Archivo de abril, 2013

Gripe aviar H7N9, China, 2013: actualización

En los últimos días se han producido novedades en torno al virus de la gripe (o influenza) aviar H7N9 detectado en China en marzo pasado (ver post del 9 de abril). A continuación va un resumen: 

Nombre

Las organizaciones sanitarias internacionales implicadas en el seguimiento y control (OIE, FAO y OMS) han consensuado el término “Virus influenza A(H7N9)” para designar al virus, y será con ese nombre “central” con el que citarán a este virus en sus comunicaciones oficiales. Este nombre puede ir acompañado de “apellidos” que indiquen circunstancias tales como nombre de la cepa concreta y/o lugar, fecha y especie de procedencia, Proponen igualmente un nombre “corto” para que facilite la difusión de información en los medios sociales, especialmente en Twitter, donde hay que economizar letras al máximo: “H7N9” ó “H7N9 virus”. 

Situación sanitaria

A fecha de 21 de abril, las autoridades sanitarias chinas, que están actuando en este caso con total transparencia, han comunicado a la OMS un total de 102 casos humanos confirmados en laboratorio, lo cual significa un aumento de 4,25 veces el nº de casos confirmados hace tan solo 10 días (24). Los casos mortales se elevan a 20 (13 más que hace 10 días). 70 pacientes siguen hospitalizados y 12 han sido dados de alta. El reparto de casos por provincias/municipios es el siguiente (entre paréntesis, los casos mortales): Anhui 3 (1), Henan 3 (0), Jiangsu 24 (3), Zhejiang 38 (5), Beijing 1 (0) y Shanghai 33 (11). Ello supone que hay dos zonas más (Beijing y Henan) con casos declarados que hace 10 días. Esto puede dar la impresión de una rápida expansión, pero lo más probable es que a raíz de haber detectado este nuevo virus se ha iniciado una intensa vigilancia epidemiológica que da como resultado una detección más eficaz de los casos, lo que da cuenta del incremento observado (por cierto, acompañado de cierta disminución en la tasa de mortalidad, del 29% al 20%, normal porque un diagnóstico más eficaz supone detectar también los casos menos graves, o incluso casos asintomáticos). Es muy probable que el virus lleve ya algún tiempo circulando en China pero haya pasado desapercibido hasta que se identificaron los primeros casos mortales, a finales de marzo. 

Epidemiología

Sobre la fuente de infección existe aún bastante incertidumbre. No parece haber transmisión sostenida entre humanos, sino que la infección se adquiere probablemente desde aves infectadas, si bien en algunos casos el contacto con aves no ha podido confirmarse, por lo que la cuestión sobre si existen otras fuentes de infección aún está abierta. Se ha detectado la infección en aves de granja, pero al parecer en ellas se comporta como una cepa de “baja patogenicidad”. En ello se diferencia del virus H5N1, que es altamente patógeno en estas aves. El hecho de que el nuevo virus de la gripe aviar A(H7N9) sea poco patógeno para las aves supone que puede circular en granjas de forma inadvertida, pasando fácilmente desapercibida su presencia. Ello probablemente dificulta su vigilancia y es otro de los motivos que sugiere que lleve ya un tiempo circulando y extendiéndose sin haber sido detectado. Los análisis efectuados tanto en aves silvestres como en otro tipo de animales, singularmente mamíferos, domésticos y silvestres, han dado por el momento resultados negativos. Pese a ser un virus de “baja patogenicidad” para aves, las autoridades sanitarias chinas han impuesto medidas de control estrictas (sacrificios, cierre de mercados) que han supuesto importantes pérdidas económicas para el sector avícola.

Estudios genéticos

Genéticamente, se ha encontrado que el virus de la influenza aviar A (H7N9) causante de esta alerta sanitaria en China es un “triple reasortante” que tiene una combinación particular de elementos de su genoma (compuesto por 8 segmentos de ARN monocatenario) que proceden básicamente de 3 tipos de virus influenza aviares asiáticos: 1) seis de los segmentos del ARN de este virus proceden de virus A(H9N2) comunes en aves de corral en China; 2) el segmento genético que da lugar a la hemaglutinina del virus (del tipo “H7”) procede de un virus relacionado con una cepa A(H7N3) encontrada en un pato de Zheijiang en 2011, y 3) el segmento genético que da origen a la neuraminidasa del virus (del tipo “N9”) procede de un virus relacionado con cepas de aves silvestres halladas en 2011 (1).

