Posts etiquetados con ‘praderas americanas’

El Microbioma del Suelo (un ejemplo de las praderas norteamericanas)

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Las extensas paraderas de Kansas. Fuente: Colaje Google imágenes

 La nota de prensa de la que vamos a hablar hoy nos informa de la enorme diversidad de especies bacterianas  en las extensas praderas de Kansas. Para ilústralo escojamos tres breves fragmentos: “el suelo es testigo de la increíble diversidad y el caos de la vida dentro de incluso el puñadito más pequeño de tierra. Sólo una cucharadita de suelo de Kansas contiene decenas de miles de especies microbianas” (…) “Jansson considera que la labor de desentrañar las comunidades microbianas del suelo resulta ser una tarea especialmente difícil ya que existe una diversidad enorme. Los científicos estiman de 50 a 100 veces más especies microbianas las que habitan una muestra de suelo típico que  en el intestino humano. Además, la mayoría de los microbios del suelo nunca han sido cultivados en un laboratorio en el que se podrían estudiar a fondo” (…).  “El suelo es uno de los ecosistemas más complejos y diversos del planeta. Es un sustrato tridimensional complejo; No hay nada que se le parezca. Ya os hemos ido informando acerca de la extraordinaria diversidad de los organismos del suelo. Empero hablar de especies bacterianas resulta ser un tema más que espinoso, yo diría que es como andar por arenas movedizas, o navegar por aguas turbulentas, como podréis por ejemplo ver aquí: genómica bacteriana”. Por lo tanto la pregunta/respuesta  del millón de euros sería pues: ¿cómo se puede cuantificar la diversidad de bacterias de un volumen dado del suelo, si no disponemos de un concepto aceptado de las mismas, como ocurre con todos o casi todos los procariotas?. Empero cuando la maquinaria de la secuenciación masiva de los “toca genes” se pone en marcha, no hay falta de conceptos que les frene. Ellos estiman la variedad genética, es decir el microbioma del suelo en su conjunto, para a la postre señalar que existen tropecientas mil especies. Punto y final.  ¿Y qué ocurre con la  de la enorme promiscuidad que implica el flujo horizontal de genes entre bacterias que no se encuentran estrechamente vinculadas desde el punto de vista filogenético?. Al parecer ¡les da igual! (La Extraordinaria Genética de los Microorganismos del Suelo).

Personalmente me interesa, como a casi todos los lectores el microbioma del suelo. Ahora bien este es un problema y la diversidad de especies otro distinto, hasta que alguien desenrede la enmarañada madeja, o acierte milagrosamente a regalarnos con un concepto de especie apto para todo al árbol de la vida.  Y hoy por hoy no se atisban respuestas en el horizonte.

 En cualquier caso, debido al perfeccionamiento de los progresos realizados para las secuenciaciones masivas del genoma de las muestras, así como de su velocidad de procesamiento, los “toca genes” se asombran de todo.  Y así conforme mejoran estas técnicas instrumentales y se exploran más hábitats y muestras, más cara de bobos se les pone y más tonterías redactan en la literatura científica (ver por ejemplo el post El Microbioma del Suelo en Central Park (Nueva York).  Por lo tanto, y por citar un caso cualquiera, si un día, a un equipo de investigadores se le “escurre” la hedionda idea de estudiar los virus que contienen  las aguas residuales, no debe extrañarnos en absoluto que nos vengan a decir algo así como: Hallado el Mayor Punto Caliente de biodiversidad Vírica del Planeta: Las Aguas Residuales”. Un paper más en una revista de campanillas, una muesca a añadir al revolver del pistolero. Entre toda esta la retórica que podréis leer en la nota de prensa original que se esconde una única novedad que resulta ser: “(…) incluyen la primera reconstrucción del genoma completo de un solo microbio en un muestra de suelo complejo. Otros grupos han reconstruido los genomas completos de los microbios de ambientes menos complejos, incluidas las minas, tapetes microbianos, y el microbioma humano”. Es decir aislaron un microrganismo, según ellos “entre miles”, para a la postre secuenciar su genoma. Punto y final. El resto de las cifras son tan poco creíbles que no merece la pena discutirlas. Mucho peor son otros papers que, a partir de datos de la misma naturaleza, intentan vendernos una cuantificación de la diversidad funcional de las comunidades microbianas. Quien conozca bien los temas relacionados con la biología edáfica sabrá, sin lugar a dudas, que esta última es enorme, aunque su cuantificación rigurosa no deje de ser más que una quimera.

