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Paisajes Otoñales Mediterráneos (Dehesas y Encinares)

En los dos post anteriores sobre los paisajes tradicionales mediterráneos durante el otoño nos adentramos en la Sierra de Gredos, así como el Mazizo de las Villuercas (Sierras De Guadalupe, San Vicente y la Jara). En esta última entrega descenderemos en altitud desde las montañas a las llanuras o mesetas (aunque también aparecen ubicadas en las fisografías más suaves de las primeras), por cuanto aun perviven los sistemas agro-silvo-pastorales mediterráneos sustentables, tales como las Dehesas (ver otros post en donde describimos ciertos aspectos de las mismas, al final de este). En el oeste de España, estas alternan con escasos bosques de perennifolios en los que dominan las especies del género Quercus (tales como encinas, alcornoques y quejigos) con un cortejo minoritario de otros árboles acompañantes. A ellos obviamente hay que añadir los campos de cultivo monoespecíficos, ya sean desarbolados (herbáneas), o basados en especies leñosas (olivares, viñedos, etc.). Si las  lluvias son abundantes a finales de verano y otoño, el paisaje casi retorna al verdor de una primavera húmeda, adquiriendo enorme vistosidad. Este ha sido el caso de 2012. Hablamos de la denominada “otoñada” por los lugareños. La mentada situación climática resultaba ser muy importante, especialmente en los agrosistemas ganaderos. Bajo estas circunstancias, el pasto volvía a reverdecer con vigor favoreciendo la alimentación de los ganados y evitando el uso de otros recursos alimentarios más onerosos. Del mismo modo, las bellotas de las encinas (sus frutos) que caían al suelo, naturalmente o vareadas por los lugareños, resultan ser indispensables para el engorde del ganado porcino destinado a la producción de los embutidos Ibéricos de alta calidad y fama mundial. Más aun, durante esta estación, y especialmente tras abundantes lluvias, deviene la recolección de diversas especies de setas y hongos comestibles. En cualquier caso, como ya os mentamos, esta serie de post es fundamentalmente de naturaleza visual, ya que la otoñada de 2012 ha sido magnífica, como vamos a mostrar. También os ofreceremos alguna imagen de como el hombre con sus repoblaciones forestales, o el éxodo de los campesinos del campo a la ciudad, han degradado una buena parte de estos hermosos paisajes, por cuanto el abandono, en sistemas agro-silvo-pastorales milenariamente antropizados deviene en pérdida de biodiversidad adquiriendo el territorio una fisonomía más árida y descuidada, a la par que susceptible a ser presa de incendios forestales. Esperamos que tal contraste de fe del valor incalculable de esta gestión tradicional campesina, sustentada en el policultivo y usos múltiples de los espacios agrarios.  Debemos reseñar del mismo modo, el todavía debatido origen de las dehesas, que se retrotrae a los albores de los tiempos cuaternarios. Algunos expertos sostienen que durante el neolítico los campesinos aclararon los bosques dando lugar a este tipo de gestión. Por el contario, otros defendemos que posiblemente tales bosques no acaecían de forma natural en las llanuras y mesetas, sino que en su lugar se presentaba un tipo Sabanas Mediterráneas, no muy distintas de las actuales africanas, ricas en manadas de herbívoros y carnívoros salvajes. Las razones para apoyar esta última tesis se sustentan en (i) la enorme biodiversidad de especies y comunidades de pastos de las dehesas (casi equiparable a la de los ambientes subtropicales prístinos) no se puede generar en unos pocos miles de años, y (ii) la geo-arqueología del paisaje y análisis de yacimientos paleontológicos inducen a pensar que, efectivamente, en el Mediterráneo existían las susodichas sabanas. En consecuencia, el ser humado habría llevado a cabo un tránsito gradual de la caza de las manadas de herbívoros salvajes a la ganadería, añadiendo después la agricultura, a la hora de generar los complejos y hermosos sistemas adehesados. Obviamente, por desgracia, tal proceso supuso le extinción de otras especies precedentes, ya fueran herbívoras o carnívoras. Os mostraremos detalles de algunas especies arbóreas acompañantes de los aludidos Quercus. Este es el caso del madroño, cuya singularidad estriba en que durante la otoñada ofrecen sus flores y comestibles frutos simultáneamente.

