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De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

tecnociencia-introduccion 

Fuente: Colaje de imágenes Google

Entre 2007 y 2012, aproximadamente, abrimos e implementamos los principales contenidos de nuestra categoría “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”. Jamás pensé que fuera a tener el éxito que ha alcanzado. Poco después disfruté como profesor de estos temas en un master de posgrado y excelencia de la UPM (ver por ejemplo  la siguiente entradilla “La Convergencia entre Disciplinas Científicas e Ingenierías”). El curso, a pesar de ir dirigido a ingenieros, es decir jóvenes con una mentalidad práctica, gustó a la mayoría de los alumnos. Obviamente, entre la filosofía y sociología “clásicas” de la ciencia y la praxis actual de la actividad investigadora existía un hiato profundo que tan solo en parte era cubierto apelando a la filosofía, por lo que acudí, no a la clásica escuela “sociológica  mertoniama” de la ciencia, insípida y poco adecuada  a la hora de explicar el mundo de la indagación en el que estamos inmersos. En consecuencia, iba inclinándome, sin dudarlo hacia los denominados estudios de la ciencia, o estudios sociales de la ciencia, que pueden considerarse aquí como sinónimos. Estos atesoran una fuerte inspiración en las propuestas que Bruno Latour y Michael Callon desarrollaron esencialmente a finales de la década de los 80 y principios de la de los 90 del siglo pasado. A pesar de todo, presentía que algo/bastante fallaba/faltaba, por cuanto no detectaba bibliografía reciente (novedosa) sobre la filosofía de la ciencia. Practicante no se habían publicado propuestas que marcaran hito alguno desde Feyerabend. Y Arañé la superficie sin lograr profundizar. No me equivocaba, o al menos descarriaba en demasía. Son justamente  Latour y Callon, entre otros, los que ahora han sido  considerados pioneros destacados de la denominada filosofía de la tecnociencia, como nos explica por ejemplo el filósofo Javier Echevarría, uno de sus principales exponentes en habla castellana. La filosofía e incluso la sociología de la ciencia siguen siendo válidas, si bien se nos quedan corta con vistas a explicar el quehacer reciente de la ciencia y su relación con la tecnología y la sociedad. Actualmente, aunque se hable de ciencia, realmente la mayoría de los políticos y medios de comunicación nos informan sobre el “lado bueno” de la denominada tecnociencia. Empero gran parte de los males actuales que hoy nos acechan, procede de la mentada tecnociencia. ¡Si! también esconde un lado oscuro, pero que muy oscuro.

Nunca existió, en mi modesta opinión, una filosofía de la tecnología digna de ser comentada. Sin embargo, ya sabemos que frasecitas billones de veces repetidas y aparentemente inocuas, como las de “ciencia, tecnología e innovación” o ciencia y desarrollo tecnológico, esconden un lado oscuro, pero que muy oscuro para la mayoría de los mortales.  No defiendo que toda tecnología sea perversa, y menos aún inútil, sino que se aplica a fines procelosos, estando en manos no de los científicos, sino de esos lobbies políticos, financieros, militares, empresariales multinacionales, etc., a los que no les importa el verdadero conocimiento, sino los pingues beneficios que, de un modo u otro, puedan acarrearles y arrebatarnos

Menguan rápidamente los investigadores que nos plantemos la ciencia en términos de hacer retroceder el muro de la ignorancia humana sin más; de entender mejor el mundo que nos rodea y a nosotros mismos, sin más propósitos. El objetivo de la tecnociencia no es precisamente ese, sino el control del poder desde todas sus aristas por parte de la oligarquía global.  Algunas tecnologías, como las TICS, las usamos masivamente, siendo útiles para el ciudadano, muchos de los cuales son ya hiper-dependientes, por no decir adictos, a las mismas. Los propios blogs son un ejemplo, como la telefonía móvil y esos smartphones que llevan los más jóvenes, adheridos a sus cuerpos, abstrayéndose del resto del mundo.  Empero volvemos a reiterar que dejar el control en las manos de los que engañan y expolian a los ciudadanos, sin el menos control, nos ha conducido a esta sociedad sórdida insolidaria y a todas luces insustentable. Y así, por ejemplo, el medio  ambiente interesa como modelo de negocio, lo mismo que la salud y el bienestar general de los ciudadanos. El control en manos privadas de casi todo, deviene en un cáncer que ha invadido nuestro cuerpo social casi en su totalidad. Y entre ellas cabría destacar también la precarización del empleo, el paro y la salud laboral, etc., etc.  

