Consentimiento informado 2.0

El uso de información genética en proyectos de investigación sigue siendo un asunto espinoso por cuanto la tecnología progresa a un ritmo muchísimo más rápido que las leyes. The Economist analiza el impacto de una regulación en la que prima el secretismo y para la que se demanda mayor transparencia para usos científicos.

Aunque todavía existen lagunas regulatorias en algunos países, la mayoría de los que participan de un modo u otro en investigaciones sobre el perfil genético humano tienen implantadas medidas que protegen los datos del individuo. Las regulaciones se aplican escrupulosamente tanto en el caso de ensayos clínicos como en los estudios de susceptibilidad a enfermedades.

El objetivo de las medidas es proteger la difusión de datos sensibles a terceros, lo cual implica que los laboratorios y empresas que puedan participar de cualquier proyecto de investigación están obligadas a proteger y a no difundir la información recabada.

Las medidas de protección, sin embargo, se han vuelto excesivas a ojos de los expertos, ya que limitan el acceso de los investigadores a información valiosa no solo en un estudio concreto, sino también en futuras investigaciones basadas en el perfil genético.

Es por este motivo que se está ultimando el que va a ser el primer “consentimiento informado 2.0”, un documento que autoriza el acceso a información a terceros bajo restricciones estrictas. La finalidad es asegurar la portabilidad de la información y, al mismo tiempo, preservar los datos de usos fraudulentos.