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La Teoría Actor-Red y el Contexto de la Tecnociencia

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Foto: Bruno Latour y Michel Callon Colaje Imágenes Google

Ya o explique en el primer post “De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia” que inició el pistoletazo de salida para nuestro curso básico sobre el tema que, entre los cánones aceptados y racionales de la filosofía de la ciencia en sentido estricto, la praxis actual de la indagación científica no tiene apenas cabida. De aquí que hallamos elaborado una nueva categoría de post con vistas a ir informando de ello. Comentaba al finalizar el núcleo central de nuestro Curso Básico sobre   filosofía y sociología de la ciencia, como al finalizar las clases de la asignatura que impartía en aquel máster universitario, al igual que al clausurar conferencias, me agarrotaba la sensación de que en nuestro quehacer cotidiano los científicos usamos poco y sabemos menos del denominadométodo científico”. Y justamente en ese momento entraba en escena (“que no la ciencia en acción”) nuestro viajo amigo Bruno (Filosofía de la Ciencia versus Filosofía de la Investigación: ¿Quién es Bruno Latour?). En la década de los años 90 del S. XX, cuándo intentaba ir más allá de la filosofía, para penetrar en la sociología de la ciencia (que no la “filosofía del conocimiento”), solía encontrarme con la visión imperante academicista de Robert King Merton, que no me decía mucho y se me antojaba una perspectiva obsoleta. Adelantemos, siguiendo a Wikipedia que: “La sociología de la ciencia considera las influencias y componentes sociales en la ciencia. Diferente de la sociología del conocimiento que investiga los orígenes sociales de las ideas y del efecto que las ideas dominantes tienen sobre las sociedades. Merton impulsa un subcampo de estudio denominado sociología del conocimiento, el cual aborda la ciencia moderna como una institución social y se interesa por el ethos específico que la caracteriza”. Sinceramente el pensamiento mertoniano me aburre, por no entrar en análisis más críticos. Y así tope con Bruno Latour y los denominados inicialmente estudios sociales de la ciencia y posteriormente estudios de la ciencia (aunque por lo que he leído también se han acuñado otras muchas etiquetas, a la hora de denominar el  enfoque aludido) al que dedicamos ya hace años varias entradas, con vistas a explicar sus fundamentos. Aquí os doy cuenta de la mayoría de los mismos: (i) Los Poderes y su Terror al Imperio de las Masas: Bruno Latour y las Enseñanzas de las Ciencias de la Complejidad; (ii) Mente y Realidad: Descartes y Kant desde la Óptica de Bruno Latour; (iii) Percepción Individual, Social y Cultural de la Realidad, Según Bruno Latour; (iv) La Actividad Científica como una Red de Relaciones  ; (v)La Ciencia como Red de Interrelaciones Humanas-No Humanas; (vi)El Realismo De Bruno Latour y la Actitud Sectaria de los Científicos; (vii)¿Una Sociedad Libre o Esclavos del Poder?: El Affair de Wikipedia; (viii)Wikipedia versus Citizendium: En defensa de la Participación Ciudadana o el Temor al Imperio de las Masas; (ix) Los Errores del Periodismo Científico a la luz de los Estudios Sociales de la Ciencia); (x) (Transmisión de la información, Conectividad y Redes Sociales: El Número Mágico 6 o ¿7?); (xi) (El Periodista Científico como Paracientífico y Sociólogo del Entramado Inherente a la Indagación Investigadora); (xii) (El Circo de la Ciencia Contemporánea) ; (xiii) (La Crisis Actual del Periodismo Científico); Aunque por los títulos de algunos post no lo parezca, en todos ellos la teoría Actor Red o ANT, resultan ser el epicentro esencial de los discursos en ellos redactados.

En este post retornaré a un texto sobre el que ya hemos basado varios post anteriores del curso de tecnociencia. Me refiero a la Teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia cuyos autores son Javier Echeverría y Marta I. González, como os indico con más detalle abajo. Omito pues varias entregas personales previas en las que explicaba mis consideraciones acerca de la Tesis de Latour sobre la Teoría Actor Red. Sin embargo, en su magnífico artículo, echo en falta algunos aspectos que no suelen ser contemplados con atención a la hora de analizar esta teoría. A pesar de ello creo que son de vital importancia. ANT enfatiza las relaciones en Red, lo cual debiera implicar hacer uso/contemplar/ explicar a la luz de (…) de las propiedades inherentes a las mismas la Actividad Científica como una Red de Relaciones. Del mismo modo, cuando hablamos de sistemas en los que actúan una plétora de agentes entrelazados mediante sus relaciones/interacciones mutuas nos encontramos, prácticamente siempre con que se trata de sistemas no lineales es decir complejos (Concepto de Complejidad) que también atesoran unas cualidades muy idiosincrasias que la formulación ANT debiera cumplir (Teorías Científicas Como Estructuras Complejas). Ya hablaremos de ello más adelante, en otro post. Finalmente no voy a detallar las críticas que según Wikipedia ANT ha recibido de sus detractores, ya que no merecen mi consideración. Eso sí, una de ellas estriba en el desacuerdo de algunos expertos en la ruptura de dicotomías previamente establecidas, tales como humano-no humano, natural-social. Personalmente discrepo, por cuanto se trata de antónimos muy perjudiciales para el progreso de la ciencia, como defendí en el post:  El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios y la Perspectiva de Jean-Marc Lévy-Leblond.

