Archivo de abril, 2014

Ebola y otros virus emergentes

Como sabrán (y si no lo saben, ya se lo digo yo aquí) desde hace unas semanas se ha declarado un brote de fiebre hemorrágica por virus Ébola en África Occidental, que se centra en Guinea (Conakry) y afecta a otros países fronterizos (fundamentalmente a Liberia). Hasta el momento se han contabilizado alrededor de 160 casos de enfermedad, de los que han fallecido unos 100. El virus Ébola tiene una merecida mala fama de terrible patógeno, casi de plaga bíblica, por su alta mortalidad (alcanza el 90% en algunos brotes, y no suele bajar del 50%). Sin embargo, los brotes de Ébola no son novedad en África, donde se detectan cada cierto tiempo, variando en intensidad desde unas pocas decenas a unos pocos cientos de casos. El origen de los brotes es incierto, aunque casi con seguridad se trata de una zoonosis que se contagia desde algún reservorio vertebrado (posiblemente alguna(s) especie(s) de murciélagos) al hombre y a otros primates que entran en contacto con animales infectados. La enfermedad se transmite por contacto entre humanos (debe ser un contacto estrecho), y tiene un enorme impacto en las poblaciones afectadas. En el caso actual de Guinea, ni el brote es más grave ni más letal que otros precedentes (podríamos decir que está en la media) si bien está afectando zonas que nunca habían padecido esta enfermedad.

No obstante, en los medios informativos los brotes de Ébola son muy difundidos y tienen gran presencia, quizá por encima de la que correspondería por las cifras de afectados. Por ejemplo, en la misma zona afectada por estos brotes de Ébola se vienen produciendo anualmente unos 1000 casos de fiebre hemorrágica por virus de Lassa, una enfermedad endémica en la zona y con una mortalidad de alrededor de un 10% de los casos, pero esto no sale nunca en los medios, al menos en los medios occidentales que sin embargo si prestan mucha atención al Ébola, probablemente porque esta enfermedad es mucho más conocida que la del virus de Lassa. Seguramente en esta diferente sensibilidad tanto de los medios como del público a los brotes de virus Ébola no son ajenos bestsellers y películas que explotan el lado “catastrofista” de los virus, como “Estallido” (Outbreak), de Wolfgang Petersen (1995).

En este contexto se agradece leer artículos como los que publica Diario Médico hoy, en los que se pone en contexto el mencionado brote de virus Ébola en África Occidental, al hablar de este virus en conjunto con otros virus que representan problemas sanitarios importantes a nivel global. Por el interés que creo que despertará en los lectores de este blog reproduzco a continuación el artículo con permiso de las autoras del mismo.

(Ah, no dejen de votar en la encuesta de este mismo número del Diario Médico sobre si es necesario un laboratorio de investigación microbiológica de nivel 4 de biocontención en España: enlace)

ENTRE EL ALARMISMO Y LA CAUTELA

Ocho amenazas emergentes

La mayoría de los virus emergentes resultan menos vitales que el Ébola, pero tienen una mayor incidencia. Muchos patógenos requieren un nivel 4 de bioseguridad, que no está disponible en España ni en otros países.

María Sánchez-Monge. Sonia Moreno. Madrid.   |  14/04/2014 00:00

El último brote del virus del Ébola, con epicentro en el sur de Guinea, puede colear entre dos y cuatro meses más, según estima la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ahora, este virus trae en jaque a diferentes organizaciones sanitarias, una alarma justificada por su alta mortalidad (más del 50 por ciento), pero no es la única amenaza que hay que vigilar. María Paz Sánchez-Seco, del Laboratorio de Arbovirus y Enfermedades Víricas Importadas en el Centro Nacional de Microbiología (CNM), del Instituto Carlos III (Majadahonda, en Madrid), considera necesario mantener el equilibrio entre el alarmismo y la cautela.

“A pesar de la baja prevalencia de este tipo de enfermedades en España, existe un riesgo real; de cara a la salud pública, los programas de vigilancia son muy necesarios”. La científica recuerda que la visión que se tiene de estas enfermedades varía mucho desde un país afectado a uno desarrollado. En este último incluso puede resultar algo cínica: “Un ejemplo claro es el virus West Nile o del Nilo Occidental que se describió hacia 1935 en África, y que desde entonces ha circulado y causado multitud de brotes. Sin embargo, las referencias bibliográficas científicas posteriores a 1999 son llamativamente más abundantes que las anteriores a esa fecha, cuando se produjo el brote en Nueva York”.

