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Casas pasivas para ahorrar energía

Casas pasivas para ahorrar energía

Una casa pasiva viene a ser como “un termo con ventanas”, escribe el periodista científico Clemente Álvarez en su blog Ecolaboratorio que se publica en El País. Y relata uno de los pocos ejemplos que hay en España, una casa en pleno Valle de Roncal a la que le bastan, dice, “dos secadores de pelo” para calentarla en invierno.

Casa pasiva en el Valle de Roncal.

La idea recibe el nombre de Passivhause y nació en Alemania, donde se está extendiendo poco a poco, sin prisas pero sin pausas. La metáfora es el termo, que como es sabido, conserva líquidos a temperatura constante durante largas horas. Y el concepto es aislamiento total.

Así son las casas que se están popularizando en Alemania y que en España, como cuenta Clemente Álvarez, apenas han empezado a construirse. Una de las pocas, por no decir la única que le consta a este periodista especializado en medio ambiente, está situada en el Valle de Roncal, en plenos Pirineos.

La casa, describe Álvarez, presenta dos características principales: si se recorren en sus planos las paredes exteriores con un lápiz, uno se da cuenta de que no lo levanta en ningún momento. Las paredes, que llevan en su interior una capa de aislante, se complementan con ventanas y puertas de alta calidad e igualmente dotadas de poder aislante. Esta es la segunda característica.

Con este diseño se consigue que la casa se comporte térmicamente como un termo. Al estar perfectamente aislada, la temperatura exterior apenas se deja notar. Ni en verano ni en invierno, que es lo que más interesa en los Pirineos.

Su propietario, igualmente de origen germano, asegura que le basta con inyectar “algo de calor” en los meses de frío extremo. Su consumo, viene a decir, es el equivalente a poner en marcha dos secadores de pelo.