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Suelos, Incendios Forestales y Cambio Climático (¿reforestación o pastizales?)

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En los ambientes mediterráneos muchas especies de coníferas son extremadamente pirofíticas o pirófilas (amantes del fuego). Obsérvese una plantación de algarrobos intacta entre una masa arbolada de pinos quemada a su alrededor. Incendio forestal (Comarca de los Serranos, Valencia, España) Foto: Juan José Ibáñez

 Todos los veranos, en los biomas y ambientes cuya estación seca coincide con el verano, los incendios forestales son comunes. Hablamos pues de paisajes mediterráneos y semiáridos, en general. En los últimos años este fenómeno parece recrudecerse, al aumentar las temperaturas, posiblemente como resultado del calentamiento climático.  Es usual que la prensa alarme al público sobre “fuegos que se avecinan, con más virulencia y frecuencia”. Con toda sinceridad, yo no tengo tan claro que el cambio climático sea el principal responsable de lo que “actualmente” sucede, ya que ha sido demostrado hasta la saciedad que el viento por un lado, la matorralizaciíon de cultivos abandonados,  la pauperrima gestión por parte de las administraciones, así como la mala planificación urbanística deben ineludiblemente incluirse en la ecuación. Tampoco olvidemos los incendios accidentales e intencionales , ya sean debidos a especulaciones urbanísticas o a insensatos pirómanos.  La falta de limpieza del monte que tradicionalmente era llevada a cabo por los campesinos, ahora depende en muchos casos de los gobiernos, cuya dejadez en tiempos de crisis es palmaria, como se ha demostrado en el sur de Europa, pero también en los países nórdicos (incendios veraniegos de 2018). ¡Más madera a la hoguera! Tampoco se trata de mezclar ese calorcito adicional generado por la alteración del clima, con un fenómeno recurrente en la historia de la Tierra desde que el hombre descubrió el fuego. Pero hay más. Las especies de crecimiento rápido, como las coníferas y eucaliptus, junto a matorrales pirofíticos (amantes del fuego) son fácilmente presa de las llamas, al contrario que los bosques de angiospermas. En 2018, los expertos sospechan que gran parte de los incendios en Europa fueron debidos a  la falta de planificación territorial, y/o  a las “manazas” del hombre y/o a la dejadez de los gestores político-ambientales. Seguimos sin diseñar una silvicultura adaptada a este tipo de ambientes.

 Sin embargo, existe otro aspecto que suele pasarse por alto. Las reforestaciones con fines madereros deben considerarse monocultivos para el aprovechamiento humano. Desde este punto de vista, resulta materia de reflexión el incluir parte de lo que denominamos selvicultura en una genuina agricultura para la obtención de madera o materiales lignocelulósicos. No es lo mismo aprovechar el monte natural que plantar árboles para el consumo humano. A veces las especies replantadas se naturalizan generando una desorganización de los ecosistemas y agrosistemas colindantes quede, este modo, a menudo, son más inflamables y aptos para la propagación del fuego.  

 Con demasiada frecuencia, la reforestación obedece más a la necesidad de madera y celulosa que a la restauración del medio natural, ya que de otro modo, se plantarían especies de crecimiento lento más resistentes al fuego, que las plantas que medran con tal fenómeno natural.  Pero la sociedad necesita madera y más madera. Otra cuestión es que, a la postre nuestras autoridades escondan/omitan este pequeño detalle, cuando son principalmente las áreas cubiertas por especies pirofíticas (o pirófilas) las que terminan siendo pasto de las llamas. De aquí que los resultados del estudio que os presentamos hoy deban entenderse con cautela.

 Ya sabéis que en durante los últimos años los incendios forestales se encuentran causando estragos en California, que disfruta de clima mediterráneo. Y así, ha llegado a mis manos este estudio, cuyos resultados no dejan de ser triviales o, como mínimo, esperables: las áreas cubiertas por pastos pierden menos carbono que las forestales.  La razón es obvia. Gran parte de la biomasa y necromasa de los pastizales se encuentran bajo el suelo, y este las protege, en gran medida, de su combustión. No se debe confundir al ciudadano entre lo natural y lo artificial.