Por definición, el propósito de las industrias es vender, vender mucho, cuanto más mejor (ver como botón de muestra nuestro antiguo post Las miserias del capitalismo: La obsolescencia programada, o por qué vivimos en una sociedad anti-sustentable”). ¡Si!. Para vender sus productos estos deben durar poco ya que se trata de comprar, usar, tirar y comprar, usar, tirar y comprar, usar, tirar y comprar “ad nausean”. Luego nos lamentamos, por ejemplo, de la contaminación con microplásticos, o del cambio climático, frutos en gran parte del uso de la tecnociencia, como iremos demostrando ¿Dónde queda pues el conocimiento científico? Sigue siendo la piedra angular de la tecnociencia, no lo dudo, empero empleado para otros fines, generalmente, menos nobles que los de antaño, con salvedades, tanto antes y después. Actualmente la libertad para hacer ciencia, ha ido dando paso a que los investigadores sean un nodo más en la cadena de montaje tecnocientífica. La ciencia, tal como existía hasta mediados del siglo XX, sufrió un golpe mortal bajo la denominada “big Science” primero, y después con la ya asentada tecnociencia.  Tan solo en las ciencias menos sexy, y aun así por la obstinación de algunos de nosotros, se la intenta hacer frente con precariedad y sufriendo todo tipo de críticas y descalificaciones por los ciudadanos (generalmente tendenciosamente informados por los medios de comunicación), políticos y empresarios. No somos libres, sino exclavos.

Entiendo que todo esto os sonará a (i) Juanjo se ha quedado obsoleto y, como viejo en ciernes, defiende que” todo tiempo pasado fue mejor”; o (ii) Juanjo ha vuelto a apretar las tuercas de sus neuronas radicalizándose hasta límites insospechados. ¡Pues va a ser que no!. Lo que os voy a ir narrando no se de cosecha propia, sino de los filósofos y sociólogos actuales. Yo actuaré como correa de transmisión. Eso sí, intentaré añadir algunos granitos de arena que intenten clarificar la situación.  

Reitero que bastante arto del rumbo de la ciencia actual, durante un par de décadas, soslayé lecturas de lo que creí que eran disquisiciones en boga, sin sustancia, puramente retóricas, cuando se mentaba la tecnociencia, innovación, emprendimiento, etc.  Craso error. ¡Enorme!, ¡descomunal!. Fue justamente en el verano de 2016, cuando leía un libro por placer sobre ese hilarante intento de evadir el envejecimiento y alcanzar la inmortalidad (ver el post: Jugando a Ser Inmortales: Transhumanismo y Singularidad Tecnológica; el día en que dejemos de ser humanos), cuando se cayó la venda de mis ojos y topé abruptamente con la filosofía de la Tecnociencia. Ahora entiendo bastante mejor muchas de mis críticas, quejas y lamentos en entregas precedentes a cerca de la estructura, dinámica y evolución de la ciencia actual. Abajo os hago una relación relativamente prolífica, aunque ni mucho menos exhaustiva, de tal material ya editado.

Repito una vez más, para ser lo más transparente posible, que resulta curioso como muchos de mis post previos almacenados durante 14 años en varias de las categorías de nuestra bitácora  (ver el margen derecho de vuestro monitor): “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”; “Curso breve sobre Periodismo Científico ”; “Curso Básico de Ciencia para Jóvenes Universitarios y Tecnólogos”; “Filosofía, Historia y Sociología de la Edafología”; “Fraude y Mala Praxis Científica”; “La Crisis de la Edafología”; “Prensa y Política Científica”; “Redes Complejas, Ecológicas, Sociales y el Mundo de Internet”; “Curso breve sobre Periodismo Científico”; “La Convergencia entre Disciplinas Científicas e Ingenierías” adquieren una nueva dimensión ante mis ojos y cortas entendederas. 

A diferencia del curso sobre filosofía y sociología de la ciencia, para el cual había leído bastante y durante muchos años, deberé redactar los post de este nuevo “cursillo acelerado” conforme vaya leyendo libros y material de Internet.  No se trata de improvisar, sino de informaros conforme vaya asimilando lo que encuentro de interés en este mundillo.

En cualquier caso, estoy completamente convencido de que con este material y sus enlaces asociados, no sólo entenderéis mejor como trabaja en gran medida la ciencia actual y con qué propósitos, sino también los sinsentidos del mundo en el que nos ha tocado vivir. ¿Lo dudáis? ¿Sí? Pues os aseguro que quien siga el este nuevo curso terminará por entender lo que no desean que entendamos o lo que no queremos ver. Por las razones aludidas, iré editando post pausadamente, no esperéis un manantial continuo o incesante.

La ciencia comparada con la tecnociencia es puro romanticismo.

Juan José Ibáñez

Abajo os dejo el material de partida ya publicado. Iré ofreciendo el nuevo en sucesivos post ya vinculados a esta nueva categoría denominada Filosofía de la Tecnociencia

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