‘Viejos virus’

Primer aniversario de la declaración de erradicación mundial de la peste bovina

Hoy hace un año desde que se declaró la erradicación mundial de la peste bovina. El anuncio tuvo lugar el 28 de junio de 2011, durante el 37º período de sesiones  de la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la  Alimentación y la Agricultura (FAO), en la que sus 192 Estados Miembros aprobaron una  resolución en la que anunciaban la erradicación de la peste bovina de la faz de  la Tierra. La peste bovina es la primera enfermedad animal, y la segunda enfermedad de cualquier tipo, después de la viruela en los seres  humanos, en ser eliminada gracias al esfuerzo del hombre. La FAO celebra este primer aniversario recordándonos la relevancia de este acontecimiento. Se puede leer una reseña en su página web (http://www.fao.org/ag/againfo/programmes/es/grep/home.html).

La peste bovina ha sido uno de los peores azotes para la ganadería durante milenios. Las epidemias de esta enfermedad han alcanzado proporciones devastadoras en el ganado bovino, con mortalidades que en ocasiones  han llegado a superar el 90% poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de las poblaciones afectadas. Su impacto ha sido tan fuerte en ocasiones que ha llegado a modificar costumbres ancestrales en poblaciones nómadas, e incluso se puede llegar a reconocer la huella de la peste bovina en deteminados tipos de paisaje tales como ciertas áreas de la sabana africana. Además de bovinos domésticos, esta enfermedad ha causado importantes mortalidades en la fauna silvestre susceptible (búfalos, jirafas, antílopes…). Su agente causal, el virus de la peste bovina, es el virus “tipo” (prototipo que reune las características de un grupo taxonómico)  del género de los morbilivirus (al cual pertenecen otros virus conocidos como el virus del moquillo, o el del sarampión) dentro de la familia de los paramixovirus. Durante décadas se emplearon vacunas eficaces contra esta enfermedad, lo que hizo atisbar su fin en 1994 cuando la FAO, en compañía de la OIE (Organización Internacional para la Sanidad Animal) y otras agencias internacionales, lanzaron el Programa mundial de erradicación de la peste bovina (PMEPB). El último caso declarado de peste bovina ocurrió en Kenia en 2001. Las últimas vacunaciones tuvieron lugar en 2006, y en 2009 cesó la vigilancia sobre la enfermedad. Como ocurrió con la viruela, se han conservado cepas del virus, así como vacunas, en unos pocos laboratorios en condiciones de alta seguridad biológica, y el resto de cepas del virus fueron destruidas a lo largo de 2011.

El mundo está de enhorabuena por haber conseguido erradicar esta dañina enfermedad. Esto vuelve a demostrar, por segunda vez, que la erradicación de una enfermedad es posible si se dan las circunstancias apropiadas y se actua con decisión, reuniendo la voluntad política y contando con un amplio acuerdo internacional que sostenga el esfuerzo de cooperación durante el tiempo necesario. No cabe duda que el esfuerzo merece la pena y que este exito debe servir para que la labor que actualmente se está dedicando a erradicar otras enfermedades, como la polio, se siga manteniendo pues solo así se logrará repetir por tercera vez el enorme logro de haber borrado otra enfermedad del mapa global.

 

 

OTRAS INFORMACIONES DE INTERËS ESTA SEMANA

La revista Frontiers in Genetics, en un número especial,  ha publicado un artículo de revisión, del que soy autor, sobre enfermedades víricas emergentes y su relación con el cambio global, que por su temática puede ser de interés para los lectores de este blog. Se puede acceder libremente al mismo online en el siguiente enlace. Igualmente se puede descargar libremente en formato pdf en el siguiente enlace. 

 

 

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“Huey cocoliztli” en el México del siglo XVI: ¿una enfermedad emergente del pasado?

Cambiamos un poco el tercio para hablar de una enfermedad que ya no existe. Aunque resulte obvio, es en cierto modo tranquilizador pensar que las enfermedades emergentes no duran siempre, y que, como ya dijimos en un post anterior, igual que emergen, desaparecen, sea de forma natural, sea erradicadas por la acción humana.

Vamos a hablar del pasado, del siglo XVI, de México (La “Nueva España” en aquella época), de las grandes epidemias que asolaron la población en aquellas tierras, y de una enfermedad que resultó especialmente devastadora: el huey cocoliztli, que, siguiendo la descripción ofrecida en un post anterior de este blog (¿Qué son los virus emergentes?) representaría una auténtica enfermedad emergente en el siglo XVI.