 En consecuencia los autores de este estudio sopesan la posibilidad de implantar pastos en lugar de reforestar, como medida para evitar las emisiones y fomentar las reservas de carbono en el suelo. No es mala cosa que lo recordemos o aprendamos. Sin embargo, mutar de hermosas áreas arboladas en yermos pastizales estivales no creo que sea del agrado de casi nadie, tanto más cuando existen otras soluciones que ya han sido esbozadas en este blog, quizás algo más costosas que mantener un bosque (perdón masa arbolada) tal como lo hacen hoy en día nuestras autoridades, pero enormemente económicas si se tienen en cuenta los efectos sobre las mentadas emisiones, procesos erosivos, económicos y humanos de los incendios forestales: paisajes mosaicistas, repoblar con especies apropiadas y limpiar los cortafuegos mediante la acción de la carga ganadera (ella trabaja por nosotros limpiando el monte, creando pastos, suministrando carne y leche y a veces productos para confeccionar tejidos), al estilo de las propuestas de mi entrañable amigo José Luis González Rebollar. Y como diría este investigador con “mayúsculas”: una cosa es crear o implantar un pasto y otra bien distinta mantenerlo, para lo cual suele ser necesaria la implantación de una carga ganadera adecuada, como también ocurre en la limpieza de los cortafuegos a los que obliga su metodología.  Por lo tanto, transformar bosques o monocultivos en áreas arboladas y/o mantener cortafuegos acarrea mucho más que una mera siembra de especies herbáceas: escoger las especies pascícolas adecuadas, sembrar las plantas comestibles pertinentes y adaptadas al ambiente, escoger el ganado adecuado, incentivar la llegada de los pastores, etc., etc. De no hacerlo, los pastos darán lugar a matorrales y bosques, que serán inflamables o no, en función que de las especies que naturalmente los colonicen sean pirofíticas (amantes del fuego muy frecuentes, como mínimo, en los ambientes mediterráneos) o no. Como veis, la ingenua o ignorante perspectiva de la investigación llevada a cabo en USA adolece de una miopía aguda. Lo que realmente se necesita es una selvicultura preventiva en la que intervenga una ganadería extensiva sustentable.  

 Y podríamos seguir y seguir……. Es moneda de uso corriente en la ecología del cambio climático este tipo de estudios que, por su ramplonería, omotiré en abundar este texto con más “calificativos descalificativos”. Os dejo pues con la nota de prensa y el significado de pirofítico o pirófilo.

 Juan José Ibáñez

 Continua………

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El Fuego y su Ineludible Importancia en los Ecosistemas (Incendios Forestales)

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El Fuego en el MIndo; Fuente: Managing the human component of fire regimes: lessons from Africa By Sally Archibald; http://rstb.royalsocietypublishing.org/content/371/1696/20150346

 Hoy es un lunes de verano cualquiera. El domingo anterior pase varias horas buscando una tabla que había utilizado en alguna conferencia, hace más de 20 años, con vistas a demostrar a los asistentes que los incendios son recurrentes en todos los biomas del mundo desde hace cientos de millones de años, si bien las cifras que buscaba tan solo daban cuenta de los periodos de retorno en ecosistemas representativos de los mentados biomas (tundra, taiga, bosques templados, mediterráneos, subtropicales, tropicales, etc.). Lamentablemente no la encontré, ya que era antigua y no debí digitalizar la diapositiva. ¡Lo lamento!, no obstante los contenidos que os ofrecemos hoy dan cuenta de todo ello.

La diferencia entre unos ecosistemas y otros no estriba en que unos sean eventualmente pasto de las llamas y otros no, sino en los respectivos periodos medios de recurrencia o retorno. Así, en los bosques boreales, o en los templados la frecuencia es obviamente mucho menor que en los mediterráneos. Empero cabe señalar que si la memoria no me falla,  no ningún caso superaban los cien años. En algunos ambientes, como en los bosques subtropicales secos y en los aludidos mediterráneos, los periodos de retorno no superaban más que unos pocos decenios. Por lo tanto, la existencia de grandes bosques muy longevos sería más cuestión de serendipia (acontecimientos afortunados) y/o condiciones microclimáticas muy longevas que de sus propiedades idiosincrásicas.

