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El caso de los genéricos indios

El caso de los genéricos indios

La compañía farmacéutica Novartis ha perdido finalmente su contencioso sobre la patente de Gleevec en India. El caso rearma a los productores de fármacos genéricos en todo el mundo y cuestiona el concepto de innovación de la big pharma, como detalla The New York Times.

Finalmente, ha ocurrido lo que todas las grandes multinacionales farmacéuticas se temían. Las autoridades judiciales de India han desestimado la apelación de Novartis por la patente de Gleevec argumentando que no existe innovación suficiente en su nueva formulación como para extender los derechos de protección intelectual que reclamaba. De este modo, las compañías de genéricos radicadas en el subcontinente asiático podrán seguir vendiendo un fármaco que en Europa y Estados Unidos supera los 2.000 euros al mes por enfermo a un precio que apenas alcanza los 50 euros por paciente y mes.

Novartis ha anunciado que no cejará en su lucha legal por un producto cuyo principio activo y mecanismo de acción ha sido considerado unánimemente como el desarrollo farmacológico más innovador en décadas en el tratamiento de la leucemia y algunas formas de cáncer. Y en esa lucha la compañía de origen suizo no está sola: las grandes farmacéuticas de Europa y Estados Unidos le prestan mjucho más que apoyo. No en vano está en juego el mercado de las economías emergentes, así como de otros países en desarrollo.

El interés de la noticia viene dado porque otorga la razón a India, país que se ha convertido en la llamada “farmacia de los pobres”. Esto es, la mayor concentración mundial de empresas productoras de fármacos genéricos. Para hacerlo posible, se tuvo que acomodar la legislación india tomando en especial consideración todo cuanto atañe a patentes de cobertura mundial. Hoy, su legislación es mucho más restrictiva que la europea o la estadounidense en cuanto a innovaciones que permitan extender la protección intelectual.

En juego están diversos productos anticancerígenos, antirretrovirales y antiinfecciosos como los que se destinan a la lucha contra la tuberculosis o la malaria. Pero también un sistema, el occidental, al que le basta un cambio de presentación o de dosis para que en muchos casos extienda la protección de la patente. Así mismo, como argumentan las grandes compañías, está en juego también el propio concepto de investigación. En su defensa, plantean una importante duda: Quién va invertir en nuevas moléculas, dado su elevadísimo coste, si alguien en unos pocos años puede copiarla y comercializarla a un precio que en muchos casos no llega ni al 10% del original.