La principal fascinación que ha producido ANT estriba en considerar el mundo de la ciencia, y con mucha mayor razón el entramado de la tecnociencia como un una red de relaciones en la cual los agentes pueden ser humanos, pero también sociales y estrictamente no humanos, atesorando todos a priori (en principio) el mismo peso. Es decir, un elemento de la red podría ser un científico, pero también una institución académica, un instrumental (generalmente de vanguardia, pero…), intereses o lobbies políticos, grupos de presión, agentes financieros, juristas, periodistas, una pandemia, etc. Del mismo modo, las tesis de Latour sobre la ciencia viran de la teoría a la práctica científica y los agentes que la forman o condicionan al interaccionar. Como veremos en otras entregas posteriores, son cosas muy distintas, algo que suele ocurrir en todos los ámbitos de la sociedad y sus conocimientos. Se trata de una hipótesis/¿teoría?. rompedora y valiente. Empero atesora otras virtudes que iremos desgranando. Os dejo ya con los contenidos de Wikipedia y después con los de los propios autores. 

Juan José Ibáñez

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Sobre la Tecnociencia, la Filosofía del Conocimiento, el Constructivismo y La Teoría Actor-red

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Fuente: Colaje Google Imágenes

¿Qué es la verdad Científica? Ya os he expuesto en varias ocasiones nuestra postura, que a la postre fue previamente avalada antaño por las últimas escuelas de la filosofía de la ciencia (como vimos en nuestro Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia, y más concretamente en varios post como este: La Verdad Científica Como Consenso) Si hay una verdad absoluta ahí fuera, se encuentra más allá de nuestro alcance. Eso sí, la ciencia intenta hacer retroceder, paso a paso, el muro de nuestra incalculable ignorancia. Empero muchos científicos profesan un amor incondicional a su objeto de estudio y no terminan de reconocerlo. ¡El amor es ciego! e ¡ignorante!, dicho sea de paso. A menudo, casi textualmente, he sido criticado en varias ocasiones por “ensañarme mucho con la ciencia, demasiado! ¡Se trata de una percepción rotundamente falsa! A título personal  tengo pasión por ella, lo que ocurre es que una cuestión es el interés/ pasión, y otra muy distinta pensar que “ella es perfecta”, como defienden muchos profesionales dedicados a la Filosofía del Conocimiento. Se trata de una escuela a la que denominamos constructivismo, muy importante desde hace tiempo y que sigue ganando adeptos, más aun desde que las ciencias cognitivas comenzarán a dinamitar desde el propio seno de la indagación científica cualquier atisbo de objetividad pura, tanto en nuestras mentes como en los productos que se derivan de ella. Nos estamos refiriendo pues a un constructo social. Abajo os dejo unos párrafos preliminares, extraídos de Wikipedia, acerca de estas ramas del saber. Fijaros que cuando os reproduzco unos escasos fragmentos del texto que expone la enciclopedia libre sobre filosofía del conociendo, lo hago desde su capítulo dedicado a la de la ciencia, para que no alberguéis la menor duda. 

Ruego al lector que se fije en el siguiente hecho: La tecnociencia incorpora parte de las humanidades y en especial las ciencias sociales al núcleo duro de su programa científico de Investigación, desde la perspectiva lakatosiana, sobre la que ya abundamos con varios post en nuestro “Curso Básico de Filosofía de la ciencia”. Se me antoja paradójico que un hecho deseable, lograra por fin entrar en el seno de las discusiones acerca de  la ciencia, usando un vehículo que considero intelectualmente muy obsceno como lo es la propia tecnociencia. Más aun, dado que esta última y los estudios sociales de la ciencia, al contrario que en la filosofía clásica sobre el tema, cambian de dirección al analizar cómo trabaja la ciencia, dejando en un segundo lugar su esencia de la indagación científica (como lo es por antonomasia el método científico en su mismo), la propia filosofía se “socializa” y “desacraliza” bajando también de su pedestal

Será a partir de ahora la praxis y los intereses que la condicionan los que aglutinarán los estudios acerca de que es la ciencia.  Y así el progreso de la ciencia no se cargará a “hombros de gigantes intelectuales”, sino que debatiremos acerca del poder, la avaricia, la codicia, la vanidad y otras cualidades lamentablemente muy humanas