Esto podría explicar, en parte, la poca atención que se ha prestado desde un punto de vista de la investigación a los virus emergentes. Otra razón es que algunos de ellos exigen infraestructuras de alta bioseguridad, de nivel 4, algo que no está al alcance de cualquier laboratorio. En el CNM -donde se encuentra el grupo de Arbovirus puesto en marcha por Antonio Tenorio y que ahora dirige Sánchez-Seco- se encuentra un laboratorio de nivel 3, al que se remiten muestras de pacientes para su diagnóstico.
Miguel Ángel Jiménez-Clavero, científico del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), lamenta que en España no haya ni un laboratorio con nivel 4 de biocontención. En estos centros podría desarrollarse la investigación en tratamientos y vacunas del Ébola, así como de otros virus causantes de fiebre hemorrágica especialmente peligrosos, como el de Marburgo, los de Crimea-Congo y ciertos arenavirus.
Vacunas
Estos patógenos se encuentran huérfanos de vacunas. Una revisión publicada en Expert Review of Vaccines por Andrea Marzi, del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, ilustra lo que ocurre en el caso del Ébola, que es extrapolable al resto de amenazas.

Se han realizado multitud de ensayos con vacunas de ADN, de subunidades y con vectores víricos con resultados muy prometedores en primates no humanos, pero en ningún caso se ha conseguido progresar más allá de la fase II de ensayos clínicos. La autora considera que existe una barrera económica.

Mientras se consigue financiación, son muchas las lecciones sobre el Ébola que se están aprendiendo. Por ejemplo, los anticuerpos se han revelado como un mecanismo de protección cuando se usan vacunas basadas en vectores de rabdovirus. En cambio, la eficacia de la estrategia basada en adenovirus depende también de las células T CD8+.

 

Ébola

Uno de los patógenos más letales de la historia

Ha habido hasta 34 brotes de virus del Ébola -que causa fiebre hemorrágica- antes del actual. En cada uno se produjeron entre decenas y pocos cientos de casos, en algunos de los cuales la mortalidad llegó hasta el 90 por ciento.
Ana Negredo, del CNM, indica que no se conoce el hospedador natural del virus, pero se sospecha de ciertas especies de murciélago. Es un ebolavirus, de la familia Filoviridae, del que se han descrito cinco especies diferentes, denominadas según su lugar de descubrimiento: Bundibugyo, Zaire, Reston, Sudán y Costa de Marfil..
El estudio de sus principales factores de virulencia ha revelado la importancia de su glicoproteína, que produce un efecto citopático, aumenta la permeabilidad del endotelio y favorece la extravasación de líquidos. Otras dos proteínas, VP35 y VP24, son antagonistas del interferón, un potente antiviral natural.
En uno de los últimos avances en el estudio de este patógeno han participado investigadores del Hospital 12 de Octubre, de Madrid, que han conseguido bloquear la entrada del Ébola y del VIH en las células dendríticas con una proteína modificada.

Dengue

El mosquito tigre acerca la enfermedad a España

La OMS calcula cien millones de infecciones anuales de dengue, pero un reciente estudio, publicado en Nature, reveló que en realidad ascienden a 400 millones. Leticia Franco, del CNM, aclara que la diferencia se debe a que se incluyen los casos subclínicos.
Hay cuatro serotipos, con diferente grado de virulencia. La enfermedad puede variar desde el cuadro asintomático hasta síntomas más graves como hemorragias y choque con riesgo mortal. 
Entre las líneas de investigación está determinar los factores de virulencia del virus; también, analizar la proteína de la envuelta vírica para perfeccionar los métodos diagnósticos. La compañía Sanofi trabaja en una vacuna que incluye las diferentes cepas del dengue. 
El sur de Europa está infectado con el mosquito tigre (Aedes albopictus), que al igual que Aedes aegypti, puede ser vector del virus. En 2012-13 se detectaron más de 2.100 casos en la isla de Madeira, donde sí se encuentra A. aegypti. La presencia del mosquito tigre en la cuenca mediterránea hace de España un país vulnerable a potenciales brotes de esta enfermedad.