De hecho, el artículo que ha dado lugar a la noticia de hoy ha sido publicado en la revista Fire Ecology, con un modesto factor de impacto de 1.4. Sorprende pues que un hecho que debía ser archiconocido por los expertos, sea publicado a bombo y platillo como si fuera un descubrimiento relevante. La revista en cuestión es estadounidense, lo cual no deja de ser una paradoja. Los investigadores y técnicos forestales yanquis, han sido pioneros en el uso del fuego para el control de la biomasa de los Chaparrales americanos, parte de cuyas limpiezas eran realizados por reclusos vigilados. Obviamente, en los bosques templados de aquél país los periodos de retorno son más prolongados que en los matorrales y bosques mediterráneos de California. El objetivo de un incendio controlado resulta doble (i) mantener los ciclos naturales del fuego y (ii) evitar que una excesiva acumulación de la biomasa, excedido tal periodo de retorno, diera lugar a incendios devastadores y mucho más peligrosos que los naturales. De hecho, en el susodicho artículo se defiende que el fuego es necesario para mantener la salud de los ecosistemas forestales a largo plazo, dictamen que ya defendimos aquí hace más de diez años, ya que las evidencias ya eran palmarias en las décadas de los años 80  y 90 del siglo pasado.

Obviamente, la acción humana ha alterado los ciclos naturales del fuego en numerosos ecosistemas, generalmente incrementando su frecuencia, aunque a veces induciendo el proceso contrario, especialmente en parques naturales y espacios protegidos, que nos gustaría que no fueran pasto de las llamas, hasta que les correspondiera de promedio. En este último caso, tendemos a proteger/aislar el combustible de la mecha, por lo que a la larga el problema resulta ser más grave. El abandono de tierras, la expansión urbana hasta el límite de los bosques, la construcción de residencias y urbanizaciones rodeadas de masas arboladas, turistas sin la debida cultura, etc.,  son algunas de las razones que generan gravísimos incendios, así como la pérdida de vidas humanas e infraestructuras, que no el fuego en si mismo. Ya escribimos sobre estos temas hace varios años, como podéis constatar en esta bitácora.

 A la vista de lo expuesto, los investigadores, armados con nuevas instrumentaciones no disponles cuando se elaboró la tabla aludida, deberían ir afinando los periodos de recurrencia y actuar en consecuencia cuando llega el momento. Del mismo modo los gestores de urbanismo necesitan inexcusablemente impedir que las construcciones humanas sobrepasaran los límites a los que anteriormente nos referíamos.  Más aún, tampoco se debía dejar que ciertos propietarios o instituciones oficiales reforestaran sin elaborar planes previos acerca de la ecología del paisaje que eviten que las llamas se propaguen a lo largo y ancho de grandes extensiones. Ahora bien, el fuego ha sido compañero, que no enemigo de la naturaleza, cientos de millones de años antes de que el hombre apareciera sobre la faz del Planeta.

 Junto con la nota de prensa que ha dado lugar a este post, os mostramos el enlace a un artículo que nos informa del papel del fuego en la biosfera desde tiempos remotos, así como otros datos de interés.  Y reflexionemos, el fuego no es el problema, sino que casi como siempre los conflictos los generamos nosotros, mediante nuestras acciones e inacciones.

Juan José Ibáñez

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La Percepción social de los suelos forestales gracias a la prensa: Los Suelos Como basureros

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Paisaje Mediterráneo de Montaña. Foto: Juan José Ibáñez

