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Suelos, rocas, sequías y resiliencia de la vegetación

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Fuente del Grafico del Perfil. Gobierno de  Aragón. Fotos Google imágenes

La Humedad de la Roca oculta podría ser clave para entender la respuesta de los bosques a la sequía. Así más o menos comienza la nota de prensa que os mostramos abajo, traducida al español y que analizamos hoy. Pero sigamos: “Investigaciones realizadas por la Universidad de Austin en Tejas y la Universidad Berkeley en California descubrieron que una capa de roca subterránea poco estudiada puede contener cantidades importantes de agua que puede considerarse como un reservorio vital para los árboles, especialmente en tiempos de sequía. El estudio, publicado en la revista PNAS, analizó el agua almacenada dentro de la capa de roca alterada que comúnmente se encuentra debajo de los suelos en ambientes montañosos”.

La noticia me pareció muy interesante y de hecho lo es. ¿Pueden almacenar las rocas que subyacen a los suelos mucha agua? ¿Puede este líquido ser utilizado por la vegetación y ayudar a paliar los efectos del estrés hídrico ocasionados por sequías persistentes?.  De ser así, se trata de un hallazgo muy interesante. Ahora bien maticemos. En primer lugar, al seguir leyendo la noticia que os he traducido abajo,  la novedad se esfuma y en su lugar surge la lógica. No se trata de la roca en sí misma, sino, del material de la misma que se va alterando hasta formar el regolito que subyace al suelo en la zona vadosa y más allá. Las capacidades de almacenamiento dependerán pues de la razón entre la cantidad de granos/partículas ya dispersados, del grado de alteración de los bloques, y piedras, así como de la textura de la tierra fina resultante. Muchas de estas propiedades dependerán, de la naturaleza del material litológico, clima, fisiografía, así como de las repercusiones de las raíces y vida subterránea, etc. Es decir no resulta posible extrapolar los resultados obtenidos a otros ambientes de los  aquí analizados.

Y así, lo que llaman rocas, son en realidad los materiales que conforman el regolito del que tanto os hemos hablado en nuestra categoríaZona Crítica Terrestre: el Futuro de la edafología”.  Al final del presente post os muestro muchas de las entregas previas en las que podréis comprobar, por ejemplo que: (i) hemos defendidos que los regolitos deben ser considerados como parte del suelo; (ii) que debiera clasificarse el conjunto del sistema suelo regolito y el porqué; (iii) que este administrador realizó tales proposiciones años antes de que surgiera la iniciativa de la zona crítica terrestre, etc.

Debe tenerse encuentra que durante más de un siglo, no se disponía de medios logísticos para sondear hasta varios metros de profundidad en el continuum suelo-regolito. Tampoco habían sido ideadas las instrumentaciones pertinentes para conseguir tal fin. De hecho la denominada zona vadosa y la hidropedología abordan el tema desde hace bastantes décadas, sin llegar a tenerla ambición de la zona critica terrestre.

Cuando se viaja por carretera y se observan cortes/trincheras, etc., en donde afloran los regolitos y las rocas sin alterar, podréis observar en muchos casos, depósitos deleznables de sedimentos (a veces alternando con otros impermeables) que también almacenan agua, no siendo estrictamente regolitos, sino litologías sedimentarias o litologías duras sometidas antaño, por ejemplo, a alteraciones hidrotermales.

En consecuencia, cuando una sequía prolongada afecta a un espacio geográfico, no es extraño observar islas en donde los ecosistemas vegetales permanecen vigorosamente verdes en una matriz repleta de árboles muertos o seriamente afectados por el estrés hídrico. En la mayor parte de los casos se debe a las razones aludidas, empero a cortas distancias, también se constata que las profundidades a las que afloran regolitos y sedimentos son enormemente variables, tomando como línea basa la superficie.

Resumiendo, no se trata de ninguna sorpresa, excepto para mentes cortas de vista. El trabajo resulta interesante, justamente porque por fin se reconoce y constata experimentalmente lo que cabía inferir conforme a nuestros conocimientos actuales.

Os dejo con la noticia y la relación de post previos un donde se da fe, de que en esta bitácora se defienden perspectivas racionales. El tiempo da y quita razones. Ahora bien, en muchas de estas entregas nos adelantamos a lo que actualmente se consideran novedades en la literatura científica. Fue justamente al inicio de la andadura de este blog, en donde aclaramos nuestros puntos de vista, hará ya casi quince años.

