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Murciélagos y virus

Para celebrar Halloween, o como decimos por estos lares, la noche de los difuntos, el post de hoy tratará acerca de los murciélagos y la “extraña” relación que mantienen con los virus. Sobre ello escribí en un post anterior lo siguiente:

Los murciélagos tienen una diversidad de especies tremenda: se conocen 1100 especies distintas de murciélagos, lo que representa el 20% del total de especies de mamíferos descritas hasta el momento. Con esa variedad no es extraño que exista una variedad igualmente importante de especies víricas asociadas a estos quirópteros. Sin embargo, hay algo más, algo “especial” en la relación que establecen muchos murciélagos con determinadas familias de virus, una de las cuales es la de los coronavirus. Espero poder desarrollar algún día este interesante punto en el blog

El momento ha llegado. En este blog ya se ha comentado acerca del origen de dos coronavirus (CoV) emergentes muy virulentos para los seres humanos como son el SARS-CoV y el MERS-CoV, ambos directamente emparentados con virus hallados en determinadas especies de murcielagos (los llamados “de herradura” o Rhinolophidae el primero, y “de tumba egipcio”, Emballonuridae el segundo). Hoy mismo la prestigiosa revista Nature ha publicado un artículo (1) en el que se describe un virus, al que han llamado WIV1,  aislado (obtenido) de un murciélago de herradura en China, que es casi idéntico (95% de homología en su secuencia genética) al virus SARS. Y no solo guarda ese parecido tan elevado a nivel genético: también utiliza el mismo tipo de receptor celular (la molecula “llave” que abre la puerta de la célula al virus y permite que éste la invada y se multiplique en su interior), conocido como ACE2 (enzima conversora de angiotensina II). De hecho, ambos virus tiene una capacidad infectiva muy similar in vitro (en el laboratorio) sobre células de distintos tipos de mamíferos, incluyendo células humanas. Los autores del artículo concluyen que WIV1 es capaz de infectar células humanas sin necesidad de adaptación previa y podría dar el “salto de especie” entre el murciélago y el ser humano sin necesitar un hospedador intermedio. Recuerden que se discute aún si el MERS-CoV necesita un hospedador intermedio o por el contrario, podría transmitirse directamente desde los murciélagos que actúan como reservorios (ver post anterior). Lo último en este caso es que el MERS-CoV podría haber “saltado” varias veces desde algún reservorio animal (presumiblemente murciélagos y/o algún hospedador intermedio) al hombre (2). También se ha podido transmitir entre humanos en un número limitado de ocasiones, aunque esto lo hace, afortunadamente, de forma poco eficaz.

Pero no solo los coronavirus tipo SARS o MERS parecen tener una vinculación con los murciélagos.  Otros muchos tipos (o familias) de virus también poseen predilección por estos quirópteros, verdadero “reservorio ancestral” de ramas enteras del árbol de los virus. Las múltiples especies de murciélagos son el hospedador preferido del principal “pool” de los paramyxovirus (familia a la que pertencen, entre otros, el virus del sarampión, o los más recientemente “emergidos” virus Hendra y Nipah), los Rhabdovirus (familia cuyo principal representante es el virus de la rabia, pero que engloba igualmente a los demás miembros del género Lyssavirus, que incluyen a los causantes de la “rabia de los murciélagos“, transmisible al hombre y muy virulenta), y los Filovirus (virus Ébola, Marburg y similares), entre otros. Incluso muy recientemente se han identificado virus tan típicamente aviares, como los Influenzavirus tipo A, en murciélagos, concretamente dos nuevos subtipos, H17N10 y H18N11 (3). Y quizá lo más reciente y sorprendente es el hallazgo en murciélagos de virus muy similares al virus de la hepatitis B humano (4). Todo ello hace preguntarnos ¿que tienen los murciélagos para que tantos virus y tan diferentes los prefieran como hospedadores? Por otro lado, lo que revelan todos estos hallazgos es que una gran parte del pool de virus de mamíferos podría tener su origen en el numeroso y complejo pool de virus de murciélagos, representando éstos una fuente de virus emergentes para las otras especies. Todo ello hace que los estudios sobre virus y “viromas” de murciélagos estén actualmente en auge, lo cual no nos debe hacer olvidar que hay otros hospedadores muy interesantes para otros grupos de virus, como son los roedores y las aves, que merecen sendos posts en un futuro espero que próximo.

