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EL GOZO DEL CONOCIMIENTO

 

El Gozo Intelectual. Teoría y práctica de la inteligibilidad y la belleza. Wagensberg, Jorge.  Editorial Tusquets / Metatemas. Barcelona, 2007.


Nuevas reflexiones de Jorge Wagensberg


 
 

Lo que de mejor hay en la razón es su capacidad de pensar lo mejor que hay en ella y en eso consiste, precisamente, el gozo intelectual que nos proporciona la inteligibilidad y la belleza.

Por otra parte comprender e intuir la realidad supone la ilusión y la esperanza de todo científico o filósofo frente a la incertidumbre del mundo, "ya sea comprendiendo lo que no se había comprendido o dejando de comprender lo que se creía haber comprendido".

Jorge Wagensberg, científico empírico, profesor y museólogo, lleva 30 años de quehacer diario con su pasión por lo que la ciencia le ha dado y le sigue proporcionando. Se trata de años fructíferos de dedicación experimentando el placer de reflexionar, las emociones gozosas y los métodos que nos conducen a la comprensión o intuición de un nuevo conocimiento.

Pensar quiere decir sentir esa íntima intuición que identifica tanto lo inteligible como lo bello. En este libro asistimos a la actualización del conocimiento mediante una disección empirista de las vivencias y de los recuerdos de una conciencia sensible, crítica y comprometida con su momento histórico, con la humanidad con la que convive y con la naturaleza; una naturaleza que es, precisamente, la que nos da las garantías de una supervivencia proyectada hacia el futuro.

Se trata de una obra apasionada y comprometida a través de la cual asistimos al intento de tratar de salvar ese ambiente natural en el que vivimos con la misma fuerza que es amenazado.

De algún modo la cultura apresurada que aturde nuestro pensamiento ha llegado a hacerle perder la costumbre de preguntarse por la naturaleza y sentido de lo que la rodea.

En algunas páginas de este libro nos asomamos al vértigo de una naturaleza amenazada con su destrucción total pero también, con la ilustración de las pequeñas historias narradas, al sosiego de iniciativas que hacen posible un progreso sostenible y armonioso entre ser humano y naturaleza.

Es un libro pues, entre otras cosas, para que se espabile nuestra conciencia, demasiado debilitada para romper las ataduras que la aprisionan. La conciencia manipulada forma parte integrante de un mundo manipulado. "¡Las cosas - dice W. - no pueden quedar así!"

Pensar la naturaleza se convierte en tarea literaria, estética y educativa y ello nos conduce a un saber placentero y salvífico.

EL LIBRO NOS OFRECE UNA PARTE TEÓRICA Y OTRA PRÁCTICA

En la primera, de igual de fácil y motivadora lectura que la segunda, su autor ordena las ideas aparecidas durante los últimos años en único esquema conceptual basado en tres conceptos fundamentales que van a orientar su escritura: "estímulo", "conversación", "comprensión" e "intuición". Y un concepto clave que, bajo el signo de la unidad, preside la totalidad de la obra, tanto de ésta, como de toda su vida profesional: el "gozo intelectual".

El gozo intelectual existe, cada vez que se intuye o se comprende algo. Podríamos parafrasear a Descartes transformando su famosa expresión "cogito ergo sum" en "cogito ergo gaudeo".

Se trata, en efecto, del placer que se experimenta como resultado de la adquisición de un nuevo conocimiento. Nuevo para una mente que aprende, mediante cualquier forma de divulgación o comunicación, y nuevo para quien gracias a la creación investigadora adquiere diferentes logros intelectuales.

La parte práctica, que para algunos puede resultar más entretenida es, en mi opinión, de una gran utilidad para su uso como comentario de texto en clases de naturaleza científica. Ofrece un abanico multicolor de breves historias y reflexiones que, con matiz anecdótico pero riguroso en la conceptualización de sus argumentos, se refieren al recuerdo de interesantes experiencias vitales del autor en los últimos diez años.

Para Wagensberg hay tantos tipos de gozos como fases del conocer. Se da en primer lugar la llamada fase de estímulo. Desordenada e informal pero crucial, es precisamente ahí en donde se decide lo que se quiere conocer. Sucede que pasamos de no estar interesados en conocer nada concreto a desear conocer algo ardientemente. El estímulo es la energía y la fuente de la voluntad y ésta, finalmente, se convierte en razón.

