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DE CÓMO APRENDER DISFRUTANDO

 

Las mil y una bases del ADN y otras historias científicas. Laborda, Jorge.  Editorial Hélice, Serie Tangente. Madrid, 2006.


Una compilación de ensayos de "ciencia popular"


 
 

La divulgación científica no es el género literario más agradecido, como bien indica Manuel Toharia en el prefacio a esta excelente compilación de ensayos de "ciencia popular" escritos por Jorge Laborda. Muchos científicos la consideran una pérdida de tiempo y con cierta arrogancia intelectual dudan del interés del público por el funcionamiento del mundo que nos rodea. La duda es comprensible -el propio Laborda no oculta su frustración por la escasa curiosidad que muestran la mayoría de los universitarios- y por ello son muy de agradecer todos los esfuerzos para aumentar el interés de la sociedad por la ciencia. No olvidemos que los representantes políticos elegidos con nuestros votos deciden cuánto dinero dedicamos cada año a la investigación científica y tecnológica; autorizan (o no) la clonación terapéutica; favorecen (o no) la comercialización de alimentos modificados genéticamente; diseñan (o no) respuestas ante posibles crisis epidémicas. Por ejemplo, en el momento de escribir estas líneas el presidente de los EE.UU. acaba de bloquear la iniciativa del Senado norteamericano de volver a asignar fondos para la investigación con células madre, cerrando así una de las vías más prometedoras en la investigación biomédica actual. Desgraciadamente, esa noticia nos preocupa menos que los cabezazos de Zidane y las etapas pirenaicas del Tour.

Parte del desinterés social por los asuntos científicos se debe a su indudable complejidad: para opinar acerca de la "polémica de las células madre" hay que saber primero qué es una célula; luego, en qué se distingue una célula pluripotencial de una célula diferenciada; tampoco vienen mal unas nociones básicas acerca del desarrollo embrionario y del mantenimiento de los tejidos de un organismo adulto. El objetivo del divulgador consiste precisamente en desgranar estos problemas complejos, reducirlos a su esencia más básica y expresarlos en lenguaje convencional, con el máximo rigor y sin caer en la condescendencia.

Por si esto fuera poco, el divulgador se enfrenta a distintos enemigos de la comunicación entre ciencia y sociedad. A los posos sociales del fundamentalismo religioso de épocas no muy lejanas (el gran físico y biólogo Francis Crick sostenía que la religión sólo debe de practicarse entre adultos informados, nunca enseñarse a niños), se han unido dos nuevas fuentes de conflicto: la "corrección política" mal entendida y el ecologismo manipulador. En nombre de la primera se puede desprestigiar cualquier estudio que aborde temas socialmente espinosos, como los posibles factores genéticos que condicionan la orientación sexual, o las diferencias en los procesos cerebrales de hombres y mujeres, por citar dos ejemplos. En cuanto al ecologismo exacerbado, las mismas organizaciones que dedican notables esfuerzos a proteger animales o ecosistemas amenazados aprovechan su prestigio social para crear alarmas infundadas acerca de la modificación genética de las plantas, por ejemplo, sin argumentar científicamente su postura.

Jorge Laborda, Decano en la Facultad de Medicina de la Universidad de Castilla-La Mancha e investigador en activo, se enfrenta con lucidez a estos elementos adversos en "Las mil y una bases del ADN", una selección de sus numerosos artículos divulgativos publicados en distintos medios periodísticos a lo largo de los últimos cinco años. Dada su profesión, el autor se centra en diversos avances relacionados con la bioquímica, la genética y la medicina, pero los intercala con temas de astronomía, física e incluso psicología. En un tono siempre coloquial, humorístico sin abusar del chascarrillo, Laborda describe la influencia de nuestros genes en la inteligencia, la capacidad de lenguaje, el peso corporal y el envejecimiento, entre otras muchas cosas. También explica cómo "leer" una molécula de ADN, cómo nuestro sistema inmune distingue las células sanas de las células infectadas por un virus, o cómo intentan los científicos mejorar un conocido medicamento antitumoral. Algunos conceptos técnicos avanzados se resuelven con metáforas ocurrentes: en un caso, las distintas estructuras de una proteína se comparan con los elementos de un cuarto de baño; en otro, la mutabilidad del virus de la gripe se asemeja a la manipulación de una fotografía digital. A lo largo del texto, Laborda se muestra una y otra vez maravillado ante los mecanismos y recursos de la Naturaleza (palabra que escribe siempre con mayúscula), y se mantiene humilde acerca de los logros de la actividad científica. Así, en varios capítulos se plantean problemas intrigantes que la ciencia aún no ha sido capaz de resolver (por ejemplo, el origen de la Luna). En estos casos se presentan someramente las distintas teorías disponibles y se deja que el lector escoja la que más le convence, o que continúe debatiendo sobre ellas.

En esta colección de miniaturas científicas destilan los valores del pensamiento racional: la exaltación de la curiosidad humana, la negación del oscurantismo y la importancia del método científico. El formato de capítulos cortos e independientes garantiza una lectura ágil, muy tolerante con las interrupciones (el firmante de esta reseña leyó la mayor parte del libro en salas de espera de distintos aeropuertos). Pero no se confíen. "Las mil y una bases del ADN" entraña el riesgo de excitar nuestra atrofiada curiosidad, y más de un lector se encontrará robando minutos al sueño para acabar un capítulo acerca de, digamos, el sudor corporal (¿para qué sirve? ¿por qué unos sudores huelen peor que otros? ¿qué tiene que ver el sudor con el funcionamiento de un botijo?), y luego ya no podrá parar hasta saber por qué fallan las dietas, por qué hay tantas alergias o qué son los agujeros grises. Un excelente trabajo, que ojalá muchos profesores lean y recomienden a sus alumnos, y éstos a sus familiares y amigos. Para aprender disfrutando.

Juan Méndez
Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)