Archivo de octubre, 2016

Murciélagos y virus (2)

En plena noche de difuntos –lo que algunos llaman Halloween-, vamos a hablar de murciélagos y virus, como hiciéramos ya en un post anterior.  Para ello nos vamos a basar en una revisión reciente del tema (1).

La figura del murciélago inquieta al ser humano, de lo que se ha aprovechado la literatura desde los clásicos hasta hoy. En las Metamorfosis, Ovidio cuenta cómo Baco transformó a las hijas del Rey Mineo en murciélagos en castigo por profanar su celebración; el demonio, Lucifer, luce unas grandes alas de murciélago en la espalda, según describe Dante Alighieri en La divina comedia; Bram Stoker popularizó en su novela Drácula el mito del vampiro, un ser medio murciélago medio humano que se alimenta de sangre; más recientemente, el autor de cómics Bob Kane creó al célebre Batman, un personaje que se disfraza de murciélago para inspirar terror a los criminales contra los que lucha.

Fuente: Wikimedia Commons

Sin embargo, ese grupo extraordinariamente diverso de mamíferos que son los murciélagos, con más de 1100 especies distintas reconocidas, y con características únicas, como es su capacidad de volar, resultan realmente beneficiosos para el ser humano y el medio ambiente, pues participan en la polinización y en la dispersión de semillas; ayudan a regenerar bosques y selvas, y a reproducirse a plantas como el banano, el aguacate y las palmeras datileras. Además, son eficaces insecticidas, pues muchas especies se alimentan de insectos (algunos de ellos plagas), que ingieren en gran cantidad. Incluso su guano, rico en nitrógeno, se usa como fertilizante biológico para usos agrícolas.

By Original photo: אורן פלס Oren Peles Derivative work: User:MathKnight [CC BY 2.5 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.5)], via Wikimedia Commons

Murciélago en pleno vuelo (fuente: wikimedia Commons)

Si tan útiles son ¿a qué se debe esa “manía” que tenemos a los murciélagos? Quizá sea su aspecto extraño, sus hábitos nocturnos, su naturaleza esquiva… El caso es que algunos murciélagos pueden ser involuntariamente dañinos para el ser humano, al constituir reservorios capaces de hospedar virus y otros agentes patógenos para nuestra especie. Su amplia distribución, tanto en el medio rural como en el urbano, facilita el contacto con los animales domésticos y con el hombre. Además, a veces el hombre se interna en el hábitat del murciélago, haciendo aún más fácil ese contacto.

El comportamiento de los murciélagos facilita su papel como reservorios: suelen habitar en colonias, a menudo hacinadas, favoreciendo la propagación y el mantenimiento de virus en dichas colonias, que pueden transmitir al ser humano directamente o a través de especies animales intermedias. Los murciélagos frugívoros (aquellos que se alimentan de fruta) muerden la fruta y la mastican sin ingerir más que sus jugos, escupiendo el resto, porque su capacidad de vuelo no les permite ingerir la fruta entera. La fruta escupida o mordida por ellos pueden ingerirla otros animales, representando una fuente potencial de infección. Algo similar puede ocurrir en el caso de los murciélagos insectívoros. Por otro lado, los murciélagos son cazados y consumidos por su carne en determinados lugares, lo cual representa igualmente un riesgo de transmisión si se trata de murciélagos infectados por virus patógenos para los humanos. Finalmente, los mordiscos y arañazos de murciélagos son fuente de infección en el caso de los virus de rabia de los murciélagos.

Otras peculiaridades de los murciélagos pueden ser relevantes en relación con su papel como reservorio. Algunas especies hibernan, lo cual puede contribuir al mantenimiento del virus en la estación fría. Además, los murciélagos pueden vivir más de 30 años, lo que multiplica las posibilidades de transmisión, especialmente en situaciones de infección crónica o persistencia. Asimismo muchas especies de murciélagos migran (a veces distancias por encima de los 1000 km) lo cual favorece la dispersión geográfica de enfermedades.

