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Fases de La Colonización Humana de las Américas y las Especies Invasoras

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La mayor especie invasora en Suramérica. Fuente: Colaje Google imágenes

 La noticia de la que vamos a hablar hoy lleva el pasmoso título de: “ Early humans colonized South America like an invasive species”, que traducido del suajili al español castellano vendría a decir: Los primeros humanos que colonizaron América del Sur se comportaron como  una especie invasora o exótica. Debo suponer que algún ingenuo ciudadano que aún se resista a creer que los seres humanos no somos animales se habrá quedado aterrado. Hasta donde mi limitada mente alcanza a entrever, el hombre es un animal, algunos dicen que racional, aunque en mi opinión, si hablamos de especie, se trata de una conjetura que aún permanece por ser demostrada. Hemos invadido toda la tierra emergida y diezmado su biosfera, so pena de descapitalizar su futuro. Sin embargo ese es otro tema de mayor calado. Si como animales, racionales o irracionales, arribamos a otros territorios inhabitados y explotamos sus recursos prístinos, ¿Cómo debería apelársenos?. Pues simple y llanamente como una especie invasora, y si hacemos caso de las evidencias arqueológicas y paleoecologícas de la peor calaña. Resulta palmario que al autor o plumillas, al que se le escurrió el título” cabria llamarle ser humano pero calificarle de racional sería un exceso…… ¿No se encuentra repleta la historia de la humanidad de frases de la siguiente guisa: el pueblo X invadió al pueblo Y?. Otra cuestión deviene de reemplazar sibilinamente invadir por colonizar, o si usted es muy religioso, “evangelizar, cristianiza”, apostolizar”, (digamos pues “domesticar”) etc. etc. Un eufemismo detrás de otro.  ¡basura!.

 Seguidamente, la nota de prensa afirma que la invasión humana de las Américas ha sido distinta de la de Norteamérica, Europa o Australia ¿¿??. Aquí cabría recordar que aún desconocemos exactamente como se llevaron a cabo tales “evangelizaciones”. ¿Más madera a la hoguera!?.

 Eso sí, de ser ciertas otras conclusiones, la investigación atesoraría información de interés, si bien debemos recordar que sobre este asunto la comunidad científica aún sigue debatiendo con el ardor de los “invasores” más fieros y aguerridos, por lo que debemos sopesar los datos con suma prudencia. Los autores del estudio afirman que América del Sur (desconozco si incluyen Mesoamérica y el Caribe) tuvo la gran fortuna de ser “amaestrada”  en dos fases. La primera acaeció, hace 14.000 años, mientras que la segunda hará unos 5.500. En el primer “alunizaje”, aun en plena glaciación, aquellos animales racio/irracionales ocuparon numerosos nichos, y a falta de competencia, su población creció rápida y dramáticamente por todo el continente.  Seguidamente, la noticia nos informa de que, “como especie invasiva”, terminaron siendo víctimas de su propio éxito a consecuencia de la sobreexplotación de los recursos disponibles a su alcance y tecnología (léase rapiña). Y este hecho es el que estos sesudos investigadores denominan “comportamiento típico de especies invasivas”. Menos mal que otros organismos vivos fueron más salvajes que racionales, ya que gracias a ello, las repercusiones en la biosfera resultaron ser a menudo bastante más benevolentes que las derivadas de nuestras acciones.

 La segunda oleada humana acaeció entre los 5.500 y 2.000 años, a la que siguió otro crecimiento exponencial de la población, como resultado de la transición/reemplazo de las culturas cazadoras recolectoras previas, es decir paleolíticas, por otras agricultoras, y por lo tanto neolíticas.  Debería hablar se pues de “domesticación”, que no de invasión¿?. Obviamente no puede esta vez argumentarse nada apelando al uso de especie invasiva, por cuanto ya había seres humanos en el continente. Ahora bien, si las razas humanas las equiparamos a variedades pues…..”Iberoamérica fue atacada por una nueva “variedad invasora de humanos”.  Se trató pues de un simple “apostolado”, de una agricultura masiva (que debió afectar a grandes extensiones), a los que los autores llaman intensiva (que en términos rigurosos sería indefendible). Empero también hablan de comercio entre los moradores de unos asentamientos y otros. ¿Afecto tal repolitización a lo que hoy denominamos selvas vírgenes?. Como hemos mostrado en otro post, investigadores brasileños, en un trabajo mucho más rico en contenido, parecen constatar que así fue. Por lo tanto algunos esgrimirán que el Antropoceno llegó a las Américas por aquellas fechas.

