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La Inteligencia de los bosques y su comunicación bajo el Suelo

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No es de mi agrado, ni se encuentra justificado epistemológicamente, el que los científicos utilicemos antropomorfismos y metáforas que hagan pensar al ciudadano que la naturaleza es inteligente, tal  como solemos usar este vocablo para referirnos a la consciencia humana. En este blog tiendo a eludir tales argucias, aunque a veces no tengo más remedio que hacer uso de las mismas para reclamar la atención de los lectores en temas muy relevantes. El otro día, nuestro colaborador Régulo León Arteta nos envió un video bastante interesante en el que mostraba a una investigadora canadiense narrando como los árboles se comunican bajo el suelo incluso discerniendo relaciones de parentesco, pero también colaborando entre especies distintas. Francamente os aconsejo, por no utilizar el palabro “conmino” a que visionéis el video. Aunque la científica nos cuenta esta fascinante historia la narra en inglés, existe una función para leer su contenido en castellano. Se trata de una fascinante retrospectiva científica y personal. Para los menos versados con el manejo de estos artilugios electrónicos, he copiado abajo tanto los contenidos en suajili como su traducción al castellano. Merecería la pena que esos científicos que solo entienden de ortodoxia y publicaciones clamaran al cielo, para luego demostrarles en otros post, que es más sorprendente aun que al menos gran parte de este asombrosa historia ha ido demostrándose paulatinamente desde hace años en las más prestigiosas revistas del mundo, y como botón de muestra podéis entrar en el Researchgate de Suzanne Simard, justamente la conferenciante que divulga tal fascinante historia y comprobarlo. No es la única investigadora(or) que se ha topado con estos hallazgos, si bien su aportación sea innegable. Comprobaréis que ha publicado en algunas de las revistas más prestigiosas del Planeta. También Suzanne Simard muestra como la vocación puede con todo, incluso soslayar con la escasez o precariedad de recursos económicos, so pena de la persecución de “mamá Osa y su descendencia”. Adoro a este tipo de colegas, frente a los que solo piensan en los “papers”. No explicaré el tema porque su discurso es muy divulgativo y abajo podéis leerlo con todo lujo de detalles, dado que resulta tremendamente ameno. Muchas gracias Suzanne.

Ya os he comentado que, posiblemente, una de las principales propiedades del mundo orgánico deviene en que tanto la vida y su propia evolución, son reticuladas. Suzanne demuestra la red de relaciones entre los individuos, incuso de las distintas especies que componen un bosque, las cuales se llevan a cabo a través de las micorrizas que  cablean el suelo. Y así, como ya os mentamos en el post: la Vida Reticulada del Suelo, existe un asombroso entramado de cables vivos que se parece muchas veces, si es que no comparte las mismas leyes matemáticas (casi seguro), alpropio crecimiento de las redes sociales y su estructura, que a la postre también resulta ser similar al de las redes biológicas, metabólicas, ecológicas, etc.. Una de sus propiedades deviene de su enorme conectividad que se asemeja también sorprendentemente a la de nuestro cerebro.

Dicen que los árboles no nos permiten ver el bosque y en la narración de Suzanne lo comprenderéis. Tan chovinistas somos, que no entendemos que gran parte de la tecnología de la que nos vanagloriamos ya ha sido descubierta por la naturaleza hace millones y a veces eones de años. Nuestro ego anda por las nubes, pero muchas de las evidencias se ocultan en/bajo el suelo. Resulta lamentable que la mayor parte de los investigadores  no sepan preguntar debidamente a la naturaleza para que nos susurre al oído sus recónditos secretos. Se trata de un hecho curioso, como podréis comprobar, que en la charla de Susana, que presenta una fotografía indistinguible en la que aparecen la complejidad de la estructura de internet y otra de fractales, dos temas recursivos en nuestra bitácora.

Me encuentro casi en la obligación moral, ética y didáctica de recordaros que Darwin y el darvinismo dan cuenta de algunos rasgos de la vida. Empero nos muestran la cara más cruel y bestial de su estructura multifacética. Y la ciencia contemporánea ortodoxa, al divulgar la vida y la biosfera “según Darwin” han dado lugar a una sociedad súper-competitiva y cruel, repleta de guerras, destrucción, muerte, egoísmo y desigualdades. Pero existen otras perspectivas como las de Lamarck, Margulis y kropotkin, que avalan su cooperación, solidaridad y el apoyo mutuo, siendo hipótesis tan científicas como la del excesivamente venerado Darwin. Si hubiéramos construido una sociedad basada en los estudios de estos últimos, disfrutaríamos un mundo maravilloso, o como mínimo mejor que el actual. Y todo esto por culpa de un establishment miope, que no sabe ni adorar a los verdaderos héroes de la ciencia, ya que reitero que, de haberlos reconocido como tales, hubieran dado lugar a una sociedad/ecosistema en la que todos los seres humanos, la vida y la biosfera conviviríamos con mucha más paz y armonía. Una sociedad sustentable basada en el amor y la solidaridad, a diferencia del actual, en el que no unos pocos, que no se lo merecen, acaparan el reconocimiento, poder y/o riquezas, mientras la mayoría de los humanos sufre intensas penurias. De aquí, mi lucha contra la elección de la visión más salvaje y aterradora, es decir la darvinista (¡Juicio al darvinismo!), que ha tenido tan nefastas consecuencias y que nos confunde con una idea de progreso que se me antoja tan cegata como venenosa.

