ciencia y literatura


CONOCIMIENTO, INNOVACIÓN Y DESARROLLO URBANO

 

Las Tecnópolis en España. Ondategui, Julio César.  Editorial Civitas. Madrid, 2008. 160 páginas.



 
 

Uno de los temas de investigación que hoy por hoy mayor atención suscita en las ciencias sociales es el de las transformaciones socioeconómicas de las ciudades, en su esfuerzo de adaptación a la economía del conocimiento. Proliferan así conceptos y metáforas en el debate científico que tratan de aproximar esa nueva realidad que cristaliza hoy en las ciudades (knowledge- based cities, intellegent cities, learning cities, creative cities...) y que, grosso modo, vienen a señalar el protagonismo de la producción y difusión del conocimiento en la mejora de la competitividad, calidad de vida y sostenibilidad de las ciudades. En definitiva, conocimiento e innovación vertebrando las estrategias de desarrollo urbano.

De todo ello el libro "Las Tecnópolis en España" fija su atención en un instrumento al que de forma creciente recurren nuestras ciudades para lograr la transferencia del conocimiento y la tecnología al tejido productivo, esto es, la promoción de nuevos espacios de actividad concebidos para instalar nuevas empresas y actividades de mayor contenido tecnológico (Tecnópolis). Además de parques científico y/o tecnológicos, objeto principal de la investigación, el trabajo se asoma a otro tipo de proyectos que proponen la creación de polos de innovación (ihubs) como estrategia de renovación urbana, como en el caso del bien conocido 22@ barcelonés.

Algunas de las cifras ofrecidas por el autor reflejan la importancia del fenómeno en la última década; hasta 50 proyectos en marcha al finalizar 2007, según la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España, y que representan unas 2.000 Ha y una inversión cercana a los 6.000 millones de Euros; 1.508 empresas instaladas, 5.535 millones de Euros de facturación y 40.575 personas empleadas. Lo oportuno y estratégico de la reflexión que nos propone este libro sin duda se refuerza en el momento actual, cuando urge encontrar sectores alternativos que sostengan a futuro el crecimiento y el empleo, y respuestas a lo que ya son consideradas las asignaturas pendientes en España, entre otras, la productividad, el gasto en I+D, la producción de tecnología y patentes, la reforma del sistema educativo o la calidad y liderazgo de la Universidad.

Con su propuesta Julio César Ondategui vuelve a sorprendernos, situándose en una nueva frontera de investigación. Agudeza científica, unido a independencia, convierte al autor en uno de los representantes de la Geografía Económica más interesantes de hoy en día. De hecho, este investigador, también técnico responsable en la administración regional de Madrid, se ha convertido en un referente científico en los estudios de innovación en ámbitos regionales y urbanos, y sobre infraestructuras tecnológicas y del conocimiento en España, reivindicando el saber hacer de su profesión de geógrafo.

El libro se estructura en dos partes diferenciadas. En la primera de ellas se aborda la reflexión teórica sobre el papel del conocimiento en el desarrollo urbano. Se parte de la existencia de dos tipos de fuerzas para el crecimiento y desarrollo de las ciudades: por un lado, los motores de innovación o «urban engines innovation», como estructuras creadas tangibles o intangibles (desde Museos a centros de investigación) y comunidades urbanas o «urban communities», que reflejan la actividad de las personas y grupos (desde empresarios a artistas). A partir de aquí, el trabajo centra su atención en el primer vector, considerando las infraestructuras productoras de conocimiento, en su formato de parques tecnológicos, científicos o tecnópolis, como «proveedoras de servicios científico-tecnológicos, espacios para crear empresas, y estructuras que gestionan, intermedian y movilizan una amplia variedad de intangibles, equipamientos, y actividades relacionadas con los negocios de la tecnología y la industria». Esta primera parte termina con una valoración de las luces y sombras de algunos de los modelos de Tecnópolis más representativos en el mundo, siempre en el contexto regional y de las políticas industriales y de innovación que los vieron nacer.