Determinadas mutaciones presentes en algunos segmentos genéticos de los virus influenza A(H7N9) aislados de los pacientes afectados sugieren cierta adaptación a humanos: por ejemplo, la mutación Q223L en el gen de la hemaglutinina (esto quiere decir que el aminoácido en la posición nº 223 de la cadena polipeptídica de esa proteína del virus cambia de glutamina a leucina)  está asociada a una mayor afinidad por el receptor del virus presente en el tracto respiratorio de los mamíferos (α2,6 sialil glicano), mientras que sin la mutación la hemaglutinina se une mejor al receptor propio de aves (α2,3 sialil glicano). Algunas otras mutaciones encontradas en estos virus (por ejemplo, E627K en la proteína PB2) parecen ir en el mismo sentido, además de asociarse a una mayor virulencia (2)(3), lo cual no deja de ser preocupante. Por cierto si se preguntan cómo saben los investigadores cuales son las mutaciones que indican una adaptación a hospedadores mamíferos, les pediría a los lectores que recordaran el post de este blog dedicado al debate que hubo hace un año acerca de la moratoria en la publicación de los resultados de los estudios de transmisión de virus H5N1 entre mamíferos (ver post 4-4-2012). Son ese tipo de estudios los que dan las claves para conocer cuales son las mutaciones que “acercan” un virus aviar a los humanos, y las que ayudan a identificar los riesgos asociados a un virus como este H7N9 recién emergido en China. Quizá hoy se pueda valorar con más perspectiva la importancia de publicar esos estudios.

Pánico

Como en alertas precedentes por virus influenza, en China se ha desatado el temor en la población hacia el consumo de productos derivados de las aves de corral. Las autoridades sanitarias están insistiendo de forma reiterada en la seguridad del consumo de carne y productos derivados de las aves de granja, siempre que sean cocinadas de forma adecuada (sometiendo el producto a temperaturas por encima de 71ºC) y observando medidas higiénicas básicas. También se ha desencadenado cierto pánico relacionado con el contacto con aves silvestres y domésticas. Se ha prohibido el acceso a determinadas áreas de interés ornitológico, en lo que portavoces de asociaciones de aficionados a la ornitología califican de “reacción exagerada y sin fundamento científico”, ya que no se ha podido establecer aún ningún vínculo entre los casos de enfermedad y las aves silvestres. Algunos propietarios de aves domésticas se quejan de cierta “presión social” por motivo de poseer aves en casa como mascotas. “Un mundo en el que las aves estén separadas de los seres humanos carece de sentido” aseguran. 

Referencias

(1) Gao, R. et al. Human infection with a novel avian-origin influenza A (H7N9) Vírus. N Engl J Med 2013. DOI: 10.1056/NEJMoa1304459 Disponible online: http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMoa1304459

(2) Kageyama T, et al. Genetic analysis of novel avian A(H7N9) influenza viruses isolated from patients in China, February to April 2013. Euro Surveill. 2013;18(15):pii=20453. Disponible online: http://www.eurosurveillance.org/ViewArticle.aspx?ArticleId=20453 

(3) Jonges M, et al. Guiding outbreak management by the use of influenza A(H7Nx) virus sequence analysis. Euro Surveill. 2013;18(16):pii=20460. Disponible online: http://www.eurosurveillance.org/ViewArticle.aspx?ArticleId=20460

 

 

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Gripe aviar A H7N9, China, 2013

Vamos a un virus emergente nuevo por año: en 2011 fue el virus Schmallenberg, en 2012 el nuevo coronavirus, y en 2013 parece que le ha tocado ese papel a la nueva cepa H7N9 de virus de la influenza (gripe) aviar detectada en China hace unos pocos días. Bueno, eso no es exactamente así, como ya saben los perspicaces lectores. En posts anteriores ya vimos que la emergencia de nuevos virus es un proceso constante. De todos los nuevos virus que emergen, sin embargo, solo unos pocos llaman nuestra atención, en particular por su capacidad de dañar a nuestra salud y/o la de nuestros animales o plantas. Y de estos pocos, solo un pequeño y selecto grupo alcanzan la fama, es decir, llegan a las páginas de los medios de comunicación general. Son estos pocos los que causan alarma. Parece este el caso de la nueva gripe aviar H7N9 que ha causado infecciones letales en humanos en China estos últimos días.