Por último, resulta que los murciélagos, que son infectados por un amplio rango de virus distintos, aparentemente no se ven afectados por la mayoría de las infecciones víricas. Esta especie de “inmunidad” hace que los virus pueden sobrevivir en estos peculiares hospedadores durante largo tiempo sin matarlos. El motivo de esta rara característica no se conoce, y actualmente despierta un gran interés científico.

Los murciélagos constituyen importantes reservorios de diferentes familias de virus, algunos de los cuales son causantes de enfermedades emergentes graves para el ser humano, tales como los virus Ebola y Marburg, los virus causantes del Síndrome Respiratorio Agudo y Severo (SARS), y el Sindrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), los virus Hendra y Nipah, los Lyssavirus (rabia de los murciélagos), y así hasta 200 especies de virus, la mayoría de los cuales tienen como material genético una o varias moléculas de ARN (ácido ribonucleico). Éstos, a diferencia de los virus cuyo material genético es ADN (ácido desoxiribonucleico), poseen una especial versatilidad y capacidad de adaptación a condiciones ambientales cambiantes debido a su mayor variabilidad genética.

Entre los virus que se pueden hallar en murciélagos y que representan un riesgo sanitario para el ser humano podemos destacar algunos miembros de las siguientes familias:

-          Rhabdoviridae: Son los virus de la rabia y similares, tales como los Lyssavirus de murciélagos. Diferentes tipos se presentan en distintas zonas geográficas. Producen encefalitis agudas letales.

-          Filoviridae: Virus Ébola y Marburg, producen fiebres hemorrágicas muy graves en el hombre y otros primates. El último brote por virus Ébola, que afectó a Guinea-Conakry, Sierra Leona y Liberia, alcanzó proporciones de epidemia, prolongándose desde principios de 2014 hasta principios de 2016, produjo aproximadamente 28.000 casos, de ellos 11.000 fallecieron (según la OMS). Algunos países, como España, tuvieron casos importados y transmisión local en personal sanitario al cuidado de estos casos.

-          Coronaviridae: Los coronavirus SARS y MERS, mencionados anteriormente, producen enfermedades respiratorias graves. El primero surgió en el sureste asiático en 2003 y produjo alrededor de 8000 casos, un 10% de ellos mortales. Las civetas podrían haber actuado como hospedadores intermediarios. El segundo apareció en la Península Arábiga en 2012; desde entonces ha causado unos 1800 casos de los cuales 645 fueron mortales (OMS). El camello parece actuar como hospedador intermediario. La gran mayoría de los casos se ha producido en la Península Arábiga.

-          Paramyxoviridae: Virus Hendra y Nipah. Los reservorios principales son murciélagos frugívoros del género Pteropus (zorros voladores). El virus Hendra causa una enfermedad respiratoria grave, tanto en caballos como en humanos, y está presente en Australia. El caballo puede actuar como hospedador intermediario, pudiendo contagiar al hombre por contacto directo. El virus Nipah surgió en Malasia en 1998 causando enfermedad respiratoria y encefalitis en cerdos, a partir de los cuales se transmitió a humanos, en los que causa una encefalitis grave. La transmisión entre humanos, aunque infrecuente, se ha observado en el caso del virus Nipah, pero no en el Hendra.

-          Orthomyxoviridae: A esta familia pertenecen los virus de la gripe (o influenza), causantes de enfermedades respiratorias de virulencia variable, aunque muchas variantes son altamente patogénicas para el hombre y ciertos animales (véase posts del 16-5-2013 y 22-5-2013). Aunque fundamentalmente se asocian a aves, algunos subtipos de influenza descubiertos recientemente parecen ser propios de murciélagos, particularmente los denominados H17N10 y H18N11. Aunque inicialmente estos subtipos no se han vinculado con capacidad infectiva alguna en humanos, sin embargo, dada la capacidad de estos virus para intercambiar segmentos de su genoma, confiriendo nuevas propiedades a los virus resultantes, es indudable que la existencia de estos virus en murciélagos representa un aumento en el acervo genético de los virus influenza y por tanto su capacidad para variar, adaptarse y prosperar en diferentes hospedadores.