Finalmente, los autores se preguntan hasta que punto la capacidad de carga humana que puede albergar de un territorio, pudo sobrepasarse con las tecnologías que usaban, y su relación con las sociedades contemporáneas.  En fin, prefiero no entrar en esta materia.

 Resumiendo, si ha habido una especie invasiva en este planeta más devastadora que el ser humano habrá que demostrarlo. Simplemente, bajo el lema de moda de las especies invasivas se vende mejor una noticia que aclarando sencillamente que, según los estudios de estos investigadores, se produjeron dos fases en la “culturización” del paisaje latinoamericano por el hombre” (léase degradación de la naturaleza), una llevada a cabo por culturas paleolíticas y otras por neolíticas. De ser cierto, resulta ser un dato interesante, que no tiene nada que ver, ni con el título, ni con el “presunto”  contenido novedoso y ¿probado? de los hallazgos que defiende la noticia.

 En mi opinión, muy personal, hoy la comunidad científica parece que, tras realizar un estudio, primero piensa y repiensa un título impactante y luego redacta un  paper que llame la atención de los periodistas, algo que se me antoja tan espurio como deplorable. ¿Sera mejor tener ocurrencias que ser un científico con mayúsculas?. Por lo que leo en estas y otras noticias, yo diría que así es.

 Por cierto la siguiente fase ya se encuentra en marcha, aunque no se percataran los autores. Hablamos de la abducción por la globalización que afecta a todos los moradores de este planeta. ¿Escribo un paper?; igual hasta cuela en una revista de campanillas, ya que lo que leo…… Empero, no se trata de emular a estos “comerciales”. Prefiero seguir llevando a cabo mi carrera como científico. Os dejo pues con esta exótica noticia…….

 Juan José Ibáñez

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La Agricultura en Europa y sus Inciertos Orígenes

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Paleolítico y neolítico a la orillita del mar . Colaje Google imágenes

En Europa, aún no sabemos a ciencia cierta cómo se produjo la llegada de la agricultura en el neolíticoque remplazó las prácticas paleolíticas y mesolíticas que la antecedieron. Hoy os mostramos tres noticias para que reflexionéis sobre ello. En la primera (8.000 años de evolución escritos en el genoma de los europeos) se nos informa que desde Anatolia pasó a las estepas y de allí al resto de Europa. Pero digamos de paso que se basa esencialmente en los estudios  realizados sobre restos humanos. En  cualquier caso, se defiende que llego al sur de Europa desde el norte de este continente. Sin embargo, la segunda noticia que recojo del resumen de un interesante trabajo (The Mesolithic–Neolithic transition in southern Iberia), sugiere que, al menos en la costa mediterránea llegó por el sur desde África, y posiblemente vía marítima. No obstante, estos últimos autores reconocen que en el norte de la Península Ibérica sí que debió  entrar por los Pirineos, es decir mediante transporte terrestre, pero no ocurrió lo mismo en la región meridional. Cabe señalar que en este caso los autores no trabajaron con restos humanos directamente, sino principalmente con informaciones arqueológicas y paleoecológicas. La tercera noticia, también recogida del resumen de un artículo científico, tan solo pretende señalar que algunos cambios ambientales que se produjeron en el sur de Europa durante y después de aquel evento (Holocene environmental change in a montane region of southern Europe with a long history of human settlement). Por lo tanto, al margen de otras posibilidades, es decir que llegara de los pueblos aborígenes de América por avión (ya tenemos las tres hipótesis muy dispares, eludiendo el espinoso tema de si puedo ser importada al Planeta Tierra de otros mundos extraterrestres en vehículos espaciales), lo que parece quedar claro, es que “a ciencia cierta” no lo sabemos. Todo depende del tipo de expertos (según disciplinas) y  lo que logran extraer de sus objetos de estudio.