Antecedentes

El 31 de marzo (hace solo 9 días) la agencia Reuters se hacía eco de una noticia de la agencia estatal china de noticias Xinhua que anunciaba que la infección por una nueva cepa de gripe aviar había causado la muerte a dos personas en Shanghai (enlace). Al parecer esas dos personas (dos varones de 27 y 87 años)  adquirieron la infección a finales de febrero y murieron a consecuencia de ella a principios de marzo. Esta noticia inmediatamente desencadenó la alarma, pues se trata de un subtipo de virus de la influenza aviar (H7N9) que nunca antes había sido descrito que infectara a humanos, lo cual significa que no hay vacuna frente a él y tampoco existe inmunidad previa relevante en la población que pudiera protegerla de forma natural. Estos hechos, que son ciertamente preocupantes,  por si solos no hubieran desencadenado tanta alarma sin contar con el precedente de la influenza aviar H5N1. Como saben nuestros lectores, el punto álgido de esta epidemia -y de la alarma correspondiente desencadenada en los medios- tuvo lugar en 2006, cuando no era infrecuente escuchar a “expertos” decir que el riesgo de pandemia era inminente, y que en tal caso la pandemia de gripe de 1918, que causó entre 20 y 40 millones de víctimas, se quedaría corta. Afortunadamente, no ha ocurrido tal cosa, y con el tiempo se ha visto que ese riesgo era muy bajo. Lo que ha ocurrido es que el virus se ha extendido geográficamente por 15 países, causando en ellos importantes pérdidas en el sector avícola, y una zoonosis grave que se transmite de las aves de corral al hombre -pero no entre humanos- y que desde que fuera detectada en 1997 hasta hoy ha producido 622 casos de enfermedad en humanos, de los que 371 han sido mortales. A cambio, y gracias a los sistemas de alerta temprana implementados, poco después, en 2009 se pudo detectar y seguir en tiempo real una pandemia de gripe A H1N1 inesperada (como inesperados suelen ser todos los episodios de emergencia de virus) y aunque se empleó contra ella todo un arsenal de antivirales y vacunas que en alguna medida pudieron paliar algo su impacto, no se pudo evitar. El balance final de esta nueva gripe pandémica entre abril de 2009 y agosto de 2010 fue de unos 20.000 casos mortales confirmados en laboratorio (según la Organización Mundial de la Salud, OMS), aunque estimas indirectas sugieren que el número de víctimas mortales de esta pandemia pudo ser diez veces superior a esa cifra [1]. La OMS calcula que anualmente mueren en el mundo entre 200.000 y 500.000 personas a causa de la gripe estacional (enlace), de modo que la pandemia de nueva gripe A H1N1 de 2009 no fue especialmente grave. 

Para terminar de poner en antecedentes a los lectores hay que mencionar que, si bien el subtipo particular H7N9 no ha sido descrito hasta ahora en humanos, hay toda una amplia casuística de virus de gripe (o influenza) aviar del subtipo H7 (“Nx”) que han producido casos en humanos, algunos de ellos graves e incluso mortales. Recordemos, por ejemplo, el caso ocurrido en Holanda en 2003 en el que a raíz de un brote virulento de gripe aviar H7N7 en aves de corral, 86 personas que trabajaban en contacto con esas aves o en su entorno fueron contagiadas. La mayoría presentó conjuntivitis o síntomas similares a la gripe, pero uno de ellos desarrolló una neumonía grave y murió a causa de la infección [2]. De los 16 tipos de hemaglutininas conocidos, que caracterizan a los 16 subtipos “H” (H1-H16), hay dos, H5 y H7, que son especialmente sensibles a sufrir mutaciones que pueden dotar de elevada virulencia a los virus gripales que las poseen. Por ello, los virus gripales aviares cuyas hemaglutininas son de los tipos H5 o H7 son vigilados con especial intensidad. Esta especial capacidad de adquirir virulencia de estos dos subtipos se observa tanto para las aves como para los mamíferos, entre ellos los humanos. Por ello no sorprende demasiado encontrar el subtipo H7 en esta nueva cepa de gripe aviar patógena para humanos detectada en China hace unos pocos días

