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¿Qué es la Geodiversidad?: Estimación de la Geodiversidad

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Geodiversidad y Patrimonio Geológico. Fuente: Instituto Geológico y Geominero de España Edición Parques Nacionales, Noviembre 2014. Se recomienda bajar el archivo al que se vincula esta imagen.

En un artículo precedente: ¿Qué es la Geodiversidad?: El Concepto, Definición” ya os explicamos el interés de cuantificar la geodiversidad como parte del patrimonio natural, así como la definición/(es) de la misma. Vimos que aunque se trataba de una definición “aparentemente clara, su operacionalización con vistas a cuantificar la diversidad del patrimonio geológico resultaba ser un campo repleto de minas, sin que se hayan propuesto herramientas matemáticas plenamente aceptadas por la comunidad científica. Un concepto que no puede operacinalizarse o formalizarse con vistas a comparar las estructuras y procesos en distintos territorios impide el progreso de la rama emergente del conocimiento científico que lo presenta, llevando ineludiblemente al caos y la eclosión de neologismos que vuelen a mostrar que en la ciencia actual a menudo priman más las apariencias que los contenidos. Pero permitirme que recoja de nuevo los dos primeros párrafos del mentado post antes de entrar en materia.

Tras la cumbre de Río de Janeiro en 1992, durante la que se popularizó el vocablo biodiversidad, los celosillos de ramas afines comenzaron/comenzamos a acuñar neologismos como geodiversidad y edafodiversidad, aspecto que dice muy poco en materia de creatividad y originalidad. Acuñar un nuevo neologismo científico no aporta nada sino existe un corpus doctrinal sólido detrás que respalde contenidos rigurosamente científicos.

Resulta sorprendente e ilustrativo analizar lo acaecido tras acuñar los vocablos de marras y más aún cuando “en teoría y solo en teoría”, la definición de geodiversidad acedada incluye también la edafodiversidad. La realidad ha sido muy distinta, como veremos, aunque hoy tan solo hablaremos del concepto y sus ramificaciones, dejando los métodos de cuantificación y otros asuntos para algunos post que seguirán a este. Por hoy nos bastará exponer la definición y llevar a cabo un análisis crítico e histórico de la misma.

Pues bien, la cuantificación de la diversidad de cualquier recurso natural demanda la existencia de una clasificación previa de los objetos de estudio. Si estas son universales (como ocurre en el caso de los suelos), el proceso puede ser “relativamente” sencillo, por cuanto durante más de sesenta años cuales cientos de ecólogos han trabajado sobre el tema, publicando, testando, corroborando y refutando  abundantes herramientas matemáticas propuestas con vistas a alcanzar tales objetivos. Al fin y al cabo, una taxonomía universal, en un momento dado de la historia, da cuenta de lo que en los estudios de diversidad biológica se denomina “biodiversidad de inventario”, o lo que es lo mismo nos informa del inventario de la biodiversidadAquí nos encontramos pues con el primer obstáculo y solo teniendo en cuenta, como señalamos arriba, “geología, geomorfología y suelos”. Por un lado no existe ninguna clasificación universalmente aceptada en geomorfología, o en su defecto de modelados del terreno, que incluyan aspectos que den cuenta de su génesis. En consecuencia, cada país y aun distintas escuelas geomorfológicas propondrán clasificaciones que otros investigadores o Estados no aceptarán. Unos nos dirán que existen 100 unidades taxonómicas, otras 1.000, otras 100.000, etc. Por lo tanto según hagamos uso de  un constructo clasificatorio u otro obtendremos resultados muy dispares al intentar cuantificar la geodiversidad.