Se presupone que la prensa tiene como una de sus principales misiones informar e instruir al ciudadano. Y como botón de muestra os enseñamos hoy una noticia ejemplar:  Un almacén de basura debajo de los árboles. Es decir, los suelos forestales pueden considerarse vertederos. Sin embargo, el título da lugar a una nota de prensa profusa en información, alguna de la cual puede ser válida para los expertos que “sepan” leer entre líneas con cuidado y mucha paciencia. La gravedad de los documentos de esta guisa  estriba esencialmente en extraer información relevante para exponerla, fuera de contexto, de forma desordenada hasta dar lugar a una narración carente de coherencia y repleta de errores mayúsculos. Eso sí “quizás, tan solo quizás”, los investigadores consultados sean parte del problema en sus ansias por aparecer en los medios de comunicación. Por esta razón, raramente acepto entrevistas a los medios de comunicación, y en ningún caso, sin leer el borrador del artículo que duna vez redactado por el “pumillas” debe pasar a imprenta. No me extraña, ante tanto show mediático, que algunos periodistas de una TV autonómica, se sorprendieran hace poco más de un año cuando tras impartir una conferencia en una hermosa localidad de los Serranos (Valencia, España) me propusieran una entrevista televisada, a lo que conteste “bajo ningún concepto” (ya os conozco, pensaba para mis adentros). Al menos esta bitácora me permite expresar opiniones personales sin pasar por la galería de los horrores, es decir, las narraciones de los plumillas y sus consejos de redacción. Reitero que algunos datos aportados en la noticia atesoran interés, como la revegetación de la Península Ibérica, debido primero a la desertización humana del ámbito rural y finalmente a la propiciada por el abandono de tierras que estimulaba la denominada PAC (Política Agraria Común de la Unión Europea). Empero aclaremos que revegetación no resulta ser sinónimo de reforestación, ganancia de biodiversidad y menos aún de freno a los procesos erosivos. Tales aseveraciones no resultan ser el producto de mi obsesión (según algunos ortodoxos) de llevar la contraria al establishment, sino que han sido contrastadas empíricamente por otros colegas. De hecho hace un decenio reuní a varios de ellos en el Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA)  con vistas a desmontar varios de los tópicos que diez años después siguen rellenando páginas, como los de esta noticia. Las sesiones fueron magníficas, cumpliendo mis expectativas. Sin embargo, las notas de prensa resultaron ser espeluznantes, soslayando todo lo relevante y rellenando los huecos, esta vez sí, “con basura. En consecuencia, protesté a la mentada fundación, pero “ni caso”, dándome cuenta de la verdadera vocación del CONAMA, perpetuarse año tras año, en base  a una información tan llamativa y políticamente correcta como científicamente impresentable, cuando fuera necesario. Nunca más volveré a caer en su trampa. Afortunadamente guardo toda la documentación en mi Researchgate, donde podréis disponer libremente de la misma (supera las 150 páginas con creces). Tan solo basta pinchar en los palabros que hipervínculo a continuación, con vistas a poder leer lo que mostraron los expertos invitados a ambos grupos de trabajo (Biodiversidad % Patrimonio Natural y Los Suelos en Europa y su Directiva).

Sería difícil clarificar tanto error, falacias y falsas verdades vertidas en la noticia que os exponemos abajo, por lo que tan solo explicaré algunas, a modo de ejemplo. El que los bosques de clima templado oceánico (los cuales no disciernen de los centroeuropeos, craso error) almacenen más carbono que los más xéricos del mediterráneo es algo natural y bien sabido desde hace decenios, por no hablar de siglos. También reiteramos que la materia orgánica no se almacena preferentemente en los 30 cm superficiales del suelo, como al parecer apunta alguno de los entrevistados (ver nuestra categoría “biomasa y necromasa” en donde hemos abundado sobre el tema en diversas entregas). Del mismo modo, se confunden bosques, masas forestales y matorrales arbolados cuando en realidad se trata de ecosistemas muy distintos en su estructura, naturaleza y gestión potencial. Buena parte de los denominados bosques mediterráneos levantinos, son en realidad matorrales con árboles amantes del fuego (pirofíticos). Otro entrevistado defiende que deben evitarse los fuegos, cuando en realidad son parte integral de la dinámica natural en el bioma mediterráneo. La noticia menta la obtención de los biocombustibles como alternativa, siendo en realidad una quimera, mucho menos eficaz que el pastoreo tradicional, ahora escaso debido a la desertificación rural. Comparar fuera de contexto la gestión de los bosques en los países nórdicos con la que demanda buena parte de los ambientes mediterráneos deviene en otra escandalosa barbaridad, ya que por sus dispares naturalezas demandan manejos muy diferentes (craso error de la política forestal española desde el franquismo hasta nuestros días). El fuego resulta ser un elemento de gestión en los ambientes mediterráneos, como bien saben y aplican en EE.UU. Es justamente la revegetación natural, en ausencia de población campesina (abandono de tierras), la causante de muchos incendios forestales, al margen de disminuir la biodiversidad natural de numerosos paisajes ibéricos. Tampoco debemos olvidar que esa sangría anti-ambiental llamada privatización de los servicios públicos, deviene justamente en que la gestión ambiental de lugar a un alarmante deterioro de la cobertura vegetal, como ya denunció, por ejemplo uno de nuestros corresponsales, amigo, biólogo y morador de paisajes azotados por los incendios forestales en la comarca de los Serranos en Valencia, que al margen de ofrecer beneficios a las compañías privadas y (me callo….), soslaya de cualquier compensación digna a  los habitantes de las zonas afectadas (abandono de tierras = incendios forestales en muchos espacios mediterráneos).

