El
CLIMA, EN JUEGO EN LA HAYA
(Fecha del artículo noviembre
de 2000)
Del 13 al 24 de noviembre de 2000,
los gobiernos firmantes del Convenio de Cambio Climático de
la ONU se reúnen en La Haya (Holanda), para concretar cómo
aplicar el Protocolo de Kioto. Será una cita decisiva para
el clima mundial.
El
Protocolo de Kioto, aprobado en 1997 en desarrollo del Convenio
de Cambio Climático, es el primer acuerdo internacional que
fija objetivos concretos, de obligatorio cumplimiento, para
la reducción de emisiones de los gases que provocan el cambio
climático. Para el conjunto de los países desarrollados, el
Protocolo obliga a reducir las emisiones en un promedio del
5,2% para el periodo 2008-2012 respecto a 1990. Este objetivo
es en sí mismo insuficiente, pero si ni siquiera se llega
a cumplir podemos abandonar toda esperanza de que la humanidad
sea capaz de poner freno al inexorable calentamiento global
que hemos puesto en marcha.
Las
proyecciones oficiales para el año 2010 indican que las emisiones
de los países desarrollados podrían estar un 8% por encima
de las de 1990, si no se hace nada para cumplir el Protocolo
de Kioto. El problema es que los más contaminadores pretenden
abrir tantos agujeros en el Protocolo como para que, aun cumpliéndolo,
el resultado sería un aumento de emisiones muy similar a ese
8%, mira qué casualidad. En la tabla vemos cómo cada uno de
esos agujeros contribuiría a aumentar las emisiones. O sea,
que el Protocolo de Kioto en vez de ser un tratado internacional
que obliga a reducir las emisiones, se quedaría en un papel
que permita que cada uno siga haciendo lo mismo que haría,
ignorando su responsabilidad ante el cambio climático.
La
Cumbre del Clima (COP6) de La Haya tiene que fijar las reglas
del juego para la aplicación del Protocolo de Kioto. Es lo
que, en la jerga oficial, se conoce como "mecanismos
de flexibilidad", en principio pensados para hacer más
fácil a los países cumplir con sus respectivos objetivos,
pero que corren el riesgo de convertirse en trampas, en los
auténticos agujeros por los que los países contaminadores
pretendan escaparse sin hacer nada para reducir su contribución
real al problema.
Para
Greenpeace, el objetivo para la COP6 es doble: por un lado,
asegurar que los gobiernos adoptan reglas sensatas, desde
el punto de vista ambiental, para el Protocolo de Kioto, que
induzcan a acciones reales para reducir las emisiones que
provocan el cambio climático; por otro lado, conseguir el
impulso necesario para que se ratifique el Protocolo de Kioto
por un número suficiente de países, con o sin EE.UU., de modo
que entre en vigor para el año 2002.
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LOS PRINCIPALES TEMAS
EN JUEGO
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No estamos ante una más de esas "aburridas e inútiles
reuniones". O no deberíamos estarlo. La COP6 es una reunión
clave, porque se han de tomar muchas decisiones que influirán
seriamente la efectividad ambiental del Protocolo de Kioto.
Para Greenpeace, exigir acciones reales para frenar el cambio
climático significa eliminar progresivamente el uso de combustibles
fósiles, sustituyéndolos por un desarrollo masivo de la eficiencia
energética y las energías renovables.
Los
principales temas en juego son estos, en orden de importancia:
Como las plantas absorben CO2 de la atmósfera (por eso se
las llama "sumideros" de carbono), los contaminadores
pretenden poder seguir quemando combustibles fósiles a cambio
de la realización de actividades forestales o agrícolas. Qué
actividades serán estas, si estarán limitadas, cómo se cuantificarán,
controlarán y verificarán, etc., se tiene que decidir en la
COP6. Para ello, habría que tener muy presentes tres hechos:
Por
cada tonelada de carbono almacenada en árboles y que se contabilice
bajo el Protocolo de Kioto, HABRÁ una tonelada extra de combustible
fósil que se queme.
Los
países industrializados tienen que reducir sus emisiones en
unos 700 millones de toneladas de carbono al año para cumplir
sus compromisos de Kioto.