Del mismo modo, la geología es una ciencia que intenta estudiar una multitud de objetos distintos, que van desde la diversidad de minerales, rocas, estructuras tectónicas,  fósiles, etc. En este caso, hablamos de subdisciplinas distintas: mineralogía, petrología, tectónica, paleontología, etc. imposibles de ubicar en una única taxonomía.  Como corolario cada objeto de estudio requiere una clasificación específica. Dicho de otro modo, bajo el concepto de diversidad geológica (excluyendo la diversidad geomorfológica y la edafodiversidad) para cuantificar lo que denominamos geodiversidad necesitaríamos unas taxonomías universales que a menudo no existen, aun acotando mucho los ítems/subdisciplinas que los expertos consideren, por “consenso” que deben ser incluidos”. Debe concluirse pues que a día de hoy resulta totalmente inviable cuantificar la geodiversidad de una forma científica y rigurosa, lo cual resulta ser un impedimento insoslayable con vistas al progreso de esta rama emergente del conocimiento. Sin embargo, no es el único obstáculo con el que nos vamos a encontrar.   Y para demostrarlo, supongamos que si existieran tales constructos taxonómicos aceptados por sus respectivas comunidades de expertos.

En el ámbito que hoy conocemos como biodiversidad, también surgieron (y siguen haciéndolo aunque muy esporádicamente) propuestas para valorar cuantitativamente la diversidad de diferentes objetos de estudio: diversidad genética, diversidad de especies, diversidad de ecosistemas, diversidad funcional, diversidad de hábitats, diversidad filogenética, etc. Sin embargo, la mayor parte de los estudios versan sobre las especies biológicas, sustituyéndose el vocablo biodiversidad, por los respectivos, diversidad de hábitats, diversidad de ecosistemas, etc., etc., cuando los estudios no versan sobre ellas, de tal modo que cuando un ciudadano mínimamente informado escucha o lee el término biodiversidad  ya sabe a lo que nos referimos (“especies biológicas). De hecho, tampoco existe en ecología, biología de la conservación y  biogeografía, taxonomías universales de hábitats, ecosistemas etc., lo cual no ha resultado ser impedimento insalvable para el progreso de esta rama del conocimiento. La razón estriba en que, con el tiempo, se fueron destilando/tamizando los objetos de estudio y alcanzado consensos que aunque a menudo tácitos, no dejan de ser aceptados por la mayor parte de los expertos. Se pueden publicar, por ejemplo, trabajos sobre diversidad de ecosistemas o diversidad de hábitats, empero su valor se limita a comparar unos pocos espacios geográficos de los que se dispone la información adecuada a la hora de establecer clasificaciones “ad hoc” y extraer consecuencias del  porqué unos son más diversos que otros, cuales son patrones espacio-temporales detectados, etc. Obviamente si las tendencias observadas coinciden con las obtenidas por otros expertos haciendo uso de constructos taxonómicos alternativos, algo hemos avanzado. No obstante, no podemos usar los valores numéricos obtenidos en estos estudios para alegar con cifras hasta qué punto unos son más diversos que otros, conformándonos con  conclusiones generales de carácter cualitativo o semi-cuantitivo. Sin embargo cuando un científico informa de la pérdida de biodiversidad y ofrece cifras,  suelen concernir a las especies, géneros, o familias, etc., del árbol de la vida, que albergan las taxonomías biológicas con sus respectivos “códigos internacionales de nomenclatura”. Estos productos sumamente importantes no han despertado el interés de los estudiosos de la geodiversidad, cuando, de usarse, permitirían correlacionar hasta cierto punto los taxones de clasificaciones distintas. Hasta la fecha en materia de geodiversidad no se ha alcanzado tal grado de madurez, intentando comenzar la casa por el tejado. Mucho más se habría  avanzado si los geólogos y  geomorfólogos  se hubieran nutrido de la lectura de los diferentes problemas que han debido ir sorteando los estudiosos de la biodiversidad a lo largo de los años, en lugar de amarrar al vuelo neologismo y poco más. No existen diferencias a la hora de aplicar muchos algoritmos, desarrollados en el ámbito de la biodiversidad a las indagaciones sobre edafodiversidad, cuando se parte de clasificaciones universales y se tienen medios para obtener abundancias o frecuencias de los objetos de estudio en un espacio geográfico concreto. Pero aún hay más.

