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Jugando a Ser Inmortales: Transhumanismo y Singularidad Tecnológica (El día en que dejemos de ser humanos

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Transhumanismo y singularidad tecnológica. Fuente: Google imágenes

 La versión clásica Porque la vida es un sueño y los sueños, sueños son (Calderón de la Barca), podría ser sustituida actualmente por otras de la siguiente guisa (i) porque la vida es una simulación y las simulaciones (aunque no acierten casi nunca) simulaciones son, o (ii) porque la vida humana es transmutarse y transmutado por la tecnología soy, aunque las hay aún peores.  Hoy os vamos a hablar del transhumanismo , así como de los que algunos consideran el fin de la humanidad tal como la conocemos, con vistas a “trascender primero a la y trans-humanidad y finalmente a la post-humanidad, paso que ha sido denominado singularidad tecnológica, un punto de no retorno. ¿De que versa todo esto?. Digamos que se trata de un debate muy activo en el campo del pensamiento actual en el que intervienen todo tipo de agentes y movimientos, científicos, filosóficos, culturales, incluidos el arte cinematográfico y como no, aquellas tribus o sectas que se nutren debida o indebidamente de todas las fuentes posibles para defender sus propias posiciones ¿ideológicas? (y si había pocas sectas, ahora pare la abuela). Empero la ciencia y en especial, así como la deficiente popularización de la actividad investigadora han ofrecido y lo siguen haciéndolo, cada día más, argumentos que alimentan este debate.  Y aquí emerge la cinematografía de la ciencia ficción que no es ajena a este movimiento, sino que lo nutre y es nutrida del mismo en un mecanismo de retroalimentación positivo, como veremos posteriormente. Que personajes reconocidos de tantos ámbitos de la cultura humana se enzarcen en estas discusiones nos habla tanto de la importancia del tema, como también de lo perdida que se encuentra la humanidad en busca de un futuro mejor. Lo que acabo de apuntar resulta ser tan solo el titular de una inefable tragedia que nos persigue y carcome, desde que el hombre es hombre. Hablamos sencillamente del temor a la muerte, de nuestra efímera naturaleza como individuos.

 Este post puede considerarse una continuación de otro post anterior basado en una noticia titulada,  Morir joven, a los 140”, que no deja de ser un primer paso hacia ese transhumanismo, con independencia de la intención de sus autoras. Ya les guste o les pese, su libro pasará a formar parte de este acalorado, apasionante y tenebroso debate.

Por mucho que una parte considerable de la los científicos alcen la voz altaneramente proclamando su ateísmo orgullosamente, no dejan de ser humanos y como corolario, a gran parte de los mismos les aterra su mortalidad. ¿Y los que financian la investigación científica?. ¿No son humanos? ¡También!. De no ser así, tal corriente a la que no alcanzo a encontrar un  apelativo que la pueda calificar rigurosamente, debido a su transversalidad,  recibiría mucha menos atención. Si realmente la gobernanza mundial tuviera objetivos/prioridades claras, sinceras y razonables, este debate científico/filosófico/ético/esotérico, no recibiría tanta atención, si bien en el mundo hispano parlante no ha calado tanto en los memes ciudadanos, como ha ocurrido en otras culturas, especialmente las anglosajonas. La ciencia desea matar a Dios (léase deidades y religión) y al hacerlo deviene en un inevitable el miedo a la muerte, vestida con todo tipo de camuflajes, aunque a mí no me engañan, si bien tal hecho puede ocurrir incluso a sus proponentes.  Personalmente reconozco que, como casi todos, temo mi fecha de caducidad, y ya sufrí una crisis a ¡los diez años!, lo que a la postre impelió a que mis padres, tan asombrados como los clérigos que conocíamos,  terminaran por enviarme a un psicólogo.  Otra cuestión muy distinta es que la mayor parte de los ciudadanos prefieran echar el candado a su lengua, antes de confesar esta gran angustia existencial. El ser humano se encuentra perdido: su mente bastante aislada del exterior, salvo por la información que le proporcionen sus sentidos, siempre muy limitados. En otras palabras,  nuestra mente está encerrada dentro de una cuba, fabricando su propia realidad, como proclamaría a los cuatro vientos y con clarividencia el filósofo Bruno Latour.