Y estas líneas vienen a colación debido a la propia definición de Tecnociencia, ya que esta diluye lo natural de lo social, lo objetivo de lo subjetivo, etc. Extraje el siguiente fragmento de texto, que ya os comenté y sobre el que sigo abundando abajo, de un artículo, firmado por tres expertos, y entre ellos Xavier Echeverría: Todas las dicotomías (naturaleza/sociedad, sujeto/objeto, humano/no humano) son puestas en tela de juicio en un intento de superación de la ideología de la modernidad (…). Soslayando toda esa desiderata de modernidad, posmodernidad, etc., lo cierto es que las aludidas dicotomías son a menudo las peores de todas ellas, por lo menos cuando abordamos temas científicos:las antonimias”. En este sentido os recomiendo que leáis una interesante obra del pensador francés  de Jean-Marc Lévy-Leblond de la que hablamos en nuestro post: “El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios”. Y reitero por enésima vez, no podemos seguir pensando que es posible asirse a alguna verdad absoluta.  Debemos aprender a vivir con la incertidumbre de nuestros progresos, científicos o culturales en general, siempre mejorables (Los Conceptos Científicos y sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre).  Y si la ciencia es un constructo social, la antaño considerada nítida frontera entre la  filosofía y la sociología, se diluye paulatinamente. De aquí que la Tecnociencia, incluso para aquellos que tienen fe ciega en la misma (que son los poderes fácticos que la sustentan) suelen aceptar tal constructivismo sin más miramientos y reparos, y menos aún ascos en sus discursos.

Y quizás sea este uno de los aspectos de la Tecnociencia que menos dañino se me antoja. Me refiero al reconocimiento  del interés de romper esa invisible pero pertinaz frontera que separa las humanidades de las ciencias. Ya en 1959 C. P. Snow habló del daño generado por tal línea roja, tanto a los estudios transdisciplinares como al conocimiento humano en general. Necesitamos la convergencia de las dos culturas, pero no en la dirección que apuntan los ayatolas de la tecnociencia. 

Por otro lado, y como veréis en los fragmentos de texto que os expongo abajo, las Tesis sobre las que Echeverría se basó para el desarrollo de su propuesta de tecnociencia,  en primera instancia, no parecerían encajar adecuadamente con las que usaron Latour y callón a la hora de exponer la denominada Teoría Actor-Red. Sin embargo a la postre este notable filósofo, junto a González y Casanova (2004), intentaron, más que conciliarlas, demostrar que juntas estimulan mutuamente su potencialidad heurística. Y es por esta razón por lo que hemos preferido escoger este artículo a otros de igual calidad. 

Así pues, en este post intentamos relacionar la Tecnociencia, con la Filosofía del Conocimiento y la denominada Etnometodología.

Juan José Ibáñez

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La Actividad Científica como una Red de Relaciones (Curso de Periodismo Científico y 4)

Continuamos ofreciéndoos un minicurso sobre periodismo científico Así pues, editamos hoy nuestro cuarto post sobre este tema. La mayor parte de las noticias sobre la actividad investigadora contemplan a los expertos como entes casi aislados en sus torres de marfil (es decir en sus laboratorios), cuyos estudios  hacen progresar a la empresa científica. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Quizás en el pasado esta percepción estuviera justificada, o al menos fuera válida en “algunos aspectos”. Sin embargo, con el devenir del tiempo, no se puede sostener una perspectiva tan prosaica. La comunidad científica conforma una intrincada red de relaciones entre los diversos agentes interesados, dentro de los cuales, los científicos son uno más. En consecuencia, obcecarse en atender tan solo a sus publicaciones y notas de prensa, nos impiden de alcanzar una visión global y, como corolario, se confunde al ciudadanoBruno Latour y Michell Callon, entre otros, defienden que la ciencia en acción debe analizarse mediante la teoría de redes. Ahora bien, dentro de la última, contemplan tanto el rol de los agentes humanos como la incorporación de los no humanos. Nadie puede dudar del interés que nuestra actividad despierta en los organismos gubernamentales, empresas, etc. Sin embargo, no debería soslayarse el papel de la información e instrumentación que, de acuerdo a los autores mentados deben formar parte de la red. Solo así, el periodismo científico pueda dar cuenta de su objeto de estudio, dando lugar a noticias más profundas y acertadas del quehacer indagador de estos ciudadanos. No cabe duda, de que  la incorporación de lo no humano se convirtió en uno de los aspectos más polémicos  de la Teoría-Actor Red. Sin embargo, los investigadores sabemos sobradamente que sin una instrumentación de vanguardia y el acceso a la literatura reciente, difícilmente podemos llevar a cabo indagaciones de interés. Y tales agentes no humanos (entre otros muchos) se encuentran al alcance de muy pocos individuos y países.

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Redes. Fuente: Natalia V. Katenja

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