Juan José Ibáñez

Continua………  

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Las Teorías Clásicas sobre la Génesis de Suelos Refutadas (¿Y en los ecosistemas?)

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Imagen ilustrativa: Fuente Google imágenes

En principio, la noticia que os ofrecemos hoy relata la importancia de las deposiciones atmosféricas sobre los ecosistemas de montaña. Sin embargo, si uno se fija en su contenido, nos revela  que la conjetura que hemos venido defendiendo en nuestra bitácora acerca de la importancia de estas deposiciones atmosféricas sobre la formación y génesis de suelos se ve corroborada. Algunos de vosotros podríais pensar que exagero, ya que tan solo se refiere a la vegetación que cubre la montaña. No obstante, si leéis los tres post que hemos publicado con anterioridad y que reseño al final de esta entrega, constataréis que también ocurre lo mismo en numerosos ambientes y biomas. ¿Qué implicaciones se derivan de este hecho en la edafogénesis clásica que suele describirse en los libros y manuales de edafología acerca de la génesis de suelos?. Francamente muchas y de gran calado. Empero como ya hemos narrado varias de ellas, nos ceñiremos a la formación y génesis de los perfiles de suelos. Seré breve.

A lo largo de cuatro decenios he asistido a innumerables conferencias, congresos y expediciones de campo en donde he visto discutir a mis colegas sobre edafogénesis. Al igual que en los libros, los expertos se ceñían a interpretar como los minerales contenidos en las denominadas rocas madre o materiales parentales, eran sujetos a intemperización (alterados biogeoquímicamente), translocación, etc. hasta convertirse en materiales edáficos. Con tal información y algunos otros análisis (por ejemplo los aportados por las técnicas micromorfológicas), se abrirán los acalorados debates con vistas a interpretar la evolución que siguieron los distintos tipos de suelos (o edafotaxa) hasta alcanzar su estado actual en la zona de trabajo estudiada. 

Empero existen ya demasiadas evidencias empíricas y opiniones personales de afamados expertos como para refutar el rol que tradicionalmente se había ofrecido a rocas madres y materiales parentales. Cierto es que en algunos casos ya se aceptaban fuentes alternativas de nutrientes y partículas, como en el caso de los suelos de ribera (por ejemplo ,los denominados Fluvisoles), o los fuertemente orgánicos (Histosoles). Sin embargo el discurso tradicional a cerca de la importancia de las rocas subyacentes seguía incólume en los manuales y textos para estudiantes. ¡Ya no puede ser así!.

Realmente, los procesos de deposición eólica y/o hídrica (en algunos casos) exigen que nos preguntemos si unas teorías aun aceptadas son de facto obsoletas y científicamente insostenibles. Los Teóricos deberán realizar un enorme esfuerzo para acomodar la futura  teoría a la continua acumulación de datos que “llueven o se depositan desde la literatura científica”. Muy a menudo la mayor parte de los materiales y partículas se acumulan sobre la superficie del medio edáfico a partir de fuentes exógenas, mientras que la aportación  de la roca madre subyacente puede ser secundaria. Realmente debe reconocerse que si los materiales que constituyen los suelos pueden proceder tanto de las rocas que se ubican bajo ellos, como también los que llegan por tierra (por ejemplo, deposición de sedimentos edáficos erosionados tierras/laderas/vertientes arriba), mar (en los ambientes litorales) y aire (deposiciones atmosféricas) la interpretación de le génesis de suelos será a partir de ahora mucho más compleja. Obviamente, las combinaciones de distintas fuentes de procedencia serán necesariamente frecuentes. La ciencia del suelo no puede soslayar tales evidencias.

Debemos indagar y reescribir una(s) nueva(s) teoría(s) acerca de la génesis de suelos. Así funciona la ciencia en general, como su historia constata.

Abajo os muestro la noticia original traducida al español-castellano y la relación de unos pocos post previos relacionados con el tema, ya que hemos escrito demasiados.