 Sin embargo reitero que la prensa científica no frena sino que se acelera, alimentando esperanzas, vanas o no. Y como tratamos de un tema que nos afecta a todos, desde diversas disciplinas, se lanzan mensajes que nos vienen a decir:mi disciplina también es importante a la hora de lograr la inmortalidad“. ¡Más leña al fuego! Una de las características más novedosas de la transhumanidad estriba en que la narrativa y filmografía (largometrajes y telefilmes) de ciencia ficción se entrelazan en muchos discursos, como podréis observar más abajo. No os asombréis, ya que incluso son muchos los colegas que defienden que la narrativa de Julio Verne, era la muestra de su enorme poder visionario, es decir cuando la ficción torna en realidad. Y aquí sí que soy de la opinión de que la ficción puede alimentar los deseos e incluso “progresos” de parte de la comunidad científica. Visionar esta filmografía (lo cual está al alcance de casi todos, por cuanto no exige que el espectador tenga un elevado nivel cultural) efectivamente ayuda a comprender casi todas las opiniones, propuestas, escuelas y sectas, involucradas. No se trata de una opinión gratuita, como podréis leer en los textos que abajo os dejo a vuestra consideración.

 Empero alcanzar la inmortalidad, deviene ineludiblemente en una transformación mental, social e incluso de toda la biosfera en su conjunto, cuyas consecuencias, para lo bueno y lo malo, vivimos en un mundo limitado, con recursos limitados, por lo que la pirámide demográfica “natural” (término y concepto que molesta a muchos y transhumanistas) se vendría abajo, obligando casi a prohibir so pena de muerte nuevos nacimientos; que nuevos seres humanos surgan sobre la faz de la Tierra, disfruten o padezcan de la vida. ¿Bastante egoísta por nuestra parte, no?. Otros defendemos dejar una biosfera saludable para las futuras generaciones (nuestros hijos y bla. bla, bla) se deleiten de la misma.  Y a estos últimos se nos tachará, “once again” de ir contra el progreso, como siempre, es decir de ser humanistas reaccionarios. Empero ¿Qué es el progreso si la ficción nos dirige por ciertos “senderos sospechosamente luminosos”?. Parece ser que el progreso es aquello que en un determinado momento y lugar, las clases dirigentes, ricas y poderosas, dictan lo que debe ser: sí o sí.

 Sin embargo, en todo este asunto, totalmente existencialista, surge una paradoja, que yo ya había constatado con amigos y contertulios, usando otros argumentos y contextos. Si a los seres humanos nos aterra la muerteal pensar en la inmortalidad somos muchos los que comenzamos a sentirnos también desasosegados e intranquilos. Porque la eternidad, es decir, “para siempre”, se nos antoja también inquietante, a poco que lo pensemos. Se vea como se vea, se trata de otro tipo de condena: ¿Y qué haríamos: siempre lo mismo eones tras eones? ¿No terminaríamos infinitamente hastiados? La mente humana tampoco se encuentra preparada con vistas a digerir la inmortalidad, a no ser que a uno le aterre tanto la mortalidad, como para no pensar en ello.

Personalmente considero que a nivel del conjunto de toda la humanidad, este tema puede esperar hasta que logremos resolver nuestros más mortales problemas que son muchos, demasiados.  Y todo ello soslayando que lo que más deseamos es alcanzar una inmortalidad de nuestra propia y exclusiva individualidad. Si a una persona le hablas de una inmortalidad colectiva, de una especie de mente global, la  mayoría vuelve a zozobrar, porque si ya no puede reconocerse a sí mismo, si ya no es “él”: ¿Qué diferencia habría con la muerte….. si yo ya no soy yo.

 Os dejo con este apasionante tema mediante un par de noticias “aparentemente inocentes” (marketing para los que no conocen el tema),  otra en la que un antiguo conocido y experto en Inteligencia Artificial (IA) (Ramón) matiza lo que a día de hoy es viable y lo que no, así como un resumen bastante extenso de Wikipedia (el 50% del original), ya que el artículo de la enciclopedia libre es inusitadamente largo, demostrando que muchos ciudadanos se encuentran enormemente interesados en este tipo de  elucubraciones visionarias. Habrá que retomar este asunto algún día, pero fragmentadamente, ya que es extremadamente complejo y enormemente rico en matices.

 Finalmente os explico mi postura. El ser humano ha creado una sociedad depredadora que devasta todo lo que encuentra a su paso, con independencia de que unos pocos poderosos vivan a expensas de la mayoría de los ciudadanos. Considero que tal inmortalidad, en caso de llegar, tan solo estará al alcance de una minoría privilegiada: los más ricos y poderosos. No obstante cabe recapacitar si merecemos vivir en este maravilloso planeta, dada la devastación que provocamos en él, por lo que quizás haya que dar paso a otras alternativas que podrían terminar siendo una pesadilla para aquellos que acrítica/irreflexivamente la desean.

 Juan José Ibáñez

Entremos ya pues en materia…….preparados… listos….. ya……los INMORTALES…….

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