Pero estamos en Halloween, en noche de difuntos, y no quiero terminar el post sin referirme a la relación que, a mi entender, guardan los virus de los murciélagos con el mito del vampiro. Quedé sorprendido hace tiempo al saber que el mito del vampiro es prácticamente universal, que existe una u otra versión del mismo en las más diversas culturas por todo el mundo. Su forma básica es la de la “transformación” en vampiro (chupador de sangre) por la mordedura de otro vampiro. O sea, que el vampirismo es algo contagioso, y que se transmite por una mordedura de algo o alguien con esa característica o propiedad. ¿No les recuerda a algo? A mi desde luego me recuerda a la rabia, otra enfermedad vírica y una grave zoonosis. Pero la forma más común de rabia en el mundo es la transmitida por carnívoros como el perro. Esta enfermedad es probablemente una de las más antiguas que se conocen, habiendo referencias escritas de ella 23 siglos antes de nuestra era, en el código babilónico de Eshmuna. La rabia evoca también el mito del hombre lobo, también bastante universal, pero no nos desviemos del tema: estábamos con los vampiros, así que tenemos que cambiar un poco de virus. Antes he mencionado que dentro del género Lyssavirus existen, además del virus clásico de la rabia, otros virus conocidos como “Lyssavirus de los murciélagos” por ser éstos sus hospedadores, y que se transmiten al hombre causando una forma de rabia muy grave. De hecho, el virus clásico de la rabia pudo derivar probablemente de alguno de estos virus en el pasado remoto. Las infecciones por Lyssavirus de los murciélagos ocurren en todo el mundo, aunque en cada lugar por diferentes especies de murciélagos, las propias de cada región. Ello podría sugerir que el mito del vampiro, que como digo es muy similar en diferentes culturas, ha podido surgir no una, sino muchas veces, con la misma esencia aunque con distintos matices. Sin embargo, es llamativo que en todo el planeta, el único continente en el cual existen murciélagos vampiros, es decir, que se alimentan de sangre, es América, en especial México, América Central y del Sur. ¿Provendrá el mito del vampiro de América? Los mayas tenían muy presentes a los murciélagos en su cultura: adoraban a Zotz (murciélago) y llamaban así al cuarto mes de su calendario.  Los vampiros aparecen en el Popol-vuh, el libro sagrado de los Mayas: Camazotz es una figura con forma de murciélago que guarda el inframundo. Los aztecas asociaban al murciélago (vampiro) con el culto a la muerte y el sacrificio humano. No está claro si en tiempos pre-hispánicos hubo rabia en América, aunque es probable que algún tipo de rabia, quizá asociada a murciélagos, estuviera presente. Los conquistadores españoles describieron cómo sufrían ataques de murciélagos que les mordían y a consecuencia de ello morían poco después, aunque no detallaron los síntomas. Todo ello contiene los elementos básicos del mito del vampiro. Que saliera solo de América es otro cantar…

¡Que pasen un horripilante Halloween!

 Referencias

(1) Ge, X.Y. et al (2013) Isolation and characterization of a bat SARS-like coronavirus that uses the ACE2 receptor. Nature. doi:10.1038/nature12711

(2) Cotten, M. et al (2013) Transmission and evolution of the Middle East respiratory syndrome coronavirus in Saudi Arabia: a descriptive genomic study. The Lancet. doi:10.1016/S0140-6736(13)61887-5.

(3) Tong, S. et al (2013) New World Bats Harbor Diverse Influenza A Viruses. PLoS Pathog. doi:10.1371/journal.ppat.1003657.

(4) Drexler, J.F. et al (2013) Bats carry pathogenic hepadnaviruses antigenically related to hepatitis B virus and capable of infecting human hepatocytes. Proc. Natl. Acad. Sci. USA 110 (40) 15851-15852; doi:10.1073/iti4013110.

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