Diversos investigadores sobre biodiversidad abordaron matemáticamente como proponer índices que no solo tuvieran en cuenta el número de especies biológicas, sino también la distancia taxonómica entre ellas. Por ejemplo, reflexionemos sobre el siguiente caso.  Analizamos dos áreas que atesorarán el mismo número de litotipos (litologías) digamos “X”. Si una de ellas posee tan solo rocas plutónicas, mientras que la otra atesora también sedimentarias y volcánicas, sería deseable que la última fuera considerada más diversa que la primera ¿Cómo cuantificarlo? Pues bien tras años y años analizando el problema no se ha encontrado una solución satisfactoria. ¡Me explico!. Los ecólogos matemáticos dedicados a la biodiversidad intentan respetar unos determinados y razonables axiomas que deben cumplir tales índices. Pues bien, todas las propuestas realizadas con vistas a incluir tal distancia taxonómica en los índices de diversidad, terminan por incumplir varios de ellos.  Nadie ha encontrado forma alguna de solventar tal problema, tras décadas de denodados esfuerzos, por lo que son denominados “blandos” y menos valorados que los “duros” que si los cumplen, pero que se desentienden de la distancia taxonómica. En vista de ellos, la mejor solución estriba en analizar la diversidad de cada una de los niveles jerárquicos que componen una taxonomía (por ejemplo, y por no ser exhaustivo: ….órdenes, familias, géneros, especies) para a la postre realizar algún tipo de valoración cualitativa o semi-cuantitativa.

Y en este sentido, debido a la imprescindible inclusión e intrínseca necesidad de valorar de geodiversidad mediante diversos sistemas taxonómicos, muchos de los cuales no son universales, la tarea se vuelve más y más compleja, por no decir irresoluble, a día de hoy. Sin embargo tal hecho no significa  que no pueda progresarse en el análisis cuantitativo de la geodiversidad, si analizamos sus componentes parte por parte; diversidad mineral, diversidad geomorfológica, diversidad de fósiles, edafodiversidad, etc., reconociendo de antemano que, por muchos decimales que añadamos a una cifra, esta debe siempre ser valorada con mucha cautela y entendida como una aproximación. Las prioridades de las administraciones e investigadores (que siempre tendemos a valorar más el recurso que estudiamos que los restantes), tarde o temprano, tendrán que asumir la necesidad de acudir al denominado “juicio experto por algunos” y “juicio subjetivo” por otros.

En el ámbito de la biodiversidad no existe ningún solo lugar de la Tierra en la que se hallan determinado y clasificado todos los seres vivos, desde virus a mamíferos, por lo que a fin de cuentas las cifras que pueden leerse son, como hemos mentado aproximaciones llevadas a cabo, en el mejor de los casos, aplicando modelos numéricos que jamás han sido corroborados. Por lo tanto, no debiera despilfarrarse financiación y esfuerzos en la búsqueda del Santo Grial, un índice de diversidad universal que de cuenta de todos los objetos estudiados.

Terminamos por hoy, no sin antes amenazaros con que redactaremos dos post más sobre geodiversidad, uno relacionado con el diseño de reservas bajo el principio de subsidiariedad y otro en el que retornaremos a profundizar en la otra cara de la moneda de la diversidad, soslayada hasta la fecha en la cuantificación del patrimonio geológico. Como veremos, este “lado oscuro, por desconocido, atesora un gran  valor intrínseco, posibilitándola capacidad de utilizar los resultados obtenidos en los estudios de geodiversidad, como “hipótesis nula” con vistas a testar los patrones ya detectados en los de biodiversidad, lo cual ayudaría a que los estudiosos de esta última vuelvan su vista hacia el insoslayable valor de la geodiversidad. Por lo tanto esta saga de entregas …..

Continuará…………. 

