
A principios
de los 70, los científicos descubrieron que una clase de compuestos
químicos del cloro llamados halocarburos eran perjudiciales para
la capa de ozono.
Los
halocarburos más utilizados son los clorofluorcarbonos (CFC). Los
CFC son compuestos estables, no tóxicos ni inflamables. Estas cualidades
los han hecho muy atractivos para su uso industrial. Presentan numerosas
aplicaciones como refrigerantes, agentes impulsores para espumas,
disolventes para paneles de circuitos eléctricos y propelentes de
aerosoles. Desafortunadamente también son los principales causantes
del deterioro de la capa de ozono y, por ello, es necesario eliminar
su fabricación y uso.
Las
multinacionales químicas, que en primer término son las causantes
de la crísis del ozono, promueven la idea de que en la actualidad
sólo sus productos, los Hidroclorofluorcarbonos (HCFC) y los Hidrofluorcarbonos
(HFC), son una alternativa viable y disponible.
Pero
los HCFC y los HFC son perjudiciales para el medio ambiente. Los
HCFC continúan destruyendo la capa de ozono, aunque algo menos que
los CFC, y tanto los HCFC como los HFC son gases invernadero potentes.
Debido a que los HCFC destruyen el ozono, sólo son considerados
"compuestos de transición" lo que significa que tendrán
que ser remplazados a su vez por compuestos más aceptables desde
el punto de vista ambiental. Así se requerirían dos pasos para lo
que puede hacerse en uno solo, utilizando alternativas más seguras
para el medio ambiente. Lo mismo puede decirse respecto a los HFCs,
que por su elevado potencial de calentamiento global han sido incluidos
en el Protocolo de Kioto
). El absurdo "paso intermedio" a través de los HCFCs
o HFCs doblará los costes de los nuevos equipos, de los cambios
en las líneas de producción y del entrenamiento de personal.
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