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Bosques tropicales y sequía (¿Reforestación Inteligente?)

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Colaje de imágenes de Google sobre bosques tropicales panameños.

 ¡Se hunde el barco, bajen las lanchas!: ¡Por favor atiendan: ¡niños, ancianos y enfermos que se suban los primeros!. Esta frase, o alguna parecida, la habréis oído con harta frecuencia en las películas de cine!.  Pues bien, la noticia que vamos a analizar hoy nos viene a decir lo mismo!. Todos saben que las criaturas animales más débiles, por término general son las más jóvenes, aún en fase de crecimiento, mientras que las más vetustas, cuyos cuerpos han ido deteriorándose con el devenir del tiempo también resultan ser frágiles. Quien tiene un jardín, bien podría decir lo mismo de sus plantas adaptadas al entorno.

 Tropical forest response to drought depends on age (La respuesta de los bosques tropicales a la sequía depende de su edad) acaba de descubrir lo obvio, aunque debemos reconocer que también aporta algún detalle de interés. Que cada especie vegetal responde de diferentes formas a los periodos de sequía es una obviedad en la que no merece desperdiciar palabras. Que los individuos de una misma especie reaccionan de forma dispar a los impactos ambientales y enfermedades no merece más calificativo que ¡sin comentarios!. Y quien tenga unos mínimos conocimientos de geobotánica estará harto/a de observar ejemplos en la naturaleza.  Veamos algo ahora de la sustancia, ya que se encuentra en los suelos.

 Conforme la sequía se prolonga, la transpiración del medio edáfico y la evaporación de las plantas van haciendo descender el depósito de agua almacenada en el medio edáfico, succionando finalmente la que permanece a mayor profundidad. Los árboles pueden ser, según la especie, de enraizamiento somero o profundo, por lo que (…) ya sabéis la respuesta. También es trivial, una enseñanza de parvulario que, conforme un árbol crece, lo hace hacia arriba, en el medio aéreo y hacia abajo en el suelo, el consabido geotropismo (gravitropismo), por poner una nota de color académica.  Como corolario, las plantas maduras, y en especial los árboles maduros pueden succionar el agua hasta varios metros en el seno del suelo/regolito mientras que un vástago joven no o con dificultades.  Si volvemos a recordar que unas especies atesoran sistemas radiculares que penetran a mayores profundidades: ya tenéis los relevantes resultados de esta investigación. Añadamos que los individuos viejos y las especies arbóreas de enraizamiento somero son las primeros(as) en caer tras arreciar los vientos (huracanes, tormentas tropicales). Como corolario, resulta palmario que un ecosistema forestal maduro adquiera un aspecto mosaicista, aunque también intervienen otras causas que sería largo de describir en un post.  Por lo tanto, se me antoja insustancial el alegato de los autores de este trabajo cuando escriben en la nota de prensa:

 “Los árboles tropicales responden a la sequía de manera diferente dependiendo de su edad, de acuerdo con una nueva investigación dirigida por un científico postdoctoral en la Universidad de Wyoming”.

“Descubrimos que la edad del bosque importa”.

“Nuestros resultados indican que los factores más importantes para la regulación de la transpiración en los bosques jóvenes tienen que ver con su capacidad para acceder al agua en el suelo, mientras que los bosques más antiguos se vieron más afectados por las condiciones atmosféricas”.

Estamos trabajando en técnicas de diseño que llamamos ‘reforestación inteligente’, tomando decisiones sobre qué especies de árboles plantar para lograr diferentes objetivos de uso de la tierra”,

¿Reforestación inteligente?: al parecer, antes de este sensacional descubrimiento, se sembraba al azar. Me resulta difícil entender el valor del estudio. Al parecer los científicos pensamos que la naturaleza es tonta. Y por eso intervenimos, pero con la desventurada ¡sorpresa! añadida de que a menudo lo hacemos mucho peor, ya que la degradación de la biosfera sigue su curso al no disponer de tanto talento, nuestra Smart Inteligentia. ¡Amén!

Os dejo con la noticia traducida, aunque si no lo hubiera hecho, tampoco os secuestraria prácticamente ninguna conclusión de sustancia.

