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Kioto es un problema ambiental y un problema económico. Estas dos definiciones requieren una cuidadosa compensación. La discusión afecta a si las reducciones previstas en Kioto serán suficientes para paralizar el calentamiento global, cuál es el mejor modo de alcanzarlas y si el coste económico que supondrán estará compensado por el beneficio ambiental.

 

Cómo alcanzar la reducción es una cuestión especialmente problemática. El ahorro y la eficiencia en el uso de la energía y el transporte, el desarrollo de energías renovables, la adaptación de la agricultura y la ganadería..., son medidas para algunos necesarias para reducir emisiones y alcanzar un desarrollo más sostenible. Para otros, sin embargo, son totalmente insuficientes. Este debate ha reavivado indirectamente una vieja polémica, la de la energía nuclear, presentada ahora en algunos ámbitos como una forma de producir energía barata sin emisiones de gases de efecto invernadero. ¿Qué soluciones y a qué precio?

 

Centrándonos en las propuestas de Kioto, encontramos también otros asuntos a debatir.

Medidas previstas en el Protocolo de Kioto

 

Según Kioto, los países participantes deberán reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en aproximadamente un 5% por debajo de los niveles de 1990 para el periodo 2008-2012.

 

Dentro de este compromiso general, a cada país le corresponde una cuota de reducción, mantenimiento o aumento de emisiones en función de su historia pasada de contaminación. Los países pueden también acogerse a los “mecanismos flexibles” para hacer frente a sus compromisos adquiridos.

 

Estos “mecanismos flexibles” complementarios a la reducción de emisiones son los siguientes:

 

•  comercio de emisiones : los países podrán comprar o vender sus “permisos de contaminación” a otros países;

•  mecanismos de desarrollo limpio : la realización de proyectos “limpios” en países en desarrollo permitirá la compra de “derechos de emisión”;

•  aplicación conjunta : la realización de proyectos “limpios” en países industrializados también permitirá la compra de “derechos de emisión”.

 

También se ha previsto la obtención de “créditos” de emisión por el desarrollo de bosques y tierras de cultivo, los sumideros , gracias a su poder de absorción de C0 2 .

 

Es preciso que los países demuestren progresos en 2005. Los países que no cumplan sus objetivos de reducción de emisiones serán sancionados.

 

El protocolo de Kioto puede entrar ya en vigor al haberse cumplido los dos requisitos para ello: que lo ratificaran al menos 55 países que sumaran el 55% de las emisiones de CO 2 de los países desarrollados en 1990.

 

¿Son efectivas estas medidas?

 

Los acuerdos de Kioto se lograron tras años de arduas negociaciones en países diferentes e intereses en conflicto. Los compromisos finales manifiestan de algún modo las dificultades de la negociación, y para muchos se trata de un mínimo cuyo cumplimiento es preciso asegurar, pero que de ningún modo es suficiente para parar el fenómeno del cambio climático.

 

Esta es la postura de muchas organizaciones ecologistas, que reclaman la entrada en vigor del Protocolo reconociendo al mismo tiempo la insatisfacción con lo que exige su cumplimiento. La reducción global de un 5,2% de emisiones, argumentan, es insuficiente para frenar el cambio climático, pero es un primer paso para que los gobiernos comiencen a modificar sus formas de producción de energía, transporte e industria.

 

Además, los “mecanismos de flexibilidad” han sido ampliamente criticados por permitir que muchos países sigan contaminando por encima de su asignación acordada a cambio de medidas cuyo valor real es dudoso. En definitiva, gracias a los “mecanismos de flexibilidad” y el comercio de emisiones, los países industrializados pueden sostener sus niveles crecientes de consumo de combustibles fósiles y emisiones industriales. Por otra parte, no está nada claro el beneficio en términos de absorción de CO 2 que significa el aumento de bosques y las diferentes actividades agrícolas consideradas como “sumideros” en el Protocolo de Kioto. Además, tampoco parece que incentivar estas actividades signifique una reducción de las emisiones, sino que bien podría promover su aumento.

 

Por otra parte, para quienes Kioto es fundamentalmente un problema económico, la prevista ineficacia de las medidas acordadas para parar el cambio climático es una buena razón para defender la “muerte” de Kioto. Después de todo, las previsibles pérdidas económicas serían mayores que los beneficios ambientales de su cumplimiento.

 

 
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