Juan José Ibáñez

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La Zona Vadosa y la Zona Crítica Terrestre (zona de aireación, zona no saturada, regolito y nappa) (Conceptos y Definiciones)

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Diferencias entre la zona vadosa y la zona crítica terrestre. Fuente: Escola Superior de Agricultura “Luiz de Queiroz”; Universidade de São Paulo

Las denominadas zona vadosa y zona no saturada son vocablos sinónimos muy habituales en la literatura científica. Sin embargo, si uno busca por estos términos en Internet (español-castellano), puede sorprenderse  por la escasez del material divulgativo que alberga, así por lo ambiguo y a veces confundente de sus definiciones. Muy recientemente, ya en el siglo XX surgió el concepto de Zona Crítica Terrestre, que incumbe a las biocenosis, los suelos, el regolito, la zona no saturada y la zona saturada (aguas subterráneas), intentando llevar a cabo un estudio integrado y holístico de todos estos cuerpos cercanos a la superficie terrestre.   Hoy intentaremos ofreceros material para que entendáis sus similitudes y diferencias, ya que se trata de conceptos solapantes que, además, varían algo su significado en función de la disciplina científica que los traten.  Por lo tanto, intentaré ser lo más breve posible en esta entradilla para que a la postre luego podáis leer lo que se ha escrito acerca del tema y que me ha parecido de interés. De hecho, ya adelanto que, para mi sorpresa la Wikipedia española no atesora capítulos (al menos hasta octubre de 2017), ni sobre la zona vadosa, ni acerca de la zona crítica terrestre (de la que prácticamente no existe material en nuestro idioma, en contraste con la abundancia que disfruta esta enciclopedia libre en lengua anglosajona). También os mostraré enlaces con vistas a que entendáis conceptos relacionados como el de “napa” y regolito. Este post es por tanto meramente divulgativo.

 La Zona Vadosa (ZV) (o zona no saturada) da cuenta de los materiales y estructuras que acaecen entre la superficie terrestre emergida y las aguas subterráneas. En consecuencia incluye tanto a suelos como regolitos, como veréis abajo. Por su parte la Zona Critica Terrestre (ZCT) abarca la zona vadosa y las aguas subterráneas, teniendo un límite, siempre arbitrario, en las rocas subyacentes, cuando se encuentran poco alteradas por la vida. Por lo tanto, ZCT incluye ZV y Aguas subterráneas (¿en toda su profundidad?: es un tema aun no aclarado, al menos cuando esas aguas freáticas penetran hasta muchas decenas e incluso centenas de metros de profundidad). Suele utilizarse el concepto suelo para dar cuenta de la capa fértil de la tierra, mientras que regolito se usa para referirse al material que se ubica entre este y las aguas subterráneas. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a veces, pueden aparecer capas de materiales encharcados, descolgados por encina de las aguas subterráneas, cuya acumulación de líquido puede deberse a ciertos procesos edafogenéticos (como la lixiviación y acumulación de abundante cantidad de arcilla a cierta profundidad) que no debe confundirse con las aguas freáticas o subterránea sensu stricto, e incluso en la acepción más amplia del término. Hablamos de las denominadas “napas o capas colgadas”.

 Estas capas que conforman la Zona Crítica terrestre, no suelen ser estáticas, ganando o perdiendo espesor, como si de un acordeón se tratase, en función de factores ambientales y antrópicos, en un breve plazo de tiempo (digamos que decenios). Por ejemplo, tras una prolongada sequía o la sobreexplotación de acuíferos, las aguas subterráneas descienden y, como corolario, el regolito y la zona vadosa se extienden en profundidad.  Lo contrario ocurriría tras periodos prolongados de lluvias intensas, entre otras razones.

 Y seguidamente os dejo ya material sobre estos conceptos con vistas a que vosotros extraigáis vuestras propias conclusiones. Eso sí al final del post os reproduzco una nota de prensa escrita en inglés en el cual el autor parece confundir casi todos los conceptos. ¡Menos mal! que se trata una noticia científica divulgada por  ScienceDaily). ¡Sin comentarios!.

 Juan José Ibáñez

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Formación de Regolitos y Suelos: La importancia de las fracturas de las rocas y la tectónica

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Relieves Graníticos. Fuente: Milagros de la Pedriza (Sierra de Guadarrama, Madrid, España)

 Ya os hemos ido narrando en varios post, como el material litológico que subyace a un suelo, y al que solemos denominar roca madre o material parental, no condicionan por si solas la formación del Perfíl edáfico, con independencia de las aportaciones de materiales superficiales, ya sean depositados por vía eólica o hídrica. Así, por ejemplo, una roca granítica alberga granos cohesionados por unas determinadas sustancias cementantes. Estas últimas pueden ofrecer resistencias muy dispares a la alteración biogeoquímica. Si resultan ser fácilmente meteorizables, la roca se disgregará físicamente con facilidad dando lugar a un espeso regolito, que a la postre resultará más fácil de sufrir una transformación por los agentes biogeoquímicos. Si por el contrario el cemento es muy resistente, el espesor del regolito y los suelos suprayacentes serán mucho más delgados. Siguiendo el ejemplo de una sierra granítica, no resulta nada extraño observar en el paisaje zonas más escarpadas y con suelos más someros que otras, en función de la composición de las mentadas sustancias cementantes de los granos.  

