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Compartir libremente el conocimiento: ¿El fin del Publica o Perece?

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Hace aproximadamente un año las autoridades de la Unión Europea (UE) sorprendieron a la comunidad científica con el anuncio de un aparente giro de 180 grados” en la política de diseminación de los resultados en las publicaciones científicas. Oficialmente, a partir de 2020, todos los resultados de las investigaciones llevadas a cabo con financiación pública o pública-privada deberán ser accesibles al conjunto de la ciudadanía. Más aun, como cita textualmente la primera nota de prensa;Además, pidieron ampliar el ámbito de la investigación e introducir cambios como, por ejemplo, en la manera en que son evaluados los científicos. Según señalaron, ya no deberían ser juzgados por el número de publicaciones que producen sino más bien por el impacto social de su trabajo. “Un acceso abierto rompe los muros que rodean a la ciencia y garantizan que la sociedad se beneficie todo lo posible del conocimiento científico. Pues bien, en una primera lectura, podría concluir afirmando a la ligera (i) “por fin, comienza a discernirse entre cantidad y calidad; (ii) “por fin” nos libramos de un oscuro modelo de negocio que es el que llevan a cabo las multinacionales de la literatura científica, en el que los investigadores cargan con la mayor parte del trabajo, mientras las mentadas empresas abducen pingues beneficios económicos; (iii) “por fin” cuando remitamos los resultados de nuestras investigaciones, nos libraremos de veleidosos e interesados editores y revisores que a menudo juzgan a los científicos en función de sus gustos y preferencias; (iv) “por fin”, nos zafaremos de la opresión de ciertos lobbies de colegas que hacen de ciertas revistas sus cortijos o haciendas personales en las que campan a sus anchas con todo tipo de arbitrariedades; (v) “por fin”, podrá publicarse sin tener que cambiar de líneas de investigación que, al ponerse de moda, permiten “colar” estudios de dudoso valor, en favor de otros que aunque en un momento dado llamen menos la atención, atesoran gran calidad científica y potencial heurístico; (vi) “por fin los jóvenes investigadores” podrán librarse de ese yugo que deviene en prestar más atención a la publicación de los resultados, sea como sea, en detrimento de centrarse plenamente en investigar en su ámbito de interés y no en estar pendientes de la última moda; (vii) “por fin” nos libraremos de las malditas Publicaciones salami, que consisten en lograr publicar diez artículos, generalmente de mediocre calidad en lugar de uno digno de calificarse como excelente. (viii) por fin las universidades y centros de investigación más humildes, con pocos recursos económicos, podrán beneficiarse de la lectura de los trabajos más punteros, al derribarse ese muro que residía en unos precios desorbitados, y poder así adquirir y leer los artículos más novedosos de su interés.  Sin  embargo, una vez más no es oro todo lo que reluce.

 Como científico y persona dedicada al estudio del medio ambiente, aplaudo tal decisión. Ahora bien la UE, como otras instituciones internacionales, toman decisiones normativas que podrían librar a la indagación científica de un rumbo que nos lleva por senderos procelosos, pero que finalmente fracasan a la hora de implementarse con las medidas adecuadas, poniéndose finalmente más obstáculos en lugar de eliminarlos.

 Por todo ello, la UE debiera proporcionar unas directrices a seguir para cumplir esos objetivos y también aclarar a profesionales y ciudadanos que significaUn acceso abierto rompe los muros que rodean a la ciencia y garantizan que la sociedad se beneficie todo lo posible del conocimiento científico”. Cuidado, ya que como veréis todo podría terminar con un ataque a la investigación básica, que no deja de ser el corazón de la ciencia, sin la cual la famosa I+D+i podría devenir en un estrepitoso fracaso. Si en cuatro años se desean cumplir los objetivos que desean, debieran comenzar ¡ya! a esbozar sus intenciones: (i) ¿Cuál es el camino, y en qué consistirán los nuevos sistemas de diseminación de los resultados?; (ii) ¿Cómo se valorará la actividad de los científicos?.  Como podréis leer en un documento, del que adjunto el enlace, la primera pregunta “parece” tener ya respuesta, pero de la segunda no dicen ni pio.