En resumen, los murciélagos actúan como reservorios de importantes virus patógenos para humanos. El creciente solapamiento entre los hábitats de murciélagos y humanos hace pensar que los brotes relacionados con estos virus asociados a murciélagos en humanos serán cada vez más frecuentes. Recientemente se ha puesto en marcha una base de datos (DBatVir) para conocer mejor el rango de virus alojados en las distintas especies de murciélagos. Hasta hoy se han detectado aproximadamente 5700 virus distintos en 207 especies de murciélagos de 77 países. Claramente, hace falta más investigación en este campo que permita esclarecer la extraña relación que se establece entre los murciélagos y los virus, y que permita conocer el rango completo de virus capaces de infectar a murciélagos, y de ellos, cuántos tienen potencial zoonótico (potencial para infectar a nuestra especie). Con ello, se deberán diseñar sistemas de monitoreo y vigilancia para conocer la situación epidemiológica en relación con estos virus y el riesgo sanitario que representan.

Referencias

(1) N Allocati1, et al (2016). Bat–man disease transmission: zoonotic pathogens from wildlife reservoirs to human populations. Cell Death Discovery (2016) 2, 16048; doi:10.1038/cddiscovery.2016.48.

Agradecimientos

A Elisa (@bureli) por el artículo y la sugerencia de este post.

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Migraciones, aves, virus, golondrinas, cocos

Seguro que la mayoría de los lectores han escuchado alguna vez que tal o cual enfermedad o virus nuevo viene “de África”, traído por un “ave migratoria”. La verdad es que es una explicación muy socorrida: el que ciertas aves migran entre África y Europa es un hecho cierto, así que, si aparece un virus nunca antes visto por nuestras latitudes, y este virus tiene un “historial” africano, la explicación no tarda en presentarse “volando”: el virus ha tenido que venir traído por un ave migratoria. Los lectores habrán escuchado así justificar el origen de focos en España de enfermedades como las causadas por el virus West Nile (ó “Nilo Occidental”) ya comentado en este blog (véase el 2º comentario de este post), o por el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea Congo (comentado en este otro post del blog)., pero también la expansión a nivel mundial de la influenza -o gripe- aviar.

Aves migratorias, África
(fotografía del autor)

El caso es que a mi siempre me ha llamado la atención esta facilidad para atribuir una explicación del origen de tal o cual foco a las aves migratorias. No es que no me parezca posible. Es que me llama la atención lo fácil que “cuela”, a pesar de las grandes lagunas existentes en el conocimiento de, por ejemplo las especies de aves involucradas; las rutas que siguen; su capacidad de sostener una infección por tal o cual virus; las áreas geográficas de “origen” de los virus involucrados; cuándo se produce la migración; si todo ello es compatible con la estacionalidad observada en nuestras latitudes para estas enfermedades y, si los hay, para los vectores implicados; cuánto dura la infección (y su transmisibilidad) en las especies de aves migratorias involucradas o en sus parásitos (también se apunta a que determinados virus podrían viajar no ya dentro del ave sino dentro de sus ectoparásitos, como las garrapatas, p.ej.), etc.

El objetivo de este post no es dirimir esta compleja cuestión -algo realmente lejos del alcance de este blog-, sino poner de manifiesto lo compleja que es. Para “ilustrarlo” he seleccionado una escena de una famosa película que, sorprendentemente, hace un tratamiento muy interesante del tema: Se trata de una escena de “Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores” de Monty Python, y en ella el Rey Arturo se enfrenta al afamado -y notable- espíritu empírico de sus súbditos, acerca de cuestiones sobre migraciones de aves y cocos. Espero que la disfruten. Les dejo dos versiones, una en español y otra en inglés (me parece especialmente hilarante en el idioma original).

En español:

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En inglés:

 

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¿Pero…qué me estás contando? ¿La fiebre de Crimea-Congo en España?

