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Hormigueros: Mega-Ciudades Bajo el Suelo (Estructuras que Remozan Suelo y Regolitos)

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Estructura de un Hormiguero. Fuente: Google Images

Las hormigas agricultoras popularmente denominadas  “cortadoras de hojas” o atinas, han recibido bastante atención en documentales y otros medios de comunicación, en contra de lo que suele ocurrir con otros insectos del suelo de pequeño tamaño.  Generalmente se ha realizado mucho hincapié en sus casi militares columnas de obreras que acarrean trozos de hojas camino de los hormigueros. Sin embargo, como hemos ido viendo en esta serie de post que terminamos con la presente entrega, tal imagen es la punta del iceberg de una de las sociedades de animales más complejas del Planeta. Recordemos  que, Atta sexdens, habita en las Américas ,donde como ya describimos en  otro post pueden causar gravísimas pérdidas económicas en las producciones agrarias. Sus hormigueros o nidos resultan ser de los más complejos, pudiéndose equiparar a mega-estructuras urbanas en el seno del medio edáfico. Con vistas a edificarlas, las “Atinas” mueven toneladas de suelo hasta más de seis metros de profundidad, realizando una gigantesca  labor de bioturbación que homogeneizan los horizontes del perfil, mejorando la fertilidad de los suelos.  Posiblemente sea una de las principales especies que evitan la formación de horizontes en muchos suelos tropicales (como los Nitisoles y Ferralsoles/Oxisoles), sin descartar a otras especies y las termitas, de las que ya hablamos al analizar las Sabanas Africanas. Como relata Tim Flannery en el libro que lleva por título “Aquí en la Tierra” esta especie de hormigas y alguna otra, a las que se atribuye el ambiguo vocablo de superorganismos,  podría considerarse, desde algunos puntos de vista, que alcanzan el tamaño de los mayores mamíferos que aún viven sobre la faz de la Tierra, como por ejemplo, elefantes, cachalotes  y las ballenas. Atta sexdens, por ejemplo, puede remover para construir su hormiguero cuarenta toneladas de tierra. Tal urbe puede albergar hasta ocho millones de individuos-hormiga. Como más abajo os mostraré estas estructuras subterráneas alcanzan extensiones muy considerables, superando los 100 m2 bajo el suelo, pudiendo estar habitadas durante 20-50 años, siendo muy resistentes a las perturbaciones y catástrofes naturales que azotan a la parte aérea de los ecosistemas en los que residen. Si nos atenemos a estas cifras, extensión/ duración/profundidad y emigración y las extrapolamos a otros lares, no debe extrañar que puedan considerarse la gran bioturbación de los ambientes en donde moran, evitando una horizonación del perfil del suelo, que como ya vimos en otro post empobrecería la fertilidad de las coberturas edáficas. En otras palabras los hormigueros de este tamaño airean el suelo a través de sus túneles y cámaras, lo enriquecen en nutrientes, tanto por incorporar la biomasa foliar aludida, como por acumular sus desechos y desperdicios en ciertas cámaras del nido que les sirven para tales fines. Así pues, el poder de reciclado de tales edificios subterráneos es formidable, devolviéndose lo que se les secuestra a las plantas y ecosistemas en general con creces. Se puede considerar a las hormigas Atinas y otras especies similares como importantísimos herbívoros de las selvas neotropicales, ya que consumen entre el 12-17% de su biomasa foliar. Y así Tim Flannery valora que el consumo de un hormiguero equivale al de un gran herbívoro, como por ejemplo un ejemplar vacuno. Este autor también evalúa, que el éxito social de estos insectos sociales como un superorganismo  (cada nido) en los biomas tropicales/subtropicales es tal como para que su biomasa suponga aproximadamente el 30% de toda la animal que contienen algunas selvas brasileñas que han servido a la hora de realizar estos cálculos.