Chikungunya (1)

Mutaciones genéticas y crecimiento vectorial explican su expansión

Este alfavirus no comparte familia, pero sí similitudes con el dengue: en ambos, el hombre actúa como huésped amplificador. El sonado brote de chikungunya en Rávena (Italia), en 2007, se inició con un viajero procedente de India. En este caso, los vectores -los mismos mosquitos que emplea el virus del dengue- se aliaron con el efecto amplificador de las personas infectadas, y dieron como resultado unos 200 enfermos. Fiebre y dolores articulares son los principales síntomas. María Paz Sánchez-Seco, del CNM, destaca la buena actuación frente al brote italiano. “Desde entonces no se han registrado nuevos casos en estas regiones, gracias a los servicios de control vectorial, que junto con la vigilancia epidemiológica son claves para frenar la expansión de potenciales brotes”. En España, los primeros en describir la presencia de mosquitos tigre, en Sant Cugat del Vallés, fueron los profesionales del Servicio de Control de Mosquitos del Bajo Llobregat (Barcelona).

Cuestión de tiempo
Como recuerda Miguel Ángel Jiménez-Clavero (CISA), se ha identificado una variante implicada en una mejor adaptación al mosquito Aedes. Es una mutación genética reciente que mejora la eficacia del ciclo del virus, y que explica el mayor éxito actual del chikungunya. “No estamos libres”, reconoce el científico.” Tenemos el vector, el mosquito tigre, en nuestra costa. Es cuestión de tiempo.

Arenavirus (2)

Brotes periódicos del virus Lassa favorecidos por contacto con roedores

gunos de los arenavirus producen fiebre hemorrágica; es el caso de los arenavirus del Viejo Mundo, entre los que se cuenta el virus Lassa, y que circulan en África. De hecho, el virus Lassa, del que ahora hay un brote en Nigeria, produce brotes casi con una periodicidad anual. Cada arenavirus utiliza como reservorio una especie de roedor concreta.
La transmisión al hombre se produce mediante la inhalación de aerosoles contaminados con excrementos de los roedeores contaminados, o a través de mordeduras y heridas.

Nuevo Mundo
Los arenavirus del Nuevo Mundo circulan en zonas determinadas de América, como el virus Junín, en Argentina, y el Machupo, en Bolivia, ambos causantes también de fiebre hemorrágica. El arenavirus de la coriomeningitis linfocitaria, cuya distribución se encuentra en todo el mundo, produce un síndrome neurológico que puede ser grave.
No hay un tratamiento eficaz para la infección por estos virus. Se administra ribavirina para tratar el virus Lassa y se ha observado eficacia, pero ha de ser durante los primeros días en que aparecen los síntomas. Tampoco cuentan con una vacuna, salvo el virus Junín, localizado en territorio argentino. Además, éste es el único lugar donde la inmunización está aprobada y se puede administrar. Son virus de nivel de bioseguridad 4, lo que limita su investigación.

 

Fiebre Amarilla (3)

Una protección efectiva que se administra a viajeros

La infección por fiebre amarilla no tiene tratamiento curativo, solo de soporte, pero sí cuenta con una vacuna eficaz. La inmunización está integrada por virus atenuados y se administra en una sola dosis subcutánea: induce en unos días la producción de anticuerpos específicos protectores. Se recomienda y administra a los viajeros a zonas endémicas, en África y América.

Este tipo de virus no se encuentra en Asia.
Esta enfermedad febril aguda se transmite a los seres humanos a través de picadura de mosquito; el virus se multiplica principalmente en el hígado produciendo cambios variables en su estructura y función. Según recoge un informe elaborado por la Sociedad Española de Microbiología Clínica, bajo la coordinación de Ana Negredo (CNM), la infección presenta un amplio espectro de gravedad, desde la infección subclínica, que en África llega hasta el 80 por ciento de los casos durante las epidemias, hasta la enfermedad mortal, que se produce entre el 20 y el 50 por ciento de las infecciones aparentes en una epidemia. El periodo de incubación varía de tres a seis días tras la picadura.