Inauguramos hoy nueva sección del blog, que va a llevar por título “¿Pero… qué me estás contando?” (¿Pero…QMEC?), en la que trataremos de exponer, de forma coloquial, temas de actualidad en torno a las alertas sanitarias causadas por virus emergentes, con el sano propósito de despejar dudas y evitar alarmismos infundados. Los diálogos los protagonizarán Penélope (PE), una estudiante de doctorado que hace la tesis sobre virus emergentes en un laboratorio de alta seguridad biológica, y su abuelo Rosendo (RO). El primer ¿Pero…QMEC? es sobre la fiebre hemorrágica de Crimea Congo. Todos los datos que se dan proceden de fuentes acreditadas, que aparecen al final del post. Espero que les guste.

RO- Penélope,  ¿has leído lo de la fiebre esa de las garrapatas?

PE- ¿La fiebre hemorrágica de Crimea Congo?

RO- Si, esa.

PE- Si, si. Es una enfermedad bastante grave causada por un virus del que apenas ha habido noticia por aquí hasta ahora. Se transmite por picadura de garrapatas, pero también por contacto con fluidos de personas y animales infectados.

RO- Pues una persona ha muerto y otra se ha contagiado en el hospital…

PE- Es cierto. Es una enfermedad muy grave en las personas. Por suerte, no todas las garrapatas transmiten la enfermedad, solo algunas especies, como las del género Hyalomma

RO- ¡Ajá! ¡Otro palabro de esos tuyos! ¿Hya…qué?

Hembra de Hyalomma impeltatum, una de las especies de garrapatas del género Hyalomma (fuente: Influentialpoints.com)

PE- Hyalomma, abuelo. Es un tipo de garrapata, y de este tipo tenemos en España algunas, pero ni son las más abundantes ni las más extendidas. Y si te pica una, no quiere decir ni mucho menos que vayas a tener la fiebre de Crimea-Congo, porque, como te puedes imaginar, no todas las garrapatas de este tipo están infectadas con el virus. De hecho, solo una pequeña fracción está en condiciones de transmitirlo.  Y si tienes la mala suerte de que te pique una de ellas, eso no significa que acabes enfermo: sólo una minoría, alrededor de un 10%, enferma. Eso sí, una vez que se observan síntomas de la enfermedad hay que correr al médico, ya que la mortalidad oscila entre el 10% y el 50% de los infectados que muestran algún síntoma.

RO- ¡Releñe! ¡La mitad!

PE- No te asustes, abuelo, porque en realidad suelen darse muy pocos casos, como los que han ocurrido en España. Murió el primero, al que probablemente le picó una garrapata infectada, pero la enfermera que se contagió al cuidarle se salvó, posiblemente porque recibió atención médica adecuada por un equipo médico que ya estaba alerta y sabía qué hacer. Esto es muy importante: la supervivencia aumenta al recibir cuidados médicos adecuados en las fases más tempranas de la enfermedad.

Fases clínicas de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, segun el “Informe de la situación y evaluación del riesgo de transmisión de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en España”, MSSSI, Septiembre de 2016.

RO- ¿Y no hay vacuna?

PE- No, al menos aquí no hay vacuna autorizada para esta enfermedad. Tampoco existe un tratamiento específico, aunque hay medicamentos como la ribavirina, que se emplean en el tratamiento, pero sin mucho convencimiento de que funcionen en todos los casos. También se puede administrar suero inmune de personas que hayan superado la enfermedad (por ejemplo, la enfermera que se salvó sería una buena fuente de anticuerpos para tratar casos que pudieran darse en el futuro). En algunos países donde esta enfermedad está presente desde hace años, como Bulgaria, han desarrollado una vacuna, pero no es demasiado eficaz ni segura. Habrá que investigar más para conseguir vacunas más eficaces, para mejorar los tratamientos…

RO- ¡Claro! ¡Y mi nieta puede ayudar en eso! ¿Verdad, Penélope?