En otros artículos he leído aún más de los traumáticos cambios alimentarios que sufrieron aquellos humanos al pasar de una dieta animal y recolectora a otra posiblemente vegetal sustentada fundamentalmente en el consumo de gramíneas. Ahora bien, las razones esgrimidas en la primera nota (que podremos leer abajo), a cerca del origen de  las diferencias anatómicas, carecerían de mucho sentido si realmente el escenario que acaeció se pareciera más al conjeturado en la segunda nota de prensa: que la agricultura arribara al sur del Mediterráneo desde el Magreb, por cuanto las diferencias anatómicas y raciales generadas por la adaptación a los hábitats y alimentos entre el norte y el sur de Europa son conspicuas y palmarias. En este sentido cabe citar que en al artículo en el que se defiende la hipótesis magrebí se habla de investigaciones previas en las que se constatan en que los pueblos europeos ribereños del sureño “mare nostrum” se detectaban en los humanos rastros genéticos de origen norteafricano. Tal hecho parece haber sucedido tanto al este como al oeste, o al menos desde Grecia a Iberia.

Más aun diversas publicaciones avalan que entre el Mesolítico y el Neolítico estudiados en el Mediterráneo, existe un hiato carente de información tras el cual súbitamente surgen las evidencias de prácticas agrarias. Y al parecer fueron más o menos simultáneas en las orillas de ambos continentes (África y Europa).

Las informaciones paleoecológicas, arqueológicas y genéticas hablan de pueblos mesolíticos que vivían a la orilla del mar y en cuya alimentación los productos pesqueros y el marisqueo conformaban una parte importante de sus ingestas, si bien consumían perros, y otros ganados cuyas especies sobreviven actualmente domesticadas.

Cuando desde el litoral de dos continentes, separados por unas pocas decenas de kilómetros, se salía de pesca, lo lógico es que contactaran, así de que de una forma y otra (a veces por las buenas, otras por las malas) debió existir  un intercambio cultural y genético. Este último hecho podría ser la causa de muchas de las diferencias morfológicas detectadas en la primera noticia y atribuidas a otros mecanismos. Empero durante mucho tiempo se negó tal posibilidad.,como os mostré en el post que hace referencia al dilema de los huevos de avestruz.

de Como profano en la materia, me resulta difícil entender, el aparente desconocimiento de la literatura científica por expertos de reconocido prestigio y en un tema tan debatido como este. También pudiera tratarse , o bien un posible desdén de unos científicos respecto a los hallazgos detectados por los otros. Sin embargo, que la cultura paleolítica cruzó los mares hasta llegar a Australia, hace más de 40.000 años, no necesita ya ser demostrado, como apuntamos en los siguientes post, entre otros: Extinción de la Megafauna de Australia y sus Repercusiones Clima, Suelos y Ecosistemas y La Gran Extinción de la Megafauna Terrestre: Australia.

Por conjeturar que no quede, y aquí lanzo la mía: posiblemente el intercambio cultural y genético fue constante a ambos lados del mar Mediterráneo durante miles y miles de años, como no dudo que ocurrió también entre los antiguos pobladores europeos y asiáticos. Reconozco que soy un ignorante, pero esto es lo que me dicta el sentido común. No obstante no soy el único que atesora esta opinión, como podréis observar preguntado a mi amigo Torcuato, el avestruz. De hecho, tenemos sobradas evidencias de que estos contactos sureños volvieron a acaecer posteriormente: La Desertificación del Sahara, El Neolítico en el Mediterráneo. Y como mínimo en tiempos históricos todos sabemos la ¿breve impronta? de la cultura musulmana en la Península. Seguramente los intercambios fueron numerosos en un pasado más remoto. En cualquier caso, una homogeneización posterior borró aparentemente las huellas, si bien todo apunta a que las culturas neolíticas procedentes de Magreb eran más sofisticadas que las que nos llovieron desde el norte. Cuando los que ostentan las tecnologías más sofisticadas son borrados del mapa por los que usan otras menos sofisticadas y productivas, ya puede inferirse lo acaecido: los norteños ganaron  a los sureños, ya fuera por la fuerza o por las epidemias que albergaban en su interior los norteños, como caballos de Troya.  ¿Amigos y Revueltos a lo largo de la historia?. Pues va a ser que sí.