Hantavirus (4)

El riesgo de fiebre hemorrágica renal o un síndrome pulmonar

Este género de virus se transmite por roedores infectados. Se estiman entre 150.000 y 200.000 casos de infección por hantavirus cada año, la mayoría localizados en Asia, aunque también se encuentran algunas de estas cepas llamadas del Viejo Mundo en el centro y norte de Europa. Aquí se han detectado infecciones que pueden causar nefropatía y fiebre hemorrágica con síndrome renal. En América, los llamados hantavirus del Nuevo Mundo producen el síndrome pulmonar por hantavirus, un cuadro que puede revestir gravedad, con una mortalidad de entre el 60 y el 80 por ciento. Pese a ello, no hay vacunas ni tratamientos eficaces para estos patógenos. Al igual que ocurre con los arenavirus, la transmisión se produce mediante inhalación de aerosoles y al entrar en contacto con heridas.

Virus ‘west nile’ (5)

Inmunización eficaz para el caballo, pero todavía sin vacunas humanas

Hay vacunas eficaces para proteger a los caballos, pero de momento no las hay para humanos, en los que el virus del Nilo Occidental puede causar desde una fiebre benigna a una encefalitis grave y letal; esto último en menos del 1 por ciento de los casos.
Miguel Ángel Jiménez-Clavero (CISA), que investiga en este virus en su laboratorio de nivel 3 con medidas adicionales de seguridad, apunta que “es un virus muy parecido al de la hepatitis C. No hay tratamiento curativo. En Israel, donde se conoce desde hace más tiempo (década de 1950), se han realizado estudios con inmunoglobulinas obtenidas de personas que han pasado la infección. Esta sueroterapia ha cosechado cierto éxito”.

Ana Vázquez, del CNM, ha descrito un nuevo linaje en Andalucía-se cuentan hasta ocho, aunque los más patogénicos son el 1, y ahora, más recientemente, el 2- que transmite el mosquito Culex pipiens. Se piensa que en esta región el virus es endémico. Alrededor de cien caballos sufrieron un brote en 2010 en Cádiz. También se detectaron dos casos autóctonos de personas en el área gaditana; previamente, se había descrito una infección en un viajero a Badajoz. En Estados Unidos, desde 1999, año en que entró la enfermedad, se han registrado más de 30.000 casos de enfermedad y entre 1.300 y 1.400 muertes.

Marburgo (6)

Un candidato perfecto para el desarrollo de armas biológicas

Al igual que ocurre con el virus del Ébola, el de Marburgo plantea una preocupación, además de por el inadecuado control de sus potenciales brotes, por su posible uso como arma biológica. Eso se traduce en un interés por encontrar medidas profilácticas eficaces. Sin embargo, estos dos filovirus requieren medidas de seguridad de nivel 4, por lo que son pocos los laboratorios autorizados para investigar con ellos.

Es un virus muy parecido al Ébola en cuanto al lugar donde se encuentra y la sintomatología que produce. Sin embargo, hay algunas diferencias significativas. Una de ellas es que los brotes de Ébola se producen sobre todo en zonas de selva, mientras que el virus de Marburgo se localiza en la sabana. Por esta razón, también son distintas las especies de murciélagos que actúan como reservorios.

Los dos grandes brotes que ocurrieron de forma simultánea en Marburgo y Fráncfort (Alemania) y en Belgrado (Serbia) en 1967 llevaron a la identificación de la patología por primera vez. Las tasas de mortalidad de este patógeno han oscilado entre el 24 y el 88 por ciento.

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Cuando dos virus terminan siendo el mismo

Puede que no lo crean, pero en el post que viene a continuación se habla de Crimea, de Samarcanda, de la ruta de la seda, de la 2ª Guerra Mundial, de la Guerra Civil Española, de garrapatas, de focas, del ejercito rojo, de Israel, de la India, del Congo Belga (sin rumberos, esos son del “combo” no del “Congo”), de la Fundación Rockefeller, de perdices, de mosquitos,  de pavos … y todo ello sin apartarnos de nuestro ámbito, el de los virus emergentes ¿que no es posible? Sigan leyendo y verán.

