Archivo de diciembre, 2014

Ebola en África occidental: actualización, 19 de diciembre de 2014

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) difundido ayer, la epidemia de  enfermedad por virus de ébola (EVE) en África occidental ya ha producido 19.031 casos causando  7.373 muertes en los 3 países más afectados: Guinea, Liberia y Sierra Leona. Los últimos datos ofrecidos por la OMS suman casi 500 nuevos casos al anterior informe del 17 de diciembre.

El país con más casos es Sierra Leona (8.759 casos), seguido de Liberia (7.819), pero en este último país ha habido más casos mortales (3.346) que en Sierra Leona (2.477). Guinea presenta el número más bajo de casos (2.453) y muertes (1.287) por esta enfermedad.

Recordemos que el primer caso de EVE en África Occidental fue declarado por la OMS hace 9 meses, el 23 de marzo de 2014, aunque se sabe que en diciembre de 2013 ya podía haber casos en la zona fronteriza entre los tres países mencionados. Se trata, con mucho, del mayor brote de EVE y el de mayor duración de los aproximadamente 30 registrados desde 1976 (fecha del primer brote, en el que se aisló e identificó por primera vez el virus). También el que mayor extensión territorial ha tenido, afectando a los ya mencionados países de Guinea, Liberia y Sierra Leona, pero también, aunque de forma menos intensa, a Nigeria, Senegal, Mali, dentro de África, y fuera de este continente, a Estados Unidos y España. En efecto, la EVE ha afectado por primera vez a países fuera de África, lo cual es un hecho notorio, pero esperable dadas las dimensiones del brote y la presencia de personal sanitario procedente de diversos países, prestando asistencia sanitaria en la zona como parte de la ayuda internacional. La exposición del personal sanitario al riesgo de infección por virus ébola hace que este colectivo esté sufriendo de forma particularmente intensa los efectos de este brote, con un total 649 casos, de los que 365 han fallecido (datos hasta el 14 de diciembre, fuente: OMS). La repatriación de sanitarios a sus países de origen provocó casos autóctonos en personal sanitario a su cuidado tanto en España como en EE.UU. si bien la transmisión se produjo de forma muy limitada. Las cifras de casos/muertes por países actualizadas a 17 de diciembre de 2014 pueden verse en el siguiente gráfico:

Resumen de casos/muertes por EVE por países, actualizado a 17 de diciembre de 2014.
Fuente: Organización Mundial de la Salud.

En este blog iremos siguiendo la evolución tanto de este como de otros brotes de enfermedades producidas por virus emergentes.

Posts relacionados:

22 de octubre de 2014: Preparación en Europa ante el riesgo de importación de casos de ébola

27 de septiembre de 2014: Ébola, África Occidental, 6 meses después: ¿es un virus emergente?

8 de agosto de 2014: Alerta internacional por virus ébola, 2014

14 de abril de 2014: Ébola y otros virus emergentes.

 

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Entrevista a un virólogo: Antonio Tenorio, “Un virólogo de salud pública”

 

Dediqué el post anterior a comentar lo que me parece un magnífico trabajo el que ha realizado los editores de la revista Virología en su último número. Dije entonces que reproduciría en el blog uno de los trabajos publicados allí, el de la sección “Entrevista a un virólogo” (contando con el permiso de los editores) porque me parecía de interés su divulgación, y además, porque pienso que desde este medio puede llegar a más público (en particular los lectores que acceden por dispositivo móvil, para los que el formato ofrecido por la revista, pdf, no es muy “user friendly” en ese medio). Aqui lo tienen. Espero que les guste.

 

Virología |Volumen 17 – Número 1/2014 pp 69-74

Entrevista a un virólogo

Antonio Tenorio

“Un virólogo de salud pública”

Por Miguel Ángel Jiménez Clavero

Antonio Tenorio ha trabajado como virólogo de salud pública en el actual Centro Nacional de Microbiología (CNM-ISCIII) hasta que un proceso tumoral le apartó de sus responsabilidades. Durante los últimos años sus esfuerzos han ido dirigidos a impulsar la investigación en zoonosis víricas en España, en Europa y en Iberoamérica mediante el establecimiento de redes colaborativas multidisciplinares.

