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La Vida Fotosintética en los Suelos de los Desiertos Extremadamente Áridos

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Salar de Maricunga con Volcán Copiapó. Fuente: Museo Virtual de la Región Atacama (Chile)

La noticia que analizaremos hoy nos dice que unos investigadores acaban de demostrar que, en ambientes extremadamente áridos como lo es el desierto de Atacama, las microalgas denominadas cianobacterias (que como todos los microrganismos son acuáticos, y en este caso con la capacidad de realizar la fotosíntesis) pueden crecer en el interior de los cristales de halita (sal común), especialmente si estas poseen una estructura porosa con morfología nanocapilar que favorezca la absorción de agua atmosférica, mayoritariamente durante la noche. Según los autoresEs la primera vez que se demuestra la presencia de un microorganismo fotosintético y eucariota, un alga, dentro de halitas en un ambiente híper árido”. Del mismo modo al comparar dos ambientes/suelos salinos desérticos cuya naturaleza resultaba ser bastante similar se toparon con que sus comunidades microbianas eran acusadamente dispares. Y justamente la estructura cristalina nanoporosa de la sal daba cuenta, al menos en parte, de las diferencias detectadas. Sus hallazgos, según la nota de prensa, contradicen aseveraciones previas ya queEn 2005 investigadores de la NASA llegaron a afirmar que las condiciones del desierto de Atacama hacían imposible la presencia de vida fotosintética”. No hacía falta pues sobrepasar el denominado umbral de delicuescencia, como previamente se pensaba. Tal hallazgo ya justifica el interés del estudio. Sin embargo no se me antojan tan claras otras afirmaciones. Por ejemplo: en la nota de prensa se afirma que “Sorprendentemente, según las peculiaridades de cada región, también las propiedades del sustrato rocoso determinan las condiciones necesarias para la vida”. Personalmente, y como edafólogo, tal aseveración no me resulta nada “sorprendente”. La vida y los ecosistemas son sistemas complejos y, por lo tanto extremadamente sensibles a las condiciones iniciales y de contorno, divergiendo su dinámica en función de tales circunstancias. También es conocido sobradamente desde hace años que la vida, como un cáncer de la geosfera, lo coloniza todo (incluso las aguas que refrigeran los reactores nucleares”). Cualquier variable que en un hábitat árido favorezca “un poco” la retención de agua “de algún modo” suele tener enormes repercusiones, por cuanto es este líquido elemento el primer factor limitante para la invasión de la vida.

Hasta aquí, podemos inferir que todo está claro. No obstante, al igual que en otros estudios y publicaciones los autores consideran los desiertos terrestres como laboratorios que nos permitan conocer la existencia de organismos extremófilos que potencialmente podrían habitar en otros planetas, y en este caso Marte. Y es aquí en donde los expertos en el tema, que no solo los autores de la investigación de marras, hierran, en mi modesta opinión. Por lo que sabemos hasta ahora, los puntos considerados potencialmente calientes para el desarrollo de la vida en Marte resultan ser antiguas lagunas y/o mares cuya agua se evaporó hace decenas de millones de años. Y bajo el agua, en función de su turbidez, profundidad, temperatura, oxigenación, etc., el ambiente suele ser muy diferente al de los sistemas superficiales terrestres emergidos. También reiteramos una vez más en este blog, que una de las variables que suele soslayarse es la presión, por cuanto esta aumenta rápidamente al hacerlo la columna de agua que se superpone al sedimento o suelo acuático. Y así a pocos cientos de metros de profundidad los procesos biogeoquímicos cambian sobremanera, dando lugar a estructuras y compuestos que jamás podrían aparecer al “aire libre”. Ya os comentamos el caso de los hidratos de metano o clatratos. En consecuencia, venimos sosteniendo que probablemente sea allí en donde debiéramos estudiar esos “puntos potencialmente calientes” para detectar si Marte albergó vida en el pasado. Empero el estudio de estos hábitats, y más aun de sus suelos (en donde pueden registrarse signos de aquella) en la Tierra ha sido soslayado casi por completo. Se nos antoja un error monumental.

En el Planeta Tierra existe vida como mínimo desde la estratosfera hasta varios kilómetros de profundidad bajo los fondos abisales. Lo extraño, lo extraordinario (sin restar ningún valor el estudio objeto de este post) sería identificar hábitats sin vida.

 Juan José Ibáñez              

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