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La Dehesa da lugar al monte cerrado al incrementar la pendiente. Trujillo camino a la Sierra de Guadalupe, Las Villuercas (Cáceres, España). Foto: Juan José Ibáñez

Del mismo modo, fijaros en los troncos de los alcornoques, tras serle extraída hábil y rápidamente la corteza con la que se fabrica el corcho. Más al sur de esta zona de Extremadura, los alcornoques (de ¡fruto menos apreciado por el ganado que la bellota de la encina!) se pueden observar en masas forestales más densas y puras que en las dehesas, ya que el principal objetivo de las explotaciones se redirige esencialmente a la obtención del corcho (nos encontramos ante la región con mayor producción de este material a nivel mundial). En las siguientes imágenes observaréis principalmente dehesas de encinas y de estas con alcornoques. No sabemos a ciencia cierta la biodiversidad de especies arbóreas que podrán albergar estos espacios geográficos, ya que el hombre, en función de sus necesidades, eliminaba ciertos árboles que les eran menos útiles, para favorecer el crecimiento de otros de los que extraía un mayor provecho. Hablamos de lo que se ha denominado la frutalización del bosque mediterráneo. Finalmente, mentar que en una dehesa bien gestionada, la densidad del arbolado incrementa en las laderas muy inclinadas (evitando la erosión del suelo), aclarándose la espesura de los doseles arbóreos (y como corolario aumentando la del pasto) al dulcificarse las pendientes. En las depresiones dominan los pastos húmedos (vallicares), cambiando la composición arbórea, al aparecer fresnos y otras especies caducifolias. En función de la situación fisiográfica, en las dehesas pueden aparecer suelos del tipo de los Cambisoles, Acrisoles (y una clase no bien caracterizada de Plintosoles, estos últimos sobre las superficies de tipo Raña), Luvisoles (Leptosoles: Rankers), junto a afloramientos rocosos. En las hondonadas más húmedas pueden aparecer subtipos gleycos y Gleysoles.

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La Dehesa con ganado, en este caso bovino, en este caso autóctono. Pto. De San Vicente, Las Villuercas (Cáceres, España). Foto: Juan José Ibáñez.

Pues bien comenzamos a mostraros una serie de doce fotografías en las que podréis comprobar la belleza de estos sistemas con la llegada de las primeras lluvias y fríos, junto a la sordidez de los ecosistemas mal gestionados en enclaves similares.

Juan José Ibáñez

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Paisajes Otoñales de la Montaña Mediterránea (Sierra de Guadalupe, Las Villuercas)

En nuestro post anterior sobre los paisajes otoñales mediterráneos nos adentramos en la Sierra de Gredos. Hoy lo haremos en el sistema montañoso del Macizo de las  Villuercas (Extremadura, España), con especial énfasis en la Sierra de Guadalupe, en cuya capital del municipio, que lleva el mismo nombre, se encuentra el maravilloso Real Monasterio de Santamaría de Guadalupe, con su virgen negra, muy relacionado todo ello aunque indirectamente con el descubrimiento de las Américas. Pero ese es otro tema. Continuamos pues mostrando esos maravillosos paisajes otoñales, enormemente biodiversos, gracias a la gestión tradicional de las sierras mediterráneas. Las culturas de montaña dieron lugar a una ocupación del espacio, enormemente variada y sustentable, basada en el aprovechamiento de diversos cultivos y una cabaña ganadera heterogénea  (cabras, cerdos, ovejas, vacas, y más al sur también toros de lidia). Tales mosaicos de vegetación han sido tradicionalmente muy resistentes a los incendios forestales. Por desgracia, el éxodo de la población campesina hacia las ciudades y zonas industriales, tuvieron como resultado la pérdida de biodiversidad, degradación del suelo, la extinción de muchos pastizales de montaña invadidos a la postre por matorrales y finalmente reforestados con monocultivos de coníferas (pinos). Estos últimos, generaron tanto la monotonía como la incidencia de los incendios. Afortunadamente en ciertos lugares de la Sierra de Gredos, y Guadalupe (Comarcas de La Jara, Ibores y Guadalupe) estos sistemas ancestrales no han sido “excesivamente” alterados por las desdichadas reforestaciones con pinares y eucaliptares, amantes del fuego, como todos sabemos. Viajaremos pues hoy a este enclave, dejando para un último post las áreas de menor altitud en donde surgen en todo su esplendor esos singulares sistemas Ibéricos a los que denominamos dehesas en España y montados en Portugal.  Adelantemos que allí se produce la mayor parte del corcho mundial, al margen de otras maravillas que ya narraremos. Resulta difícil en estos bucólicos paisajes discernir entre la naturaleza salvaje y el aprovechamiento agropecuario. Comparen pues estas estructuras con la monotonía de la agricultura industrial y los reiterados monocultivos de coníferas. ¡Que diferencia! ¿Verdad?. Os mostraremos 15 fotos que espero os deleiten la vista.