Miguel Ángel Jiménez-Clavero desarrolla su labor como virólogo en el Centro de Alta Bioseguridad del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), perteneciente al INIA. Su trabajo actual se centra en el  diagnóstico y la vigilancia de las enfermedades víricas animales con alta capacidad de dispersión y/o especial virulencia, incluyendo zoonosis víricas emergentes transmitidas por vectores.

Introducción

Cuando me pidieron en la SEV que hiciera una entrevista a Antonio Tenorio, gran virólogo y (no obstante) gran amigo, tuve una mezcla de sensaciones: por un lado, cautela, porque yo no tengo ni idea de cómo se hace una entrevista, y por otro, ilusión porque me iba a dar la oportunidad de charlar con Antonio sobre temas que de otro modo probablemente no habrían surgido espontáneamente, acerca de él, su vida y su trayectoria profesional. Venció la segunda sensación y me apresté a la tarea lo mejor que pude. Esto es lo que salió.

Conozco a Antonio desde hace muchos años, hemos colaborado ocasionalmente desde 1996, pero de una forma regular y continuada desde 2003, año en que echó a andar la red EVITAR (acrónimo de “Enfermedades ricas Transmitidas por Artrópodos y Roedores”), financiada por el Fondo de Investigación Sanitaria (FIS)  y que fue gestada y coordinada por el propio Antonio y en la cual me “enrolé” desde mi puesto de entonces en el Laboratorio Central de Veterinaria. Para muchos, entre los que me cuento, fue esta nuestra primera incursión en el mundo de los virus transmitidos por vectores. La red EVITAR fue una red pionera en España en este tipo de estudios, y constituye un fiel reflejo de la capacidad de Antonio para anticipar temas de enorme relevancia como este. Sirvan como prueba de ello dos hechos comprobados retrospectivamente: uno,  que desde entonces no hemos parado, y dos, que la importancia de las enfermedades transmitidas por vectores no ha hecho sino crecer. Y el carácter pionero no se limitaba a la temática, que había recibido poca atención hasta entonces en nuestro país, sino también era aplicable al enfoque: en la red EVITAR se empezó a manejar el concepto “una salud” (“One health”) de forma práctica, colaborando profesionales de los diversos ámbitos implicados en el control de enfermedades infecciosas en un ambiente multidisciplinar, antes de que tal concepto tuviera la difusión y el reconocimiento que hoy tiene. Esta red mostraba muy bien dos cualidades que creo que caracterizan la labor profesional de Antonio: su capacidad para vislumbrar temas de gran proyección de cara al futuro en salud pública, y su talento para formar redes colaborativas multidisciplinares. Asimismo, ilustra  la visión que él mismo tiene de su profesión, que no es la de investigador, sino la de, como él se define, “virólogo de salud pública”. Químico de formación, obtuvo plaza de QIR (Químico Interno Residente) en 1982, y ya ahí fue pionero, ya que esta fue la primera convocatoria de esa especialidad. El primer contacto con la virología lo tuvo en su último año de residencia, que lo pasó en la Unidad de Virología del Hospital Ramón y Cajal, a cargo de Rafael Fernández Muñoz (gran pionero de la virología clínica en nuestro país y expresidente de la SEV), y desde entonces no ha dejado de sentirse fascinado por “esas moléculas grandes” que son los virus. En 1987 se incorporó como virólogo (por oposición) al Centro Nacional de Microbiología (CNM) actualmente perteneciente al Instituto de Salud Carlos III.  Hasta que se le incluyó entre los “incapacitados laborales permanentes” por motivos de salud, dirigió el grupo de Arbovirus y Enfermedades Víricas Importadas de dicho centro, desde donde ha ejercido un liderazgo notable en el área de las emergencias víricas de riesgo para la salud pública, y en particular las arbovirosis emergentes de gran impacto sanitario, coordinando diversas iniciativas y proyectos a nivel nacional e internacional. La última de estas iniciativas, actualmente en marcha, es el proyecto European West Nile R&D collaborative Project (acrónimo EuroWestNile) financiado por el séptimo programa marco de Investigación y Desarrollo Tecnológico de la UE, del cual Antonio es su gran artífice y coordinador.