Del mismo modo, si el paisaje y los escarpes fisiográficos (o los taludes generados por el movimientos de rocas ocasionados en la construcción de carreteras u otras infraestructuras) aparecen con claridad,   tampoco resulta nada insólito observar como los procesos de alteración avanzan por la fractura de las rocas dejando enormes bloques intactos entre estas últimas.  Empero en muchos materiales litológicos de diversa composición ocurre lo mismo.  Y así, los espesores de suelos y regolitos ofrecen una gran variabilidad en función de estos factores, es decir tipos de cementantes y frecuencia/tamaño de las fracturas. En consecuencia, en regiones que sufren una intensa actividad tectónica, en los que la fracturación de las rocas es común, cabe esperar que la génesis de suelos y regolitos sea más rápida e intensa que en espacios geográficos estables. Nada nuevo bajo el sol, excepto que muchos edafólogos soslayan estas evidencias, fácilmente observables sobre el terreno, a la hora de explicar le génesis de los suelos y de los paisajes edáficos. Ya lo mostramos en varios post previos. En este entrega, por ejemplo, comentamos la escasa importancia que se le otorga a los suelos someros, como lo son Leptosoles y los Regosoles, y las razones de ello, entra las que ya hablamos de los aludidos cementos.

La noticia que os ofrecemos hoy, y que parte de un estudio previo de campo, avala lo anteriormente mentado, constatando que haciendo uso de dos técnicas geofísicas habituales, resulta factible predecir el espesor de suelos y regolitos, de toda la denominada zona crítica terrestre. Los autores del estudio que abajo os exponemos elaboraron sobre estas premisas un modelo numérico, testándolo en varios espacios geográficos sometidos a diferentes fuerzas tectónicas. Según ellos, el modelo demostró atesorar un buen poder predictivo. Se trata de un resultado que avala conocimientos previos sobre el terreno, empero que tiene el valor y utilidad “en potencia” para afinar más en estos temas de gran interés para la edafología, zona crítica terrestre, hidrología y en definitiva constituirse en otra herramienta con vistas a comprender mejor la estructura y dinámica de los sistemas superficiales terrestres y su relación con los ecosistemas que albergan. Os dejo pues con la nota de prensa. Eso si, somos de la opinión de que tal información debiera incluirse en la futura generación de mapas edafológicos, que en nada tiene que ver con la basura de deconstruccionista que  intentan vender aquellos que sin saber lo que es un suelo defienden las cartografías digitales de variables edáficas, bajo la pomposa denominación de digital soil mapping  

Juan José Ibáñez 

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El Suelo y la zona crítica terrestre son parte del ecosistema

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Richter & Billings publish on Tansley’s ecosystem as Earth’s critical zone. Fuente Euroclay2015 Edinburg,

Como suelo terminar finalizando demasiados post, existen razones científicas que la razón no entiende. Y en esta dialéctica no intento defender la racionalidad de la primera frente a la segunda, sino todo lo contrario. Los suelos son parte del ecosistema como cualquier otro de sus componentes actualmente reconocidos. Sin embargo, en  la práctica, demasiados ecólogos, por no decir su inmensa mayoría, pretender ignorar tal hecho, perjudicando la comprensión de los ecosistemas y el progreso de su disciplina,  a la par que marginan y subvaloran las aportaciones procedentes del ámbito de la ciencia del suelo.  No son los edafólogos los que deberían demostrarlo, sino los ecólogos aclarar las razones que esgrimen para soslayar este recurso natural de sus estudios. Existen tantas evidencias como para que muchos de los practicantes de la ecología puedan ser calificados de cegatos, con todos mis respetos.