Situación actual

La situación actual (9 de abril) respecto a la gripe aviar H7N9, según fuentes oficiales chinas, es de 24 personas infectadas confirmadas en laboratorio. No se han hallado vinculaciones epidemiológicas entre ellos. Por provincias, 11 casos ocurrieron en Shanghai, 8 en Jiangsu, 2 en Anhui, y 3 en Zhenjiang. Todas estas provincias están muy próximas entre sí, en la costa oriental, la zona más densamente poblada del país. De los 24 casos, 7 murieron (5 en Shanghai y 2 en Zhenjiang) a causa de enfermedad respiratoria grave debida a la infección. Las investigaciones efectuadas por el momento en los contactos próximos a los casos confirmados  (se han estudiado ya más de 500 contactos) han dado resultados negativos, lo que sugiere que el virus no parece transmitirse eficazmente entre humanos. Hay resultados preliminares que indican que esta cepa vírica es sensible a antivirales como oseltamivir y zanamavir. La OMS de momento no considera recomendar medidas especiales de vigilancia fronteriza ni restricciones al comercio o viajes a las zonas afectadas. Se cree que la fuente de contagio son las aves, en particular aves de corral destinadas a la alimentación. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con la cepa H5N1 altamente patógena, que produce elevada mortalidad en aves, esta nueva cepa H7N9 no parece ser tan patógena en aves, por lo que está siendo difícil seguirle la pista (FAO). Si se ha detectado el virus en algunas aves. Muestras de palomas recogidas en un mercado de Shanghai resultaron positivas a la prueba de detección del virus. China ha declarado la infección por virus influenza H7N9 “de baja patogenicidad” (*) en granjas de palomas y otras aves (en China la avicultura abarca un rango de especies más amplio que en los países occidentales) a la Organización Internacional de la Sanidad Animal (OIE) y ha decidido sacrificar las aves de esas granjas infectadas como medida preventiva. Entre otras medidas, las autoridades chinas también han decretado el cierre temporal de mercados de venta de aves vivas en Shanghai y otras ciudades, y la restricción de movimientos comerciales de aves procedentes de ls provincias afectadas.

El virus ha sido completamente secuenciado y las secuencias han sido puestas inmediatamente a disposición de la comunidad científica. El análisis de éstas indica que esta cepa pudo emerger como resultado de una reasociación de segmentos genéticos (los virus de la influenza, o gripe, tienen un genoma de ARN dividido en 8 segmentos) procedentes de virus A H7N9 y A H9N2 (ECDC). Especialistas destacados como Richard Webby, tras un examen preliminar de las secuencias, han declarado que el virus posee ciertas mutaciones que caracterizan a cepas con alguna adaptación a infectar mamíferos (enlace).

En el CDC de Atlanta (EE.UU.) han comenzado a fabricar una posible vacuna (lo que se conoce como un “candidato vacunal”) a partir de las secuencias genéticas del virus (aún no se dispone de ninguna cepa aislada) mediante reconstrucción sintética de genes y genética inversa.

En resumen, se ha detectado la existencia de un virus de gripe aviar del subtipo H7N9 circulando en China y que produce una enfermedad respiratoria grave en humanos. Por el momento hay muy pocos casos y al parecer no se transmite bien entre humanos, por lo que el riesgo de que origine una pandemia es muy bajo, como ha reconocido la propia OMS. No obstante habrá que seguir la evolución de este virus para poder anticiparse ante cualquier posible riesgo.

 

Referencias

[1] Dawood, F.S. et al (2012) Estimated mortality associated with the first 12 months of 2009 pandemic influenza A H1N1 virus circulation: a modelling study. Lancet Inf Dis 12:687-695.

[2] Fouchier, R. A. M. et al (2004) Avian influenza A virus (H7N7) associated with human conjuntivitis and a fatal case of acute respiratory distress syndrome. Proc Natl Acad Sci U S A. 2004 February 3; 101(5): 1356–1361.

 

(*) En sanidad animal el concepto “baja patogenicidad” para las cepas de virus de gripe aviar está muy regulado, y es solo aplicable a aves, no a humanos. Las cepas con hemaglutininas de los tipos H5 ó H7 pueden ser de baja o de alta patogenicidad en función de los resultados observados en 2 tipos de pruebas: 1) su efecto en pollitos de 6 semanas, 2) la aparición de ciertas mutaciones detectables en la secuencia de la hemaglutinina, que correlacionan perfectamente con la patogenicidad en pollitos.