La noticia de marras también omite que, en la Península Ibérica la cobertura edafológica resulta ser muy somera, por lo que (cuando se tienen en cuenta los dos primeros metros del perfil edáfico) suele ser usual que los suelos agrícolas almacenen más materia orgánica que los forestales. Y podríamos seguir ad nausean. Más aun, a nivel global la relación entre productividad forestal y nutrientes del suelo, resukla ser inexistente. Sin embargo, para terminar tan solo me gustaría preguntar al plumillas que redactó la noticia esta sorprendente sentencia: Esta nueva visión modifica la que hasta entonces se tenía de que la capacidad de secuestrar carbono de los bosques dependía de la concentración de hidrógeno del terreno ¿¿?? Fastuosa erudición, pero que no la alcanzo a entender, a falta de una versión de esta nota de prensa para catetos, como es mi caso.           

Resumiendo: Lo dicho ,la labor de la prensa es informar e instruir al ciudadano ¿verdad?. Empero tal frase tan solo tiene sentido si los plumillas saben de lo que hablan, rara avis cuando se inmiscuyen en materia de ciencia y o medio ambiente. Os dejo con esta execrable noticia, ejemplar para instruir en clase a los alumnos sobre el periodismo nefasto, es decir casi todo.

Debo suponer que a David García y familia no se le ocurrirá pasear los fines de semana por esos hediondos vertederos forestales, sino que transitan sobre el dulcemente mullido asfalto urbano, mucho menos sucio y peligroso para la salud. Mejor para nosotros, los amantes de la naturaleza y sus basuras.  

 Juan José Ibáñez

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Abandono de Tierras, Éxodo Rural e Incendios Forestales

A finales de octubre o principios de noviembre  de 2013 recibí un correo-e, en el cual un tal Juan Botella lo encabezaba apelando al vocablo SOS, o algo así. Al leerlo, me percaté que se trataba de un ciudadano de la comarca de Los Serranos (provincia de Valencia) que me sugería si podía impartir una charla/coloquio sobre los tres trágicos incendios que habían devastado parte de sus paisajes durante los meses de Julio, Agosto y Septiembre de 2012. Es decir lo que solicitaba era que hablara del considerado azote del fuego en los ecosistemas mediterráneos. Como sabeís es un tema del que ya hemos explicado muchas cosas en post previos (ver relación de entregas al final de este). Sin embargo, tanto el grito de socoro como el tratarse de explicar lo que ocurría a unos vecinos casi vencidos por esta tragedia, me  llamaron lo suficientemente la atención como para aceptar el reto. No me arrepentí. Sin embargo, en esta ocasión, los bosques quemados no eran monocultivos industriales de coníferas producto de repoblaciones forestales, sino la invasión de los espacios agrarios por coníferas tras el éxodo rural hacia las ciudades producidos en gran parte de España desde la década de los años sesenta del Siglo XX. Hablamos pues de otro gravísimo problema a los que se enfrentan muchos países de la cuenca mediterránea, es decir que no solo afecta a España. Suele hablarse de este proceso como dedesertización rural. Del mismo modo os narramos que tal mecanismo de ¿degradación ambiental? (así me atrevo a denominarlo, aunque muchos no estarán de acuerdo conmigo) aqueja a amplias extensiones territoriales, de los ambientes mediterráneos, y más aún aquellos cercanos al litoral, ya que allí la naturaleza no pueden entenderse sin la recurrencia periódica del fuego, ni los policultivos mediterráneos que evolucionaron con ellos durante gran parte del Holoceno. La mañana del día del evento, acompañado de varios habitantes de la zona, recorrimos parte de los paisajes asolados por las llamas. Durante la tarde, en la charla y coloquio (acompañado de otros dos conferenciantes), les expuse mis puntos de vista y posibles soluciones. Pero vayamos al grano, por cuanto no resulta difícil de entender el meollo de la cuestión.