PE- Desgraciadamente, los fondos para investigar sobre esta enfermedad son muy escasos. Además, todo se complica porque para manejar este virus hace falta un laboratorio muy especial, un P4, y eso es muy, muy caro…

RO- Lo de siempre, el dinero. ¿Y tú no trabajabas en un laboratorio de esos?

PE- Yo trabajo en un P3, abuelo. Para esto se necesita un P4. En España no hay, y en el mundo hay muy pocos. Por eso no hay vacunas ni tratamientos para estas enfermedades…

RO- ¿Y cómo ha llegado este virus aquí, a España? Dicen que si un pájaro lo ha traído, que si venía de África… ¿de verdad es eso posible?

PE- La verdad es que nadie lo sabe a ciencia cierta. El virus de Crimea-Congo no afecta a las aves (salvo algunas excepciones como las avestruces), pero es verdad que algunas garrapatas que sí que pueden infectarse con el virus pueden viajar agarradas a aves migratorias que hacen rutas entre África y Europa, y el virus puede durar en la garrapata todo el viaje, de modo que cuando llega aquí la garrapata podría, al menos en teoría, soltarse del ave, trasmitir el virus a un hospedador vertebrado e iniciar un ciclo selvático aquí.

RO- ¡Otro palabro! ¿Qué es eso del “ciclo selvático”?

PE- El virus, para mantenerse en la naturaleza, debe completar un ciclo de al menos dos fases: una transcurre en una garrapata y la otra en un hospedador vertebrado. Un “hospedador” es un animal que ofrece al virus lo que necesita para completar su ciclo: células a las que el virus puede infectar y propagarse (multiplicarse) en ellas. En el caso del virus de la fiebre de Crimea-Congo los hospedadores vertebrados son por lo general ganado: vacas, ovejas, cabras, pero también mamíferos silvestres como ciervos, conejos, liebres, erizos…

RO- Y esos animales… ¿no se ponen enfermos?

PE- No. Padecen una infección benigna y se les pasa, pero entretanto, multiplican el virus y lo transfieren a garrapatas Hyalomma locales. Por cierto, el contacto con sangre y otros fluidos de estos animales también puede transmitir el virus al ser humano.

RO- Ya, como ocurre con el contacto entre personas… Así se infectó la enfermera en el hospital, ¿no?

PE- Si, pero en este caso el riesgo es mayor ya que los animales no presentan síntomas. Por eso es tan importante la vigilancia de la enfermedad en los reservorios, en el campo.

RO- Espera, no vayas tan deprisa, a ver si me aclaro. Entonces el virus ha venido dentro de una garrapata africana en un ave migratoria que ha soltado la garrapata y ésta ha picado a un animal de aquí, y éste ha multiplicado al virus y lo ha transmitido a otra garrapata de aquí también, y así hasta ahora…

PE- ¡Muy bien, abuelo! ¡No todo el mundo lo pilla a la primera! De todas formas, lo del ave migratoria es solo una posibilidad teórica, más que una certeza científica. Existen otras posibles vías de entrada del virus en España.

RO- ¿Como cuáles?

PE- Como, por ejemplo, el comercio ilegal de animales silvestres. En España ese “negocio” mueve 450.000 Euros al año. La garrapata infectada por el virus bien puede haber venido agarrada a un animal traído ilegalmente a España, por ejemplo. Es más, el virus puede haber venido infectando un animal de estos que entran en España, y, sin necesidad de garrapatas foráneas, transmitir el virus a garrapatas locales. Fíjate que, en los años ’80 del siglo pasado entró en España un virus devastador para los caballos: el virus de la peste equina africana. Y ¿sabes cómo entró? Pues como “polizón” infectando a una cebra importada para un zoo-safari que había cerca de Madrid.

RO- ¡Es verdad! ¡Me acuerdo de lo de la peste aquella de los caballos! ¡Casi no nos dejan celebrar los Juegos Olímpicos de Barcelona en el ’92 por culpa de aquello!