Que el asunto de los nombres de los virus tiene tirón  es algo que noté desde que publiqué en este blog un post titulado El virus “Sin Nombre” y los nombres de los virus, que fue muy bien recibido por los lectores. En aquella ocasión terminé con la promesa de seguir hablando de los nombres de los virus asi:

Nos dejamos quizá para otra ocasión casos igualmente interesantes de problemas en la denominación de los virus. Dos me parecen destacables: por un lado, los virus “sinónimos” (aquellos que han recibido distintos nombres pese a acabar demostrándose que eran el mismo virus), y por otro, las traducciones de los nombres de los virus que toman como denominación un topónimo

En el post de hoy voy a cumplir con la primera parte: hablaré de cuando nos damos cuenta que dos virus son en realidad el mismo, y por tanto, los nombres con que eran conocidos se convierten en “sinónimos“, y en ocasiones, se unifican ambos nombres en uno solo.

Virus para los que Crimea no está tan lejos del Congo

En 1944-45 se produjo un brote de una enfermedad hemorrágica en unos 200 militares soviéticos sirviendo en la península de Crimea, devastada por la 2ª Guerra Mundial. El agente causal de esta enfermedad, que recibió el nombre de “fiebre hemorrágica de Crimea“, no fue identificado hasta mucho más tarde, cuando en 1967 el virólogo soviético Mijail Chumakov logró aislar el virus de un paciente que murió a causa de la enfermedad cerca de Samarcanda, la legendaria ciudad, enclave central de la antigua ruta de la seda entre Europa y Asia.

Mientras tanto, a unos 7.000 kilómetros de allí, ocurría algo que en principio no guardaba relación alguna con el episodio anterior: En 1956, un médico llamado Courtois aisló un virus de un paciente en el Hospital provincial de Stanleyville (hoy Kisangani), en lo que entonces era el Congo Belga, hoy República Democrática del Congo. El virus se envió al Laboratorio de Virus de la Fundación Rockefeller en Nueva York. Esta fundación había puesto en marcha en 1950 un ambicioso programa de investigación sobre virus dañinos para el hombre, montando laboratorios de virología en la India, Sudáfrica, Brasil, Colombia, Trinidad, Egipto y Nigeria, y financiando estudios dirigidos a identificar y clasificar virus  por todo el mundo. Fue en esa época cuando se desarrollaron los métodos “clásicos”, esencialmente inmunológicos, que permitían caracterizar las cepas víricas y compararlas entre sí, estableciéndose los primeros grupos por afinidades serológicas, llamados “serogrupos“. Este era el motivo de que recibieran el virus aislado en el Congo por Courtois. En una primera instancia, al compararlo con los demás virus recogidos en la colección hasta el momento, solo se halló parecido con otro virus procedente de Uganda. Hasta ahí todo normal.

Pero en 1967 Chumakov tuvo la ocurrencia de enviar  aquél virus que había aislado de un paciente con “fiebre hemorrágica de Crimea” al mismo laboratorio de la Fundación Rockefeller, donde cayó en manos del Dr. Jordi Casals. Este extraordinario virólogo de origen español (nació en Gerona en 1911, completó sus estudios de medicina en Barcelona en 1934, pero la Guerra Civil Española le hizo salir del país, como a muchos otros, desarrollando una brillantísima carrera en Estados Unidos). Casals examinó la muestra de Chumakov, la comparó con los demás virus de la colección y…¡sorpresa! resultó ser prácticamente idéntico al virus hallado en el Congo en 1956 por Courtois. Ello condujo a unificar los dos nombres en uno: “virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo” (iniciales en inglés: CCHFV). Así fue como dos virus acabaron siendo el mismo. El CCHFV es un virus extremadamente patogénico para el hombre, en el cual causa una grave enfermedad hemorrágica con un elevado indice de mortalidad, que puede llegar a alcanzar el 50% de los casos clínicos. El CCHFV es transmitido por picadura de garrapatas, principalmente de la familia Ixodidae, género Hyalomma.

Garrapata Hyalomma marginatum

Hyalomma marginatum, una de las especies de garrapatas que transmiten el virus de la fiebre de Crimea-Congo (Fuente: Wikimedia Commons)

El CCHFV presenta una distribución geográfica que abarca amplias zonas de África, Asia y Europa, como se puede observar en la siguiente imagen de la web de la Organización Mundial de la Salud.