 Realmente estas cifras son improcedentes e irracionales. Sin embargo, los análisis comparativos de los microbiomas del suelo, que se basen en las mismas técnicas e intensidad de muestreos, si deben aportar información valiosa. No hablemos pues de diversidad de especies sino de la variabilidad o variedad del microbioma. Empero en la ciencia actual, los investigadores priman impresionar al público en lugar de ofrecerle contenidos honestos, sinceros. Y así lo que podría ser importante y relevante, por efecto del “publica o perece”, se transforma en información irrelevante, confusa y confundente. Abajo os dejo con la nota de prensa, traducida rápidamente (por lo que padece de defectos), pero que os mostrará cuanta morralla puede leerse en la prensa científica actual.

Juan José Ibáñez

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Ingenieros del suelo y ecología de la restauración de las praderas

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Praderas americanas (sello de correos). Fuente: hormigas.org

 Ya hemos hablado en numerosas ocasiones de los ingenieros del suelo, con especial atención a hormigas, termitas y lombrices.  En nuestra categoría biología y ecología del suelo, podéis encontrar abundante material. Por un lado, los edafólogos intentan detectar y proponer que taxa biológicos pueden ser indicadores de la calidad del suelo, mientras que por otro los ecólogos indagan sobre posibles factores bióticos y abióticos que puedan servir para monitorizar como los ecosistemas se recuperan o degradan tras el impacto humano (ecología de la restauración). Habría mucho que decir sobre estos temas. Existen especies en el medio edáficos que son ubicuas en todos los suelos del mundo, mientras que otras tan solo aparecen bajo ciertas condiciones. Biotaxa como los nematodos, colémbolos etc., pertenecen al primer grupo, mientras que los ingenieros del suelo suelen serlo al segundo. Muy a menudo estos últimos resultan ser de gran tamaño y más fáciles de extraer e identificar, pero tan solo aportan información de los ambientes concretos en donde habitan, no siendo extrapolables a otros.

Lamentablemente en el mundo anglosajón, que adora a su “Dios Darwin”, pretenden imponer el uso de las lombrices como el mejor de los indicadores a nivel universal, cuando en realidad no se presentan en muchos ambientes. Se trata de una iniciativa/actitud que oscila entre el nacionalismo mal entendido y la obsesión/divinización de todo dicho y hecho por Carlitos Darwin. Mal ejemplo para la ciencia. Pero vayamos al asunto.  

Investigaciones recientes señalan que en las praderas americanas, o en parte de ellas, la diversidad de hormigas puede ser utilizada como indicadora de la restauración (recuperación) de las praderas degradadas y sus suelos. No entraremos aquí a buscar las razones (algunas son aportadas por la nota de prensa que os reproduzco abajo) ya que hemos abundado en este asunto hasta la saciedad en la categoría previamente mencionada de nuestra bitácora (biología y ecología del suelo) blog (pero ver también relación de post que os mostramos al final de esta entrega).   