No se trata de un caso único, ni mucho menos, ya que en otros dominios del quehacer científico se dan incongruencias teóricas de tal calibre, por desgracia. Pero como dicen en España “mal de muchos  consuelo de tontos”. Y como no hay más sordo que el que no quiere escuchar, da igual lo que se les diga, poniendo en entre dicho la objetividad de la racionalidad científica.

Hoy presentamos un nuevo intento de los expertos de la denominada zona crítica terrestre, con vistas a defender lo obvio.  Se trata del trabajo titulado: ““One physical system”: Tansley’s ecosystem as Earth’s critical zone

El artículo se encuentra en acceso abierto y cuya dirección para bajarlo de Internet os la proporcionamos más abajo. También hemos traducido libremente el resumen. Para quien aún no lo sepa, en su día se produjo un debate en el ámbito de la ecología entre los defensores del concepto de ecosistema propuesto por Tansley frente a los rivales que respaldaban el de Clements.  Y es que el concepto de ecosistema ha sido tan debatido y criticado como el de suelo. Falta en el resumen y título del “paper” que bordamos hoy la figura y aproximación de Gleason, que como mínimo debería considerarse una hipótesis nula frente a la idea de ecosistema como superorganismo. El sesgo biológico de la ecología sigue impregnando la disciplina relegando las estructuras abióticas a un plano casi irrelevante. Y justamente fue Tansley el que atacó esta posición, más metafísica que científica. De aquí que los autores del artículo de marras eleven a Tansley hasta el título. Más recientemente, debido a los estudios de cambio climático, la inclusión del componente atmosférico, pero también el de la hidrosfera, como parte del ecosistema va ganando adeptos, casi a hurtadillas.  Sin embargo los suelos siguen analizándose muy colateralmente, tras décadas de ir mostrando, una y otra vez, que debe tratarse con el mismo peso y rigor que cualquier otro componente ecosistémico. Sin embargo algo comienza a cambiar, ya que algunos expertos en ecología comienzan a integrar los suelos en sus estudios, si bien creen haber descubierto la dinamita cuando muchos de sus novedosos descubrimientos   eran parte del corpus doctrinal de los manuales más básicos de edafología desde hace muchas décadas. Ya halaremos en otro post sobre tal asunto.

El artículo que podéis bajaros y leer hoy, lo he seleccionado justamente por su novedad cronológica, que no por sus contenidos, si bien debemos destacar que la zona crítica terrestre, como ya os mostré hace más de 10 años, abarca unas dimensiones espaciales, en la dirección vertical, que superan con creces el concepto tradicional de suelo que comienza a devenir en obsoleto.   Sin embargo, por mucho que persistan en anatemizar los ecólogos a los suelos, y los edafólogos a la zona crítica terrestre, llegará un momento en que toda su obcecación por permanecer en  el status quo actual se venga abajo. Pues bien, el análisis que podréis leer de Richter & Billings no aporta novedad alguna en este sentido, pero si presenta una crítica moderna de la trasnochada perspectiva de ecosistema, a la luz de nuevas evidencias y referencias que parten de la edafología y la mentada zona crítica.

Estas controversias y debates constatan la humanidad de la ciencia que no su objetividad.  La ciencia es un constructo social,   por los que sus hallazgos distan de ser realidades objetivas. Empero cuando sus practicantes se enfrascan en agrias discusiones escudándose en concepciones metafísicas, no hacen ningún favor a nadie, sino todo lo contrario. Os dejo pues el mentado resumen traducido y el artículo original, aparecido en 2015, para aquellos que aun deseen demostrar que en la práctica, los ecólogos distan mucho de haber llevado a cabo análisis global/integral alguno deeso a lo que llamamos ecosistema”, por lo que el estudio de la naturaleza de estas entidades conceptuales sigue castrado, vía ”prescripción metodológica” de sus practicantes. Y finalicemos como comenzamos:   existen razones científicas que la razón no entiende”. Os dejo pues con el material prometido, no sin antes recordar que

La ciencia no es lo que decimos que hacemos sino lo que llevamos a cabo en la práctica.

Juan José Ibáñez

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Un Mar de Agua Bajo los Suelos del Amazonas: El riesgo de destruir antes de entender

Recientemente se ha encontrado un inmenso acuífero muy profundo en parte de la cuenca amazónica y territorios colindantes. Se trata de un gran hallazgo, nadie lo duda. Ahora bien, puede estar comenzando a contaminarse antes de conocer su estructura, dinámica y posibilidades de uso sostenible.