Juan José Ibáñez

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La Otra Cara de la Moneda en los Estudios de Geodiversidad (Geodiversidad como Hipótesis Nula de los Estudios de Biodiversidad)

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Una imagen de la geodiversidad y sus componentes: Fuente: Juan José Ibáñez

Como ya hemos comentado en los post previos de esta “miniserie” (ver ítems relacionados abajo), intentamos relatar el estado del arte en lo concerniente al análisis de la geodiversidad y la preservación del patrimonio geológico. Ya mostramos que las investigaciones sobre la diversidad biológica surgieron con dos propósitos totalmente diferentes, aunque íntimamente relacionados: (i) detectar los patrones espacio-temporales de los ecosistemas y en especial como se ensamblan las especies en su seno y (ii) elaborar y aplicar aquellos criterios y bagajes de conocimientos con vistas a la preservación del patrimonio biológico. De hecho, las indagaciones sobre el primer ítem fueron en gran medida el punto de partida del segundo.   Muy por el contrario, en materia de geodiversidad, la mayoría de los expertos se han volcado sobre el segundo soslayando palmariamente el primero. Y al hacerlo se ha perdido (al menos hasta la fecha) una gran oportunidad de penetrar y divulgar sus hallazgos en otras disciplinas afines, así como consolidar los criterios científicamente más rigurosos en los esfuerzo de preservación del patrimonio geológico. También os explicamos como un compomponente de la geodiversidad, la edafodiversidad, inició su andadura con anterioridad a todos los restantes, partiendo de la filosofía alternativa, es decir la señalada en el ítem (i), e incluso en algunos artículos se estudiaban cuantitativamente, al margen de la diversidad de tipos de suelos, los de litología y geomorfología. Sin embargo, la mayor parte de los estudiosos soslayaron tales aportaciones por razones difíciles de entender, ya que una disciplina escasamente formalizada tan solo puede progresar si se transforma en otra de carácter más riguroso, en la que las matemáticas deben atesorar un papel capital. En nuestra categoría “diversidad, complejidad y fractales” os hemos mostrado numerosas evidencias de que, al menos en gran medida, los patrones espaciales de los suelos en el paisaje se asemejan asombrosamente a los detectados durante décadas en las investigaciones sobre biodiversidad, por asombroso que parezca. Dado que los ecólogos aplicados al análisis de la biodiversidad atribuyen las estructuras matemáticas observadas a causas biológicas, se encuentran con la refutación empírica de que si ocurre lo mismo cuando estudiamos los tipos de suelos, tendrán que demostrar, de alguna forma, porqué sus descubrimientos dan cuenta de lo que ocurre en el mundo vivo, pero no son válidos para el abiótico o inerte, es decir refutar las evidencias que los investigadores que trabajan en edafodiversidad han constatado en numerosas ocasiones. Y dudo que puedan. No se encuentran preparados para ello.  Pero antes de continuar, volvamos a hacernos una pregunta trivial: ¿A qué patrones se ajusta la distribución espacial en el paisaje de geología, geomorfología y suelos?. No existen respuestas claras debido a que casi ningún investigador del ámbito de la geodiversidad se ha hecho la pregunta, con las salvedades aludidas.

Vuelvo a reiterar que los edafológos, en varios artículos, han detectado indicios de que las formas del terreno y la litología parecen seguir leyes semejantes a las halladas en los análisis de biodiversidad y edafodiversidad, pero son escasos; aún faltan evidencias más numerosas con vistas a retar a los ecólogos con el arsenal empírico adecuado. Este tipo de debates en ciencia suelen ser sumamente fructíferos, ya que obligan a los investigadores de otras disciplinas a tener siempre presente los estudios de aquellos que cuestionan sus ideas e hipótesis (a menudo equívocamente denominadas teorías). Así por ejemplo, si los ecosistemas, suelos, modelados geomorfológicos y litologías fueran conformes a las mismas (o una gran parte)  regularidades matemáticas, cabría pensar en la existencia de una teoría unificada de las diversidades cuya razón de ser sería necesario investigar y comprender. A la hora de detectar un patrón espacial y/o temporal en los estudios de biodiversidad, los ecólogos suelen asumir que la hipótesis nula  deviene en la ausencia de patrón alguno, es decir que no existe ninguna regularidad matemática semejante en otros recursos naturales, conjetura sobradamente refutada en el ámbito de la edafodiversidad y posiblemente también en geodiversidad, aunque permanece por demostrarse.   Por lo tanto, de acuerdo a los cánones de la ciencia, deberían estar obligados a abandonar su hipótesis nula y constatar que existen patrones de la biodiversidad que no pueden hallarse en el estudio, “con las mismas herramientas”, de los ítems que aborda la geodiversidad. ¿Por qué ocurren este tipo de actitudes en ciencia?.