Figura 1. Enfermos de viruela durante el sitio a México–Tenochtitlan. Códice Florentino, libro XII f. 53v (Imagen: Wikipedia Commons)

Entre las muchas cosas que los Europeos llevamos a América se cuentan, desgraciadamente, muchas enfermedades del Viejo Mundo, incluyendo las más conocidas como la viruela y el sarampión. El impacto de las mismas en las poblaciones indígenas del Nuevo Continente fue sin duda devastador. Sin embargo, la evidencia disponible parece indicar que dos de las epidemias más mortíferas del siglo XVI en México (y probablemente de las más mortíferas de la Historia), fueron causadas por una enfermedad del Nuevo Mundo, denominada en nahuatl “huey cocoliztli“, que significa algo así como “gran peste”.

A principios del siglo XVI se estima que la población mesoamericana rondaba los 22 millones de personas. El 1519 se declaró una epidemia de viruela, probablemente introducida por las tropas de Hernán Cortés, que acababan de arribar procedentes de Santiago de Cuba. La epidemia se extendió rápidamente entre 1519 y 1520, acabando con la vida de entre 5 y 8 millones de personas en la región (figura 2).

 

Colapso de la población de México en el siglo XVI

Figura 2. Colapso de la población de México en el siglo XVI diezmada por diversas enfermedades, entre ellas el huey cocoliztli (tomado de Acuña-Soto et al Emerging Infectious Diseases (2002) 8:4)

Sin embargo, la viruela de 1519-1520 no fue ni la única ni la peor epidemia que asoló aquel territorio en el siglo XVI, ya que hubo dos epidemias, una en 1545-48 y otra en 1576-80, que no fueron debidas a la viruela, y que, según algunas estimaciones, pudieron acabar con la vida de entre 12-15 millones la primera, y 2 millones más la segunda (14-17 millones en total) produciendo una de las mayores catástrofes demográficas de la historia, pues al final del siglo XVI la población superviviente quedó reducida a menos de 2 millones de personas, es decir, menos del 10% de la población presente inicialmente en la región (Figura 2). La población mexicana no volvió a los niveles pre-hispánicos hasta el siglo XX.

Y si no fue la viruela ¿que fue lo que causó semejante devastación? Por fortuna, nos ha llegado una descripción clínica muy precisa, efectuada por el que fuera Doctor de Cámara de Felipe II, Francisco Hernández, médico y naturalista (tradujo los 37 libros de la Historia Natural de Plinio del latín al español) y una de las figuras más brillantes del renacimiento en España, injustamente olvidada, y que a la sazón ostentaba el cargo de  ”Protomédico de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano“. Hernández no solo fue testigo directo de la epidemia de 1576, sino que en virtud de su cargo dirigió la intervención oficial para la salud pública durante la misma. A él debemos una descripción clínica tan detallada que ha permitido a algunos investigadores actuales aventurar el agente causal (1). El hallazgo del documento, de puño y letra del propio Hernández, en el Archivo del Ministerio de Hacienda de Madrid en 1956 representa en sí una verdadera suerte, pues su legado científico se creía perdido.

Hernández designaba en su texto a esta enfermedad “cocolistle“, el término nahuatl que empleaban los indígenas, y no usó ningún término español que designara una enfermedad del viejo mundo, como la viruela, el tifus o el sarampión, con las que estaba muy familiarizado, lo que ya da muestra de que estamos ante una entidad diferente (los indígenas usaban también otros nombres para viruela -huey zahuatl, granos grandes- y para sarampión -tepiton zahuatl, granos pequeños-). Se trataba de una enfermedad contagiosa febril muy letal, que afectaba sobre todo, pero no exclusivamente, a indígenas (también había víctimas de origen europeo y africano) y a jóvenes preferentemente. Los signos incluían fiebre alta, dolor de cabeza fuerte, sed, sequedad en la boca, vértigo, ictericia, lengua y orina oscuros, disentería, dolor torácico y abdominal, abscesos en los ganglios post-auriculares y del cuello, trastornos neurológicos severos y profusas hemorragias por la nariz, ojos y boca. La muerte solía ocurrir en 3-4 días desde los primeros síntomas. A la descripción clínica el propio Hernández añade una igualmente detallada descripción epidemiológica, con detalles sobre la población afectada (raza, edad, etc), estacionalidad, variables atmosféricas y climáticas, etc.