La
cantidad total de sumideros disponibles, según el Informe
Especial del IPCC sobre Cambio en el Uso de la Tierra y Forestación,
iguala o excede a esa cantidad de emisiones que se deberían
reducir.
El
problema de los sumideros es que da una excusa muy barata
para no reducir las emisiones, contabilizando en su lugar
el CO2 que en su día la planta absorbió, pero que en cualquier
momento se puede volver a escapar (véase los incendios cada
verano). Además, tiene el muy perverso efecto de incentivar
la sustitución de bosques por plantaciones de crecimiento
rápido.
MECANISMO PARA UN DESARROLLO LIMPIO |
Su
objetivo es que los países desarrollados costeen la realización
de proyectos en los países empobrecidos, para ayudar a estos
a reducir sus emisiones; a cambio, las reducciones se las
apuntan los que pagan. La COP6 deberá decidir qué tipo de
proyectos se admiten, así como las reglas para controlarlos.
El problema es que este mecanismo se regule en función de
los intereses económicos de los países "donantes",
que van mucho más allá de apuntarse unas reducciones de emisión,
sino que persiguen sencillamente la venta de tecnología (muchas
veces lo que aquí ya no queremos) bajo el paraguas de este
mecanismo.
El
objetivo de las organizaciones ecologistas es que se apruebe
una "lista positiva exclusiva" que determine los
proyectos que exclusivamente podrán acogerse al MDL:
Sin
embargo, existen fuertes presiones por parte de grupos de
empresas occidentales para que en el MDL se incluyan cosas
muy distintas: centrales térmicas de carbón (al que tienen
la desfachatez de añadirle el adjetivo "limpio"),
centrales nucleares (en un desesperado intento del lobby nuclear
de salvar su radiactivo negocio intentando vender a los países
menos desarrollados lo que ya ningún país occidental quiere,
tras haber sido rechazada la construcción de nucleares hasta
por Turquía) o incluso los sumideros (lo más barato, inútil
y peligroso es permitir a los contaminadores que, en vez de
reducir sus emisiones, financien en países empobrecidos actividades
agrícolas o forestales que podrían fomentar la destrucción
de uno de sus más valiosos patrimonios: los bosques y selvas).
El
Protocolo asigna a cada país una cuota (un límite) de emisiones,
y permite que los países puedan comprar y vender derechos
de emisión. Hay países, como es el caso de Rusia, a quienes
se les asignó unas cuotas muy superiores a lo que de verdad
van a emitir: si Rusia vende esos derechos de emisión, todos
esos gases que no iba a emitir (lo que se conoce como "aire
caliente") los podrá emitir otro país (como EE.UU.) a
cambio de dinero. En la COP6 se decidirá si se pondrán límites
a ese comercio, y se verá qué responsabilidades se imponen
a compradores y vendedores para asegurar que se logran reducciones
de emisiones reales.
También se tendrá que decidir en la COP6 el régimen de control
y sanciones que se aplican a los que incumplan el Protocolo.
Esto es vital, tanto para evitar la prostitución de los "mecanismos
de flexibilidad", como para asegurar que los objetivos
de limitación de emisiones, que son de obligatorio cumplimiento,
se cumplan de verdad. Algunos países pretenden que el que
no cumpla su objetivo simplemente "tome prestada"
parte de la asignación que le correspondería en un futuro,
es decir, además de no hacer nada para evitar el cambio climático
que les dejamos en herencia a las generaciones futuras, gastarse
ahora la parte del "presupuesto" a que tendrían
derecho nuestros hijos.
Leyenda:
Emisiones
permitidas con los créditos de emisión del Mecanismo de Desarrollo
Limpio.
Emisiones permitidas con actividades "sumidero"
adicionales - secuestro de carbono del suelo, actividades
forestales, etc.
Emisiones permitidas con actividades adicionales de reforestación
y deforestación.
Emisiones permitidas con comercialización de las emisiones
de "Aire caliente".
Emisiones permitidas en condiciones de cumplimiento total
con el Protocolo de Kioto pero sin comercialización de "aire
caliente".