Lo que realmente me preocupa es que tras enfrentarse dos hipótesis rivales, en lugar de debatir, los defensores se ignoren. ¿No se tiene tiempo para debatir?. ¡Claro, ya entiendo!: nos pasamos todo el tiempo pensando en publicar papers, y no queda ni un momento libre para que este tipo de discusiones. ¿Otra muestra de los extravagantes derroteros que sigue la indagación científica actualmente?.  

Juan José Ibáñez  

Vemos pues las  tres noticias…….

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El Hombre Paleolítico y la Transformación de la Biosfera y Edafosfera

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Gran Extinción de la Megafauna Holocena por el Hombre Paleolítico. Fuente: Ancient Origins

En post precedentes, cuyo listado tenéis al final de este, os hemos venido narrando como el Homo Sapiens paleolítico  resultó ser un arma de extinción masiva. También os comenté que hace unos quince o veinte años leí por primera vez un libro que me abrió los ojos. No recuerdo en donde está ahora, para mi desgracia, por lo que no puedo ofreceros la referencia, lo cual lamento (no obstante estaba escrito en suajili). Su lectura me hizo reflexionar acerca del papel de los cambios climáticos y del ser humano en la historia de la tierra reciente. Desde entonces han sido mayoría los científicos que han atribuido al clima la extinción de la magafauna del pasado, demostrando que es mejor vender un “paper” bajo el paraguas de un tema de moda que dedicarse a leer y reflexionar, para clarificar las ideas sobre el asunto a tratar. Un investigador iletrado no deja de ser más que un experto analfabeto. Pero lo importante para muchos colegas es publicar, más que aportar un granito de arena al progreso de la disciplina en la que trabaja.

Aquel tema quedó grabado en mi mente, pero como no soy experto en tales materias, tan solo lo recordaba de vez en cuando. Sin embargo, por casualidad, en 2014 cayó en mis manos el libro de divulgación que os he comentado de Tim Flannery y que lleva por título “Aquí en la Tierra”. Tras comenzar su lectura pronto me di cuenta que ya hace más de dos décadas teníamos las suficientes evidencias científicas como para no seguir echando al clima, la responsabilidad de las acciones de nuestros antepasados.  ¿Qué aportaba de novedad pues el libro de Tim?. En lo esencial nada. Ahora bien, desde entonces la paleontología ha ido descubriendo, con sus excavaciones más y más yacimientos, mientras que las técnicas de datación nos aportan una mayor exactitud temporal en lo que respecta a lo acaecido en el pasado. En consecuencia uno puede rememorar virtualmente un paisaje mental más claro y preciso: El hombre paleolítico fue una bestia que transformó buena parte de la biosfera, mientras que los llamamientos de sus descendientes, es decir nosotros, para atribuirnos los méritos de los abuelos resulta ser más que dudoso, por no hablar de un pavoroso y fraudulento mérito. Ellos se ganaron el éxito y debiera ser  ser reconocidos como los “firts one”, a base de un diabólico tesón y empeño. Ya sabéis que nos referimos a las consabidas sexta extinción, el Antropoceno y la más novedosa defaunación (el exterminio de los animales de gran tamaño). Eso sí, si utilizamos los tres palabros de moda en un paper o una nota de prensa, tanto mejor. Empero la verdad es que la atribuir todos los ¿méritos? de tal cataclismo ecológico a las sociedades industriales resulta ser rotundamente falso. Tan solo hemos continuado el trabajo iniciado por nuestros entrañables parientes del pasado. ¡Nada más!.

Con vistas a devastar parte de la biosfera, decapitando la megafauna de los ecosistemas, el Homo sapiens no sapiens, no necesito de ninguna tecnología, que fuera más allá de lanzas, arcos y flechas con puntas líticas (de piedra). Por lo tanto, nuestra innata insensatez, como arma de destrucción masiva se encuentra en la mente, que no en su tecnología. Por supuesto hablamos de tierra firme, que no de los océanos. En este último caso, los humanos bípedos actuales sí han demostrado una eficacia muy superior. ¿En algo hemos mejorado?.