Veámoslo……..

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Patrimonio Geológico: El diseño Formal de Espacios Protegidos

tepuyes

Los inigualables paisajes de los tepuyes del escudo guayanés: Colaje Google imágenes

Ya hablamos en post anteriores del concepto de geodiversidad, así como de las posibles estrategias y problemas para su cuantificación. Hoy explicaremos las posibles estrategias formales con vistas a su preservación. Son muchas las perspectivas desde las que se puede analizar el patrimonio geológico, mientras que cada una de ellas ofrecerá objetivos distintos y resultados disparesA falta de criterios formales consensuados, ciertas administraciones parecen haber optado por ir seleccionando enclaves mediante el juicio de los expertos. De este modo, algunos geo-sitios son elegidos por su valor geomorfológico, otros por sus tesoros paleontológicos, y así un largo etc.  Tal planteamiento carece de rigor científico, estando sujeto a subjetivismos, en función de las preferencias de quien toman las decisiones. Como ya comentamos en los post precedentes, los ecólogos han trabajado sobre estos temas durante décadas, si bien tampoco ha llegado a un consenso universal. Sin embargo, varias propuestas han dado lugar a formalizaciones dignas de ser consideradas por los estudiosos de la geodiversidad, las cuales exponemos a continuación.

Básicamente, a la hora de diseñar redes de reservas que den cuenta de la diversidad de un territorio, pueden agruparse las propuestas en tres familias o categorías: (i) “puntos calientes de riqueza”, (ii) “red de endemismos” y (iii) “diseños de complementariedad”.  Si cabe añadir que, en un mundo superpoblado y repleto de conflictos respecto al uso y tenencia de las tierras, siempre se intenta preservar el mayor número de estructuras de interés en el menor espacio posible, es decir ,maximizar la eficiencia con el mínimo espacio. Personalmente la UE me contrató a finales de los 90 del siglo XX, para elaborar un informe respecto al posible diseño a escala europea de una red de reservas de suelos. Yo entregué el informe pero la iniciativa no tuvo éxito, por cuanto la propuesta Directiva Europea de Protección de Suelos no fue aceptada. Pero vayamos al meollo del asunto.

  Los “puntos calientes de riqueza” tienen como objeto seleccionar las áreas en función de la variedad que alberguen de los objetos a preservar, de tal modo que los espacios geográficos más diversos serán finalmente los elegidos. La principal crítica que ha recibido esta aproximación estriba en que tal procedimiento no garantiza la preservación de taxones/especies de gran valor, como por ejemplo especies endémicas u objetos singulares, en pro de la inclusión de otras muy banales.

La “red de endemismos”, por el contrario, prioriza la preservación de los objetos más singulares e idiosincráticos. Esta aproximación ha sido criticada por soslayar  a menudo objetos representativos de la región geográfica estudiada,  incluyendo otros cuya idiosincrasia soslaya la conservación de aquellos que generan la “personalidad” de la zona a preservar.

Finalmente, “diseños de complementariedad” se basan en algoritmos que buscan maximizar el número de objetos a preservar en el mínimo espacio, de tal manera que se priorizan matemáticamente un número de alternativas. De este modo, los expertos supervisarán las más idóneas, “a su criterio”. Si la elegida resulta ser inviable en la práctica o soslaya elementos que son considerados indispensables, se elimina y se pasa a la siguiente alternativa, hasta dar finalmente  con la más diversa y que menos conflictos genere.   

