Las centrales nucleares francesas no presentan “riesgos graves” ante la eventualidad de un accidente o de un desastre natural, según un informe elaborado por el Instituto de Seguridad Nuclear (IRSN) galo y del que se hace eco Le Monde. De acuerdo con el informe, “ninguna” de las centrales debe ser cerrada por la falta de las medidas de seguridad necesarias.

Con este informe, el máximo organismo francés en materia de seguridad nuclear sale al paso de las presiones ciudadanas y de organizaciones verdes que habían manifestado su falta de confianza, especialmente visible tras el accidente de la central nipona de Fukushima.
La filtración del informe del IRSN advierte igualmente de la necesidad de “reforzar” las medidas de seguridad en previsión no sólo de accidentes o desastres naturales, sino también ante la eventual caída de otras fuentes de energía, en particular de crudo y gas, ambos sometidos a continuas oscilaciones en los mercados.
La información aparecida en Le Monde es una más en el profundo debate energético abierto en Francia, en el que las centrales nucleares representan un altísimo porcentaje en la generación de electricidad. Como ocurre en otros países europeos, el debate se extiende no sólo a cuestiones de seguridad.
El tratamiento de residuos, verdadero talón de Aquiles de esta industria, y la continuada extensión de la vida útil de las plantas, genera un rechazo ciudadano creciente sin solución de continuidad por el momento.