Entrevista

¿Cómo llegaste a la virología?

Químico, como muchos de los virólogos españoles, formado en bioquímica con Ángel Martín Municio. Nada más terminar la carrera, en 1979, hice mi tesina en genética de microcinas, en el laboratorio de Víctor Rubio, del Servicio de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal, con quien aprendí los primeros rudimentos de biología molecular y junto con quien sufrí la enorme competitividad de la ciencia, a la que decidí no volver. Estuve algún tiempo contratado como asesor técnico en la Oficina de Patentes, examinando patentes de bioquímica y biología molecular. Aburrido, me presenté a la primera convocatoria QIR en 1982 y obtuve una de las 10 plazas que se ofertaban, todas en análisis clínicos. Me tocó Córdoba, un lugar en el que los profesionales no médicos lo teníamos difícil, pero en el que conseguí el apoyo de algunos de los miembros del Servicio. Mi inquietud y algunas cuestiones personales me llevaron a pedir y conseguir realizar el último año de la residencia en comisión de servicios en la Sección de Virología del Hospital Ramón y Cajal,  por entonces único grupo de virología clínica existente en los hospitales españoles, bajo la dirección del también químico y expresidente de la SEV, Rafael Fernández Muñoz. Un año más tarde tuve la fortuna de conseguir una plaza como virólogo en el Centro Nacional de Microbiología.

¿Qué crees que influyó con más fuerza en tu elección? ¿Cuál fue el “punto de no retorno”?

La dedicación de Rafael Fernández Muñoz a mi formación ayudó sin duda a incrementar mi fascinación por esas moléculas grandes que son los virus y por la virología clínica en sí. La consecución de una plaza de virólogo en el CNM un año después inició un camino apasionado del que nunca he querido salir.

¿Cuáles han sido los principales hitos de tu vida profesional?

En 1986 me dediqué en cuerpo y alma a desarrollar tecnologías de confirmación de diagnóstico del SIDA (Western Blot usando antígenos que Rafael Nájera había conseguido en los EE.UU. y los primeros cultivos celulares). Por aquella época me ofrecieron montar el que sería el Centro Nacional de Biología Celular y Retrovirus del ISCIII, aunque rechacé la propuesta por mi extremada juventud. No me arrepiento; seguro que así evité los dolores de crecimiento de un virólogo adolescente y pude crecer a mi ritmo, sin traumatismos.

Entre 1987 y 1990 estuve involucrado en el control del último brote de polio salvaje en España en una comunidad no vacunada, empleando cultivos celulares que desafortunadamente para la virología ya no pueden usarse (riñón de mono primario, RMP) y ratones lactantes. También trabajé en esa época con virus respiratorios y exantemáticos. De entonces datan mis primeras incursiones en el diagnóstico molecular empleando la técnica de Southern blot para citomegalovirus como método de diagnóstico auxiliar de enfermedad en los inmunodeprimidos. En la década siguiente (1990-2000) mi actividad principalmente se centró en el desarrollo de una gran variedad de métodos moleculares para diagnóstico, y su transferencia al Sistema Nacional de Salud en forma de kits, o mediante su implantación en la oferta de Servicios desde el CNM. Las patologías consistían fundamentalmente en inmunodeprimidos y síndromes neurológicos. En este período me dediqué también a la formación de una nueva generación de virólogos especialmente orientados al diagnóstico y la vigilancia molecular.