Lo que la investigadora del estudio, que ha dado lugar a la noticia que hoy analizamos, defiende es que la diversidad y abundancia de las especies de hormigas aumenta conforme los ecosistemas van  recuperándose. Del mismo modo, las especies de estos organismos, al principio generalistas, van siendo reemplazadas y/o enriquecidas por otras denominadas especialistas. Se trata de algo muy habitual en el proceso de sucesión ecológica. De este modo, también aumenta el número de nichos ecológicos (heterogeneidad ambiental) dando lugar a la instalación de otras especies que benefician la propia recuperación de los ecosistemas degradados. Como ya señalamos con anterioridad, las colonias de ciertas hormigas también poseen una cohorte de biotaxa de otras especies que viven simbióticamente con ellas, las depredan o simplemente las parasitan.  Del mismo modo estos ingenieros remueven el suelo y evitan el lavado de nutrientes, mejorando sus propiedades físicas. En consecuencia, no es de extrañar que si los resultados de esta investigación son corroborados, la diversidad de hormigas pueda, efectivamente, ser un buen indicador de la restauración ecológica de las praderas, o lo que es lo mismo, de su retorno a unos estadios ecológicos más próximos a los que acaecían previamente a la degradación.   Partiendo de la teoría ecológica clásica, estos resultados son más que previsibles.

No obstante, debemos advertir, que cada ambiente o grupos de ecosistemas que habitan en algunos de estos, atesoran frecuentemente distintos ingenieros del suelo, o en su defecto unos son más abundantes y/o importantes que otros a la hora de mantener o incrementar la denominada calidad del suelo. En consecuencia, los resultados obtenidos no son extrapolables a otros territorios.

Antes de seleccionar y utilizar alguno de los diversos taxa que son identificados como ingenieros del suelo, son imprescindibles estudios previos en ecosistemas prístinos (o escasamente) perturbados incluyendo su medio edáfico, por cuanto estos nos permitirán discernir que ingenieros del suelo habitan en ellos y su papel a la hora de mejorar las propiedades edáficas que, a su vez, facilitarán la restauración de la vegetación y fauna aéreas. En unos territorios serán las termitas, en otros las hormigas, en otros las lombrices y probablemente en muchos la combinación de algunas especies que pertenezcan a algunos de los variados grupos taxonómicos de los ingenieros que nos ofrece la naturaleza.  Extrapolar resulta ser una iniciativa, en el mejor de los casos, poco fructífera si no se conoce adecuadamente la ecología del suelo y la fauna que allí habita. Empero en el caso de desear perder el tiempo les aconsejo, escoger las  lombrices ya que la ciencia actual sigue los dictados del mundo anglosajón.  Probablemente el indicador elegido no sirva para nada, empero será más fácil que la investigación sea publicada en una revista de prestigio, al menos en Europa. Os dejo pues con la noticia y los post previos mencionados.

Juan José Ibáñez  (más…)

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Ganadería Mimética y Conservación de Suelos

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Grandes manadas de búfalos en las praderas americanas. Fuente: Lakota Society

 En Estados Unidos de Norteamérica (USA) tanto los científicos y gestores, como los productores se encuentran muy preocupados por la degradación de sus pastizales extensivos. Por un lado, muchos de ellos son invadidos con matorrales, a menudo especies invasivas,  degradándose la calidad de las plantas forrajeras que albergaban, así causando el deterioro de la denominada calidad de sus suelos. Al mismo tiempo, otras noticias, denuncian que, en ciertos ranchos, el sobrepastoreo da lugar también a la degradación de sus suelos por compactación, y degradación física de los horizontes superficiales. En el primer caso, posiblemente el problema se deba a que los ranchos no alcancen la carga ganadera adecuada con vistas a su conservación, mientras que en el último parece ocurrir todo lo contrario.  Hoy hablaremos de esta última circunstancia, así como de ciertas propuestas que se han realizado, pero que aún  no parecen contar con el beneplácito de buena parte de la comunidad científica, a pesar de su interés, en mi modesta opinión.  Un personaje llamado Allan Savory, parece haber propuesto un sistema de manejo novedoso basándose en una aproximación holística de la gestión de las praderas americanas que hace especial hincapié en la conservación de las propiedades del suelo.   Como veréis en la noticia que os expongo abajo, se menciona concretamente que:El vocablo más apropiado vinculado al movimiento de pastoreo planificado es “mimetismo”, es decir que el trasiego del ganado doméstico imite al de las manadas salvajes de grandes mamíferos que deambulaban  a través de las Grandes Llanuras americanas en grupos estrechamente hacinados”. Muy a menudo, en periodos de sequía, y cuando el forraje escasea, se dispersa el ganado, mientras este individuo “parece” proponer todo lo contrario, pero basándose en un constante trasiego de las reses de un lugar a otro.