El propio Hernández en su descripción, muy minuciosa, parece consciente de que está ante una enfermedad distinta y pone especial empeño en describirla a sus colegas europeos. Las similitudes con ciertas fiebres hemorrágicas ha llevado a algunos autores a postular que el agente causal sería un virus hemorrágico de la familia de los Arenavirus (1). Existen una serie de virus pertenecientes a esta familia, presentes en distintas regiones Americanas. Sus hospedadores y reservorios naturales son los roedores, que mantienen el patógeno en circulación sin sufrir ningún tipo de enfermedad, y desde ahí pueden ser contagiados al ser humano. En la figura 3 se muestran las diversas  especies de arenavirus americanos, cada una de ellas adaptada a una especie distinta de roedor como reservorio, y con una distribución geográfica característica. Algunos de estos arenavirus americanos son muy patogénicos para el ser humano, causando fiebres hemorrágicas a menudo letales. Los más conocidos son el virus Junin (Argentina), el virus Machupo (Bolivia), el virus Guaranito, (Venezuela), el virus Whitewater Arroyo (Nuevo México, EE.UU.) y el virus Sabiá (Brasil).

Figura 3. Distirbución de los Arenavirus del Nuevo Mundo (complejo "Tacaribe") indicando la especie de roedor que actua como reservorio en cada caso y la fecha y lugar del primer aislamiento. Imagen tomada de Jamie Dyal and Ben Fohner Stanford University Humans and Viruses Class of 2005, disponible en: http://www.stanford.edu/group/virus/arena/2005/SabiaVirus.htm

Estos virus se transmiten a través del aire contaminado con partículas víricas aerosolizadas procedentes de indivíduos infectados o de reservorios animales, o bien contacto directo con éstos y/o con objetos contaminados. Son importantes en la aparición de brotes de la enfermedad ciertos factores ecológicos, como las explosiones poblacionales de los roedores que actúan como reservorio.  Estas poblaciones varían estacionalmente, pero también hay variaciones mayores que pueden deberse a cambios ambientales, a menudo causados por la actividad humana, como el incremento de la superficie de un determinado cultivo, relacionado con la disponibilidad de alimento. Igualmente, cambios en la agricultura como la mecanización de la cosecha de cereales puede ayudar a “aerosolizar” resíduos de roedores asociados a estos cultivos, como parece que sucedió en los años ’50 del siglo XX cuando se observaron los primeros casos de estas fiebres hemorrágicas en América. Estos virus son activos en la actualidad, con brotes de fiebre hemorrágica boliviana (virus Machupo) en 2004, 2007-08 y 2011-12, o de fiebre hemorrágica venezolana en 1997-98, 2002-03 y 2011-12 (Fuente: www.promed.org).

Figura 4. Calomys laucha. Los roedores del género Calomys son reservorios naturales de arenavirus como el virus Junin o el virus Machupo, causantes de fiebres hemorrágicas en Argentina y en Bolivia, respectivamente (Imagen: Wikimedia commons).

Pero aunque la presentación clínica pueda ser bastante coincidente, los brotes de fiebres hemorrágicas por arenavirus en America se limitan a unos pocos, a lo sumo decenas, de casos, y  no producen, ni de lejos,  epidemias como la que causó el huey cocoliztli. ¿Cómo explicar que arrasara de una manera tan fulminante a tanta población en tan poco tiempo? Para intentar explicarlo hay que tener en cuenta algunos factores socioeconómicos e incluso climáticos que reinaron en aquella época en la “Nueva España”. Por un lado, los españoles instauraron un régimen de “Encomiendas” para explotar los recursos, incluida la agricultura, que mantenían a los indígenas en buena medida en régimen de semiesclavitud. Ello podría explicar que éstos fueran más vulnerables a la enfermedad, ya que al trabajar en el campo podrían estar más expuestos al contagio. Por otro lado, existe evidencia (basada sobre todo en estudios dendrocronológicos,  mediante análisis de los anillos de los árboles) de que ambas epidemias tuvieron lugar en medio de una gran sequía, algo que coincide en parte con las descripciones que Hernández hizo del ambiente que reinaba en la segunda epidemia. Algunos investigadores han propuesto que esas sequías, interaccionando con factores socioeconómicos y ecológicos, pudieron exacerbar la epidemia (2).