Por mucho que persistamos en debates espurios, laa evidencias son contumaces. A penas ponían los humanos ancestros paleolíticos los pies en tierra virgen, arrasaban su megafauna. Y aquí ni tan siquiera resulta necesario aplicar la navaja de Ockham, que suelen recomendar los filósofos de la ciencia: en cualquier controversia, a igualdad de pruebas: la hipótesis más sencilla es la que debe aceptarse. No existe evidencia alguna de la implicación del cambio climático en los procesos de defaunación, ya que las extinciones a las que nos hemos referido (ver relación al final de este post) son asincrónicas, mientras que la relación entre las exploraciones paleolíticas y la masacre de la megafauna prácticamente simultáneas. Al  comentar a algunos colegas y amigos mis reflexiones, no han sido pocos los que inmediatamente han creído encontrar una contrarréplica o refutación. ¿Y las sabanas africanas actuales?. Una vez más debo insistir en que el ser humano moderno surgió de África, por lo que  sus grandes mamíferos y otros bichos se percataron inmediatamente de nuestro  irracional comportamiento e intenciones, tomando contramedidas vía evolución biológica.  Sin embargo, en los restantes continentes y archipiélagos, sus habitantes no nos conocían, por lo que no se encontraban preparados para defenderse. Tim lo explica  con rotundidad al contarnos las narraciones de los navegantes del siglo XVIII que tuvieron la ocasión de pisar, por primera vez, algunas islas que se les habían escapado a nuestros abuelos, miles de años antes. Los primeros Homo termonators que saliendo del continente africano decidieron o se vieron obligados a explorar nuevas terra incognita. Justamente buscando material para elaborar este post me he encontrado con una nota de prensa rescatada seis días antes y mostrada en la página Web Ancient Origins, que os muestro abajo con vistas a que constatéis que las tesis aquí defendidas comienzan a ser aceptadas por parte de la comunidad científica.  No soy ningún demente radical. ¡Lo son otros!.

Por lo que sabemos hasta ahora, los neandertales sí que supieron aprovechar la caza de grandes animales sin llevarlos hasta la extinción o, como mínimo fueron menos devastadores que nosotros. De ser así, de confirmarse este hecho, me veo obligado a pensar que el nacimiento de los conscientes/inconscientes humanos modernos fue uno de esos gatillazos o errores que se producen en la evolución, algo que nunca debió medrar por el bien de la biosferas. Sin embargo, también desconocemos si ya los primeros Homo sapiens demostraron ser seres tan despiadados, o alguna insidiosa mutación, acaecida en su trayectoria evolutiva, terminó por hacernos como somos, el tipo de virus que se describe en Matrix.

Supongo que algunos de vosotros pensareis: ¡Vale Juanjo, no te pases! ¿Y qué decir de otras formas de vida?. ¿También fueron las culturas cazadores recolectoras más bestias que nosotros?. ¡De acuerdo!, entre bestias anda el juego, aunque utilicemos paradójicamente tal calificativo a la hora de mentar a las criaturas que exterminamos. Sin embargo, existe otro elemento en esta ecuación que no puede soslayarse. Hablo del impacto creado al truncar la cadena trófica, o en este paso mejor decir la pirámide trófica, en sus eslabones superiores. Efectivamente, en esta absurda competición logramos encaramarnos hasta la cima: ¡Hemos vencido!. Las evidencias científicas encontradas hasta la fecha muestran con contundencia que al exterminar los grandes mamíferos, colapsamos los ecosistemas, por lo que los paisajes primigenios colapsaron para dar lugar a otros nuevos, muy diferentes. Mientras en Australia aunque también en el SE asiático, polinesia s.l.: polinesia, micronesia, melanesia) hace decenas de miles de años, acarreamos una intensa desertificación, (al menos en el continente mentado) paradójicamente, y en plena glaciación, las productivas estepas del mamut fueron dando paso a las escasamente consumibles tundras actuales. ¡Un hecho contraintuitivo si tan solo se considera el clima! Y así, si en el primer caso ocasionamos una enorme emisión de CO2 a la atmósfera, en el segundo lo secuestramos en el suelo. Sin embargo, desde un punto de vista edafológico, todos ellos, que gozaban de suelos fértiles, los convertimos en infértiles. Lo que ya os narramos en mis últimos post sobre este tema (ver relación al final de éste) corrobora una vez más mi tesis de que lo que existía, por ejemplo en la Península Ibérica, o al menos abundaba, eran Sabanas mediterráneas, relegando los bosques a las zonas montañosas. Pero sigamos (…)