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Alejandro Magno y el virus West Nile

En 2003, en pleno apogeo de una grave epidemia de fiebre/encefalitis por virus West Nile (*) en los Estados Unidos, con notable  repercusión en los medios, John S. Marr y Charles H. Calisher publicaron un artículo titulado “Alexander the Great and West Nile virus encephalitis” (1) en la influyente revista “Emerging Infectious Diseases” del no menos prestigioso CDC (Centro de Prevención y Control de Enfermedades) de los EE.UU.

En este artículo, los autores se preguntan: ¿Es posible que Alejandro Magno muriera de una infección aguda por virus West Nile? La pregunta ha quedado de alguna forma fijada como una verdad demostrada, cuando no es así en absoluto. Vamos a analizar qué hay de verdad y qué no en la ya famosa atribución de la muerte de Alejandro Magno al virus West Nile, aunque les adelanto que dudo que al final de este post vayamos a saber más de la causa de la muerte de tan insigne personaje.

¿He dicho insigne? Me he quedado corto. La figura de Alejandro aún refulge en la Historia como el más grande conquistador de la Antigüedad. Sus hazañas seguirán impresionando a las generaciones venideras como lo han hecho a lo largo de los siglos. La peripecia de Alejandro sigue siendo un tema enormemente atractivo. Y si a esto le unimos un virus de nombre exótico, que llegó del otro lado del Océano y se extiende rápidamente causando graves quebrantos, y cuyo nombre evoca al legendario rio Nilo, donde, por cierto, se ubicó la ciudad de Alejandría, fundada por el famoso héroe de la Antigüedad, y en la que fue enterrado…¿que tenemos? Pues un artículo fantástico, que tiene asegurada la atención del público tanto erudito como lego.

Alejandro Magno murió en Babilonia en el año 323 a. C., a la edad de 32 años. En casos como este, la suerte es que hay crónicas que recogen el evento. Plutarco (50-120 d. C.) dejó escrito en su obra “Vidas paralelas” un relato de la vida y muerte de Alejandro, basado en los “Diarios Reales de Alejandro“.  La muerte le sobrevino el 10 de mayo del 323 a. C tras padecer una enfermedad febril durante 2 semanas. Acababa de regresar a Babilonia después de un largo viaje  de conquista por el subcontinente indio.  Veamos lo que Plutarco dice en su relato:

LXXV…habiéndose bañado ya, como lo tenía de costumbre, para irse a acostar, a petición de Medio marchó a su casa a continuar la cena, y habiendo pasado allí en beber el día siguiente, empezó a sentirse con calentura, no al apurar el vaso de Heracles, ni dándole repentinamente un gran dolor en los lomos, como si lo hubieran pasado con una lanza: porque éstas son circunstancias que creyeron algunos deber añadir, inventando este desenlace trágico y patético, como si fuera el de un verdadero drama. Aristobulo dice sencillamente que le dio una fiebre ardiente con delirio, y que teniendo una gran sed bebió vino, de lo que le resultó ponerse frenético y morir en el día 30 del mes Desio.

LXXVI En el diario se hallan así descritos los trámites de la enfermedad: En el día 18 del mes Desio se acostó en el cuarto del baño por estar con calentura. Al día siguiente, después de haberse bañado, se trasladó a su cámara, y lo pasó jugando a las tablas con Medio. Bañóse a la tarde otra vez, sacrificó a los dioses, y habiendo cenado tuvo de nuevo calentura aquella noche. El 20 se bañó e hizo también el acostumbrado sacrificio, y habiéndose acostado en la habitación del baño, se dedicó a oír a Nearco la relación que le hizo de su navegación y del grande Océano. El 21 ejecutó lo mismo que el anterior, y, habiéndose enardecido más, pasó mala noche, y al día siguiente fue violenta la calentura. Trasladósele a la gran pieza del nadadero, donde se puso en cama, y trató con los generales acerca del mando de los regimientos vacantes, para que los proveyeran, haciendo cuidadosa elección. El 24, habiéndose arreciado más la fiebre, hizo sacrificio, llevado al efecto al altar, y de los generales y caudillos mandó que los principales se quedaran en su cámara, y que los comandantes y capitanes durmieran a la parte de afuera. Llevósele al traspalacio, donde el 25 durmió algún rato, pero la fiebre no se remitió. Entraron los generales, y estuvo aquel día sin habla, y también el 26; de cuyas resultas les pareció a los Macedonios que había muerto, y dirigiéndose al palacio gritaban y hacían amenazas a los más favorecidos de Alejandro, hasta que al fin les obligaron a abrirles las puertas, y, abiertas que les fueron, llegaron de uno en uno en ropilla hasta la cama. En aquel mismo día, Pitón y Seleuco, enviados a consultar a Serapis, le preguntaron si llevarían allí a Alejandro; el dios les respondió que lo dejaran donde estaba, y el 28 por la tarde murió”.

