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Inventario y Monitorización de Suelos Contaminados y su Relevancia para la Salud

Conocer los contenidos de compuestos potencialmente dañinos para la salud en los suelos de un país resulta ser una información muy valiosa con vistas a  gestionar los suelos agrícolas, pastorales y forestales. Sin embargo a la hora de hacer uso de esta información u otorgarle el valor que merece, uno debe tener en cuenta ciertos detalles, que no sólo afectan a la metodología. La noticia de hoy, y más aún cuando soy consciente de esta interesante iniciativa en España desde hace muchos años, me ha dado pie a reflexionar sobre este asunto.

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Drenaje ácido en la mina abandonada de San Quintín, Ciudad Real. Fuente: Universidad Complutense de Madrid

 La contaminación de los suelos del mundo aumenta día a día debido a la agricultura y ganadería industriales. En consecuencia, si uno desea conocer las tendencias debe monitorizarlas periódicamente. Un inventario es un producto estático, muy útil para ciertos propósitos pero que puede acarrear deficiencias en otros. Por ejemplo, un mapa de suelos atesora una vida media “útil prolongada”, que no así la de los productos tóxicos que lo albergan. En España se comenzó, a inventariar la contaminación de los suelos forestales ya hace un par de décadas o quizás más, cuando en Europa se dio la ¿falsa? alarma acera de  los devastadores efectos de la lluvia ácida (si bien en este país es mayoritariamente básica, salvo en espacios geográficos concretos). Pero eso fue ya hace mucho tiempo. Con vistas a que el lector entienda mejor lo que deseo expresar, acudiré al auxilio de un ejemplo. Un día hace ya mucho tiempo, elaborando un informe para la Agencia Europea de Medio Ambiente, junto con expertos de una determinada Comunidad Autónoma, estos valoraron que en unos 20 ciclos anuales habían cambiado los usos del territorio en más de un 20% de su superficie (posiblemente ahora la cifra pueda alcanzar hasta el 30%). En consecuencia los datos obtenidos de inventarios atesoran una fecha de caducidad demasiado breve, por desgracia. Seguidamente el antiguo Ministerio de Medio Ambiente  encargo otro proyecto al INIA (perteneciente al antiguo Ministerio de Agricultura) que se proponía alcanzar los objetivos en los espacios agrarios y pascícolas. La información que me proporcionó uno de los autores de los estudios en los que se basa la nota de prensa que os mostramos abajo es que este último inventario se encontraba prácticamente terminado hará unos 6 o 7 años. Resulta pues difícil de entender las tardanzas gubernamentales a la hora de publicar esta información y menos aún el porque de no mostrar los datos en acceso abierto. Esta última iniciativa ofrecería a los investigadores del país la posibilidad de atesorar unos umbrales de referencia respecto a la fecha de muestreo. Empero ya sabemos que la burrocracia latina deviene en superlativa.

 Digamos que el muestreo por cuadrículas fue amplio y personalmente entiendo (aun sin ser experto) que la metodología fue acertada, o al menos aceptable. Eso sí, no nos informa necesariamente de los sitios altamente contaminados que ya son reconocidos en España, por cuanto este tema, fue realizado por otras instancias y expertos. Por lo tanto, surgen ya dos lagunas importantes a la hora de extraer conclusiones, aunque algo se debe haber hecho, por lo que se desprende de la nota de prensa.

 Como este tipo de comentarios y reflexiones puede molestar a los autores firmantes, digamos que el ritmo de muestreo y analítica depende de los fondos recibidos, dotación de instrumental y personal. Por lo que yo sé, todos estos ítems fueron considerablemente escasos, y de ahí que el estudio  se dilatara en demasía. En consecuencia, debe eximirse a los implicados de responsabilidad alguna en la materia.

 Por lo tanto, y aun reconociendo el enorme valor del trabajo llevado a cabo, se me antoja temerario aseverar que la cantidad de metales pesados en los suelos españoles, o de cualquier otro país en las mismas circunstancias, resulta ser insignificante. Cuando el cambio de uso cubre enormes extensiones y la agricultura industrial domina grandes espacios geográficos, resulta necesario monitorizar a intervalos regulares de tiempo, lo cual es más económico y práctico que volver a llevar a cabo un nuevo inventario dos o tres decenios después. Pero nuestros legisladores ni entienden ni entenderán, las razones aquí aludidas (no hay más ciego que el que no quiere ver). En cualquier caso reiteremos que muchos suelos periurbanos y cercanos a densas zonas industriales deben tenerse en cuenta, o al menos explicitar tales lagunas cuando se informa al público, como en este caso. Y como no se hace, el ciudadano puede fácilmente llegar a la errónea conclusión  de que no existe contaminación por metales pesados en un país cuando probablemente resulte que sí. Incluso el valor de un buen inventario debe analizarse con cautela a la hora de extraer cierto tipo de conclusiones. Os dejo pues con la noticia y otra información adicional sobre la base de datos georeferenciada aludida, no sin antes preguntaros….. En uno de los enlaces a los que he accedido sobre el inventario mentado se explicita que los metales pesados medidos fueron Cd, Cr, Cu, Hg, Ni, Pb y Zn: ¿Están todos los que actualmente pueden afectar a la salud humana o de los ecosistemas? ¿Qué pensáis?.

 Juan José Ibáñez     (más…)

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