PE- O sea, que no tenemos ni idea de cómo ha podido llegar el virus a España, pero el caso es que está aquí desde hace algún tiempo, al menos desde 2010, porque en ese año se encontraron garrapatas infectadas en ciervos de una finca de caza, cerca de Portugal.

RO- ¿Y que va a pasar ahora?

PE-Pues es difícil de saber. Sin embargo, si nos fijamos en lo que pasa en aquellos países en los que este virus ha “emergido” en tiempos recientes (países como Turquía o los de los Balcanes), lo más probable es que durante algún tiempo haya casos esporádicos de enfermedad de vez en cuando. Por eso es necesario hacer una vigilancia sanitaria, para ver en todo momento cual es la situación, si hay más o menos garrapatas infectadas, más o menos hospedadores infectados, si se extiende a otras zonas o se mantiene confinado…

RO- Eso, barato no va a ser, ¿verdad, Penélope?

PE- No, desde luego. Pero eso es mucho mas barato que curar después, cuando ya no hay remedio. Además, hay que informar a los servicios médicos que trabajan en las zonas afectadas para que estén alerta ante cualquier sospecha, establecer grupos de riesgo e informarles para prevenir por ejemplo, la exposición a picaduras de garrapatas, o que eviten tocarlas o extraerlas. Que sea personal sanitario entrenado el que haga esas operaciones.

RO- O sea, que nos tendremos que acostumbrar.

PE- Tú lo has dicho, abuelo.

 

Fuentes de información sobre este post:

VV.AA. Ministerio de Sanidad: Análisis de riesgo de fiebre hemorrágica de Crimea Congo en humanos en España

Joaquín Goyache Goñi y Nerea García Benzaquén – UCM (publicado por: Agencia SINC): “Un protocolo para la vigilancia de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en España”

Xavier Abad (Publicado en el Blog: Comentarios virus-lentos): ” (26) El virus Crimea-Congo infecta en España por que llegar, lo que se dice llegar, lo hizo hace unos años”

Id: “(27) Crimea- Congo, y la ola pasó … por ahora”.

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Enfermedades infecciosas emergentes: el encuentro con “lo inesperado”

Una de las características de las enfermedades infecciosas emergentes es su imprevisibilidad. Los patógenos emergentes son imprevisibles en la medida en que desconocemos aspectos básicos de su comportamiento, tales como su tasa de transmisión, su(s) forma(s) de propagación,su virulencia, su rango de hospedador, etc. Para algunos patógenos emergentes esas cuestiones son completamente desconocidas (por ejemplo, nuevos patógenos como el coronavirus MERS, del cual hemos hablado en algunos posts previos de este blog, por ejemplo, este, este, y este), para otros, solo parcialmente definidas (p. ej. patógenos conocidos pero que invaden nuevos territorios), y para otros bien establecidas (patógenos conocidos que re-emergen en determinadas circunstancias). Incluso patógenos bien conocidos pueden variar sus comportamientos dependiendo de las circunstancias medioambientales que rodean el brote, tales como densidad de población, usos culturales, o parámetros climáticos, por ejemplo. Menciono esto para dar una idea de la complejidad del problema de prever el comportamiento de un patógeno emergente.

Creo que existe una idea errónea de que el ser humano ha llegado a ejercer un control efectivo sobre las enfermedades infecciosas, cuando es evidente que esto no es así. Esa idea hunde sus raíces en los importantes logros alcanzados durante el siglo XX en la lucha contra las enfermedades infecciosas,  desde el descubrimiento y desarrollo de los antibióticos a la prevención efectiva de enfermedades infecciosas mediante la vacunación. Lo dice muy bien François Moutou, epidemiólogo de la Agencia Francesa de Sanidad y Seguridad Alimantarias (ANSES) en la introducción de su recomendable libro “La vengeance de la civette masquée” (2007):