Eso es todo lo que sabemos sobre su enfermedad y las circunstancias que la rodearon. ¿Cómo puede ser que a partir de ahí se haya llegado a concluir que el causante de esa fiebre fue el virus West Nile? De hecho, ejercicios de retrodiagnóstico previos al de Marr y Calisher no concluyen tal cosa. Se ha sugerido desde el envenenamiento (poco compatible con fiebre alta sostenida 2 semanas) hasta diversas infecciones como malaria (posiblemente común en Babilonia del s IV a. C., como actualmente es endémica en Iraq). Marr y Calisher descartan malaria, pues al parecer no hay en este caso evidencia de la “típica curva de fiebre por P. falciparum”. Otras patologías infecciosas estimadas como posibles causas de la muerte de Alejandro incluyen la fiebre tifoidea, parasitosis (cercarias), leptospirosis o amebiasis. Los autores del artículo las descartan una a una al echar en falta signos clínicos típicos que no son reflejados por los cronistas. A decir verdad, ni las crónicas ni el historiador Plutarco se detienen demasiado en la enfermedad ni en los síntomas.

Entremos en el ejercicio de Marr y Calisher:  descubren un detalle en el texto de Plutarco en el cual, al parecer, nadie había reparado antes (seguramente ni el televisivo Dr. House lo hubiera hecho mejor). Dice así:

LXXIII. Cuando se acercaba a Babilonia, Nearco, que había vuelto al Éufrates por el gran mar, dijo que le habían hablado algunos Caldeos instándole para que Alejandro no entrara en Babilonia; pero éste no hizo caso, sino que continuó su marcha, y cuando ya tocaba a las murallas vio muchos cuervos que peleaban y se herían unos a otros, de los cuales algunos cayeron donde estaba. Hízosele enseguida denuncia contra Apolodoro, gobernador de Babilonia, de que había hecho sacrificio acerca del mismo Alejandro, de resultas de lo cual envió a llamar al agorero Pitágoras; como éste no negase el hecho, le preguntó sobre la disposición de las víctimas. Díjole que al hígado le faltaba el lóbulo, sobre lo que exclamó Alejandro: “¡Ay, ay! Esta es terrible señal”.

Es de sobra conocida la importancia que daban los antiguos a las aves como portadoras de designios. Los augures eran los encargados de interpretar esos designios, ya fuera observando el comportamiento o escrutando las vísceras. Este oficio nos ha dejado palabras tan curiosas como augurio (proyección sobre el futuro), agorero (persona que no cesa de anunciar males futuros) y agüero (en general, “mal agüero”, mal designio, aún asociado a las aves negras, en particular los cuervos y grajos).  Por esta razón no es extraño que los contemporáneos de Alejandro se fijaran en las aves e interpretaran su presencia, comportamiento, anomalías, etc  como un aviso de sucesos por venir. Hay que explicar que las aves son los hospedadores vertebrados naturales para el virus West Nile (ver post anterior: enlace). También hay que decir que entre las aves, los cuervos tienen mayor relevancia en este caso, pues algunas especies de éstos, en particular los cuervos americanos, son muy susceptibles a la enfermedad causada por infección con virus West Nile, que es a menudo mortal en ellos. Durante la epidemia por virus West Nile en EE.UU., que alcanzó máximos en los años 2002-03 (el artículo de Marr y Calisher es de 2003) era muy común encontrar cuervos y otras aves muertas en zonas con circulación activa del virus (de hecho, las mortalidades de aves se utilizaron como un útil sistema de vigilancia, pues precedían en varias semanas a la aparición de casos humanos). Así pues, cuando Calisher y Marr leyeron el párrafo de Plutarco mencionando a los cuervos, su extraño comportamiento (“se peleaban entre ellos”) y sobre todo, su muerte, no pudieron dejar de relacionar todo aquello con lo que se estaba produciendo a su alrededor: mortalidades masivas de cuervos causadas por un virus del Viejo Mundo, endémico en Oriente Medio desde al menos los años ’50 del s. XX, y que (¿por que no?) podría llevar siglos circulando entre el Tigris y el Eufrates. De todo ello, los autores del artículo concluyen que es muy probable que Alejandro Magno falleciera a causa de una infección aguda por virus West Nile.