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Océano amazónico. Fuente: Taringa

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 Mato Gosso; Fuente Wikimedia

  En un post precedente que llevaba por título: “La Investigación del Manejo del Suelo y los Resultados de Estudios Peligrosos (Confundentes), ya comentábamos al criticar la siguiente noticia “Deep, permeable soils buffer impacts of crop fertilizer on Amazon streams, study” que “si tenemos al menos en cuenta el conjunto del sistema suelo-regolito-acuífero (….) los investigadores que han llevado a cabo el estudio reconocen (…) que las capas profundas deben actuar como ambientes buffer o tampón reteniendo los contaminantes y fertilizantes que causan graves problemas en los perfiles del suelo más someros de Europa o EE.UU., por citar dos ejemplos. Sin embargo, sería sumamente irresponsable pensar que (i) todas las profundas coberturas edáficas de la región estudiada en Brasil reaccionan de la misma manera; (ii) que el proceso no pueda revertirse con el tiempo y (iii) que los resultados induzcan a inferir que se pueden añadir elevadas dosis de fertilizantes a estos ecosistemas que, dicho sea de paso, debieran ser conservados como patrimonio de la humanidad en lugar de ser presa de la deforestación, con las agresivas prácticas de la agricultura industrial”. La crítica iba dirigida hacia el comentario vertido en el primer enlace en el que se señalaba/defendía” The often damaging impacts of intensive agriculture on nearby streams, rivers, and their wildlife has been well documented in temperate zones, such as North America and Europe. Yet a new study in an important tropical zone—the fast-changing southern Amazon, a region marked by widespread replacement of native forest by cattle ranches and more recently croplands—suggests that at least some of those damaging impacts may be buffered by the very deep and highly permeable soils that characterize large areas of the expanding cropland”. Dicho de otro modo, que los suelos profundos del Mato Grosso, por su gran profundidad y permeabilidad retenían los contaminantes (agroquímicos) producidos por la agricultura industrial, sin verterlos a las aguas corrientes, de lo cual terminaba infiriéndose a cerca de sus bondades con vistas a que tales prácticas agrícolas no contaminaran las aguas y como corolario deñaran al medio ambiente y la salud humana. También comentamos que lo que podía acaecer en el futuro era lo que se denomina “bomba química del tiempo”. Pues bien posteriormente otra noticia, independiente de la primera, y que llevaba por título:” La Amazonia tiene un océano subterráneoy en la que puede leerse “La Amazonia posee una reserva de agua subterránea con un volumen calculado en más de 160 billones de metros cúbicos” (…) Ese volumen es 3,5 veces mayor que el del Acuífero Guaraní, un reservorio subterráneo de agua dulce que abarca territorios de Uruguay, Argentina, Paraguay y fundamentalmente Brasil, con 1.200.000 kilómetros cuadrados (km²) de extensión. “Esa reserva subterránea representa más del 80% del total de agua de la Amazonia (…) En razón de los procesos geológicos acaecidos durante ese período, quedó depositada en las cuatro cuencas una extensa cobertura sedimentaria, con espesores del orden de miles de metros. Pues bien el misterio de la capacidad tampón de estos suelos muy permeables y profundos comienza a clarificarse, aunque posiblemente los autores de ambos estudios no comprendan el riesgo del que ya advertimos en nuestro post. Resulta factible conjeturar, al leer ambos estudios que, el agua cargada de agroquímicos desciende hacia el inmenso acuífero subyacente, en donde los contaminantes se diluyen en la ingente cantidad de recursos hídricos que alberga. Ahora bien, si se siguen echando agroquímicos sin control y comienza a explotarse el acuífero intensamente, la capacidad de dilución disminuirá, pudiendo causar un enorme problema ambiental y salubrista. Eso sí puede tardarse bastante tiempo, si el territorio no se convierte rápidamente en un paraíso colosal con vistas a la producción de biocombustibles y cultivos transgénicos. De ser así, como comienza a suceder, añadir ingentes cantidades de pesticidas y fertilizantes el acuífero, aun mal conocido comenzará a contaminarse, tarde o temprano.