Entre las especies arbóreas naturales podemos destacar, sin ser exhaustivos,  encinas, alcornoques, quejigos, roble melojo, madroños, castaños (naturalizados hace miles de años),  enebros, pinos, etc (..) En las riveras de los cauces fluviales y fisiografías que dan lugar al almacenamiento de agua, se ubican otros árboles como  los nogales, olmos, chopos, sauces, alisos, loros, y un largo etc. En esta matriz seminaturalizada se instala una agricultura basada en los aludidos cultivos tradicionales, que además del castaño, incluyen olivares, frutales (principalmente perales), huertas familiares con cultivos varios, etc.. Un poco más abajo, en la reliquia geomorfológica edafológica más antigua de Europa (la Raña y sus extraños suelos a caballo entre los Acrisoles, Luvisoles y Plintosoles, es decir posiblemente inclasificables con las taxonomías actuales de suelos) se están expandiendo los viñedos, dando lugar a vinos de estimable calidad. Todo un mundo que explicar, aunque esta vez nos remitimos a mostrar visualmente tal riqueza, nostalgia de lo que hubo hasta que los urbanita, desde sus ciudades, decidieron en aras del ¿progreso? arruinarlo todo. Todo este colorido territorio aumenta por la gran abundancia de castaños (y antiguamente perales) en el dominio del robledal castellano (melojo, marojo o rebollo). Como detalle, os mostramos un ejemplo de un ejemplar de castaño en un enclave en donde llegan a alcanzar los 700 años de edad, 17 metros de altura y 8 perímetro. Prácticamente su nacimiento se remonta a los tiempos de Cristóbal Colón, que por allí creo que también anduvo. Pues lo dicho espero que disfrutéis.

Juan José Ibáñez

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Bosque mixto mediterráneo de montaña. Foto. Juan José Ibáñez

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Paisajes Otoñales en la Montaña Mediterránea (Sierra de Gredos)

Los ciudadanos en España andamos un tato tristes y taciturnos, preocupados por la actitud de nuestra clase política y la crisis económica que los poderes fácticos generaron.  Si escribo uno de los tradicionales post de opinión de los fines de semana me echan de este sistema de bitácoras. ¡Eso seguro!. En cualquier caso, existe ya demasiada indignación en Internet como para seguir abundando en el tema y aburrir a la postre a nuestros lectores latinoamericanos. En consecuencia, durante las próximas tres entregas, expondré fotos de los increíbles paisajes otoñales de la montaña mediterránea del centro y oeste de la Península Ibérica. Tras una larga sequía de dos años, durante octubre y noviembre de 2012 ha caído lluvia en abundancia. Bajo estas condiciones, los paisajes otoñales se me antojan sublimes y en consonancia con la tristeza que muchos ciudadanos padecemos en estos tiempos de crisis. Hoy mostraremos seis imágenes que ilustran tal belleza en la carretera que va desde Arenas de San Pedro a Guisando. Durante el otoño los árboles perennifolios mantienen sus hojas mientras los caducifolios las deprenden lánguidamente, dando lugar durante su marchitez a un bucólico mosaico con un variopinto juego de colores. Se trata de la Sierra de Gredos, un parque nacional, en la Provincia de Ávila. Espero y deseo que al menos alguno, disfrutéis con las imágenes y sus leyendas. Una lástima no poderlas añadir tal cual, sino degradadas para que no se cargue el sistema, ralentizándose la conexión a los ciudadanos que no disponen de banda ancha.  Todas ellas han sido fotografiadas por este impresentable administrador en noviembre de este año del señor. ¡Amen! La próxima semana nos iremos a la Sierra de Guadalupe, en las Hurdes, Extremadura. Las imágenes serán aun más espectaculares, os lo prometo.

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Ladera cubierta por pinos, huertos con arboles frutales, olivares y bosques caducifolios de rivera. Al fondo, entre las nubes comienzan a vislumbrarse pequeños bosquetes del roble castellano o melojo. Foto. Juan José Ibáñez

Por lo que respecto a los suelos de la zona, dominan los Rankers, Cambisoles sobre derrubios coluviales y afloramientos rocosos, preservándose en algunos enclaves suelos con horizontes argílicos. Todos ellos atesoran considerables cantidades de materia orgánica, pH moderadamente ácido y una relativa pobreza en nutrientes.

Al otro margen de la carretera, en donde abundaban antaño los pinares, la masa forestal fue pasto de las llamas hace más de diez años. Hoy el paisaje se recupera, debido a que la precipitación de la zona supera los 1.000 mm anuales. No obstante la talla del bosque es escasa, contratando su monotonía con las imágenes que os mostramos hoy en su estructura mosaicista típica de estos ambientes. El sempiterno problema de las repoblaciones forestales con monocultivos de coníferas.  La antigua vegetación potencial consistía del roble castellano (melojo o rebollo), hoy prácticamente devorada por los susodichos pinares.

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Agua de Lluvia atrapada en tela de araña. Foto. Juan José Ibáñez

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