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Vigorexia: la otra cara de
la anorexia
Son todo músculo pero nunca se ven lo
suficientemente fuertes, sus cuerpos son grotescos en comparación
con la cabeza, se pesan constantemente; se inflan de proteínas y
pueden llegar a pasar hasta seis horas diarias en el gimnasio. La
vigorexia es el triste reverso de la anorexia.
La
vigorexia o dismorfia muscular es una patología diagnosticada hace
tres años por G. Pope, de la Facultad de Medicina de Harvard. Afecta
a los adictos a la musculación, que llegan a hacer del gimnasio su
segunda casa.
Mientras la anorexia suele aparecer en chicas
jóvenes que llegan a convertirse en esqueletos andantes, la
vigorexia afecta en su gran mayoría a hombres que se obsesionan por
alcanzar un cuerpo cada vez más fornido y musculado.
A pesar
de parecer auténticos armarios, las personas vigoréxicas realizan
ejercicio con pesas y máquinas de forma obsesiva y compulsiva con el
objetivo de seguir aumentando exageradamente su masa muscular. A
esta obsesión se une otro problema: muchos de ellos toman esteroides
y anabolizantes, de graves efectos para la
salud.
Desgraciadamente, en este caso no se hace ejercicio
para llevar una vida más saludable sino que el deporte se convierte
en obsesión. El culto al cuerpo que ha impuesto la sociedad actual
ha hecho que este tipo de trastornos relacionados con la imagen se
dispare.
Perfil del vigoréxico
Los vigoréxicos
suelen ser personas poco maduras, introvertidas, con problemas de
integración, baja autoestima y rechazo de su imagen. Este trastorno
puede ir acompañado de ansiedad, depresión y otros problemas
obsesivos, así como de un deterioro de las relaciones sociales del
afectado.
Su vida llega a convertirse en un ritual: se pesan
y miran constantemente al espejo, dedican horas a musculares y
siguen una estricta dieta a base de proteínas para ganar más masa
muscular. No pueden pasar un día sin ir al gimnasio porque ello
supondría perder volumen.
Este problema está muy extendido
entre los culturistas, aunque no todo el que practica este deporte
está enfermo. El tratamiento incluye atención psicológica, mediante
terapias de modificación de la conducta, y antidepresivos como el
prozac.
El problema se agrava cuando se toman sustancias
artificiales para mejorar el entrenamiento. Los esteroides y
anabolizantes favorecen la formación de masa muscular pero sus
riesgos son muchos: más posibilidades de padecer enfermedades
cardiovasculares, lesiones hepáticas, disfunciones eréctiles,
disminución del tamaño de los testículos, mayor propensión al cáncer
de próstata.
Pero la vigorexia causa otros problemas físicos
e incluso estéticos: desproporción entre cuerpo y cabeza, problemas
óseos y articulares debido al peso extra que tiene que soportar el
esqueleto, falta de agilidad, acortamiento de músculos y tendones.
La dieta que siguen es muy poco equilibrada y saludable:
eliminación de grasas y consumo desmedido de proteínas, lo que
obliga al hígado a trabajar exageradamente.
14/3/2001
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