En conclusión, las epidemias del pasado pueden enseñarnos lecciones  útiles para el presente y el futuro: que en la naturaleza no hay compartimentos independientes, sino que todo está muy interrelacionado, y la acción humana sobre la naturaleza siempre tiene un impacto, que a veces nos rebota en forma de enfermedades emergentes tan terribles como el huey cocoloztli. Otra lección puede ser que, como dijimos al principio, igual que emergen, desaparecen. El huey cocoliztli pudo quizá ser debido a una infección por un arenavirus transmitido por roedores,  que en la actualidad se haya extinguido, o evolucionado, refugiándose en algún roedor alejado del hábitar humano. Sea así o no, los arenavirus americanos ejemplifican muy bien la adaptación perfecta de algunos virus a un  ”reservorio natural”, y que una disrupción suficientemente intensa de su ciclo infectivo puede provocar el salto a otra especie animal, lo que constituye la “marca” de una enfermedad emergente.

1: Marr JS, Kiracofe JB. Was the huey cocoliztli a haemorrhagic fever? Med Hist. 2000 Jul;44(3):341-62.

2: Acuna-Soto R, Stahle DW, Cleaveland MK, Therrell MD. Megadrought and megadeath in 16th century Mexico. Emerg Infect Dis. 2002 Apr;8(4):360-2.  (http://wwwnc.cdc.gov/eid/article/8/4/01-0175_article.htm)

 

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Erradicación de la polio ¿más cerca o más lejos?

En este post vamos a hablar de la erradicación de las enfermedades víricas, un tema que podría parecer la antítesis del de los virus emergentes, objeto de este blog. Pero ya dijimos en un post anterior que todos los virus que conocemos en la actualidad fueron algún dia emergentes. Añadimos aqui que también desaparecerán algún día, ya sea porque evolucionen para adaptarse a las condiciones ambientales cambiantes (no les queda más remedio: si su entorno cambia, ellos deben cambiar con él) o porque se extingan, lo cual puede ocurrir de forma natural, o bien, como trataremos a continuación, por acción humana dirigida a acabar con ellos, es decir, a erradicarlos. La erradicación mundial de la viruela en 1977 demostró que erradicar una enfermedad infecciosa de la faz de la tierra era una tarea posible. Muy recientemente, en junio de 2011, la FAO anunció la erradicación de la peste bovina, primera enfermedad infecciosa de los animales  en ser erradicada a nivel mundial. El esfuerzo necesario para erradicar estas dos terribles enfermedades ha sido titánico, y el éxito en ambos casos ha venido en gran parte dado por la existencia de vacunas eficaces que protegen frente a la infección y previenen la transmisión de los virus que las causan.

En 1988 diversas organizaciones lideradas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) constituyeron la Iniciativa Global de Erradicación de la Polio (GPEI), que se planteó como objetivo erradicar la polio para el año 2000. Se percibía que el objetivo de acabar con la lacra que significa la polio para la humanidad estaba al alcance de la mano. A este optimismo contribuían el éxito precedente de la erradicación de la viruela, así como el hecho de que frente a la polio existían vacunas muy eficaces que llevaban muchos años siendo empleadas con éxito y habían logrado reducir el impacto de esta enfermedad considerablemente en el mundo. Por ejemplo, en 1979 ya se había conseguido erradicar de EE.UU. La erradicación en todo el hemisferio occidental se consiguió en 1991, y la GPEI logró reducir el número de casos de polio en el planeta drásticamente: de 350.000 casos anuales en 1988 a 2.000 en 2009. Igualmente el número de países con la enfermedad de forma endémica se ha reducido en el mismo periodo de 125 a tan solo 4 (Afganistán, India, Nigeria y Pakistán). En el gráfico que se muestra a continuación se puede ver la situación actual de los brotes de polio declarados en el mundo en los últimos 6 meses. Se puede apreciar como en la India ya no hay casos. Si continúa sin haber casos en la India durante dos años más, se podrá dar como oficialmente erradicada la polio en este país.

Casos de polio declarados en el mundo en los ultimos 6 meses (agosto 2011-febrero 2012). Fuente: OMS.