Ya en 2000, diversos acontecimientos en el mundo de las emergencias víricas, como la reaparición del virus West Nile en la Camarga francesa, la importación de casos de virus Lassa en Europa, o  la expansión del virus de la fiebre del Valle del Rift por primera vez fuera del Continente Africano, me empujaron a tomar una decisión crítica: formar un nuevo laboratorio dedicado a zoonosis víricas emergentes. Sobre el virus West Nile había entonces muy pocos datos en España, pero sugerían que nuestro país no debía ser una isla. Desde 2001 hasta ahora, me he dedicado a los virus zoonóticos emergentes. Empecé elaborando un plan estratégico durante meses con Mari Paz Sánchez-Seco, colaboradora infatigable desde aquellos años a hoy. Después, contacté con la Red ENIVD (European Network for Imported Viral Diseases) para solicitar su apoyo en el proceso, y finalmente, visité el Institut Pasteur, de donde vine convencido de que podríamos alcanzar un nivel similar en pocos años. El enfoque implicaba conocer los virus zoonóticos autóctonos (empezamos formando un grupo multidisciplinar en Cataluña centrado especialmente en la vigilancia de West Nile y la identificación de los virus circulantes en mosquitos) al tiempo que vigilar las infecciones importadas y especialmente las fiebres hemorrágicas, para lo que organizamos un estudio sobre virus importados con las principales unidades de medicina tropical en España. Como no teníamos métodos de detección para los cientos de virus que se habían descrito, desarrollamos métodos para la detección genérica de grupos de virus, una herramienta que se reveló fundamental en los trabajos subsiguientes. Un año más tarde salieron las Redes RETICS: la red EVITAR (Enfermedades Víricas Transmitidas por Artrópodos y Roedores) y RICET (Red de Enfermedades Tropicales) donde se desarrollaron modelos de trabajo que a lo largo del tiempo condujeron a los proyectos europeos actualmente vigentes: EDEN (Emerging Diseases in a Changing Environment, y su 2ª parte: EDENext), EUROWESTNILE (European West Nile R&D Collaborative Project)  y DENGUETOOLS. El método era tan eficaz que conseguimos que las redes siguieran funcionando incluso en periodos en los que no se conseguía financiación, así como llevar a cabo proyectos incluso sin financiación específica, por ejemplo Dengue y Chikungunya importados. En todo este camino, el grupo ha venido asumiendo un papel relevante en Europa, entrando en el Comité de Dirección de la ENIVD y obteniendo un contrato de asesoría y apoyo al European Center for Diseases Control and prevention (ECDC) para su programa sobre “Vector-borne and emerging diseases”.

En Iberoamérica fuimos clave en la formación de una red de virosis emergentes que integraba laboratorios de salud pública y de la Universidad, la red RIVE, que luego se refundó como VIRORED. Pasó como con la red EVITAR, que los resultados obtenidos fueron muy superiores a lo inicialmente esperado. Se establecieron nodos en América latina, para favorecer allí el desarrollo y la transferencia de tecnología en el ámbito de las zoonosis víricas emergentes y se implementaron programas de control de calidad. Desde hace unos años dedicamos una especial atención al virus Chikungunya, que –tal y como esperábamos- recientemente ha debutado en la zona con decenas de miles de casos, evidenciando la oportunidad de este tipo de actividades para prevenir y mitigar los efectos de las zoonosis víricas emergentes.

Un poco como resumen, mi carrera ha sido la de un virólogo de salud pública en la era de la globalización.

¿De qué te sientes particularmente satisfecho?

De haber ayudado a formar a una nueva generación de virólogos de salud pública que ahora están liderando grupos en ámbitos de enorme relevancia, de haber impulsado que el CNM fuera uno de los grupos pioneros en el programa europeo de formación de microbiólogos de salud pública (EUPHEM-EPIET, financiado por el ECDC) y de haber sabido crear redes colaborativas basadas en la confianza mutua, como la red EVITAR que luego dio paso al proyecto EUROWESTNILE, pero también RIVE, con un enorme impacto en las Américas. Sin olvidar la experiencia inolvidable de haber organizado un proyecto de investigación en el que colaboraban, sin recibir financiación específica, redes europeas de virólogos y de tropicalistas.

La carrera profesional ha cambiado mucho en estos años. ¿Qué crees que ha mejorado? ¿Hay algo que haya empeorado?