Pero no os sigo aburriendo, ya que la historia que seguidamente podéis leer y también visionar en el vídeo son tan deliciosas como para que no merezca la pena que me extienda en esta introducción. Esta se encuentra narrada con amor para profanos en la materia e incluso niños de corta edad, es decir público de todas las edades.

Asombrosa y embrujadora historia, que tiene poco o nada de ficción, por extraño que os perezca.

Juan José Ibáñez

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Micorrizas de las Plantas y Cambio Climático

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Brezales y landas. Fuente Mediagram #1

La noticia sobre la que os hablaremos procede simultáneamente de Science Daily y la Universidad de Texas en Austin. De acuerdo a los investigadores que hay llevado a cabo un estudio publicado en Nature, las micorrizas de las raíces de las plantas desempeñan en papel muy relevante en el sistema climático. Estos hongos simbióticos, que ayudan a explorar el suelo al unirse a los sistemas radiculares de numerosos vegetales, condicionan el almacenamiento/emisión del carbono de los suelos, habiendo sido ignorados en estudios previos. Soslayamos nuevamente la propuesta de incorporación de este proceso a los modelos de cambio global, ya que al parecer casi nadie entiende en qué consisten estos últimos, a pesar de que numerosos ecólogos reiteran la coletilla en un sinfín de procesos a los susodichos instrumentos predictivos. Eso si, no dudamos que el suelo almacena más carbono que la suma de las contribuciones de la atmósfera y la vegetación simultáneamente, como ya hemos mostrado en diversos post precedentes.  Nadie duda a estas alturas de que “los flujos naturales de carbono” entre la superficie terrestre y la atmósfera son tan importantes como para desempeñar un papel crucial en la regulación de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y, como corolario, afectar al clima de la Tierra“.

Conforme a la nota de prensa aludida, algunos tipos de hongos simbióticos pueden aumentar el almacenamiento de carbono de los suelos en más de un 70%, respecto al que acaecería si las raíces de las plantas no dispusieran de los mismos, resultando pues ser muy importantes en el ciclo global del carbono. Sin embargo, según estos investigadores, sus resultados, también desafían los fundamentos de la biogeoquímica actual en lo concerniente a los mecanismos de secuestro de carbono. Lo que no explican es la razón de tal aserto.

Las plantas eliminan  carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis. Con el tiempo, los vegetales o las partes muertas de los mismos, son incorporadas al suelo en forma de hojas secas, ramas y otros residuos que formaron parte de sus individuos. En otras palabras parte de esta materia orgánica (MO) será desprendida a la atmósfera, mientras que la restante incorporada al medio edáfico.  La descomposición de la materia que llega al suelo será producida por la fauna y comunidades microbianas del suelo, para las que resulta ser una parte esencial de su alimentación. Sin embargo, tal proceso de degradación de los tejidos vegetales muertos, la denominada necromasa, será tanto más rápida conforme contengan más nitrógeno, otro compuesto esencial para la vida.

La mayoría de las plantas mantienen una relación simbiótica con los hongos micorrízogenos, y estos les ayudan a extraer los nutrientes indispensables para su alimentación, así como convertir las abundantes fuentes de nitrógeno no asimilable en otras asimilables para el desarrollo vegetal. Estudios recientes han sugerido que las plantas y los hongos (como lo son las propias micorrizas) compiten con los microbios por este elemento, mientras que tal disputa reduce la cantidad de nitrógeno asimilable en el suelo.

Existen dos tipos principales de los hongos simbióticos, las ectomicorrizas, micorrizas ericoides (EEM) y los denominadas arbusculares (AM). Las formas EEM producen enzimas que degradan los compuestos nitrogenados, lo que les permite extraer más que las AM. Y es aquí en donde el estudio publicado nos podría ofrecer algo de sustancia. Estos investigadores dicen haber detectado, examinando datos procedentes de todo el mundo, que cuando las plantas se asocian a las formas EEM, el suelo contiene un 70 por ciento más de carbono por unidad de nitrógeno que en los lugares en donde las micorrizas MA son las más abundantes.

Así pues, Los EEM permiten que las plantas que los albergan compitan mejor con los microorganismos a la hora de absorber el nitrógeno asimilable, reduciendo así la tasa de descomposición de la materia orgánica y como resultado las emisiones de CO2 a la atmósfera.

A partir de estos resultados los autores defienden que su estudio muestra como los  vegetales y la comunidades microbianas descomponedoras se encuentran interconectadas a través de tales hongos micorrizógenos, por lo que no es viable llevar a cabo predicciones precisas del ciclo del carbono sin prestar atención  a este mecanismo simbióntico, debiendo analizarse conjuntamente el sistema que conforman más, que en los mismos como organismos independientemente.