Sin embargo -y aqui empiezan las malas noticias- nuevos brotes de polio están ocurriendo en países donde la enfermedad había sido eliminada. El gráfico muestra cómo, además de en los países que quedan con polio endémica (Afganistan, Nigeria y Pakistán), recientemente la enfermedad se ha reestablecido en Chad y en la República Democrática del Congo, y han sido declarados brotes de la misma en Niger, República Centroafricana, Camerún y China.

La erradicación mundial de la polio se consideraba un objetivo realista en 1988. Sin embargo, no solo no se consiguió en el plazo dado (2000) sino que 12 años después no parece estar más cerca, sino que aún parece alejarse más. ¿Por que? En un reciente editorial de Nature Medicine (The persistence of polio) se reflexiona sobre algunas de las razones que pueden estar dificultando esta erradicación. Sin infravalorar los factores socioeconómicos presentes en aquellos países donde la enfermedad sigue siendo un problema o incluso está reemergiendo, se señalan otros factores intrínsecos que posiblemente no fueron tenidos en cuenta, o se infravaloraron a la hora de lanzar el programa de erradicación. Por un lado, las vacunas empleadas, que han resultado muy eficaces hasta ahora, tienen algunas limitaciones. La vacuna inactivada de la polio (denominada IPV, o “vacuna de Salk“) es más segura, pero también más cara de producir y al administrarse por vía intramuscular requiere personal especializado, lo cual encarece su aplicación. La vacuna oral de la polio (denominada OPV o “vacuna de Sabin“) es mucho más económica y fácil de administrar (via oral) y por ello es la vacuna en la que se ha basado la estrategia mundial de erradicación, en particular en los países en vias de desarrollo. Sin embargo, la OPV tiene desventajas serias. La OPV se compone de virus polio atenuados, es decir, que su inoculación produce una infección benigna que sin producir ningun tipo de enfermedad es capaz de desencadenar una respuesta inmunológica efectiva en los indivíduos vacunados, que así quedan protegidos frente a ulteriores infecciones por los virus de la polio.  Pero esos virus “vivos”, en casos raros, pueden revertir su atenuación y ganar virulencia por mutación y/o recombinación con otros enterovirus (del mismo género que polio) circulantes, lo cual ha sido causa de brotes de polio de origen vacunal en algunas ocasiones. Estos brotes ocurren en circunstancias muy concretas, en particular en poblaciones con baja cobertura vacunal, que por lo tanto no están bien protegidas. En este sentido conviene recordar aqui el riesgo de disrupción de la cobertura vacunal (esencial para la protección por “inmunidad de grupo“, a nivel de la población) al que puede dar lugar una aplicación deficiente de los programas de vacunación. El caso reciente más relevante de este tipo fue un brote de parálisis flácida por virus de polio derivado de la vacuna oral que ocurrió en la Republica Dominicana y Haití en 2000, con 22 casos declarados, la mayoría niños menores de 6 años. Otros factores que  pueden producir una disrupción de la cobertura vacunal son las campañas “antivacunación” promovidas por grupos con diversos intereses, desde religiosos hasta “neoluditas” que rechazan la vacunación provocando serios problemas de salud pública. Recordemos el caso del brote de polio en Holanda en 1992 en una población que rechazaba la vacunación por razones religiosas.

Lo anterior pone de manifiesto un serio problema en la erradicación de la polio ¿cuando dejamos de vacunar? Mientras se siga vacunando con la OPV seguirá existiendo cierto riesgo de que ocurran brotes causados por virus “vacunales” revertidos a virulentos en la población no vacunada (o deficientemente vacunada), y para que no ocurran más, hay que seguir vacunando. Una alternativa sería usar la vacuna inactivada (IPV), que no presenta problemas de este tipo, pero es cara de fabricar, de conservar (cadena de frio) y de aplicar (intramuscular). La OMS patrocina estudios para intentar superar estos problemas mediante soluciones técnicas (mejores vacunas, más baratas, etc), pero mientras se desarrollan soluciones, otro problema adicional ha surgido con la crisis económica mundial: el presupuesto de la GPEI, basado en donaciones de gobiernos de diferentes países, pero también de diversas ONGs y fundaciones, ha sufrido recortes (prácticamente se ha reducido un 50% su presupuesto de 2.23 millones de dólares anuales). Sin apoyo económico el programa corre el riesgo de fracasar.

Corren malos tiempos para la erradicación.

 

 

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