La tendencia a convertir los institutos nacionales de salud en centros de investigación de excelencia ha afectado en Europa a la actividad de un sinfín de grupos, muchos de los cuales no han podido sobrevivir. No es comprensible que las nuevas plazas que se convocan para el Instituto de Salud Carlos III, el laboratorio de apoyo al Sistema Nacional de Salud y a las políticas de Salud Pública en España, tengan perfil de investigador básico: se está condenando a muerte a la microbiología de salud pública. Tampoco es comprensible que no existan fondos para estudiar los riesgos para nuestra salud asociados a los focos de circulación del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (CCHFV) en ciclo silvestre en nuestro país, o para investigar el ciclo natural del nuevo filovirus “Lloviu”, también detectado en España. Las autoridades sanitarias deberían garantizar recursos suficientes para mantener la salud pública de sus ciudadanos. La financiación en salud pública en España nunca ha sido adecuada para los retos que ha habido que afrontar, pero desde el comienzo de la actual coyuntura, en la que los fondos públicos son traspasados a los bancos y a fondos de inversión, la escasa financiación ha desaparecido por completo y hoy más que nunca tenemos que intentar financiar las actividades de vigilancia, prevención y control disfrazándolas de investigación. Y aquí hay que recordar que no hay inversión sanitaria más rentable que la que se dedica  a la salud pública: cada euro que se invierte en salud pública, o lo que es lo mismo, en prevención, ahorra muchos euros en intervenciones, por no hablar de los costes humanos y sociales que una crisis sanitaria puede acarrear.

La virología también ha cambiado mucho. ¿Cuáles son los cambios más notables, aquellos que, en tu opinión, han conducido a la virología a lo que actualmente es?

En virología de salud pública, tanto en diagnóstico como en vigilancia, los métodos de amplificación genómica han tenido un impacto trascendental, haciendo llegar la virología clínica a los hospitales, y aportando nuevas herramientas para la vigilancia de salud pública. Los métodos moleculares nos han permitido la detección de muchos nuevos virus en España (al menos dos docenas), algunos de ellos enormemente importantes, como Lloviu, CCHFV, otros como Granada, o LCMV (virus de la coriomeningitis linfocitaria) silvestre, pero incluso aquéllos virus que aparentemente no infectan a humanos, pero que parecen tener un papel especial en la ecología viral, luchando por su espacio ecológico en el vector o en el reservorio concurrente con los que sí son patógenos.

Una tendencia preocupante es la pérdida de métodos tradicionales que llevaron a tantos éxitos en la virología: cultivo primario de riñón de mono, inoculación en ratón lactante, etc. Los métodos de detección molecular han ido desplazando a los métodos clásicos, por sus obvias ventajas en algunos aspectos, pero que deben ser considerados siempre como complementarios a los otros métodos que forman el arsenal del laboratorio de virología: debemos hacer un esfuerzo especial para mantener, y en su caso, recuperar esos métodos, especialmente para la detección y el análisis de nuevos patógenos. En este sentido se hace necesario igualmente desarrollar nuevos métodos de cultivos primarios y secundarios de tejidos de especies clave para nuevos patógenos, como los murciélagos.

En el mundo actual parece que se le da más importancia a la competitividad que a la cooperación, a la especialización que a la integración, y se consagra la excelencia, un concepto poco definido y ajustable a conveniencia, en detrimento de otros valores como la capacidad de liderazgo. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Estoy completamente convencido de que la cooperación entre grupos es mucho más productiva que la competencia entre ellos. Lo he vivido tanto en España como en América y Europa. Un trabajo pausado y basado en la generación de confianza puede acabar con las veleidades de aislamiento competitivo de cualquier grupo, que se ve finalmente absorbido por la productividad de la colaboración.

Esta colaboración es especialmente necesaria cuando los retos que deben afrontarse requieren grupos especializados, requieren un trabajo multidisciplinar. Ahí es aún más clara la “ecología de la colaboración”.

En cuanto al dilema del liderazgo frente a la excelencia, hay algo en común en ambos términos: tanto un buen liderazgo como una investigación excelente se basa en la simplicidad, la claridad y la coherencia de los objetivos a cumplir por el grupo o en el estudio a realizar. Fíjate que no hablo de excelencia como tal, porque el concepto depende de quien lo defina y cambia según los intereses en juego en cada momento.

¿Son las redes, la cooperación internacional, la interdisciplinariedad, la mejor manera de abordar los problemas complejos en un mundo globalizado como el actual?

En mi campo de trabajo no hay opción; la interdisciplinariedad y la cooperación son esenciales y aportan un cambio cualitativo a los grupos que entran en esas dinámicas. Creo además que debería ser la tendencia en cualquier otro campo de trabajo o de investigación: ningún grupo es por sí sólo capaz de abarcar las diferentes facetas de conocimiento que requiere una línea de trabajo.