Se trata de un hallazgo que de ser cierto sería interesante, en principio. Sin embargo personalmente debo llevar a cabo ciertas consideraciones, o al menos expresar algunas dudas. Las micorrizas ericoides suelen asociarse al orden de plantas que recibe el nombre de Ericales (generalmente especímenes leñosos), las cuales suelen crecer en suelos muy pobres en nutrientes y con un pH ácido o muy ácido. Efectivamente al menos en Europa, los suelos cubiertos por géneros y especies pertenecientes al mentado Orden, tales como brezos y brecinas, acumulan mucha materia orgánica. No obstante, también contribuyen a la acidificación del medio edáfico, el cual en su presencia pierde fertilidad. Dicho de otro modo,  si pretendemos almacenar carbono en el medio edáfico en detrimento de su fertilidad….. nos encontramos con que el remedio puede ser peor que la enfermedad. Eso si, debo reconocer que desconozco que ocurre bajo otras especies de Ericales, aunque se sabe desde hace tiempo que los restos de las presentes en buena parte de Europa almacenan mucha materia orgánica sin apenas descomponer, ya que tanto la actividad como la biodiversidad del suelo resulta ser muy pobres, impidiendo el desarrollo de otros vegetales y biota edáfica que mejoran las propiedades edáficas, por lo que son más rentables para mejorar los rendimientos agropecuarios.  En términos antiguos las Ericales europeas eran conocidas como especies desmejorartes o acidificantes, mientras que las que las que propician la mejora y manejo del suelo eran consideradas mejorantes.

Podemos pues observar como introducir el carbono en la ecuación puede cambiar diametralmente nuestra perspectiva de los suelos y la vegetación. Ahora bien, en un mundo necesitado de alimentos, tal mutación se me antoja perniciosa, es decir “desmejorante”. ¿Vino malo que pretende venderse bajo la etiqueta de otro bueno?. Podría ser.  No obstante reitero, una vez más, que quizás en otros biomas y ambientes la situación sea distinta, aunque lo dudo……

Juan José Ibáñez

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Las Micorrizas: Importancia en la Nutrición Vegetal y en la Evolución de las Plantas Terrestres

Pocas son las notas de prensa que, a la hora de explicar los resultados de una investigación, resultan ser tan didácticas como la que os ofrecemos hoy. En principio, el contenido versa sobre la acción de una hormona vegetal que estimula la micorrización (asociación de las raíces de las plantas con las micorrizas). Ya os comentamos su importancia y estructura subterránea en post previos como este. Otros fueron escritos por Salvador González Carcedo, siendo más técnicos y precisos. Sin embargo, nuestro objetico hoy es esencialmente divulgativo. La mayor parte de las plantas vasculares terrestres (más del 80%) se asocian con estos hongos simbióticos a los que denominamos micorrizas. Ya os narramos que, más que asociaciones específicas, la elección entre el huésped y el hospedador se induce a través de una interacción-negoción (algo así como la teoría de juegos) semejante a un “comercio justo”. Tras realizarse el“acuerdo”, el hongo transporta a los sistemas radiculares de los vegetales agua, macro-nutrientes (fósforo, nitratos, etc.) y ciertos micronutrientes esenciales, tales como el zinc. Por su parte, el hospedador ofrece, como recompensa, hidratos de carbono que permiten la alimentación del hongo. De este modo, todos salen ganando. La micorriza expande enormemente la superficie que pueden explorar las raíces de las plantas en el suelo. De hecho, se supone que la invasión terrestre de las plantas superiores (hace unos 480 millones de años, en el Ordovícico) solo fue posible gracias a este mecanismo de cooperación, que no competición darviniana, mostrando de nuevo que el uno es tan importante como el otro a la hora de entender la vida sobre La Tierra. Generalmente, las raíces de las plantas emiten una señal proteínica (hormona) al suelo cuando el medio resulta ser pobre (o estarlo eventualmente) en nutrientes. Pero también el proceso puede ser inhibido en cuando el medio edáfico se encuentra extremadamente seco o encharcado. En otras palabras nos referimos a condiciones de estrés ambiental que impiden la absorción de los elementos químicos y el agua que interesan a la planta. Una vez recibida la señal comentada, las distintas variedades de micorrizas desprenderán hifas dirigidas a los sistemas radiculares de las especies vegetales emisoras, llevando a cabo la mentada “negociación” hasta que algunas de ellas establecen el“convenio marco de cooperación”, penetrando en la epidermis de las raíces (hablamos de las denominadas vesicular-arbusculares, ya que las existen de otros tipos) para iniciar el intercambio de sustancias que benefician a ambas. A partir de ahí el hongo micorrizógeno  suele generar una estructura arborescente muy semejante al sistema radical, es decir una estructura fractal que maximiza la exploración del espacio en el medio edáfico de un modo que no es posible para la propia planta vascular.

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Micorriza arbuscular: Aumentando la exploración de los sistemas radiculares de las plantas en el suelo. Fuente: fine Gardening (más…)

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