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Pinar calcinado. Foto Juan José Ibáñez

Todas las fotos que a continuación mostramos fueron tomadas en un pista sin asfaltar que partía de la carretera entre Villar del Arzobispo (Villar de Benaduf) y Gestalgar, aunque próxima a esta última localidad. Debido a la alianza milenaria indisociable entre hombre y fuego, cuando el sistema se altera, la respuesta puede ser dramática. En este caso (…)

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Paisaje tradicional de los Serranos. Foto Juan José Ibáñez

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Incendios forestales y Suelos Quemados

Un proceso que se repite cíclicamente no puede considerarse como desastre ecológico, a no ser que sean afectados ciertos enclaves de valor muy singular

En climas mediterráneos o seco subhúmedos, cuando tras varios años con abundantes lluvias, así como bajo temperaturas relativamente suaves y vientos no muy violentos, les suceden otros de sequía y elevados calores estivales, comienza el show mediático. En realidad, lo que ha ocurrido en España durante el verano de 2012 era la crónica de un desastre anunciado. ¿Desastre? ¡No tanto! Desde un punto de vista ecológico importa más la calidad que la cantidad del recurso arrasado. Y resulta que los incendios suelen afectar mayoritariamente a las masas forestales de repoblación (monocultivos de coníferas y eucaliptos adaptados y proclives a ser pasto de las llamas), matorrales adaptados a los incendios reiterados, eriales, etc. Con mucha menor frecuencia son afectados los bosques autóctonos. Este verano ha sido así, con algunas salvedades. Hoy os mostraremos una buena noticia (algo excepcional en la prensa medioambiental española) que desmitifica el tema, sin restarle importancia, y en la que diversos expertos ofrecen dispares puntos de vista.  Eso si, lleva el nefasto título de un siglo para recuperar el bosque, generalización que, por lo general,  podemos calificar como rotundamente falsa. Empero estamos en periodo de crisis, por lo cual las cuadrillas antincendios han menguado tanto como los recursos disponibles contra el fuego, en muchas comunidades autónomas (se ha perdido más dinero que el ahorrado). Nefasta política de reducción del gasto, cuanto reiteramos que si no este año, al siguiente con las mismas características hubiera ocurrido algo parecido (incluso con menos calor, pero si viento). Me atrevería a aseverar que, hoy por hoy, cuando el tramo del ciclo húmedo se prolonga más de lo normal, el siguiente de sequía causará más estragos. Empero las noticias sobre el incendio del Parque Nacional de Garajonay son diferentes (si bien la gran tragedia no ha a llegado a producirse debido a que su reliquia, el bosque de niebla o laurisilva, a penas se ha visto afectado y tan solo en aquellas partes que estaban siendo regeneradas, no la masa forestal madura). Sin embargo, como las llamas, se ha extendido la noticia que el principal problema para controlar el fuego estribaba en la quema del subsuelo. ¡Cierto o falso! ¡Rotundamente falso!. Adelantemos que el principal problema para la regeneración de una masa forestal estriba en evitar, en la medida de lo posible, la erosión del suelo, con vitas a que la regeneración de la vegetación sea más fácil y rápida. Digamos también que resulta harto difícil que se queme el subsuelo y no el suelo, a no ser que hablemos de turberas o vertederos ricos en materia orgánica, y siempre bajo condiciones anaeróbicas (falta de oxígeno). Pero a lo que vamos (…). Incendios forestales no es sinónimo de suelos quemados, afortunadamente. De hecho este último proceso raramente ocurre. Si vosotros vais a un área previamente incendiada y paseáis detenidamente analizando sus suelos, os encontraréis, generalmente, una variabilidad espacial tremenda. Detectaréis zonas ricas en cenizas blancas (materia organiza desaparecida por su  completa calcinación), mientras que otras son negras (restos de tejidos vegetales y humus del suelo más o menos carbonizados) y finalmente algunas prácticamente intactas. Por lo tanto, generalizar incluso dentro del mismo área afectada, sin este tipo de cartografía post incendio, se me antoja más que aventurado. Antes de que se queme un suelo debe hacerlo su hojarasca, y posteriormente evaporarse todo el agua que retiene la matriz del suelo, lo cual resulta ser harto difícil. He preguntado a mi amigo Juan Sánchez (Catedrático de Edafología de la Universidad de Valencia), experto en suelos, erosión e incendios forestales y, además canario que conoce muy bien Garajonay, como también el entrañable Antonio Rodríguez Rodríguez (Catedrático de la Universidad de la Laguna, Tenerife, Canarias). Con este último no he podido contactar aunque Juan ya lo había hecho con antelación. Como era de esperar, mis sospechas resultaron ser ciertas si bien Juan ha enriquecido mi desiderata en muchos y sustanciosos detalles. Veamos someramente lo que ocurrió en los suelos de la Garajonay (…).