A título personal, yo soy partidario de la tercera alternativa, por cuanto preservar la singularidad en detrimento de la representatividad o viceversa, merman uno u otro lado del espectro de intereses.  Los objetos singulares, obviamente llaman la atención y muchos de ellos deben ser motivo de conservación. Ahora bien, conservar los mejores paisajes que caracterizan a un determinado espacio geográfico, resulta esencial. Por ejemplo, estos últimos permiten la elección de georutas en donde se puede enseñar al ciudadano y educar a los alumnos a cerca de los aspectos esenciales que representan la estructura y procesos del territorio. Del mismo modo, lo que es singular en un espacio geográfico, puede ser casi banal en otros, más o menos cercanos.

No obstante, existe algún escollo que añadimos los seres humanos a la hora de tomar decisiones a cerca de que debemos preservar y que no, recayendo en las propias administraciones. Con el fin de intentar explicarme mejor, permitirme que utilice un ejemplo fácilmente extrapolable a la mayoría de los casos. Supongamos que deseamos preservar el patrimonio geográfico de un Continente, en el cual  los gobernantes de los Estados que lo conforman han llegado a un acuerdo previo e implementado un programa con tal fin. Un panel de expertos cualificados deberá seleccionar los enclaves. Resulta fácil de entender que deben seleccionarse los objetos de mayor calidad, singularidad y representatividad. A la hora de elegir por ejemplo estructuras volcánicas por si variedad de rocas, tipos de vulcanismo etc.,  lo deseable es fijarse en las regiones en donde el “entramado volcánico ocupe mayores extensiones y alberge más variedad de formas y procesos, ya que, seguramente, nos topemos con menos conflictos por el uso de las tierra.  Sin embargo, en los Estados en donde tal variedad de modelado, rocas, minerales etc. sean muy raros, sus gobiernos desearían preservar formas que por ser menores son allí muy singulares. ¿Qué hacer?. Simplemente apelar al principio de subsidiariedad. A nivel continental no puede atenderse ciertos tipos de solicitudes/deseos. Se escoge los mejor posible y punto, siendo el consorcio de países (por ejemplo la Unión Europea –UE- en este continente) quien sufragará el proyecto. Ahora bien, tan hecho no impide que cada Estado, tenga un plan propio que debe ser conforme con el continental, aunque añadiendo otros geositios que no han tenido cabida en la red de la mancomunidad de países.

Por ejemplo…….

 Por ejemplo, en la España Peninsular, Portugal o Grecia, los modelados glaciares son escasos, de pequeñas dimensiones, no bien desarrollados y en general poco vistosos. Es lógico y razonable que la UE seleccione los ejemplos monumentales que acaecen en los Alpes y otras grandes cadenas montañosas, soslayando lo mediterráneo. Empero algunos de los gobiernos mentados desearían preservar algunos de los mejores ejemplos glaciares que atesoran, generalmente vestigios de épocas más frías.   Por lo tanto, también resulta razonable, que con su propio plan y fondos nacionales implemente enclaves adicionales patrios. Ahora bien, puede darse el caso de que algunos países en los que las administraciones regionales (llamémosle “federales” en el sentido más amplio del término) atesoran un gran poder de decisión decidan que sus conciudadanos disfruten de geoparques variados, de gran interés científico y paisajísticamente vistosos. Pues bien, si la ley les otorga las potestades necesarias y disponen de fondos, pueden actuar de igual forma que los Estados frente al continente. Y así el continente atesoraría diversos planes unos anidados en el seno de otros al modo de las muñecas rusas en el cual la de mayor disensión resulta ser el continente. En cualquier caso, lo deseable sería que los procedimientos de selección fueran idénticos o como mínimo compatibles, de tal modo, que a la hora de hablar y valorar sobre estos temas, lo hagamos con un “lenguaje en común”.  De no ser así al final siempre surgen conflictos y no se optimiza el esfuerzo.