Por otra parte, desde el comienzo de la globalización se ha entrado en una nueva etapa en la historia de las enfermedades infecciosas. En esta nueva historia por escribir ya hemos identificado el título de algunos capítulos, como la inmediatez del transporte de viajeros, de reservorios o de vectores, pero también cómo la ganadería intensiva y la primacía del beneficio económico sobre cualquier otra consideración, favorecen el salto de barrera de especies de “nuevos” patógenos, como sucedió con la BSE o las gripes, el uso intensivo de suelo y la ocupación de territorios silvestres, …o cómo las desigualdades sociales están llevando a la concentración de la pobreza en ciudades que se convierten en ingobernables sanitariamente. Muchos de los más importantes patógenos humanos derivan o han derivado del mundo animal, pero ahora se está incrementando exponencialmente la frecuencia con la que éstos agentes infecciosos circulantes en vida animal son capaces de llegar al ser humano y de adaptarse a nuestra especie generando riesgos epidémicos.

Los laboratorios de salud pública deben estar vigilantes y cooperando con laboratorios de otros países, porque la lucha es global. Debemos aprender de otros y ofrecer a otros nuestros abordajes, debemos validar y armonizar nuestras tecnologías, debemos responder entre todos ante cualquier emergencia.

¿Qué opinas del concepto “One health”?

Después de lo que te he dicho, está claro que considero que nuestra salud, la de los animales con los que nos relacionamos y la del medio ambiente del que emergen muchos de los patógenos emergentes son íntimamente interdependientes. Por ahí debemos seguir.

Tú has sabido crear redes multidisciplinares en entornos internacionales, y liderarlas ¿Cómo se genera confianza en un entorno altamente competitivo?

Transparencia y generosidad. Claridad de objetivos a cumplir. Identificar el nicho ecológico de cada grupo.

¿Qué opinas de la tendencia a implicar a las empresas en la I+D (no solo en España, también en Europa)? ¿No es otro “trasvase” de fondos públicos a manos privadas, como ocurre en otros ámbitos?

Los fondos de investigación deben revertir en el bienestar de los ciudadanos y me temo que muchas veces los intereses y las prioridades de las empresas no coinciden con los de los ciudadanos.

Con la perspectiva que da la experiencia ¿qué le dirías a un(a) joven que está pensando en dedicarse a la virología hoy?

Que se deje apasionar, que nunca crea que el pequeño campo en el que se ha iniciado va a cubrir su pasión, que explore y se deje influir, que aprenda que la tecnología es sólo un aliado para lograr objetivos y que muchas veces son las preguntas más simples las que abren nuevos conceptos.

Gracias Antonio por tus respuestas, por las cañas y por el arroz al horno, cocinado como sólo un químico sabe hacerlo.

 

NOTAS: 

- El enlace al artículo de la entrevista en su versión pdf es el siguiente http://sevirologia.es/media/uploads/09-entrevista%202014.pdf

- El 13 de diciembre de 2014, pocos días después de la publicación de la entrevista a Antonio Tenorio en la revista Virología, el diario El País publico otra entrevista, también a Antonio Tenorio, firmada por Nuño Domínguez, que puede considerarse como un complemento y ampliación de lo dicho en la reproducida aqui, y dirigida a un público lector de prensa general. El enlace a dicha entrevista es el siguiente: ”

“No hay dinero para estudiar virus emergentes en España”

 

 

 

 

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Nuevo número de la revista “Virología”: Zoonosis víricas. “Un mundo, una salud”

 

Acaba de salir el nuevo número de la revista Virología, que es la revista de la Sociedad Española de Virología (SEV). Está disponible online (¡gratis!) sólo con pinchar en el siguiente enlace:

Zoonosis víricas. “Un mundo, una salud”.

Vol. 17 nº1 (2014)

 

Los números de esta revista se hacen esperar (un año desde que se publicó el nº anterior) pero la verdad es que están muy bien, por lo que merece la pena esperar un poco. En esta ocasión además creo que se han esmerado especialmente, incluso a nivel gráfico, con una portada “3D” de un diseño notable para mi gusto, en la que destaca una figura central simbolizando los tres aspectos del lema del nuevo número: “Un mundo, una salud” reunidos en una arquetípica partícula vírica “tripartita” que a su vez podría simbolizar el planeta, suspendido en el espacio.