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Bosque de Laurislva Macarronesica del Parque Nacional de Garajonay, La Gomera Islas Canarias: fuente Un Cantar de Ayalga.com (más…)

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Incendios Forestales en Tiempos de Crisis (Rogativas Pro-Pluvia)

¿Se imaginan ustedes unos políticos que en tiempos convulsos repletos de disturbios reduzcan las plantillas de policía? ¿Hace falta ser tonto verdad? Pues vamos a ver lo que pasa este verano en España, es decir el año de gracia de 2012. No voy a discutir hoy acerca de los recortes económicos en tiempos de crisis. Ahora bien, quien juega con fuego termina quemándose. En este santo país, tales ahorros en base a reducir las cantidades pecuniarias destinadas a muchos recursos y despedir el personal que debería llevarla a cabo, se esta haciendo con los pies, que no con la cabeza. Ya sabemos que en los climas mediterráneos, si tras años de sequía surgen veranos calurosos, “ventosos” y secos, una buena parte de la vegetación forestal y grandes extensiones de matorral pueden arder. Afortunadamente, las áreas que sufren más riesgos de ser pasto de las llamas resultan ser las repoblaciones forestales, hechas en base a coníferas y eucaliptos, sí como extensos territorios de matorral (cistáceas y ericáceas, es decir jaras y brezos en el sentido más amplio el término). Se trata de especies pirofíticas, es decir amantes del fuego.  En consecuencia, generalmente, los bosques naturales son en general menos susceptibles de arder, aunque no se encuentren exentos de correr la misma suerte. Pues bien durante 2012, a consecuencia de los recortes económicos se han reducido más que considerablemente, las cantidades de dinero destinadas a estos menesteres, dejando en el paro a parte de las plantillas. Ahora bien, resulta que durante los últimos años, debido a la climatología, las superficies quemadas han sido ciertamente moderadas. Como resultado, la acumulación de materia orgánica muerta (restos vegetales) ha aumentado considerablemente. Empero durante 2011-2012 la sequía se ha pronunciado y los fuegos forestales se han adelantado inusitadamente varios meses, hasta inicios de primavera. El verano comienza en muchas partes de España “calentito” (como la economía, finanzas y desconfianza pública en nuestros gestores) alcanzándose más de 40ºC en diversas regiones. Resulta palmario, que bajo etas circunstancias no era el momento más propicio con vistas a reducir drásticamente los recursos en la lucha contra el fuego. Empero nuestras autoridades, han cogido las tijeras recortando hasta nuestros “caretos” del documento nacional de identidad. Sabemos que lo barato termina resultando ser caro. En otras palabras, como tengamos un verano ventoso el desastre se encuentra en ciernes. Recordemos que buena parte  de las repoblaciones tienen fines comerciales, como la obtención de pasta de papel y madera. Dicho de otro modo, de arder amplias extensiones, al margen de los graves impactos ambientales que generen, se perderán muchos millones de euros.  ¿Cuántos? Posiblemente muchos más de los ahorrados por los recortes. ¿Mal  negocio no?. Esperemos no terminar lamentándolo, aunque de seguir sí (…) Tan solo nos queda la estrategia de  retrotraerse a las centenarias Rogativas pro-pluvia, como el pueblo hizo durante siglos. Pero como el carácter del clima mediterráneo es muy “latino”, y nunca llueve a gusto de todos, no olvidemos tampoco rogativas pro-serenitate. Eso si, que sean los políticos los encargados de llevar a cabo tales menesteres, ya que los ciudadanos bastante hacemos con someternos a sus tropelías y sufrir sus torpezas. ¡Qué Dios nos pille confesados!, de unos y de otros. Según afirman algunos, en España hay más políticos que policías y bomberos y médicos juntos. En consecuencia, ya que apenas ha descendido el número de estos individuos, resulta lícito y razonable reclamar que sean ellos los que generosamente recojan los cascos y las mangueras de los trabajadores que han echado a la calle. ¡Eso si seria dar ejemplo! ¿Lo Harán?