Eso sí, siempre tendremos que tener en cuenta los problemas derivados de la ambigüedad del concepto de geodiversidad y la dificultad de su cuantificación, como ya expusimos en los dos post precedentes de los que a continuación ofrecemos los enlaces.  

Para finalizar señalémonos el casi siempre ineludible e indeseable  problema del factor humano/experto. Cuando elaboré el informe sobre el diseño paneuropeo de reservas naturales de suelos, se abordó un único recurso y usando clasificaciones universales. Empero en este caso, mucho más sencillo, que el más variado y ambiguo de la geodiversidad también surgían problemas colaterales, como el de los paleosuelos y más aun de los enterrados o incluidos en el seno de secuencias estratigráficas. Obviamente, si se lograra algún día implementar una iniciativa de este calibre a nivel continental para el conjunto de la geodiversidad, surgirían muchos más conflictos y uno de ellos deviene en que cada experto en una materia tiende a pensar que sus objetos de estudio tienden a tener más interés que los que analizan otros, entrando ineludiblemente en disputas.

Del mismo modo, por la propia falta de recursos y los aludidos conflictos por el uso de la tierra, nunca se logrará preservar todo lo deseable y menos aun que satisfaga a todos. El  principio de subsidiariedad puede ayudar a resolver este tipo de situaciones. No onstante, como somos egoístas por naturaleza, muchos expertos desearán que se hagan diseños e implementen programas Paneuropeos (o Panamericanos) independientes para cada uno de los objetos de estudio considerados (por ejemplo: modelados, suelos, minerales, fósiles etc.),  lo cual será inviable tanto por la falta de fondos para financiarlos, como por el hecho de que en los territorios muy poblados tal actuación conllevaría a que habría que preservar enormes extensiones de terreno que se secuestrarían de otros usos, algo que las administraciones, lógicamente, rechazarían. Lo actitud más razonable,  en estos casos, estribaría en partir de los espacios que ya son conservados por otras figuras de conservación (como por ejemplo la Red Natura bajo la directiva Hábitat de la UE que conciernen a la naturaleza viva), examinar minuciosamente lo que contienen respecto a los nuevos objetos a preservar, para a la postre añadir los mínimos imprescindibles, que de hecho podrían ser ya demasiados. La realidad siempre trunca nuestras expectativas, pero también la unión hace la fuerza

Juan José Ibáñez

 Post Previos relacionados con el tema

 Continuará…………. 

 Geodiversidad Según Wikipedia

La geodiversidad expresa la variedad geológica de una región, teniendo en cuenta elementos tales como estructuras sedimentarias o tectónicas, materiales, como rocasfósiles o suelos, e incluyendo los rasgos geomorfológicos del relieve y los recursos naturales energéticos e hídricos. Su magnitud depende de la frecuencia y distribución de estos elementos y del registro de la historia geológica regional.1 2

La escuela anglosajona sigue la definición de geodiversidad de Gray, que separa la geomorfología y la edafología de la geología,1 y que la define como «el rango natural (diversidad) de características geológicas (rocas, minerales y fósiles), geomorfológicas (formas del terreno y procesos) y suelos. Incluye sus asociaciones, relaciones, propiedades, interpretaciones y sistemas». La definición de geodiversidad no incluye el paisajismo, las construcciones en cemento u otras influencias humanas significativas.3

La geodiversidad de una zona es el reflejo de su historia geológica, el resultado de millones de años de procesos y acontecimientos geológicos,2 tales como sedimentación,deformación,tectónica, plutonismo,metamorfismovulcanismotransgresiones y regresiones marinas, diagénesiserosión, etc. que quedan registrados físicamente en las rocas.