 Si, el movimiento en “open access” (acceso abierto) prometía ser  una vía adecuada, pero, o: (i) ha terminado por convertirse en un pantanal, repleto de editoriales y revistas que hacen gala de una deplorable praxis y peor calidad cuyas, de madres y madres son desconocidos; o (ii) entramos en la dinámica de otras aceptables (las editoriales tradicionales) en las que cabe la posibilidad de que los autores tuvieran que desembolsar indecorosas cantidades de dinero con vistas a que sus contribuciones aparezcan en acceso abierto, lo cual (y en tiempos de crisis económica), tan solo beneficia a las instituciones científicas y equipos de investigación que disfrutaban mayores fondos económicos….

 Por lo tanto, con los años, uno deja de interesarse en las buenas palabras de estas instituciones, que tienen el mismo valor que las de los políticos en periodos electorales y pido respuestas del tipo: ¿cómo, cuándo, donde, por qué? Para los gestores (léase una vez más políticos de la UE), cuatro años son eternos, y cuando llega el momento te espetan frases de la siguiente guisa: “no me acuerdo”, “ha resultado ser un proceso mucho más complejo del previsto en primera instancia”, las circunstancias actuales no lo permiten, “aunque sería deseable por lo que habrá que esperar a que la coyuntura sea propicia”, etc. etc.

 Cabría recordar que el movimiento en acceso abierto surgió con fuerza en EE.UU., a mediados de la pasada década, siendo respaldado por las instituciones gubernamentales de mayor prestigio, así como por las universidades e institutos tecnológicos con mayor peso. Sin embargo una década después, o hay que pagar por publicar en acceso abierto, o subir una versión no definitiva del artículo a repositorios del tipo Researchgate o Academia.edu. Algo es algo, desde luego, pero dista mucho de todas las promesas que se hicieron en su día y que, como no, se incumplieron. Y mientras tanto la promoción de los científicos transita por  los derroteros tradicionales: “publica o perece. Aunque también siempre existen editoriales de prestigio como la propias Nature que se dedica a jugar con las dos barajas: la antigua y la que “parece nueva”.

El mismo día que apareció en los rotativos la nota de prensa que os mostramos hoy en español-castellano, nos llegó otra de EE.UU., esta vez en suajili que no tiene desperdicio.  ScienceDaily recogía un artículo propagandístico de Frontiers , varios problemas de la ciencia actual como lo son las publicaciones científicas, falta de creatividad, exceso de competitividad, publica o perece, publish or perish, etc. Frontiers es na iniciativa del Grupo Nature. Esta la hemos colocado en último lugar.

Frontiers me escribió varias veces (supongo que como a otros muchos colegas) invitándome a lanzar alguna iniciativa. Ante la duda pregunté a varios amigos norteamericanos, y eso a pesar de su pleno apoyo al acceso abierto. Ninguno de ellos tenía una buena opinión de este tema editorial, por lo que decliné la oferta. Ahora bien, esta iniciativa, en la que participa Nature, defiende (como veréis abajo) el acceso abierto mientras que la propia revista es un icono de lo que ahora la UE parece decir  “entre líneas” no desear, o al menos eso se sobreentiende. ¿Un tanto extraño no?. Pues bien: sobre Frontiers, en Wikipedia. puede leerse que la comunidad científica en USA la consideran una revista depredadora (“potential predatory open access publishers [4]), es decir muy mal valorada, tanto como esas que hemos acusado de no tener padre ni madre, si bien tales acusaciones genéricas provienen de aquellos que defienden el status quo. En mi opinión las editoriales tradicionales son tan depredadoras como las de acceso abierto de mala calidad, pero esta últimas albergan unos contenidos realmente infames.