Distribución geográfica del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (CCHFV). Fuente: OMS

 

Cada año se registran alrededor de 1.000 casos de infección por CCHFV en Europa de Este, los Balcanes y Turquía, y esta cifra va aumentando en los últimos años, probablemente con el incremento de la presencia de su principal vector, las garrapatas de género Hyalomma. Se trata de un patógeno emergente que causa preocupación en Europa por el alto indice de mortalidad que produce y por no existir vacunas ni tratamientos eficaces, además de que es capaz de contagiarse de persona a persona, y el riesgo de  transmisión entre el personal sanitario al cuidado de los enfermos es elevado si no se toman medidas de bioseguridad específicas. Es precisamente este aspecto de la bioseguridad el que dificulta el progreso en la investigación sobre el CCHFV, pues se trata de un patógeno de nivel 4, es decir,se requieren instalaciones del máximo nivel de biocontención (P4) para manejarlo en condiciones adecuadas de bioseguridad, y esas instalaciones son escasas: Hay 42 instalaciones de este tipo en el mundo. En Europa hay unas 15, casi la mitad están en Alemania. Países como España,  donde no existen instalaciones P4, dependen de la buena voluntad y colaboración con otros países que si cuentan con estas instalaciones en caso de necesitar investigar brotes o emergencias sanitarias producidas por patógenos P4 como el CCHFV. Por razones obvias, sin embargo, sería muy razonable poder contar con este tipo de instalaciones en nuestro país, pues nos permitirían no sólo investigar sobre este tipo de agentes (entre los que se incluyen los virus más patógenos para el hombre, como son los virus ébola, Marburg y lassa, además del propio CCHFV), sino, sobre todo, realizar con la debida independencia las actuaciones necesarias en materia de salud pública en el caso de que producirse alertas sanitarias por estos patógenos en nuestro territorio. Como no tengo espacio para extenderme más sobre este tema aquí, prometo dedicar un futuro post en este blog a la bioseguridad y la biocontención en los laboratorios que manejan agentes infecciosos.

 De porcinos y leones marinos

En 1932 se detectó en una granja de cerdos del Sur de California lo que parecía un brote atípico de fiebre aftosa (una enfermedad de efectos devastadores sobre el ganado de pezuña hendida). Mientras se sucedían los brotes en más granjas porcinas, incluso muy distantes de la primera, se concluyó que el causante no era el virus de la fiebre aftosa, sino un virus distinto, que recibió el nombre del virus del exantema vesicular porcino (VESV por sus iniciales en inglés). Las medidas de control implementadas en aquel entonces, y que no han variado mucho hasta ahora (esencialmente el sacrificio obligatorio de los animales afectados, la desinfección de las granjas afectadas, y la restricción de movimientos de ganado y de productos animales de las zonas afectadas) lograron controlar estos brotes, aunque siguieron produciendose esporádicamente en granjas porcinas de California (llegó a llamarse “la enfermedad de California”). Pero 20 años después hubo un gran brote de exantema vesicular porcino en Nebraska, a unos cuantos miles de kilómetros de California. Las investigaciones efectuadas condujeron a otra granja en Cheyenne, Wyoming, que había alimentado a los animales con desperdicios de un tren procedente de California. La enfermedad se extendió rápidamente hacia el Este. Se declaró emergencia nacional y se establecieron medidas para su erradicación, que rindieron su fruto, ya que el último vestigio de la enfermedad se observó en 1956, y tras un período adicional de 3 años sin ocurrir nuevos brotes, fue declarada erradicada de los Estados Unidos.

En 1972, es decir, trece años después de la “erradicación” del exantema vesicular porcino de los EE.UU., ocurrió un hecho notable e inesperado: en el curso de la investigación de una enfermedad que afectaba a una colonia de leones marinos californianos (Zalophus californianus) de la Isla de San Miguel, del grupo de islas del Canal de California, se aisló un virus, que fue denominado -en un alarde de imaginación, hay que decir- “virus del león marino de San Miguel” (SMSV por sus iniciales en inglés) y que resultó idéntico al causante del exantema vesicular porcino. Se inoculó el SMSV experimentalmente en cerdos comprobándose que causaba una enfermedad indistinguible del exantema vesicular porcino en esta especie animal. Se han producido desde entonces nuevos brotes de esta enfermedad vírica en los leones marinos de California, aislándose el virus SMSV repetidamente. Nunca más se ha aislado el virus a partir de cerdos, pero en los textos de virología todavía se conservan los dos nombres, VESV y SMSV, como miembros de la familia de los calicivirus (virus “con forma de cáliz”). Forman parte de un grupo más numeroso de calicivirus que afectan a mamíferos marinos. Su reservorio natural podrían ser distintas especies de mamíferos marinos, y del salto de una especie a otra podría surgir cierto grado de patogenicidad, puesta de manifiesto en los leones marinos y eventualmente en el cerdo. Es este un caso curioso de virus “emergente” casi literal, desde las profundidades marinas a tierra firme. Los estudios epidemiológicos y moleculares sugieren que hubo varias introducciones distintas (varias “emergencias”) en la especie porcina en California durante las décadas en que esta enfermedad fue activa en aquel territorio.

