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Sombras y luces de la cafeína

Sombras y luces de la cafeína

A la cafeína se supone que debemos pedirle que nos mantenga despiertos. En realidad, cuenta The New Yorker, nos aporta también energía, reduce la sensación de fatiga, nos activa física y mentalmente, refuerza la memoria inmediata y beneficia la resolución de problemas, la toma de decisiones y nuestra concentración. Nada de esto, sin embargo, sale gratis.

La cafeína, como bien es sabido, es un estimulante que, tras ser ingerida y pasar al torrente sanguíneo, cruza la barrera remato-encefálica donde activa los circuitos neuronales asociados con la concentración y al mantenernos despiertos. Pero también, como se ha venido desvelando en los últimos años, con actividades física y mentales relevantes. Entre las más destacadas, la reducción de la sensación de fatiga, el refuerzo de la memoria inmediata, la resolución de problemas y la toma de decisiones.

Todas estas características han hecho de la cafeína una droga de uso social extendida de punta a punta del planeta. Y en los últimos tiempos, un aditivo de múltiples bebidas, refrescantes o no, que ha extendido su uso a múltiples franjas de edad y a usos sociales no previstos inicialmente.

La otra cara de la moneda, explica The New Yorker en un amplio artículo de divulgación, es el papel negativo que ejerce la cafeína en otro aspecto crucial de la conducta humana, la creatividad.

De acuerdo con estudios citados por el semanario publicado en Nueva York, el hecho de que la cafeína nos ayude a focalizar nuestra atención sobre un problema concreto y evite la sensación de fatiga y de sueño, contraviene las necesidades naturales del cerebro para desconectar, ambas indispensables en el proceso creativo.