 También habrá que esperar a ver la reacción de las multinacionales-editoriales científicas, por cuanto no van a permitir, sin luchar arduamente, perder su modelo de negocio. Por otro lado, gran parte de las mismas son europeas que no americanas, y ya veremos de qué modo responde la UE a sus lamentaciones cuando se hable de los muchos millones de Euros que están en juego para varias empresas europeas. El final… “quien hizo la ley hace la trampa”. Resumiendo y apelando a otro refrán, ya que no me valen las decisiones de los que suelen incumplirlas: “Obras son amores y no buenas razones”. A bajo os muestro algunos post que demuestran como nosotros venimos defendiendo que él publica o perece ha generado mucho más daño que beneficio, tanto a la ciencia como a los buenos investigadores, fomentado la mediocridad.  

 Mi respuesta testimonial a la UE: ¡Me parece muy bien, fantástico!, pero por favor aclárennos, como lo van hacer sin que los investigadores de a pie salgamos perjudicados.    

 Pero si no queréis esperar y ver sobre que versa el tema Por favor lee este Documento de gran novedad publicado en 2016 por la UE

 Guidelines on Open Access to Scientific Publications and Research Data in Horizon 2020 (Febrero 2016)

 Resumiendo: palabras, palabras y palabras que no cambian nada, al menos de lo que muchos como yo ya hacíamos hasta hace 4 meses, respecto al acceso abierto, sin mención alguna a los criterios que reemplazarían al “publica o perece”.  

 Juan José Ibáñez

 Os dejo ya pues con las notas de prensa……..

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Calidad de los Artículos Científicos: Fomentando la Mediocridad y Las Bellas Durmientes

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A las Puertas de la Gloria Eterna: Publica o Perece: Fuente http://mestrechassot.blogspot.com.es/2013/09/14-publish-or-perishproduzir-ou-socumbir.html

Factor de Impacto: Llamando a las Puertas del Cielo

La noticia de la que vamos a hablar hoy, debería ser materia de reflexión acerca de cómo funciona la ciencia, así como de los argumentos de todos aquellos que defienden la actual carrera hacia lo absurdo, es decir la de publica o perece (publish or perish), como se puede leer hasta en Wikipedia. Personalmente, hago mucho énfasis a mis alumnos de filosofía y sociología de la ciencia en la UPM de que tal doctrina se encuentra dañando la esencia de la indagación investigadora. Una cuestión es que los profesionales debamos y deseemos publicar en las mejores revistas y otra muy distinta exigirnos que lo hagamos al kilo. ¡Tanto pesas. Tanto vales!. Si Einstein o Heisenberg, por ejemplo, levantaran la cabeza  se tirarían de los pelos y nos escupirían a la cara. ¡Estoy completamente seguro!. Más aun, posiblemente hubieran sido echados de sus centros por “falta de productividad.

La nota de prensa que os mostramos hoy y que lleva por título. “Las bellas durmientes de los artículos científicosnos informa de algo archiconocido. Con harta frecuencia muchos de los mejores artículos de una disciplina científica pasan inadvertidos durante años o décadas, eclosionando su popularidad mucho tiempo  después. Como señalan los autores del estudio, a menudo diversos investigadores publicaron sus visionarias contribuciones, sin el menor éxito, por ser demasiado transgresivos e innovadores para su época.   Incluso a varios de ellos les denostaron sus colegas, aunque finalmente fueron galardonados con premios, como el Nobel, como este caso  que reciente que os comentamos. Pero hay tantos y tantos episodios tan ignominiosos que haría falta escribir en libro para simplemente enumerarlos. Todos los ciudadanos con un poco de sesera saben sobradamente que no se puede confundir la calidad con la cantidad, ¿por qué numerosos colegas no?. Simplemente, debido a que se adaptan y sacan fruto de una estrategia que no tiene ni pies ni cabeza. Hemos escrito abundantes post sobre el tema, pero tan solo os recordaremos que muchos estudiosos llegan a la conclusión que tal carrera es una de las principales causantes del incesante incremento del fraude científico. El concepto de las bellas durmientes resulta confuso y confundente. Personalmente preferiría frases como “no está hecha la miel para la boca del asno” o “la conjura de los necios” (A confederacy of dunces, para aquellos que malinterpreten saber inglés son ser seres superiores). Por esta razón, y evitando ofender a la audiencia, reitero que el “publica o perece” tan solo acarrea el imperio de la mediocridad cualificada, sobre todos los demás. Lo de “la carrera científica” muchos lo han interpretado literalmente, lo cual dice muy poco de su talento. Dicho de otro modo los Currículos gorditos  desplazan a los delgaditos, y la grasa avanza a costa de la fibra muscular. ¡Menudos atletas!