A principios de la segunda mitad del siglo XX (…) la medicina occidental considera que las enfermedades infecciosas y parasitarias ya se conocen prácticamente y se controlan o se iniciará su control enseguida. Se trata de una cuestión asumida, un caso cerrado. Los antibióticos, el desarrollo de la química y las vacunas, los muchos avances en la biotecnología, alimentan la esperanza de la desaparición de estas viejas historias. La erradicación de la viruela constituyó el primer y rotundo ejemplo, al cual sucederán otros éxitos, seguro. Así que para la medicina, el progreso y el futuro se encuentra en las enfermedades cardiovasculares y degenerativas, el cáncer y las enfermedades relacionadas con el envejecimiento de la población.
Desde los primeros años de la década de 1980, la realidad se vuelve muy diferente. La repentina aparición del SIDA en Occidente y otros lugares, con todos los problemas asociados, fue percibida como un auténtico retroceso. Puso de manifiesto que las enfermedades infecciosas distaban mucho de haber sido dominadas. La cosa está clara entonces: aparte de la viruela, que sigue siendo una excepción afortunada, ninguna otra enfermedad está al alcance de ser erradicada. Por el contrario, podemos esperar que aparezcan otras nuevas. Otra sorpresa: incluso hay microorganismos capaces de adaptarse a las tecnologías modernas. ¿El progreso tiene realmente sólo beneficios? ¿Podría ser que, de vez en cuando, no fuera en la dirección correcta? Choque cultural (*).

Con todas las salvedades que podemos poner al texo de Moutou (una no menor es que ya se ha erradicado otra enfermedad en todo el mundo: la peste bovina, y otra más, la polio, está en camino), en esencia lo que dice es cierto: las enfermedades infecciosas siguen siendo una importante lacra para la humanidad, por más que los avances, sin duda importantes, realizados, hayan erradicado algunas, y ayudado a controlar y mitigar los efectos de muchas otras. Lo importante aqui es que hay que comprender que convivimos con los microorganismos desde la noche de los tiempos. Hemos evolucionado con ellos, los hemos sobrevivido, nos hemos adaptado a ellos…y ellos se han adaptado a nosotros. Tenemos igualmente que tener en cuenta que no somos la única especie a la que atacan: todas las especies de animales, de plantas, de homgos, incluso de los propios microorganismos uniclulares, son igualmente atacados por una pléyade de agentes patógenos. Y tenemos que tener en cuenta, por último, que estos pequeños seres son cambiantes, van adaptándose al medio (como, por otro lado, hacemos todos los seres vivos sin excepcion, solo que ellos, como se reproducen con mucha mayor rapidez, se adaptan a mayor velocidad) y “su” medio somos nosotros, sus hospedadores, de modo que a veces son capaces de saltar de una especie a otra, y a veces hasta adaptarse a ésta última: unos lo hacen con más facilidad y otros con menos, pero todos los agentes infecciosos tienen esa capacidad.

Pues bien, teniendo en cuenta todo lo anterior ¿es posible predecir cuando saltará un agente nfeccioso de una especie a otra?¿es posible predecir cuando emergerá ante nuestros “ojos” (nuestros sistemas de detección)?¿cuando un nuevo patógeno afectará directamente a nuestra salud o a la de los animales domésticos o los cultivos de los que obtenemos nuestro alimento?¿cuando afectará a nuestro entorno, los animales y plantas, hongos, baceterias, beneficiosos que constituyen el medio ambiente en el cual vivimos y del cual depende nuestra subsistencia?

Mi opinión es que no. Podemos quizá hacer inferencias sobre algo conocido, pero lo desconocido es inasequible a nuestras predicciones, y las enfermedades emergentes sensu stricto (aquellas provocadas por patógenos desconocidos hasta el momento) pertenecen al mundo de lo desconocido. No obstante, quizá entre los lectores del blog haya quien disienta de esta opinión. Si fuera así, le animaría a expresarse en el espacio reservado a comentarios a este post.

Por su relación con este tema, dejo aqui un texto que escribí para una conferencia invitada en el XXV Congreso de la Sociedad Española de Microbiología celebrado en Logroño en 2015 (pueden encontrarlo en el libro de resúmenes del congreso,, o como una publicación individual disponible en línea aqui).

