| El estudio presentado -Clima extremo, ¿puede soportarlo la naturaleza?-señala, a la vista de los resultados encontrados, que los anteriores trabajos globales han subestimado el impacto sobre la naturaleza que están teniendo sobre las especies y los ecosistemas los cambios de los sucesos climáticos extremos (olas de calor, inundaciones, sequías...) documentados en los últimos tiempos.
Los impactos ecológicos son muy visibles por ejemplo en los calendarios de los ciclos de vida vegetal -de manera que se ha adelantado la primavera en algunas zonas-, así como en la distribución geográfica de las especies.
Algunas plantas, por ejemplo, han avanzado su florecimiento hasta 30 días, mientras que también empieza a comprobarse como el otoño en algunas zonas retrasa algunos días el tradicional colorido cálido de sus árboles. De la misma manera, algunas especies muestran una gran expansión en algunas áreas, lo que distorsiona esos sistemas. Así, se ha observado una colonización en millones de hectáreas de escarabajos del pino en las montañas de Norteamérica, así como una expansión de otros insectos en el norte de Holanda.
También los fuegos se han incrementado de manera catastrófica en los bosques húmedos tropicales durante las severas sequías que acompañaron al fenómeno meteorológico del Niño en los años noventa.
Otras especies muestran una dramática reducción en la distribución o el tamaño de sus poblaciones, como demuestran el fenómeno del blanqueo y muerte de los corales -especialmente en los ecosistemas oceánicos del Pacífico- o la desaparición de los anfibios, que amenazan con dejar este planeta silenciosamente y por la puerta trasera sin que nadie lo alerte. En Costa Rica, por ejemplo, se documentó la desaparición de 20 de las 50 variedades de sapos en 1987, aunque pudieron intervenir otros factores ecológicos.
Inviernos templados, veranos calurosos, exceso de precipitación o sequías repetidas son algunos de los fenómenos que actúan como quien pone la pistola en el pecho a estas especies para exigirles una rápida respuesta de adaptación, lo que no siempre es posible.
Los pájaros, mamíferos o insectos también son un termómetro de los cambios. Por ejemplo, los observatorios ingleses detectan la llegada de algunas especies migratorias 20 días antes de que lo que hacían hace 50 años, lo que probaría que los pájaros encuentran ahora antes un tiempo benigno en las latitudes más próximas al polo norte. Igualmente, las marmotas de Colorado (EE.UU.) anticipan el fin de su hibernación: lo acaban 23 días antes que hace 23 años, entre otros ejemplos de mamíferos citados. Y las mariposas se dejan ver cada vez más en latitudes altas antes de hora.
El estudio recopila numerosos ejemplos que relacionan el aumento de la temperatura apreciada y el adelantamiento de la floración en los bosques, lo que puede acortar los periodos en los que los árboles dan sus frutos. Estos fenómenos pueden dar "problemas de viabilidad en algunos bosques y condicionar la alimentación de los animales fugívoros (comedores de frutos)", según explica Javier Corchera. El estudio sostiene que las huellas que está dejando el cambio climático son incluso superiores a las respuestas que se esperaban hace tan sólo una década a partir de la constatación de que temperatura ha aumentado de media en la superficie de la tierra en 0,7 grados en el último siglo.
El informe plantea que hay motivos más que sobrados para pensar en que hay nuevos elementos de preocupación. El informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de la ONU alerta de que los impactos en los ecosistemas del calentamiento global sería acusados a partir de un aumento de dos grados centígrados con relación a la época preindustrial.
"Dado que hay un amplio reconocimiento de que los cambios humanos inducidos cambian el clima y que esto es un problema ambiental y de desarrollo, se necesita tomar medidas para reducir las emisiones de gases para reducir también la vulnerabilidad de los diferentes sectores y ecosistemas al cambio climático", resume el trabajo para apoyar en Buenos Aires más compromisos para prevenir el cambio climático.
Autor: Antonio Cerrillo
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