¿Cómo valorar entonces la actividad científica?. Aquí se encuentra el meollo de la cuestión. Por mucho que se intente evitarlo, siempre toparemos con dificultades y juicios subjetivos.  Y una vez reconocido, tan solo debe tratarse de evitar, en la medida de lo posible, de uno u otro modo, aunque nunca se logrará un sistema perfecto, dada la humanidad (subjetividad) de los jueces. “No hay más”. “El cuento de las bellas durmientes”, no hace más que constatar una pauta una y mil veces repetida en la historia de la ciencia. ¡Nada nuevo bajo el sol”. Simplemente es de ese tipo de investigaciones a tiro hecho, es decir que se conoce el resultado de antemano, pero alguien tiene que demostrarlo “ortodoxamente”, es decir con cifras, aunque no sirvan de mucho. Empero las lecturas acerca de la historia de la indagación investigadora constatan que por cada bella durmiente que despierta, otras muchas no lo hacen jamás, a igualdad de méritos. ¡Así de triste!.

La cuestión de las citaciones científicas es un tema más que espinoso. Por ejemplo, si un científico investiga en un campo de moda en el cual también lo hacen otros muchos colegas, posiblemente su(s) artículos alcancen un gran número de citaciones rápidamente. Ahora bien, si el tema no llama la atención “en un momento dado”, o su estudio es tan original y transgresivo que no  resulta ser totalmente apreciado, llamando escasamente la atención por las razones que sea, da lugar a una bella durmiente a la espera que años después alguien tropiece con esa joya y muestre su valor a la comunidad científica (en lugar de plagiarla, lo cual no es una práctica en desuso) .  Mutatis mutandi, será valorado como un investigador mediocre al principio y como un genio, ya viejecito, si no está descansando ya en los cielos. Empero lo realmente mediocre es pretender que con una calculadora de aritmética elemental se intente valorar la trayectoria de un científico.  Más aun, resulta ridículo llevar una docta evaluación, de la calidad de los artículos para un periodo de tiempo determinado, dando cuenta de las citaciones de sus colegas, inmediatamente después de haber finalizado dicho lapso temporal, por cuanto debe esperarse hasta que la comunidad de expertos implicada ofrezca un juicio razonable y reposado. Y aquí la actualidad del tema tratado esulta esencial. Hablamos de lo que en España se denominan sexenios o gallifantes.  Y de este modo el filtro de la excelencia deviene en el de la excrecencia. Así no señores, si confundimos los fines con los medios, lo único que demostramos es que como científicos (….mejor me callo…..). Personalmente nado entre dos aguas, ya que todos nos jugamos el salario, unos con placer, otros como yo por no ser despedido, aunque algunos valientes y muy buenos científicos, por cierto, simplemente se han negado en redondo. Eso sí lograron entrar en el staff de sus Centros de investigación antes de que esta execrable esclavitud deviniera en imperativo legal. ¿Pero y los más jóvenes?. ¡No tienen salida!; o pasan por el aro, o a la calle a pedir limosna.