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La Gran Extinción de la Megafauna Terrestre: Australia

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Megafauna Australiana antes de la llegada del hombre. Fuente: The Dragon’s Tales

Aquí en la Tierra: Argumentos sobre la esperanzaes un libro que ya os he recomendado en otros post (1,2). Como os comenté, existen dos aspectos que me gustan sobre la narración que hace Tim Flannery acerca de la historia de la Tierra. La primera estriba en que abunda acerca del papel de los suelos mientras que en otros libros de la misma guisa  lo soslayan por completo. La segunda reside en su insistencia sobre la fuerza motora de la cooperación en la evolución de la vida, en lugar de reiterar en consabido y feroz discurso neodarvinista: “el pez grande se come el chico”. En su capítulo 9 (Nuevos Mundos) narra brevemente la invasión humana del continente australiano, decenas de miles de años antes de que lo hicieran los Europeos, mostrado las evidencias arqueológicas que justifican la tesis que os mostramos en nuestro post sobre la extinción de la megafauna terrestre  y la inconsistencia de que, de aceptarse el Antropoceno, este comenzara en tiempos históricos, por cuanto fue el ser humano paleolítico el que produjo la gran extinción de los grandes mamíferos. Para desgracia de los que hablan ahora de defaunación,  el hombre moderno, tan solo ha conducido a la desaparición de una parte de la megafauna que resistió aquella enorme masacre global.  Si “el ser humano actual verdaderamente desencadena la sexta extinción masiva del planeta”, desde luego esta no ataña a estos animales mayores de sesenta kilos, por lo que el origen del  Antropoceno y su compañera, la aludida extinción debe seguir debatiéndose en base a evidencias científicas y no bajo el escabroso  deseo de hacernos creer que las sociedades modernas son tan poderosas como para cambiar la faz del Planeta Tierra, al contrario que nuestros ancestros. No es necesario recurrir a la tecnología contemporánea con vistas a demostrar que el hombre ha resultado ser un arma de destrucción masiva en la Biosfera desde hace mucho tiempo.  Ya nuestros antepasados paleolíticos, al eliminar la Megafauna cambiaron la faz de los continentes y de la propia edafosfera, ya que sin aquellos gigantones los ecosistemas debieron volver auto-organizarse dando lugar a paisajes muy diferentes y ensamblajes de especies radicalmente distintas. Tim narra varios ejemplos siendo uno de ellos el caso del continente australiano, en donde él habita. Escasos miles de años después de abandonar su tierra natal africana, parte de los humanos portadores de la variación en un determinado gen, iniciaron un éxodo que alcanzó gran parte del globo, aunque aún faltan muchas piezas del puzle como para ser contundentes en las afirmaciones que hacemos. Según nos narra Tim, por aquella época el continente australiano debía asemejarse, en muchos sentidos a las sabanas africanas.

En este post mostraremos lo acaecido antes y después de la llegada de los primeros humanos, que transformaron por completo los paisajes australianos primigenios y sus suelos, como analizaremos en otro post que seguirá a este.  Según Amaya Gorostiza y Antonio González-Martín: (….)