Una vez más Tim Flannery  nos informa como los científicos, han intentado cuantificar el metabolismo de tales estructuras, estimando las cantidades de CO2 que emiten, al estilo de la respiración de los humanos. Es de esperar que tal medida nos ofrezca una idea del trabajo que desempeñan sus individuos o lo que es lo mismo, el conjunto de este superorganismo. Al parecer, si en las colonias de un hormiguero, se experimentaban algún tipo de conflicto entre  sus individuos (como por ejemplo cuando alguno de ellos pretende alcanzar la hegemonía sexual),  el CO2 se disparaba respecto al habitual en los más prolongados periodos de calma, es decir en los que impera el orden social. No obstante también llegaron a la conclusión de que tras desaparecer una hormiga reina, las emisiones de CO2, caían con rapidez, permaneciendo en tal estado por algunas horas, como si, en términos metafóricos, experimentaran algún tipo de duelo (francamente tal proyección antropomórfica se me antoja más que atrevida.

Os dejamos pues con ciertos pasajes de Wikipedia que dan cuenta de la gran complejidad estructural de los hormigueros, repletos de cámaras y túneles con distintas funciones y que evitan la contaminación de sus estructuras, sin ser exhaustivos.  

Juan José Ibáñez

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Superorganismos y Sociobiología: Una Perspectiva Tenebrosamente Inquietante

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Superorganismo y el cebero global. Fuente Jeff Sayre.com

Vamos a iniciar sobre una serie de post sobre el universo de unos insectos sociales que viven bajo el suelo, incluyendo sus repercusiones sobre el medio edáfico y los ecosistemas en los que habitan. Sin embargo advertimos a los lectores interesados por el tema que no se dejen fascinar por el asombroso mundo de las hormigas, es decir que sean muy prudentes a la hora de compararlad con las sociedades humanas. En este primer post analizo el dilema y controversia.

Superorganismo, me resulta una palabra tan atractiva y fascinante como inquietante y tenebrosa. Todo depende del cristal con que se mire. Obviamente existen excepciones que confirman la regla. Así, por ejemplo, la Hipótesis Gaia es sugerente en mi opinión, aunque la considero una cosmovisión, que no una hipótesis y menos aún una teoría científica. Sin embargo la popularidad del palabro que analizamos hoy surgió esencialmente del estudio de los insectos sociales, adquiriendo un gran protagonismo por el auge de la sociobiología. Y resulta que el proponente de este última disciplina no es ni más ni menos que un estudioso de los insectos sociales, Edward Osborne Wilson, que con su monografía. Sociobiology: The New Synthesis, publicado en 1975, generó una enorme polémica. Por aquellos tiempos yo me encontraba aun realizando mis estudios universitarios. Al menos en Europa, muchos expertos clamaron que se trataba de una ideología fascista, y en parte creo que andaban cargados de razón. Investigadores norteamericanos de la talla de Stephen Jay Gould eran de la misma opinión. Aunque en Wikipedia se menciona más a los críticos norteamericanos, en su momento, los ataques más duros  contra Wilson llegaron desde Europa.

Unos diez años después, el gran éxito divulgativo de los libros redactados por Richard Dawkins, terminaron por lograr que la sociobiología adquiriera una mayor popularidad entre los investigadores jóvenes.  No resulta extraño en la historia de le ciencia demostrar que algunos de los seguidores de una determinada ideología, teoría o hipótesis (según  proceda) resulten ser mucho más radicales en su defensa que los propios progenitores, como por ejemplo, fue el caso de Wallace ante Darwin. Y así surgió de este último caso el denominado Darvinismo Social. De hecho, las raíces del fascismo y del hoy denominado darvinismo social, efectivamente precedieron Darwin. Don Carlos tan solo postuló una teoría, basada en evidencias científicas que, según algunos, justificaba una ideología que  a la postre, en manos de Hitler, dio paso a la segunda guerra mundial.  Y es que en la Inglaterra del Siglo XIX el pensamiento cuasi-fascista afectaba a numerosos intelectuales. Como mentamos, actualmente, algunos “pensadores” defienden que el  Darvinismo social precedió a la propia teoría de la Evolución desarrollada por Carlitos. En aquella Inglaterra victoriana algunos intelectuales e incluso reputados científicos, como lo fue  Ronald Aylmer Fisher, consideraban que había que acabar con borrachos, vagos y maleantes, ya que eran una excrecencia que ralentizaba el progreso y pudrían. A lo largo de mi vida he leído textos en los que se denunciaba como los intelectuales del Nacional Socialismo Alemán no lograban comprender como Inglaterra rachazaba colaborar con Hitler, narrándose varios sucesos históricos que a la postre se han querido silenciar, en la medida de lo posible.