Posteriormente, en segundo lugar, hay que considerar también una fase de conversación que se hace factible bajo una doble dimensión: la de aquella que se producen con las preguntas y respuestas que obtenemos de la realidad (ver, mirar, observar experimentar) y la no menos importante que se da cuando conversamos con el otro. Ya se trate de colegas, discípulos o de gente buena allí donde se encuentre y Wagensber ha encontrado mucha; alguna, magníficamente retratada, aparece en sus relatos.

Conversación es dialéctica y ésta a su vez la conciencia consecuente de la diferencia. Pero ¿hasta qué punto se lleva a cabo esta antiquísima práctica del conocimiento en nuestro sistema educativo?: "Una asignatura en la que se aprenda a hablar y a escuchar -dice Wagensberg- quizá sea la única sensata entre los seis y los nueve años", "Tengo la sensación, o quizá sea sólo el recuerdo, de que la educación que mejor respeta el estímulo, la conversación y el gozo se da en las guarderías..."

Y finalmente damos con la fase de comprensión e intuición, con la que podemos llegar a alcanzar la fase de gozo pleno.

Para Wagensberg "Intuir" es sentir el roce entre dos estados especiales de la mente: entre la incertidumbre resuelta y la incertidumbre por resolver. Desde una perspectiva psicopedagógica podríamos recordar esa "zona de desarrollo próximo" vigotskiana entre lo que ya se ha comprendido y lo que, a partir de ese momento, puede llegarse a comprender. El conocimiento se realiza en lo que se le opone, dando luz a esa incertidumbre que se apodera en las tinieblas del mundo y transformándolo en mundus intelligibilis.

La inestabilidad de la intuición, la inseguridad, la incertidumbre que provoca produce una emoción especial que sólo aguarda en quien la siente, como quien espera la presencia del ser amado, poder llegar a convertir lo intuido en objetividad inteligible. Pero no hay que servir las intuiciones "listas para ser deglutidas de un trago, sino crear caminos que lleven hasta ellas, dar la oportunidad para que éstas sencillamente ocurran (viejo método socrático de la mayéutica)" Sin libertad de reflexión no hay gozo. Sin gozo no hay comprensión. La intuición se nos ofrece, de esta manera, como una especie de epifanía de la mente que se reconoce por sus sensaciones íntimas y placenteras.

El gozo del pensamiento forma parte de la selección natural y éste podría, incluso, garantizar la buena dirección del método y del pensamiento científico. Hay en Wagensberg, para quien primero emerge el universo, luego la vida y finalmente la cultura, una conciencia fenomenológica del tiempo físico-cronológico y espacial, un tiempo en el que la experiencia subjetiva de la interpretación de los fenómenos de la naturaleza se contempla en toda su dimensión filogenética.

De ahí que el gozo mental pueda formar parte de nuestra propia materia neurológica, en cuanto "episodio cerebral" que proviene de los orígenes más ancestrales de la vida. De hecho es la prioridad de la conciencia del gozo lo que para este autor legitima la ciencia.

Como consustancial a la actividad neuronal podríamos llegar a representar en imágenes, y a través de la actual resonancia magnética funcional, el acto feliz de la comprensión y el placer de la intuición en sus correspondientes zonas cerebrales activas. Se desvelaría así la clara objetividad de una pasión subjetiva.

Con la lectura del libro compartimos un pensamiento en la cima de la madurez, dándonos a los demás la posibilidad de sentir el gozo pero sin privarnos de la idea de lo que cuesta alcanzarlo. Consciente de que la ciencia es - en consecuencia con el realismo de Popper - una representación mental, objetiva e inteligible de la realidad, pero al mismo tiempo - y tal como señalara Kuhn- una representación mental cuya inteligibilidad depende del paradigma imperante en ese momento histórico y social en el que se desenvuelve el sujeto científico, se manifiesta en el libro una clara voluntad de comprender el todo a partir de las diferentes historias relatadas, de dar un sentido trascendente a lo meramente existente, no en vano el logo que preside la colección de "libros para pensar la ciencia" de Wagensberg es el Alef, símbolo de los números transfinitos de Cantor. Un libro, por tanto, imprescindible para los que son capaces de gozar con el conocimiento y la ciencia.

Tomás de Andrés
Universidad Complutense de Madrid