Debido a que mi experiencia universitaria como docente comenzó tardíamente, es decir acabo de alcanzar el primer y virtual quinquenio, perdón los cinco años, al comienzo me sorprendió la insistencia de algunos alumnos en saber antes como escribir un paper que en aprender que es la ciencia y la indagación científica (es decir en que consiste el método científico), finalmente cedí e imparto dos horas sobre este tedioso tema, muy a mi pesar. No obstante concentro mis esfuerzos en la sustancia, no detallándoles “exactamente” como redactar un artículo exitoso (no soy adivino), ya que por mucho que algunos vendemotos insistan, no existe receta mágica alguna. Simplemente les explico el proceso y, mis dudas sobre garantía de la revisión por pares, mostrando luego cifras, el peregrinaje del proceso completo, triquiñuelas, las vendettas anónimas que allí se dirimen, acontecimientos afortunados, etc. Ya no preguntan más, abrumados, asombrados y confusos. Sin embargo , aunque mi propósito estriba en activar vocaciones, cuando abordo estos temas, a más de uno se le quitan las ganas de iniciar la carrera científica (así me lo han comentado).   Les ofrezco muchos ejemplos, incluidos los fraudes que están ahí publicados, o como algunos colegas desesperados tienen la prodigiosa habilidad de Jesucristo: de multiplicar los panes y los peces, es decir la producción, al publicar “exactamente” el mismo artículo en dos o tres revistas sin que nadie se percate. Y como es fácil demostrarlo, ya que todo esto se encuentra en Internet…..

Personalmente me suele ocurrir que mis estudios más interesantes (o los que yo considero como tales) pasen un calvario antes de ser publicados, mientras que otros a los que denomino de relleno, “cuelen” (vocablo muy utilizado en este contexto y que ya de por si dice poco y malo de toda esta dinámica) sin problemas a la primera. Recuerdo exactamente uno que paso por tres revistas siendo rechazado. En lugar de intentar que fuera aceptado en otra de menor impacto (“en teoría, y solo en teoría”, menos exigente a la hora de juzgar las contribuciones que les llegan) le pegue una patada hacia arriba, remitiéndolo a otro reputado International Journal que triplicaba en impacto a los precedentes. Pues bien fue aprobado en 8 días, batiendo dos records personales a la vez, el de la inmediación en la aceptación y haber ¿logrado? Publicar en una revista con mayor FI que las precedentes, que no necesariamente “mejor,es ni peores”. Todo ello, presentando las pruebas, es decir el intercambio de mails  con los editores.

Es cuestión de tiempo que todo este cambalache se derrumbe por su propio peso. No se trata de un  mal necesario, como defienden algunos compañeros, sino de un cáncer innecesario que jamás debió producirse y generalizarse. ¡Tiempo al tiempo!. ¡No falta mucho!  Al final las crónicas serán rotundas en los anales de la historia de la ciencia, un grave tropiezo de duración aún no determinada que tan solo benefició a las editoriales multinacionales que se enricen a costa del dinero público  y a los que les gusta esto de competir en  las carreras hacia ninguna parte (algo que dista mucho de ser ciencia), ya que la mayoría de los que publican tanto y tanto y tanto, serán olvidados inmediatamente.  En otras palabras, una práctica que  perjudicó a la ciencia con mayúsculas.   

Lo dicho….. “la conjura de los necios” Muy buen libro, dicho sea de paso.  Y os dejo con la noticia ya que tiene bastante interés y cuya entradilla comienza sí:

 Cada día se publican decenas de estudios científicos, algunos de los cuales son ampliamente citados en medios de comunicación y, sobre todo, entre la comunidad científica, mientras que otros quedan perdidos en el olvido para siempre o durante largos años, algo que le pasó al mismísimo Albert Einstein. Pero…….

 Juan José Ibáñez

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Corrupción de la Indagación Científica: Publicar a toda costa, en detrimento de la calidad

En la página Web de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBSM) apareció un dosier (leído por mi el 3 de noviembre de 2013) cuya presentación llevaba el encabezado de “Publicar a Cualquier Precio”, firmado por Feliz M. Goñi. Personalmente coincido en casi todos los aspectos mentados en este documento. Por tanto me permito reproducirlo abajo, ya que trasciende el ámbito de conocimiento de esa rama del conocimiento, siendo aplicable a toda la indagación científica en general. Ya os hablé de este tema en un post antiguo que llevaba por título ¿Hacer Buena Ciencia o Publicar?: Entre la Espada y la Pared. También os muestro algunos párrafos de otra nota de prensa que da cuenta de un artículo en acceso abierto relacionado con este asunto. Eso sí ya advierto que en breve continuaré abundando sobre este tema, por cuanto considero que se trata de un cáncer que de no erradicarse acabará con el enfermo en estado de coma.