Resulta razonable pensar que, antaño, en aquellas praderas de las grandes llanuras americanas, las enormes manadas de búfalos debieron vivir sustentablemente usando sus pastos. En consecuencia, visto que la gestión actual genera numerosos problemas, es decir no es sustentable, lo que propone Allan, estriba en que la ganadería doméstica emule el comportamiento de aquellos búfalos que solían moverse y pastar de forma agrupada. La idea en si no se me antoja descabellada, en absoluto. Otra cuestión distinta  deviene en si existe o no la información suficiente de aquellas praderas ancestrales como para extraer consecuencias bien documentadas que den lugar a una gestión innovadora. Abajo os dejo la noticia en suajili con una traducción rápida al español-castellano, que padece de algunas deficiencias, por lo que pido disculpas de antemano.

 En la Península Ibérica, la ganadería ha co-evolucionado durante miles de años bajo la acción del hombre, por lo que la cultura rural campesina resultó ser sustentable durante milenios. En consecuencia este problema tradicionalmente no acaeció. Otra cuestión diferente estriba en que la gestión ganadera industrial cumpla/incumpla con las mentadas prácticas tradicionales sustentables, cuyo acervo cultural se extingue por falta de interés político y unos estímulos y subvenciones acordes de la Unión Europea (la Llamada PAC: Política Agraria Común), que con demasiada frecuencia provoca cambios de uso que, a la postre, son insustentables y a menudo desafortunados, por no decir calamitosos. En cualquier caso, aunque maltratados por la política científica del país, los ecólogos de pastos españoles estudiaron aquellas prácticas atávicas, realizando actualmente estimaciones de cargas ganaderas sustentables en parques y reservas naturales que han tenido bastante éxito, incluso en la lucha contra los incendios forestales que actualmente azotan al país.

  He visto y escuchado a diversos ecólogos latinoamericanos analizar con asombro la estrecha relación ganado/pasto de los pastores tradicionales que aún quedan desperdigados por las zonas menos densamente pobladas de la Península Ibérica.  Al contrario que en “las Américas”, en donde no ha habido tiempo para que acaeciera tal estrecha vinculación entre el pastor, hierba, suelos y el ganado, aquí sí pudo producirse. Bien harían los norteamericanos en aprender o extraer conclusiones de sus prácticas.

 Por mucho que los ecólogos de pastos desconfíen en soluciones como las que propone Allan, el analizar las pautas naturales y las atávicas campesinas, les proporcionarían ideas para escapar de su incapacidad de generar ganaderías sustentables. Frente a su incapacidad creativa, mejor emular a la naturaleza. Os dejo pues con la noticia en suajili y  velozmente traducida al castellano-español.  

Juan José Ibáñez

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Mapas de Suelos + Mapas de Vegetación = Mapas de Estado Ecológico

A menudo he visto discutir a varios colegas acerca de si los mapas de vegetación y los de suelos aportan información mutua para predecir propiedades de uno de los recursos en función del otro. Os mostraré pronto, en otro post, como el potencial de un mapa de vegetación con vistas a predecir los tipos de suelos deviene en una polémica espuria, por cuanto todo depende del tipo de clasificación utilizada para discernir y cartografiar las comunidades vegetales. Lo que siempre he tenido muy claro es que no se puede entender un ecosistema sin estudiar sus suelos. Se me antoja, metafóricamente, que tal sesgo se asemeja a entender el cuerpo humano analizando tan solo la anatomía y fisiología desde la cintura hasta la cabeza. Sin embargo, antes de entrar a debatir el tema que nos preocupa hoy, adelantemos que en los ecosistemas pastorales, más de la mitad de la biomasa de la vegetación tiende a encontrarse bajo el suelo.