De emergente a pandémico: retos actuales en torno a la vigilancia de emergencias víricas

El  paradigma actual en torno a las enfermedades infecciosas emergentes (EIE) sostiene que éstas surgen en torno a un cambio, ya sea en el propio patógeno, ya en el ambiente que le es propio y que afecta a sus hospedadores (y/o, en su caso, vectores), generando nuevas oportunidades para afectar a nuevas poblaciones o especies y expandirse territorialmente. Se considera a menudo que la mayor parte de las EIE en el hombre tienen un origen zoonótico, lo que equivale a asumir que existe toda una colección de patógenos potenciales en la fauna silvestre esperando su oportunidad para emerger en la especie humana. De esa emergencia inicial a la expansión, eventualmente pandémica, mediarían una serie indeterminada de pasos de adaptación que acaban permitiendo al patógeno una transmisión eficaz entre humanos. En consonancia con este paradigma, el principio “One health” (Una salud) propone la colaboración integrada y efectiva de profesionales y administraciones de los diversos ámbitos implicados en el control de enfermedades infecciosas, en un ambiente multidisciplinar, incluyendo profesionales de la salud pública, la sanidad animal y el medio ambiente, en un contexto global.

Los recientes episodios de emergencia y re-emergencia de enfermedades producidas por virus zoonóticos de alta virulencia, como la epidemia de enfermedad por virus Ebola en África Occidental, los brotes de virus MERS en Oriente Medio, o la aparición de nuevas cepas de virus de gripe aviar, como la cepa H7N9 en China, por citar los ejemplos más relevantes, han promovido planes de vigilancia que en mayor o menor medida han incluido la monitorización de la circulación de los virus relevantes en los animales, incluyendo la fauna silvestre, en consonancia con el principio “One health”. Sin embargo, en el caso de las EIE como las mencionadas, el conocimiento de su eco-epidemiología suele ser muy parcial, lo que plantea importantes dificultades a esta vigilancia. Por ejemplo, el conocimiento actual de la eco-epidemiología e historia natural del virus Ébola es aún escaso, a pesar de que este virus es conocido desde hace décadas, lo que supone dificultades a la hora de determinar qué especie de hospedador vigilar, qué tipo de muestra es la adecuada para ello y que tipo de medidas de bioseguridad hay que aplicar durante la vigilancia en la fauna silvestre. Como es lógico, cuanto más reciente es la descripción del virus implicado, más incompleto es el conocimiento relativo a su eco-epidemiología. Por ejemplo, aún existen importantes lagunas en torno al ciclo natural del coronavirus MERS, descrito en 2012, a pesar de los intensos estudios llevados a cabo en estos pocos años. Por otro lado las herramientas que permiten la identificación de nuevos virus han evolucionado radicalmente en los últimos años, de forma que hoy día es mucho más fácil y rápido identificar nuevos virus patógenos emergentes en el hombre y en los animales. Paradójicamente, ello no supuesto una mayor velocidad en la adquisición de conocimientos eco-epidemiológicos básicos de los nuevos virus identificados, aún dependientes de lentos y laboriosos estudios de campo.

No obstante estas dificultades, en los tiempos recientes se han puesto en marcha diversas iniciativas con el objetivo de detectar la circulación de virus “potencialmente emergentes” en la fauna silvestre, haciendo hincapié en determinadas familias de vertebrados, y singularmente en murciélagos, como posibles “reservorios de virus ancestrales” que darían origen a las próximas generaciones de virus emergentes y eventualmente a las futuras pandemias. Esta aproximación invierte los términos habituales en que se plantea la investigación de una emergencia sanitaria: se aprovecha de las tecnologías de identificación molecular para encontrar virus “sospechosos” por homología o parentesco filogenético, en especies y lugares previamente señalados como susceptibles a un mayor riesgo de emergencia. Los resultados de estos estudios, aún en fase muy preliminar, se irán conociendo en los próximos años.

(*) Traducción libre de la versión francesa del libro. No está disponible en español.

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