 

Me agrada mucho que hayan dedicado un número completo de la revista al mundo de las zoonosis víricas, por proximidad con la temática de mi trabajo habitual, pero sobre todo porque a menudo este tema ha sido el “hermano pobre” en el amplio campo de la virología, y sin embargo, es cada día más aceptado por evidente que en la Naturaleza no hay compartimentos estancos, y menos en el mundo de las enfermedades infecciosas, donde los patógenos, sean virus, bacterias o parásitos, transitan entre especies, y la especie humana en este sentido es una más. El espíritu de “Un mundo, una salud” es inmanente en este blog dedicado a los virus emergentes y el cambio global, Ya dediqué anteriormente un post a este asunto, el cual comenzaba así:

El niño/roedores/sindrome pulmonar por hantavirus; construcción de embalses/mosquitos/fiebre hemorrágica del Valle del Rift; comercio de animales silvestres/roedores/viruela de los monos; calentamiento global/jejenes/lengua azul; producción avícola/aves silvestres/gripe aviar; nuevos regadíos/mosquitos/aves/encefalitis por flavivirus…

No me he vuelto loco. Solo son ejemplos de lo imbricadas que están tres áreas de conocimiento que tradicionalmente se han desarrollado por separado y a menudo de espaldas unas de otras: la sanidad humana,  la sanidad animal y el medio ambiente. En negrita se destacan determinadas enfermedades causadas por infecciones víricas, que afectan al hombre y/o a los animales, y que a menudo se mantienen en la naturaleza en especies de animales silvestres que actúan como reservorio. Roedores, murciélagos, aves, son frecuentemente reservorios de enfermedades que afectan al hombre (zoonosis) y/o a los animales domésticos (“enfermedades compartidas“). Algunas de ellas, además, son transmitidas por picaduras de artrópodos. Está claro que el conocimiento de estas enfermedades ha de verse potenciado por la interacción entre especialistas en diversas disciplinas, incluyendo profesionales de la medicina humana y veterinaria, epidemiología, virología, entomología, zoología, genética, inmunología, ecología, climatología, etc.

Así pues, el concepto “Un mundo, una salud” trata de integrar las diversas disciplinas relevantes en torno a nuestra salud, que está estrechamente relacionada con la sanidad animal y la salud ambiental. La realidad nos ofrece un ejemplo excelente de inmensa actualidad: la emergencia de enfermedad por virus ebola (EVE) en África Occidental. En un post anterior ya vimos que la actual epidemia de EVE en África Occidental es una genuina emergencia sanitaria que tiene como origen un evento singular de transmisión desde un reservorio animal al ser humano, y que probablemente se ha visto facilitado por circunstancias como la invasión del hábitat de dichos reservorios silvestres en la selva tropical con el fin de explotar sus recursos minerales (ver enlace 1, enlace 2, enlace 3), y de todo el desarrollo necesario para tal fin que lleva aparejado, como por ejemplo la construcción de vías de comunicación al corazón mismo de la selva. Como pone de manifiesto este ejemplo, la salud humana, animal y el medio ambiente forman una imbricada madeja de hilos difíciles de devanar.

Hablando de hilos, volvamos al nuestro, que es el último número de la revista Virología, que no tiene dsperdicio.

Comienza éste con un artículo de la serie “Sin ciencia no hay futuro” dedicada a exponer la difícil situación por la que pasa la investigación científica en España, de la cual la investigación sobre los virus no es sino un exponente más. El artículo, titulado “La descapitalización de la ciencia en España” es una amarga reflexión sobre el panorama al que se enfrentan los jóvenes científicos en España, obligados a emigrar, muchos de ellos tras haber regresado con contratos de “reincorporación”. Lo cuenta muy bien uno de estos investigadores, Javier Buceta. Léanlo porque es muy revelador de lo que está ocurriendo con la ciencia en España.

Continua con la sección “Historia de la virología“, coordinada por Rafael Nájera, con un interesante artículo escrito por el propio coordinador titulado “VIH: Reservorio viral latente y política” y completado con noticias relacionadas con esta sección.