León Marino californiano. (Fuente: Wikimedia commons).

Bagaza y meningoencefalomielitis de los pavos de Israel

El ultimo de los tres casos de virus “sinónimos” que voy a contar conlleva cierto atrevimiento por mi parte, y me explico: hasta hora he intentado evitar contar cosas de mi propio trabajo en este blog, más que nada porque pienso que no tienen un interés especial, no más que otros muchos trabajos que hacemos a diario los virólogos. Pienso que una tentación muy fuerte que tenemos los que trabajamos investigando y queremos además divulgar la ciencia es acabar “divulgando” nuestro trabajo. Y hay que ser honesto y reconocer que el  interés sesgado que tenemos por nuestro trabajo no tiene por qué estar presente en el público que nos lee. En otras palabras, que podemos acabar aburriendo al más empedernido de nuestros lectores. Sin embargo, voy a hacer una excepción y a contar un caso en primera persona por primera vez aqui, en este blog, porque creo que este caso puede resultar entretenido e ilustra perfectamente el tema de hoy. Espero que me perdonen los lectores el atrevimiento y sobre todo espero que no se aburran mucho

El virus Bagaza (abreviado: BAGV) es un miembro poco conocido de la familia de los flavivirus (que incluye, entre otros, a los virus del dengue, la fiebre amarilla, o el virus West Nile). Fue descrito por primera vez en 1966 en mosquitos de la localidad de Bagaza (de donde toma el nombre, otra vez esa imaginación…) en la República Centroafricana. Desde entonces se ha aislado en distintas ocasiones a partir de mosquitos de diversas localidades del África subsahariana y, curiosamente, de la India. No se conocía si este virus podría afectar a vertebrados, ni se conocía(n) su(s) hospedador(es) natural(es). Esto era así hasta que en 2010 este virus se detectó en perdices y faisanes enfermos en la provincia de Cádiz (si, si, Cádiz, España). En verano de 2010 se habían registrado los primeros casos en España de encefalitis equina por virus West Nile (acompañados por algunos casos humanos), que ocurrieron en Andalucía (sobre todo en Cádiz). Al tiempo se detectaron casos de una enfermedad grave, con una elevada mortalidad, en perdices rojas y faisanes comunes en libertad en la misma provincia, por lo que en seguida se pensó que podrían tener que ver con la circulación del virus West Nile en la zona. Sin embargo, los análisis efectuados en el Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete, del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, dieron como resultado la identificación de otro flavivirus distinto del esperado West Nile: el virus Bagaza, un virus bastante desconocido, por cierto. Estábamos ante un típico episodio de enfermedad emergente en un nuevo territorio: España, y por ende, Europa. Los parientes más cercanos de este virus se habían detectado en Centroáfrica y en la Índia…

Perdiz roja (arriba) y faisan común (abajo)

El virus fue rápidamente aislado y secuenciado completamente en un trabajo en colaboración entre el grupo del LCV y el nuestro en el CISA (Centro de Investigación en Sanidad Animal, del INIA) lo cual, entre otras cosas, confirmó la relación estrecha que podía haber entre nuestro virus y otro flavivirus muy patógeno en pavos de granja, endémico en Israel, y conocido como virus de la meningoencefelomielitis de los pavos de Israel (abreviado: ITV), en otro alarde de imaginación. Inciso: he dicho “confirmó” la relación, porque ésta ya había sido sugerida en trabajos previos realizados con un número muy limitado de secuencias nucleotídicas parciales disponibles. Esta disponibilidad limitada de secuencias era el principal problema a la hora de asignar una relación entre ambos virus, que se establece por comparación a nivel genético, método que se emplea actualmente para estos fines (recordemos el caso del CCHFV relatado antes, donde se utilizaban métodos serológicos para establecer parecidos/identidades entre virus).