A este artículo, que  como se ve, le falta cierto sustento, que los autores no niegan, le siguieron una serie de cartas de respuesta que fueron publicadas unos meses después en la misma revista (2-4). Fundamentalmente tratan de explorar la hipótesis de la infección por virus West Nile como causa de muerte de Alejandro Magno desde puntos de vista muy diversos, poniendo de manifiesto desde la imperfección de las traducciones  de las obras griegas y latinas clásicas que describen la muerte de Alejandro, hasta la falta de consistencia de lo descrito con los verdaderos signos clínicos de la fiebre por virus West Nile o con la época del año en que ocurre el deceso, finales de mayo (los casos de esta enfermedad suelen ocurrir durante el verano), pasando por la excesiva presencia de pájaros en los textos de Plutarco, o la  escasez de información clínica disponible, que deja un campo muy abierto a la especulación.

Pero una de estas cartas (firmada por Galli, Bermini y Zehender) expone un argumento que para mi es inapelable: ¡El virus West Nile aún no existía en el año 323 a. C.!  Según los autores italianos, verdaderos especialistas en evolución de virus, y empleando un análisis (muy básico, por cierto (**)) de estimación del tiempo de divergencia entre los distintos flavivirus (basado en comparación  de secuencias nucleotídicas y estudios filogeográficos), el virus West Nile no habría aparecido en la evolución de los flavivirus (el género al que pertenece) hasta hace unos 1043-1274 años, es decir, entre los años 729 y 961 d. C. Cuando murió Alejandro quedaban aún, según este estudio, entre 11 y 13 siglos para que apareciera el primer ancestro de todos los virus West Nile que actualmente conocemos, y que son genéticamente heterogéneos, abarcando hasta 8 linajes genéticos distintos. Estos linajes siguen evolucionando hoy día, y cuando haya transcurrido suficiente tiempo su evolución dará lugar a otros tantos virus que algún día ya no podrán llamarse West Nile por ser suficientemente distintos, divergentes y singulares, y habrá que ponerles otro nombre, como corresponde a cada nueva especie de virus que se identifica.

En conclusión, los virus evolucionan muy rápido, tanto que las inferencias que hacemos sobre las enfermedades víricas que aquejaron a nuestros antepasados, basándonos en lo que conocemos de las actuales, pueden ser erróneas. Seguramente en la Babilonia del siglo IV a. C. pudo circular un flavivirus ancestral con características y efectos similares al actual virus West Nile, y pudo ser ese virus ancestral, quizá, el que acabó con Alejandro Magno. Pero ¿podemos afirmar que ese virus es el mismo que el actual virus West Nile?

Referencias

1. Marr, J.S. y Calisher, C.H. Alexander the Great andWest NileVirus Encephalitis Emerg Infect Dis. 2003 December; 9(12): 1599–1603. doi: 10.3201/eid0912.030288

2. Cunha, B.A. Alexander the Great andWest NileVirus Encephalitis.  Emerg Infect Dis. 2004 July; 10(7): 1328–1333. doi: 10.3201/eid1007.040039

3. Galli M, Bernini F, Zehender G. Alexander the Great and West Nile virus encephalitis. Emerg Infect Dis. 2004 Jul;10(7):1330-2; author reply 1332-3.

4. Oldach D, Benitez RM, Mackowiak PA. Alexander the Great andWest Nilevirus encephalitis. Emerg Infect Dis. 2004 Jul;10(7):1329-30; author reply 1332-3.

 

NOTAS:

(*) A veces se traduce erróneamente este nombre por virus “Nilo Occidental” u “Oeste del Nilo”.

(**) Esencialmente, los datos de filogeografía y los cálculos sobre la divergencia genética de los distintos aislados del virus West Nile obtenidos por Galli et al en este estudio, que puede considerarse preliminar, han sido confirmados por estudios posteriores más completos (ver May et al (2011). J Virol 85:2964-74: y Zehender et al (2011) Inf Genet Evol 11 (2011) 646–653).

 

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