Si Albert Einstein viviera hoy (….). Don Alberto, llamado por sus autoridades seguramente oiría espetar: “Albertito está muy bien eso de que todo es relativo (¿?), pero llevan años con la misma cantinela y, exceptuando algunos de tus escritos en los que expresas muchas discrepancias con tus colegas que defienden la física cuántica, a penas has publicado nada más. ¿Te parece normal?. ¿Para eso te pagamos? ¡Estas adoptado una postura muy acomodaticia!. Si sigues así no tendremos más remedio que echarte a la calle (…).

Y cuando digo Einstein, escojo al azar el nombre de uno de los grandes buques insignia de la , ya que valdría para casi cualquier otro. Y si se trata de publicar Cervantes no fue muy productivo, pero Marcial Lafuente Estefanía sí. Ustedes, ¿con cual se quedan?, ya que el último casó a la luz, con gran éxito, “alrededor de 2.600 novelitas” en formato octavilla de no más de cien páginas”. Eso sí, que hubiera medrado actualmente, ya que obtuvo alcanzó una enorme popularidad,  y desde luego atesoró una desbordante fertilidad. ¿O no?. Pues nada, Catedrático de Universidad o Profesor de Investigación del CSIC. ¿Y Cervantes?. Con suerte maestro de escuela en un pueblecito perdido.

Como veréis más abajo, por muy buen científico que uno sea, si investigas en una disciplina que no sea considerada muy “sexi” (por lo que sus revistas más prestigiosas apenas sobrepasan un paupérrimo  índice de impacto),  aunque alcances la fama en su seno, la única posibilidad deviene en parecerse a Marcial o alcanzar un cargo de poder y, haciendo uso de los mismos, medrar a toda costa para obtener un ascenso profesional y otras “prebendas”.

Yo trabajo en las “ciencias del suelo” (y más concretamente en edafología), es decir una disciplina nada sexi (aunque existan varias decenas de miles de desdichados investigadores alrededor de todo el mundo dedicados a ella). Más concretamente cuando comencé, en el CSIC, había varias decenas de expertos. Ahora, que yo sepa, quedamos dos y ya muy entrados en años. No podría tener un becario cuyo destino fuera ineludiblemente el paro, por lo que desistí adiestrar a nadie en estos asquerosos temas, siendo ahora penalizado. Pues bien, en el extranjero muchos colegas alegan que publico mucho, mientras que en España que “soy una mierda”. No entro en detalles porque podría llevarme un disgusto con mis autoridades. Con vistas a alcanzar fama y gloría se me ha insistido en que cambie de especialidad. Empero tal tema no casa con mi marea de ser.

No me extrañaría que una de la tesis de  John Horgan, en su libro “El Fin de la Ciencia”, a saber el acusado descenso de la creatividad científica desde la II guerra Mundial (justamente cuando una ingente cantidad de personas comenzaron a dedicarse  a la ciencia, tantas como lo han hecho a lo largo de toda su historia) coincida con el advenimiento de la estúpida política de publica o perece. ¿Causa y efecto?: ¡Posiblemente! Tal estrategia vale para los espurios y efímeros rankings de los países, en detrimento del progreso de la humanidad.

¿Un científico fértil en producir papers es necesariamente más conocido que otro cuyas publicaciones se puedan contar con los dedos de la mano?. En otro post os demostraré que no, sin necesidad de apelar a grandes y afamadas figuras de la ciencia. De ninguna de las maneras.

Continuará (…)

Juan José Ibáñez

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