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El día que cuatro bombas atómicas cayeron en los suelos y aguas del sureste español (El Amigo Americano)

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Fotos: Greenpeace, El País, forocoches  y “Manuel Fraga y el embajador de EEUU en España disfrutando de un baño ¿radioactivo? en Palomares” Fuente: Que.es!

Yo tenía alrededor de los once años cuando  a las “10.22 horas del 17 de enero de 1966”, cuatro bombas termo-nucleares cayeron en la provincia de Almería en el SE de España. En ese preciso momento un bombardero B-52 de las fuerzas norteamericanas, armado con estos juguetitos, 75 veces más potentes que las que lanzaron en Hiroshima (segunda guerra mundial), y un avión cisterna KC-135 chocaron en pleno vuelo durante una maniobra para el suministro de combustible. Tan solo recuerdo como en la Televisión Española se visionó a un ministro español y al embajador norteamericano bañándose en la playa para demostrar que no había ocurrido nada. ¡Falso, rotundamente falso!. Desde entonces tanto a la opinión pública española, como a la internacional se le hurtó cualquier información de lo acaecido. Os lo vamos a contar hoy, utilizando dos noticias de los rotativos Público y el País, así como alguna otra información adicional. Por zaquel entonces, bajo la dictadura fascista, cualquier información era censurada, mientras que las investigaciones llevadas a cabo estaban sujetas a un estricto “top secret”.

 Se puede alegar que fue casi un milagro que no ocurriese una tragedia de enorme magnitud. Empero en aquellos lares decenas de miles de metros cúbicos de suelos contaminadas por plutonio aún permanecen enterrados bajo unos pocos centímetros de tierra acarreados por los militares yanquis, de origen africano y latino ¿sin comentarios). En racismo seguía (¿sigue?) siendo el mismo que cuando EE.UU. declaró la Guerra a España en Cuba después de montar la pantomima del hundimiento del acorazado USS Maine en el Puerto de la Habana, 1898. Curiosamente en aquel navío tan solo permanecía esencialmente personal afroamericano en el trágico momento.

De aquellas cuatro bombas atómicas una calló en el mar y “dicen” que fue recuperada intacta, como otra que fue a impactar en el lecho que bordea el  río Almanzora, que por las condiciones blandas del terreno, retuvo afortunadamente su “inocua” carga intacta.

Otra de las bombas, fue localizada al oeste de Palomares, en un cerro desértico. Su impacto produjo un cráter de seis metros de diámetro y dos de profundidad, mientras que sus restos se esparcieron hasta 90 metros de distancia. Parte del combustible nuclear se dispersó por la zona. Otra de las cuatro golosinas fue a parar al casco urbano del pueblo de Palomares. Milagrosamente de nuevo, nadie murió mientras trozos del avión que acompañaban el caramelo envenenado llovían con ruidoso y fulgurante resplandor, como podréis leer en parte de las noticas de prensa que abajo os reproducimos.  En este caso, como en otro de los anteriores tan solo estalló, el explosivo convencional. Sin embargo, también se produjo una fuga de plutonio. La cuarta que fue a amerizar en las aguas del litoral produciéndose otra nueva fuga del mismo elemento radioactivo. Ambos gobiernos negaban casi todo y no entraremos en más detalles, ya que podéis leerlo en las notas de prensa que abajo os reproducimos. El antiguo imperio español, bajo el yugo del franquismo, era ya un fiel lacayo, por no decir perrito faldero, del emergente y poderoso Imperio Americano.  Y desde entonces poco se ha sabido (…..). La fuga radioactiva de la bombita de Palomares tuvo necesariamente que afectar a los suelos, cultivos y población “de alguna forma” (obviamente no muy grave), aunque la versión oficial ha negado cualquier repercusión hasta hace poco tiempo.  De no ser así, ¿Por qué se desplegaron más de mil soldados yanquis para enterrar las evidencias bajo toneladas de suelo y regolito, junto con el material para realizar tales tareas?

Hace unos diez o doce años, me encontraba en el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, versión moderna de la antigua Junta de Energía Nuclear española, en el tribunal de una oposición cuando me encontré con una antigua amiga, a la que habían encargado parte de un estudio sobre la contaminación radioactiva de los suelos de Palomares. Me comentó la tarea, obviamente sin decir nada más (secreto del sumario), pero haciendo un gesto con la mano que equivaldría a  un “el tema es muy, pero que muy serio”. Ya fuera por pleitesía hacia el amigo americano, o mejor decir hacia el americano impasible), ya por la incapacidad de los sucesivos gobiernos  españoles para hacer cumplir con sus responsabilidades a EE.UU, hasta finales de 2015 no se ha llegado a un acuerdo para que estos último se lleven tales ingentes cantidades de tierras, “dicen” que a su país de ensueño (“disneyland“). La operación  supondrá unos 640 millones de euros (ver más información abajo), aunque “según algunos periodistas y expertos”, el acuerdo alcanzado entre ambos gobiernos adolece de bastantes lagunas. ¡Medio siglo; 50 años!, se han tardado en desclasificar los documentos secretos y que los ciudadanos conozcan, “al menos, parte de la verdad” de lo realmente acaecido. Recientemente se ha publicado el libro La historia secreta de las bombas de Palomares, en el cual dicen que se explica lo ocurrido. Yo personalmente considero que en estas situaciones la verdad genuina no se sabrá nunca, aunque algo es algo.

Abajo os dejo parte de ambas notas de prensa, aunque os recomiendo que las leáis  enteras en los periódicos mentados, ya que tan solo he reproducido parte del contenido de los mismos. Accidentes como los de Three Mile Island, ChernóbilFukushima, son solo algunos de los casos que conocemos, pero ha habido mucho más de los que creemos, como me han corroborado colegas cuyos países, durante la guerra fría, se encontraban al otro lado del telón de acero.  En este sentido os recuerdo un desgraciado evento que ya mencioné en una ocasión. Ciertas parejas españolas (como supongo que también ha podido acaecer en más países) adaptaron hijos de alguno de aquellos países comunistas, y  poco después de arribar a España para disfrutar de una vida mejor, comenzaron a desarrollar enfermedades producidas por contaminaciones radioactivas adquiridas en sus lugares de nacimiento.

Resulta palmario que nadie puede evitar este tipo de situaciones inesperadas. Algunos de vosotros pensaréis que actualmente se han tomado medidas y mejorado las tecnologías. En un post que comienzo a redactar ahora os mostraré que no es así, si bien en esta ocasión la “cruzada” resulta tan increíble como hilarante. Y como ya ha trascurrido un tiempo prudencial desde el accidente de  Fukushima, en un mundo que busca energías alternativas a los combustibles fósiles debido al calentamiento climático, el lobby nuclear pronto volverá a presionar para que todos consideremos que sigue siendo una alternativa, con nuevos reactores más seguros y bla, bla, bla. Empero por todo lo que he leído y visto a lo largo de la vida, nos volveremos a topar con la Ley de Murphy («Si algo puede salir mal, saldrá mal»). Por lo tanto…….

Juan José Ibáñez

Os dejo con las noticias aludidas…….

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