Esa limitada disponibilidad de secuencias tenía arreglo, pero para ello debíamos ponernos en contacto con colegas israelíes que tuvieran acceso a los virus ITV aislados en su país, donde el virus se describió por primera vez a finales de los años 50 del siglo pasado, y la enfermedad que produce es de sobra conocida por los criadores de pavos. En Israel se desarrolló una vacuna que sigue empleándose en la actualidad para proteger a los pavos de la enfermedad. Fuera de Israel, la meningoencefalomielitis de los pavos  solo se ha descrito en otro lugar: Sudáfrica, en los años 80.

Fruto de la colaboración con investigadores del Instituto Veterinario Kimron, de Israel, que nos enviaron las muestras necesarias, pudimos realizar un análisis completo de la secuencia de cinco aislados de ITV israelíes. El resultado no dejaba lugar a dudas: el virus Bagaza era la misma especie vírica que el virus de la meningoencefalomieitis de los pavos de Israel. De nuevo, dos virus considerados hasta entonces diferentes terminaban siendo el mismo. En este caso, que ha sido publicado recientemente como suele hacerse con este tipo de hallazgos (véase el siguiente enlace)  el nombre aún no ha sufrido modificaciones, aunque en la publicación hemos propuesto reunir los dos nombres en uno: virus de la meningoencefalomieitis aviar, pero para cambiar los nombres de los virus hay que seguir un procedimiento que establece el ICTV (Comité Internacional para la Taxonomía de los Virus), y que estamos iniciando, y cuyos pasos previos, los estudios que se han relatado aqui, y que han sido publicados recientemente, ya se han dado.

El asunto de los nombres de los virus puede parecer baladí, pero como se ilustra muy bien en este último ejemplo, tiene una vertiente muy útil, porque se trata de establecer la identidad de los virus. Por ejemplo, ha sido muy útil establecer la identidad existente entre el BAGV y el ITV porque sabiendo que hay una vacuna ya desarrollada para uno de ellos, es evidente que ésta protegerá igualmente frente al otro virus, y que esta situación es más favorable que si no existiera vacuna. También hemos aprendido algo sobre los hospedadores naturales del virus Bagaza: son determinadas especies de aves, en particular fasiánidos (perdices, faisanes, pavos, etc). También hemos completado un poco más el rango geográfico de este virus, que no solo abarca el África Subsahariana y la India, sino también Israel, Sudáfrica y recientemente el Sur de España (aunque hay que decir que de 2010 acá la situación ha ido mejorando. No obstante, se sigue vigilando la zona para detectar el virus o señales de su circulación).

 

Y hasta aquí el largo post de hoy. Anímense y dejen sus comentarios (es gratis).

 

 Bibliografía de interés sobre el tema de este post

Whitehouse, C.A. Crimean-Congo Haemorrhagic fever. Antiviral Research 64 (2004) 145–160. (Revisión sobre la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo).

Bankowsli, R.A., Sawyer, J.C. Vesicular exanthema of swine and marine calicivirus infections. In Beran, J.W. (ed.) Handbook of zoonoses (Section B, Viral zoonoses), 2nd ed. CRC Press, Boca Ratón, Florida, 1994. (Historia del virus del exantema vesicular porcino y su relación con el virus del león marino de San Miguel).

Agüero M, Fernández-Pinero J, Buitrago D, Sánchez A, Elizalde M, San Miguel E, Villalba R, Llorente F, Jiménez-Clavero MA.Bagaza virus in partridges and pheasants, Spain, 2010. Emerg Infect Dis. 2011, 17(8):1498-501. doi: 10.3201/eid1708.110077 (Primera descripción del virus Bagaza en España).

Fernández-Pinero J, Davidson I, Elizalde M, Perk S, Khinich Y, Jiménez-Clavero MA. Bagaza virus and Israel turkey meningoencephalomyelitis virus are a single virus species. J Gen Virol. 2014, 95(Pt 4):883-7. doi: 10.1099/vir.0.061465-0. (Estudio sobre la identidad genética de los virus BAGV e ITV).

 

 

 

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