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Incendios forestales.  Fuente: RFID Point

Juan José Ibáñez

Recomiendo la siguiente Lectura de la Nota de Prensa de Jorge Mataix Sobre el tema

Sobre qué hacer ahora en las zonas quemadas en Valencia. Algunas reflexiones

 

 

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Riesgos de las Repoblaciones con Eucaliptos y Pinos en Latinoamérica (Silvicultura Clonal)

Cuando viajaba en 2008 por el valle central del sur Chile, observé un tanto sorprendido como algunas antiguas parcelas agrícolas estaban siendo sembradas de Eucaliptos. Al preguntar a los colegas chilenos, en aquella excursión de campo, me comentaron que el país necesitaba ampliar su producción maderera. Seguidamente les interpelé si allí tenían noticia de los devastadores efectos sobre el suelo y recursos hídricos de este género de árboles, así como también de numerosas especies de pino. Temía la respuesta. Y efectivamente corroboraron mis sospechas. ¡No!. Este año, en Colombia me ocurrió lo mismo. Sin embargo, En España, llevamos unos 40 años protestando por tal tipo de repoblaciones. Las razones científicas son bien conocidas aquí y corroboradas hasta la saciedad.   Se trata de especies que acidifican el suelo a la par que diezman su actividad biológica y biodiversidad. Del mismo modo, requieren una enorme demanda de agua con vistas a mantener un rápido crecimiento, por lo que su humedad desciende dramáticamente impidiendo (junto a las sustancias alelopáticas que producen) el desarrollo de otras especies del ecosistema. En algunos lugares de España, los potentes sistemas radiculares de los eucaliptos penetran muchos metros de profundidad, llegando a veces a romper las conducciones de agua. Más aun, en el noroeste de la Península Ibérica (léase Galicia, por ejemplo) han llegado a  naturalizarse, destrozando los hermosos paisajes precedentes. Decir Eucaliptos (y en menor medida repoblaciones de pinos) es hablar Othar, el Caballo de Atila: “por donde pisaba, no volvía a crecer la hierba. Plantar Eucaliptos es encender la mecha de los incendios forestales. Vaya este post como advertencia de una decisión gubernamental desatinada y alimentada por las compañías nacionales y/o multinacionales de los “tocagenes”, es decir, las empresas biotecnológicas, como podréis observar en la noticia que hoy os muestro.

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Vegetación Natural en Chile. Bosque de Nothofagus (Hayas) Ascendiendo al Volcán Chillan. Foto: Juan José Ibáñez

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