Pues bien, en extensas zonas de EE.UU. (sus famosas praderas) muchos pastizales extensivos se matorralizan, ya sea por la aparición de plantas invasoras, ya por subpastoreo, ya por degradación del suelo, o alguna combinación de estos procesos. El producto resultante consiste en unas comunidades vegetales repletas de plantas leñosas, perdiendo gran parte de su capacidad productiva. Obviamente tal impacto ambiental preocupa a las autoridades de aquel país, siendo estudiado con suma atención. Hoy mostramos los resultados de investigaciones yanquis que muestran como elaborando cartografías que incluyen datos de suelos y vegetación con vistas a producir una leyenda basadas en categorías “as hoc” de lo que denominaránmapas del estado ecológico de los ecosistemas, puede comenzar a combatiere tal degradación con eficacia. Al parecen esta aproximación está siendo éxitosa, ayudando a la restauración de los paisajes previamente afectados. La noticia que os ofrecemos hoy, tomada en préstamo del Noticiero del ARS resulta ser lo suficientemente clara para no tener que abundar más en el tema.

Eso sí, debemos enfatizar, que tales cartografías necesitan ser “ad hoc” por definición. Las relaciones suelo-pasto son idiosincrásicas por naturaleza, es decir, dependientes de las condiciones ambientales de cada lugar. La mera invasión de un pasto por el matorral no nos conduce necesariamente a la degradación del suelo. A menudo, tal desplazamiento de unas biocenosis por otra es el simple resultado de la subexplotación del pasto y, como corolario la aparición de la siguiente fase de la sucesión ecológica. La matorralización puede ser debida a causas muy dispares. De no entenderlo así, pueden llegar a defenderse barbaridades como la que les narro brevemente a continuación.

Hace un par de años, un equipo de investigación perteneciente a una universidad madrileña publicó un artículo en el que se defendía que la matorralización de un pasto no conduce necesariamente, al menos en el SE del territorio que abarca la Comunidad de Madrid, a la degradación del suelo, sino que por el contrario aumenta la mal denominada calidad del mismo. De ahí los autores inferían que las ideas sobre este tema que pueden leerse en la literatura estadounidense no son de aplicación universal. El problema de estos ecólogos estriba en que se formaron en universidades de USA y no tienen ni la más remota idea de lo que ocurre en los ambientes mediterráneos de su propio país. Tal “aparentemente grandioso hallazgo” fue explicado hace ya más de 50 o sesenta años por naturalistas españoles (el subpastoreo de un pastizal, pobre y escasamente productivo, denominado atochar, que se desarrolla sobre materiales yesosos  y/o margas, al ser desplazado por arbustos como la coscoja mejora la fertilidad de los horizontes superficiales del suelo). Queridos amigos, sabréis mucho de lo que ocurre en el sur de EE.UU. pero tal bagaje es muy pobre con vistas a entender la estructura y dinámica de las biocenosis ibéricas. El considerar que es irrelevante lo que nos narraban los grandes naturalistas locales, y/o haberse olvidado de la lengua materna, tan solo manifiesta vuestra su ignorancia, así como que publicar por publicar en buenas revistas ¿? lo justifica todo: “el fin justifica los medios”. Eso me lo enseñaron a mi cuando era estudiante de segundo curso de carrera, a primeros de la década de los años setenta del siglo pasado ¿vale?. ¡Qué lástima!, y luego se creen muy listos.

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Luchando por restaurar las praderas americanas mediante el uso de fuegos controlados Fuente: Heartland: Inventory and monitoring Network

Juan José Ibáñez    

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