modernos para la tan necesaria difusión de estas temáticas.

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Nueve mil años de agricultura en México: Homenaje a Efraín Hernández Xolocotzi

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