Después de La Haya
 

 
 








 

 

 

 

 

 


 

 
*Campaña de Atmósfera
Los efectos de cambio climático
*El clima en juego en La Haya
 

DESPUÉS DE LA HAYA
(Diciembre 2000)

 

José Luis García Ortega

Todos los medios de comunicación se han hecho eco del fracaso de la conferencia de La Haya. La intransigencia de EE.UU., empeñado en introducir cualquier trampa para no tener que reducir sus propias emisiones (que son la cuarta parte del total mundial) hicieron imposible un acuerdo. Las organizaciones ecologistas nos habíamos volcado en el seguimiento de la cumbre con una intensidad sin precedentes desde Kioto. El comunicado final de Greenpeace, impreso en papel negro, hablaba por sí solo: "Los gobiernos abandonan la cooperación contra el cambio climático". Sin embargo, para valorarlo en perspectiva, es interesante la visión de uno de los mayores expertos en estas negociaciones, el máximo responsable de la delegación de Greenpeace, Bill Hare, quien escribió el siguiente artículo una semana después del fin de La Haya.

Para más información: "Trampas al Protocolo de Kioto: Intentos de anular su eficacia ambiental". Greenpeace, Noviembre 2000.

PUNTO MUERTO EN LA HAYA: ¿UNA CRISIS BENEFICIOSA?
(
Bill Hare, Director de Política Climática, Greenpeace Internacional.)

El sábado 25 de noviembre de 2000 pasará sin duda a la historia como un día negro para la protección del clima. Pero, gracias al compromiso europeo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, se evitó lo peor. La Unión Europea fue capaz – por una vez – de resistir los intentos norteamericanos de literalmente sabotear la integridad ambiental del protocolo de Kioto.

Adoptado hace tres años, ese protocolo sigue siendo el único tratado internacional que existe para obligar a 38 naciones industrializadas a reducir "ligeramente" sus emisiones de gases invernadero. Todo el mundo, o casi todo el mundo, está de acuerdo en que esto no es más que un pequeño paso hacia la protección de nuestro clima. Pero en vez de aplicar este acuerdo, algunos países han estado – y todavía están – tratando desesperadamente de limitar incluso su modesto alcance y de inventar toda clase de escapatorias en el proceso, ignorando lo que está en juego en el cambio climático. Estados Unidos, respaldado por sus aliados japoneses, canadienses y australianos, está sin duda a la cabeza de esta argucia organizada. Las fallidas negociaciones en La Haya son la prueba irrefutable de esto.

Ciertamente, no lograr un acuerdo en La Haya era mejor que un mal acuerdo. Los norteamericanos y sus aliados sostenían que la "arquitectura" de las decisiones de La Haya era más importante que el hecho de si resultasen o no reducciones de emisiones realmente. Sin embargo, sus propuestas sobre las inclusiones de los bosques en el Protocolo de Kioto habrían dado como resultado una arquitectura de largo plazo que podría haber hecho imposible calcular en realidad si de hecho las emisiones se reducían. Y sus propuestas a corto plazo habrían dado como resultado incrementos reales de emisiones.

Para aquellos que siguieron las negociaciones en las horas tempranas de esa larga y negra mañana de sábado, está claro que las propuestas presentadas durante las horas finales representaban nada menos que un intento de los norteamericanos de mutilar el protocolo, con objeto de evitar tener que tomar ninguna medida real para reducir el consumo de combustibles fósiles dentro de EE.UU. Las propuestas habrían conducido a un irremediable aumento de las emisiones de gases invernadero en las naciones industrializadas. Eso las hacía inaceptables, así que – como Presidente de la Unión Europea – Dominique Voynet tenía razón en rechazarlas.

A pesar de las inevitables diferencias entre algunos estados miembros, la UE consiguió finalmente vencer sus propias divisiones y mantenerse firme contra los intentos de EE.UU. de forzar un acuerdo de última hora. La Unión ha conseguido defender, por ahora, la integridad ambiental del protocolo de Kioto.

A la conclusión de la reunión de La Haya, es ciertamente posible hablar de una "crisis". Pero a este respecto merece la pena considerar la caligrafía china, según la cual el símbolo de "crisis" está hecho de otras dos palabras: "peligro" y "oportunidad". Así que esta crisis podría bien ser una crisis beneficiosa. Europa debería moverse ahora para tomar ventaja de su actual determinación de alcanzar un acuerdo con Estados Unidos que consiga un progreso real en términos ambientales, sin echar por tierra la ya limitada efectividad del Protocolo de Kioto. Sin ninguna duda, ahora es el momento de reabrir las negociaciones y alcanzar un acuerdo con Estados Unidos, antes de que el Presidente Clinton entregue las riendas del poder a su sucesor, quienquiera que sea. También les incumbe tanto a la UE como a EE.UU. deshacer el daño que se hizo a las relaciones con los países en desarrollo, que fueron eliminados de discusiones claves en medio del caos de aquel oscuro sábado en La Haya. Esos dos movimientos son esenciales para el éxito de la reanudación de la COP6 en el año nuevo.