A esta sección siguen dos artículos de revisión, a tono con la temática elegida para este número dedicado a las zoonosis víricas: el primero, escrito por José Manuel Echevarria,  titulado “Los hepadnavirus de murciélagos y el origen del virus de la hepatitis B“, y el otro, escrito por el que suscribe, titulado “Las aves como reservorio de virus zoonóticos“.

Las enfermedades víricas tienen una faceta social que es la que trata la sección “Virología y sociedad“. En esta ocasión inician la sección Rosario Sabariegos y Silvia Ortiz Simarro con un interesante artículo “El trópico, el dengue y el mundial de fútbol en el que se preguntan acerca del orden de prioridades en temas peliagudos como son las enfermedades tropicales en relación con determinados eventos internacionales como el mundial de fútbol. Dos artículos de esta misma sección muestran sendas aproximaciones desde el arte a ciertas enfermedades víricas. El primero desde la pintura y el segundo desde la poesía. En el primer artículo, (titulado “Tarjeta roja“) Elvira Fiallo-Olivé y Jesús Navas-Castillo comentan las vicisitudes de la vacunación frente a la fiebre amarilla utilizando el cuadro titulado “Un episodio de fiebre amarilla en Buenos Aires” (Juan Manuel Blanes, c. 1871) para ilustrar el impacto social que tuvieron las epidemias de esta enfermedad en el pasado, y que aún hoy día siguen siendo una importante amenaza para la salud pública en muchos países en vías de desarrollo en África y América del Sur. El segundo artículo, Carlos Briones Llorente presenta en su sección habitual “La vida y las palabras”  lo que promete ser la primera entrega de una serie de artículos sobre las relaciones entre literatura y SIDA, bajo el título “El virus de la inmunodeficiencia humana: de la zoonosis a la literatura (I)“, donde, tras ofrecer una panorámica de lo que supuso el descubrimiento del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), nos muestra en qué contexto histórico y cultural tuvo lugar ese descubrimiento y cómo tuvo su impacto en las artes, deteniéndose en un poema de Cristina Peri Rossi titulado “Un virus llamado SIDA“. El autor recuerda importantes nombres de la literatura que sucumbieron a causa de esta epidemia.

En la habitual sección “Entrevista a un virólogo” el elegido para la entrevista es Antonio Tenorio, del Instituto de Salud Carlos III y el entrevistador el que suscribe. Se trata de una entrevista muy en consonancia con la temática del número de la revista, pues Antonio es pionero en aplicar el concepto “Un mundo, una salud” en diversos proyectos y actividades de salud pública a lo largo de su carrera. A los lectores les sorprenderán algunos de los puntos de vista expresados por el entrevistado, que según se define él mismo no es investigador sino  “un virólogo de salud pública”, Su defensa de la cooperación entre grupos, la formación de redes de colaboración, etc, suenan como aire fresco frente a un discurso oficial dominado por el asfixiante soniquete de la competitividad y la excelencia mal entendidas. Por su interés para los lectores de este blog y con permiso de la revista, reproduciré esta entrevista en un próximo post.

Completan este número las habituales secciones “Noticias de actualidad” con una serie de artículos comentando noticias recientes, sobre ébola y otras fiebres hemorrágicas, rabia, robovirus (virus transmitidos por roedores) y geminivirus de plantas, escritos por especialistas en los respectivos campos), “Tesis doctorales” (breves reseñas de las tesis presentadas durante el último año en el área de virología en España), “Congresos y reuniones científicas”  y “Jornadas, cursos y premios” (reseñas de reuniones,  congresos, jornadas, etc relacionados con la virología celebrados durante el año pasado), “Libros recomendados” y “Comentarios de artículos” seleccionados por especialistas por su interés en las diversas áreas de la virología, incluyendo esta vez tres contribuciones al mundo de los virus de plantas y otras tres al de los virus de animales.

En resumen, un más que interesante y muy recomendable número monográfico de la revista Virología dedicado a las zoonosis víricas. Todo un lujo.

Y un lujo también para mi haber podido colaborar en él, lo que agradezco a sus editores, especialmente a Fernando Rodríguez y a Ana Doménech.

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