Tal hecho, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de que la edafología actual converja hacia la iniciativa denominada zona crítica terrestre, de la cual hemos escrito numerosos post en la categoría que lleva tal nombre. La comprensión de los procesos naturales avanzará aunando las perspectivas ofrecidas por disciplinas diferentes y sus correspondientes sinergias, en lugar de mantenerlas en compartimentos estanco, tal como parece deleitar va muchos edafólogos.  Un problema estriba en que tal conexión subterránea podría  pasar de convertirse de bendición a maldición, surgiendo una futura contaminación local a miles de kilómetros de distancia de donde se añadieron los agroquímicos. La decisión más racional sería conocer primero tal estructura espacial de tal mar subterráneo, para posteriormente tomar las decisiones oportunas que condujeran a una explotación sostenible. Sin embargo me temo que el proceso que comienza a acaecer es el contrario. También cabe señalar que por su antigüedad y singularidad, tal preciado recurso puede deparar el descubrimiento de organismos y procesos evolutivos que aún desconocemos. La ideología imperante de las multinacionales resulta ser primero dispara y luego pregunta. Se trata de un tema más que inquietante.

Juan José Ibáñez

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Rocas y Materiales Parentales: Repercusiones sobre suelos, Vegetación y Erosión

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Rocas Suelos y vegetación Fuente: Hole in the Clouds

La nota de prensa y resumen del artículo de los que daremos cuenta hoy se me antojan muy interesantes, si bien parte de sus contenidos me son bien conocidos, ya sea por la bibliografía, aunque especialmente por mis observaciones de campo. Supongo que a muchos de vosotros os ocurrirá algo parecido. Que diferentes litologías pueden dar lugar a la formación de distintos tipos de suelos y vegetación es un hecho archiconocido. Sin embargo no ocurre lo mismo cuando hablamos de un mismo tipo de roca. Personalmente he observado en numerosas ocasiones como, sobre los granitos a los que se alude en el estudio de hoy, pero también en gneises, pizarras etc., cambios abruptos en la composición de un mismo material parental dan lugar a otros, igual de dramáticos, en los suelos y comunidades vegetales que en primera instancia resultaban difíciles de explicar. En mi tesis doctoral, llevé a cabo de análisis de los elementos químicos de las rocas implicadas, detectando variaciones más o menos importantes en su composición. Dicho de otro modo, debemos tener mucho cuidado cuando hacemos sinónimos litologías y materiales parentales, por cuanto una misma clase de roca “aparentemente” puede/debería dividirse en un mayor número de materiales parentales. Como explican unos investigadores de la zona crítica terrestre, autores del presente estudio, con vistas a averiguar las relaciones entre litología, suelos y vegetación uno debe acudir a discernir entre distintos tipos de materiales parentales para una misma tipología litológica, a la par que llevar a cabo análisis de la variabilidad espacial de las mismas. Y así se puede constatar que diferencias moderadas en la composición de una roca pueden dar lugar a patrones aéreos notablemente dispares, como por ejemplo, enclaves densamente forestados y con suelos profundos, junto a otros colindantes en donde la vegetación resulta ser dispersa y los suelos someros, cuando existen. A largo plazo, todo ello redundará en la configuración y evolución del paisaje, de tal modo que para litologías con más cantidad de nutrientes y velocidad de meteorización, la erosión es mucho mayor que sobre estos cuasi-afloramientos rocosos, mucho más resistentes. Finalmente los autores llegan a la conclusión que tales efectos pueden llegar a ser tan importantes como los condicionamientos y variaciones climáticas. Estos estudios también nos informan de distintas productividades forestales, lo cual debería ser tenido en cuenta en materia de reforestación y obtención de productos maderables.

A título personal yo matizaría aún más esta información. Si bien seguramente los investigadores implicados aciertan en sus conclusiones, tampoco debieran descartar la velocidad de fracturación, cantidad de grietas de las rocas y especialmente a la facilidad de disgregación física por disolución de los agentes cementantes entre sus partículas componentes. Es bien sabido que lar raíces de las plantas aprovechan tales fisuras para enclavarse y aprovechar más cantidad de  agua y nutrientes. Posiblemente, composición química y propiedades de las rocas ante su fracturación y fisuramiento se encuentren vinculadas, al menos en ciertos casos, por lo que la formación del suelo y la vegetación que se instale sobre las mismas podrían depender de uno y/o de otro factor. Abajo os he traducido rápidamente (es decir, sin matizar demasiado) aquellos párrafos que me parecen más interesantes. En mi modesta opinión el estudio resulta ser relevante a pesar de que no me sorprenden los resultados.

Juan José Ibáñez                

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