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Extinción de la Megafauna de Australia y sus Repercusiones Clima, Suelos y Ecosistemas

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Gran Extinción de la Megafauna por los cazadores Neolíticos. Fuente Telegraph

Como ya os comentamos en un post anterior, hace aproximadamente 45.000 años, la llegada de ciertas culturas paleolíticas al continente australiano tuvo como resultado que en un plazo de pocos miles de años se exterminara una gran parte de su megafauna generando una enorme pérdida de biodiversidad  que afectó a más de sesenta especies gigantes y una plétora de criaturas de menores dimensiones. Como señala Tim Flannery en su maravilloso libro “Aquí en la Tierra: Argumentos sobre la esperanza” en aquellas extensas tierras,  no quedó un animal de dimensiones mayores que el canguro rojo. Todo ocurrió tan rápidamente que ha sido denominada  una extinción-relámpago, y posiblemente pudo acaecer en el transcurso de unos pocos siglos. Dicho evento obligó a una gran reorganización de los ecosistemas, así como de los paisajes de los que formaban parte. La carencia de grandes herbívoros, tales como los marsupiales gigantes, al dejar de consumir pastos, dio lugar al desarrollo de una vegetación que resultó ser fácil presa de los fuegos. Y así los estiércoles de aquellos rebaños dejaron de fertilizar los suelos, descendiendo el secuestro de carbono, la retención de agua por los suelos y aumentando la temperatura superficial de los mismos. Como muchos de vosotros sabéis, las cenizas no son un buen sustituto de las enmiendas orgánicas y/o deposiciones de la fauna, cuando abundan en grandes cantidades. Del mismo modo, la frecuencia de los incendios desencadenó que parte de la cobertura vegetal desapareciera temporalmente, propiciando la pérdida de suelos por erosión. Se calcula que la productividad de aquellos ecosistemas pudiera haber descendido entre 10 y 100 veces, aunque se trata de conjeturas, y tales cifras se me antojan un tanto desproporcionadas.  Tal desolación ecosistémica, que iba en detrimento de lo que hoy se denomina calidad del suelo, trasformó su edafosfera, que paso de secuestrar a emitir carbono a la atmósfera 

Australia,a pesar de ser el continente de menor tamaño, no deja de ser un espacio geográfico enorme, de casi 8 millones de Km2, por lo que cabe pensar que tal mutación de la vegetación no acarrearía graves cambios climáticos a escala global, aunque plausiblemente si ocurrió a nivel regional. Flannery nos informa de que con anterioridad a la llegada de aquellos paleolíticos todo el norte del conteniente se encontraba cubierto de un tipo de selva tropical, posiblemente de hoja caduca, como consecuencia a la xericidad invernal, hecho que también ocurre en otras zonas tropicales del Planeta. Tales extensiones debieron, como actualmente es el caso de la Cuenca Amazónica, inducir una gran cantidad de lluvia conectiva al  expulsar a la atmósfera, mediante su evaporación, ingentes cantidades del agua almacenada en el suelo y cuerpos lacustres, al margen de la propia transpiración de las plantas. En consecuencia, el clima se tornó más árido, secándose numerosas zonas húmedas (lagos, lagunas y algunos ríos).   Por lo tanto, la aridez actual que domina buena parte del territorio australiano no parece ser natural, sino inducida por el impacto humano de unos “modestos” cazadores-recolectores.

Vemos pues como la Tierra, en los últimos milenios, muta por la acción antrópica, sin necesidad de apelar a las repercusiones de la tecnología actual. Si el caso de Australia y gran parte los archipiélagos polinesios y melanesios hubieran sido eventos puntuales, podría argumentarse que la alteración de la biosfera por la acción de las culturas paleolíticas fue importante aunque no traumática a escala global.  Sin embargo no es así. En próximos post os mostraremos que todo el norte de Laurasia también fue arrasado por la misma causa. El hombre paleolítico, con su caza, trasformó la estepa del Mamut en la yerma tundra que vemos actualmente, existiendo posiblemente otros eventos de enorme magnitud aun por identificar (o que yo omito por pura ignorancia) en otros lares. Resumiendo, las evidencias disponibles apuntan a que Australia no es árida “por naturaleza (o al menos como actualmente ocurre) sino que unos modestos cazadores-recolectores conformaron sus climas, vegetación y suelos, antaño más húmedos y productivos, hasta su estado actual. Si queréis saber más, en plan divulgativo, os tenemos que recordar de nuevo que acudáis a Tim Flannery y su monografía “Aquí en la Tierra” ya que expone muchos más ejemplos de la devastación paleolítica de la biosfera, que aprecedió a la revolución agraria Neolítica, a la que actualmente achacamos de muchos de los males de la humanidad.

Juan José Ibáñez

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