La geodiversidad puede ser cuantificada, pues está compuesta de elementos geológicos, que se muestran en afloramientos o formas del relieve con límites finitos, medibles, permitiendo estimar su frecuencia, distribución y hacer comparaciones entre regiones diferentes.1 4

Un tema asociado y que ha sido motivo de estudio es la característica variable de la geografía en un abanico de elementos diversos. Diversos geógrafos tales como Friedich Ratzel y Vidal de la Blache han hecho notar, como las acciones del hombre alteran el paisaje

Ver también: Patrimonio natural

Referencias

Saltar a:a b c Carcavilla, L.; Durán, J. J. y López-Martínez, J. (2008). «Geodiversidad: concepto y relación con el patrimonio geológico». Geo-Temas10: 1299-1303

Saltar a:a b «Geodiversidad». Instituto Geológico y Minero. Consultado el 2 de julio de 2015.

Volver arriba Gray, M. (2004) Geodiversity: valuing and conserving abiotic nature. John Wiley & Sons Ltd, Chichester

Volver arriba Benito-Calvo, A.; Pérez-González, A.; Magri, O. y Meza, P. (2009) «Assessing regional geodiversity: the Iberian Peninsula». Earth Surface Processes and Landforms34: 1433–1445.

Geodiversity segun la Wikipedi Inglesa

Geodiversity is the variety of earth materials, forms and processes that constitute and shape the Earth, either the whole or a specific part of it. Relevant materials include mineralsrockssedimentsfossils,soils and water. Forms may  comprise foldsfaultslandforms and other expressions of morphology or relations between units of earth material. Any natural process that continues to act upon, maintain or modify either material or form (for example tectonicssediment transportpedogenesis) represents another aspect of geodiversity. However geodiversity is not normally defined to include the likes of landscaping, concrete or other significant human influence

Gray, M. 2004, 2nd edition 2013:. Geodiversity: Valuing and Conserving Abiotic Nature. John Wiley & Sons Ltd, Chichester

Jump up^ Peppoloni S. and Di Capua G. (2012), “Geoethics and geological culture: awareness, responsibility and challenges“. Annals of Geophysics, 55, 3, 335-341. doi: 10.4401/ag-6099.

Overview

Geodiversity is neither homogeneously distributed nor studied across the planet. The identification of geodiversity hotspots (e.g. the islands of Great Britain and Tasmania) may be indicative not simply of the distribution of geodiversity but also of the status of geoconservation initiatives. In this regard it is worth noting that the biodiversity of an ecosystem stems at least in part from its underlying geology.[1] With the majority of biological species remaining undescribed the classification and quantification of geodiversity is not an abstract exercise in geotaxonomy but a necessary part of mature nature conservation efforts, which also requires a geoethical approach.[2]

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Geodiversidad y Diversidad Geográfica

Ya comentamos en nuestro post el “concepto de geodiversidad“ que, “quien mucho abarca poco aprieta”. En otras palabras, que si se desean cuantificar, analizar, comparar y preservar al mismo tiempo numerosos recursos geológicos, caemos en una trampa mortal, por cuanto cualquier estudio devendrá en la caja de Pandora. Cuando la UNESCO acogió la iniciativa de preservar la geodiversidad, entendía como tal la diversidad geológica. Ahora bien, existían demasiados intereses en juego como para que otros colectivos no quisieran sacar tajada de este tema. Y así fue. Cuando el neologismo geodiversidad si impuso al de diversidad geológica, entraros otros “GEOS” en juego, ¿Cuáles? Ni más ni menos que los geógrafos, ya que el vocablo les abrió las puertas. Y si éramos poco parió la abuela. Como corolario el caos paso a ser un asunto demencial. Jamás debieran haberse confundido geodiversidad con la diversidad de todos los elementos que componen la superficie terrestre. Demasiados recursos naturales que inventariar, clasificar, analizar, cuantificar y preservar, al menos simultáneamente. Y cuando algunos “expertos” comenzaron a empecinarse en elaborar índices compuestos que tuvieran en cuenta todos los elementos de la geografía, la hecatombe estaba garantizada.

 Volcán Chillán (Chile) y sus bosques de Nothofagus

Ascendiendo al Volcán Chillán (Chile). Bosques de Nothogafus (hayas del Sur) en las laderas. Foto: Juan José Ibáñez

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