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Teoría de la mente

Teoría de la mente

Según los psicólogos, la llamada ‘teoría de la mente’ es la facultad humana de inferir lo que piensa el otro, no por lo que dice sino, como bien recuerda el periodista Javier Sampedro en su blog de El País, por cómo lo dice y por la cara que pone al decirlo. Se sabe en qué parte del cerebro reside esta capacidad, pero no cómo ha evolucionado.

Los neurólogos, recuerda el periodista, saben que esta peculiar capacidad reside en un área concreta del cerebro, la llamada Unión Temporoparietal TPJ, por sus siglas en inglés), situada “arriba y detrás de las orejas”. La respuesta a su evolución, y también a su concordancia en humanos, acaba de darla Roger Mars de la Universidad de Oxford gracias a un “atajo” visto en macacos.

En su investigación, el científico ha “visitado” el cerebro del macaco y las interacciones de la TPJ con el mismo. Ciertamente, es una vía indirecta de estudio, pero tan eficaz, por aproximación, como lo son las estrategias de acercamiento a través de las redes sociales cuando se quiere saber algo de alguien y se consultan sus amistades o fotografías. O eso es lo que sostiene Sampedro.

Fruto de esta aproximación se han identificado áreas en el cerebro del macaco que presentan las mismas conexiones que la que podría ser equivalente en humanos. “Curiosamente, esas áreas temporales del macaco están implicadas en el reconocimiento de caras, y también en procesar otros tipos de información social, o relevante socialmente”, escribe el periodista. Esas áreas podrían ser las precedentes, evolutivamente, de las humanas.

La trascendencia del trabajo de investigación es relevante por sus implicaciones sociales y de supervivencia a lo largo de la evolución. Reconocer caras, expresiones o ese conjunto difuso que a veces es el lenguaje no verbal que puede reconocerse tan solo viendo el rostro, es un elemento que puede resultar clave cuando de lo que se trata es de decidir qué clase de relación puedes establecer con el vecino de enfrente o si es o no conveniente establecerla. Aunque es cierto que las apariencias engañan, a menudo nos alertan, ahora y hace unos pocos miles de años, de cuando a quienes nos enfrentamos pueden ser hostiles o amigables.