Juan José Ibáñez

Continúa………

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Estructura del suelo y flujo de agua: partículas, agregados, rugosidad

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Agregado del Suelo. Fuente: University of Abertay Dundee (Escocia)

 La realidad de campo supera en complejidad a lo que los científicos podemos especificar, modelar  e introducir en las simulaciones numéricas. Como corolario, los resultados  que ofrecen tales modelos matemáticos deben valorarse con suma precaución.   Ya os he contado en alguna ocasión la frase de un afamado matemático que, más o menos, venía a decir “el problema no estriba en que los científicos hagan uso de modelos matemáticos, ya que son importantes para testar sus hipótesis, sino que muchos finalmente terminan por creerse sus resultados”.   El estudio que analizamos hoy ha sido llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Southampton. En él se “pretende” modelar la importancia de la estructura del suelo en el comportamiento hidrológico y la captación del agua por las raíces de las plantas. Con  tal motivo los autores dicen haber detectado diversos rasgos geométricos del medio edáfico (tomografía, RX).  En primer lugar, estudiaron la repercusión de la textura (fracciones granulométricas). Los resultados no debieron ser satisfactorios, por cuanto la nota de prensa no menta nada más al respecto, como tampoco el abstract del artículo de investigación. Seguidamente pasaron a indagar el comportamiento de los agregados del suelo (conjunto de partículas de diferente tamaño agrupadas/cementadas entre sí por diversas fuerzas).  Según su modelo, el flujo del agua cerca de los agregados edáficos resultaba ser clave con vistas a cuantificar adecuadamente las propiedades hidrológicas.  De acuerdo a la nota de prensa (más bien confusa) los poros interiores de los agregados son demasiado pequeños, por lo que parecen “prácticamente impermeables” a su humectación, no ocurriendo lo mismo cerca de su superficie, en donde las cavidades resultaban ser de mayor tamaño. Francamente no me quedó claro si “cerca” implicaba a los poros mayores de las cavidades agregacionales más próximas a la superficie de estos aglomerados, o si se encontraban fuera de los agregados aunque bordeándolos (en sus fronteras). Por lo tanto, consulté el resumen del trabajo (que también os añado abajo) que resultó ser mucho más explícito:Los resultados muestran que la rugosidad de la superficie de los agregado tiene un efecto significativamente mayor en el flujo que la microestructura dentro del agregado. Por lo tanto, esta es la región en la que la resolución de la TC de rayos X para el modelado basado en imágenes tiene el mayor impacto”. Dicho de otro modo  es la rugosidad de la superficie del agregado la que parecía afectar en mayor medida al comportamiento hidráulico de los suelos. ¡Ahora si!.

 Ya os comenté en algunos post anteriores como en los siguientes: “Propiedades de la Materia: Composición, Tamaño, Abundancia, Forma y Superficie”; “Secuestro de Carbono y Rugosidad de las partículas minerales del Suelo”; El Microcosmos del Suelo: La revolución de las Imágenes”; Peso, masa, densidad, rigidez y otras características del microcosmos que albergan los suelos;” “¿Cuanto Mide un Metro Cuadrado de Suelo?  La rugosidad es una variable poco estudiada en muchos ámbitos de la ciencia a pesar que hoy sabemos que afecta seriamente al comportamiento de la materia, y más aún en  los medios porosos heterogéneos. En consecuencia estos resultados vuelven a corroborar nuestras tesis. 

Sin embargo, volvemos a reiterar que en la naturaleza los suelos atesoran grietas que se contraen y expanden, cavidades elaboradas por animales de todos los tamaños, como nidos o refugios, canales para el tránsito de invertebrados del tipo de las lombrices de tierra o las formadas por las propias raíces de la vegetación, enormes estructuras de gran porosidad creadas por los termiteros y hormigueros, etc. En consecuencia los resultados obtenidos por estos autores se me antojan que atesoran mucho menos valor del que ellos alegan, por cuanto pasan por alto esta “realidad de campo”, centrándose expulsivamente en los miopes inputs de sus “avanzados modelitos”. Eso sí, de corroborarse la importancia de la rugosidad de los agregados, algo habríamos avanzado en la comprensión de la hidrología del suelo. Pero de aquí intentar modelizar con eficacia el comportamiento hidrológico de los suelos en la naturaleza (sin tener en cuenta lo anteriormente aludido) existe un abismo.

 Juan José Ibáñez  (más…)

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