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La Comunicación de las Hormigas, Inteligencia Distributiva y La división del Trabajo (y la Teoría Económica de Adam Smith)

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División del trabajo y división del tamaño en las hormigas cortadoras de hojas. Fuente: Bioblogs by Biotunes

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Hormiga guardaespaldas de hormiga transportadora. Fuente: About Education

Las sociedades complejas de las  hormigas, como las humanas, necesitan una comunicación permanente y coordinada entre sus individuos.  Sin embargo, ellas no disponen de un lenguaje como el de los humanos, además de que la inteligencia social resulta ser de tipo distributivo, actuando sus componentes como autómatas¿Cómo consiguen pues comunicarse?. La respuesta es simple, vía química. Basta un grupo de sustancias denominadas feromonas, para que cada una de ellas, y/o sus correspondientes combinaciones, puedan llegar a generar un conjunto de instrucciones altamente complejo. Estos productos químicos resultan ser enormemente potentes y efectivos incluso a muy pequeñas concentraciones. En conclusión, toda su vida social se encuentra insertada en los genes, mientas que el libre albedrío les resulta ajeno. De acuerdo a la obra de Tim Flannery, que lleva por título “Aquí en la Tierra” se han descubierto más de 40 glándulas distintas que producen feromonas en este grupo de insectos, por lo que forman parte de su acervo etológico. Obviamente cada especie atesora un número reducido de ellas, a pesar de lo cual son suficientes como para permitir comportamientos muy complejos. Así por ejemplo, las peligrosas y conocidas hormigas del fuego, que también viven en el suelo, disponen en su arsenal comunicativo de 18 feromonas distintas, suficientes para emitir/recibir una gran variedad de señales entre los individuos que constituyen el nido. 

Las hormigas, van dispersando rastro de feromonas conforme viajan en busca de alimento u otras actividades. Cuanto más individuos sigan la misma trayectoria tanto más se amplificará la señal, dado que la concentración de feromonas aumenta. Finalmente, si el trayecto es fructífero el caminito devendrá en autopista para sus congéneres, esos senderos observables en la superficie del suelo, pero que por su tamaño relativo respecto a los individuos que transitan deben ser percibidas por estos últimos como surcos tridimensionales. En el caso de las hormigas atinas o cortadoras de hojas, las feromonas marcan direcciones con distintos fines, como los que conducen al alimento, su regreso al nido, o las vías para depositar los restos desechables de la colonia en cámaras de desperdicios, es decir en genuinos vertederos. Si por cualquier razón se interrumpe el rastro, los individuos se desconciertan, retroceden por el sendero previamente transitado o simplemente comienzan a vagar sin rumbo fijo: no saben que hacer sin la información de las feromonas. Tim expresa este comportamiento y la función de las mentadas sustancias químicas mediante la siguiente metáfora. Basta con un  miligramo de una de estos potentes compuestos para guiar a las obreras hasta los emplazamientos en donde cortan los trocitos de hojas. Un miligramo de tal comunicador químico bastaría para construir una autopista que diera la vuelta a la Tierra ¡60 veces!, Pero recordar el comportamiento del nido puede considerarse organizado e inteligente, que no así el de cada individuo ya que no son más que meros autómatas (no puede denominarse consciencia tal cual la entendemos los humanos).  Tal clase de inteligencia colectiva puede denominarse distributiva, colaborativa o emergente, sin que los expertos alcancen un consenso sobre la definición y esencia de la misma.   No existe una ubicación conocida de este cerebro social y, contrariamente a la creencia popular, no se ubica en la casta de las reinas,  Curiosamente muchas decisiones de la colonia, pueden  considerarse, en cierto modo, como democrático-participativas, que no representativas. Conforme  a TimFlannery, tal hecho resulta palmario cuando, debido a alguna circunstancia, el conjunto de la colonia debe cambiar de ubicación. En este último caso, ningún individuo por sí solo, seleccionará el nuevo emplazamiento, sino que mediante el denominado  teorema de la aguja de Buffon” todos participarán, siendo finalmente elegido, conforme a la proporción sus tránsitos hacia los enclaves potencialmente seleccionables. Cuanto más individuos transcurran por uno un lugar o camino, tantas más posibilidades tendrá este de ser seleccionado para la construcción del nuevo “edificio colonial”, ya que la concentración de la feromona implicada en este objetivo será mayor.  De aquí que hablemos de democracia colectivo-participativa, que no representativa, “sin dar lugar a corrupciones” como en las sociedades humanas y esto a pesar de  su limitadísima inteligencia. Reiteremos pues que nos encontramos ante  decisiones totalmente colectiva que dotan de esa difusa inteligencia al hormiguero, que no a sus miembros. ¡Materia de reflexión para los superdotados humanos!. Y así todas las hormigas se sintonizan al unísono transportando la enorme reina, huevos, larvas, etc., hacia un enclave mejor en donde alzarán su nueva ciudad-estado en beneficio de todo el colectivo.

En donde el tamaño sí importa se produce enn la división del trabajo (y la Teoría Economica de Adam Smith: “La riqueza de las naciones” de ).

Pero atender que aquí describimos lo más sorprendente……

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