Reitero, que son muchos, los que como Stephen Jay Gould, consideran que existe una estrecha relación entre la Sociobiología, con el radical determinismo biológico inherente a esta última teoría fascinerosa. De ahí que la aparición de la obra de Wilson despertara ampollas entre muchos intelectuales y científicos europeos, ya que no hablamos de una teoría científica en sentido estricto, como acertadamente apunta la Wikipedia en español.

Reitero que los tiempos han cambiado, pero aunque se diga lo contrario, el ciudadano europeo medio es menos propenso al análisis crítico de la evolución social y la defensa de las libertades individuales que en las décadas que siguieron a la ya mentada conflagración mundial. De ahí que la Sociobiología les parezca a muchos una propuesta inocua, cuando otros pensamos lo contrario.

Empero la idea del Superorganismo reiteremos que procede esencialmente del estudio de los insectos sociales, muchos de los cuales han evolucionado y viven en el seno del uelo. Ya hemos editado varios post al respecto, cuya relación añado al final de este post. Sin ninguna duda, el mundo de estos insectos, como termitas y hormigas, resulta asombroso e intrigante. Y en una serie de entregas de la que esta es la primera iremos abundando sobre el tema partiendo como en otra ocasión del libro redactado por Tim Flannery y que lleva por título “Aquí en la Tierra”. Abundaremos de nuevo en la biología del suelo, para mostrar que existen en ella unas sociedades que, desde muchos puntos de vista, rivalizan con las humanas hasta puntos asombrosos. Así por ejemplo, expondremos como en el universo de las hormigas existe una evolución que atesora un fuerte paralelismo con la secuencia: Paleolítico-Neolítico-Estados-Civilizaciones Modernas. La fascinación por estas criaturas fue la mecha que encendió la Sociobiología de Wilson. Sin embargo, y aun aceptando que se trata de sociedades asombrosas que han logrado un gran éxito evolutivo, debo recalcar que estos insectos sacrifican su individualidad por el bien común hasta sus últimas consecuencias. Resulta tentador y  a la par factible extraer enseñanzas de estas comunidades de animalitos de cara al progreso de la humanidad. Ahora bien, a casi nadie nos gustaría perder nuestra identidad individual, para convertirnos en meros zombis cuasi-descerebrados de un superorganismo, por mucho que le llamemos  civilización o post-civilización. Empero tal cómo deriva la evolución social humana actualmente me surgen ciertos temores. No achacaré esta vez toda la responsabilidad al ultra-neoliberalismo económico imperante, por cuanto también en las sociedades estrictamente comunistas del Siglo XX, en aras del bien común, se llevaron a cabo más que amagos para anular a ese individuo identitario y consciente que nos aterra que sea finalmente abducido por un superorganismo.  Para aquellos “seriéfilos”, es decir a los que les gusten series televisivas, como la  de  Star trek, cabría mentar que una sociedad humana, ultra-tecnológica, que siguiera las “el padre nuestro” de la sociobiología de los insectos se asemejaría bastante a la de los tenebrosos Borg.

Veamos pues que suele entenderse por superorganismo…..

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