La segunda parte del trabajo, que comprende los capítulos 5 a 10, arranca con las ya mencionadas cifras de crecimiento del sector y con una reflexión de fondo que nos acompañará hasta el final del trabajo; «¿todas las regiones o CC.AA podrán convertirse ahora en tecnópolis, ciudades del conocimiento, o bioregiones con una marca compitiendo en los mercados globales?».

Para tratar de dar repuesta a esta cuestión el autor aporta su dilatada experiencia en el campo, sistematizando un volumen ciertamente abrumador de información (hablamos del material de varios años de trabajo, con visitas a los parques, entrevistas a empresas, gestores, responsables políticos...) a través de la construcción de tipologías de proyectos urbanos, dentro de la treintena que han sido revisados. Se apunta así al transito desde proyectos genéricos de desarrollo regional; más tarde concebidos para la renovación del tejido productivo del ámbito local y regional; y hoy convertidos en «motores de desarrollo urbano proveedores de suelo tecnológico en su evolución posterior hasta 2008 como elementos de transferencia entre las necesidades del tejido industrial y los centros de producción de nuevos conocimientos y tecnologías». En todo caso, el autor advierte: «las tres características que concurren en los parques científicos -conexiones con centros de investigación universitarios, crecimiento industrial basado en el conocimiento, y transferencia de tecnología- no se han cumplido en su totalidad en los parques existentes».

Otros cambios señalados apuntarían a la progresiva incorporación de nuevos actores (ayuntamientos, fundaciones, universidades...) que vienen a reforzar la labor impulsora de muchos gobiernos regionales, así como la renovación de los sistemas de gestión (nuevas formas jurídicas, como consorcios o fundaciones...). El repaso a las diferencias y similitudes alcanza también a los objetivos estratégicos de este tipo de infraestructuras, en relación con su capacidad de transformación del tejido industrial, la provisión de servicios avanzados, la atracción de empresas y centros tecnológicos, la transferencia de conocimiento, o la creación e incubación de empresa de base tecnológica.

Con todo, la comparación se prolonga en un inventario de buenas prácticas, cuya organización responde a las evidencias encontradas en cuanto a la existencia de dos modelos; el de parque tecnológico ligado a los gobiernos regionales y a la estructura industrial local, que persigue sobre todo fines de desarrollo regional (Cartuja 93, PT de Zamudio, PT del Vallés, PT de Málaga, PT de Castilla y León-Boecillo); frente a otro, quizás más reciente, asociado a universidades y que promueven estructuras organizativas más orientadas a las actividades científicas (PC de Barcelona, TecnoAlcalá, PC de Madrid...).

A partir de esta selección se atiende a cinco criterios que componen un magnífico esquema de trabajo para guiar futuros diagnósticos y evaluaciones de políticas públicas que incluyan la promoción de este tipo de espacios. Los cinco criterios son: (i) orientación al mercado (capacidad para interaccionar/dinamizar el entorno empresarial; (ii) especialización (grado de posicionamiento "de nicho" en un determinado sector objetivo, por ejemplo Biotecnología, nanotecnología, ciencia de los materiales; frente a una apuesta por tecnologías transversales); (iii) representatividad (capacidad como modelo funcional de redes físicas y virtuales y como proyecto representativo en el contexto de políticas regionales de innovación; (iv) servicios de valor (oferta a usuarios y clientes potenciales); (v) grado de interrelación (entre la universidad y las empresas del parque).

Muchas son las conclusiones y lecciones que se pueden extraer de este trabajo, donde no faltan alusiones a los aspectos más exitosos de los distintos proyectos planificados en los últimos 20 años (por ejemplo, estrategias de marketing de parcelas e inmuebles en PT Málaga o Cartuja93; equilibrio entre la orientación al mercado y orientación hacia actividades científicas y de transferencia en PCyT de Alcalá o Cartuja 93; servicios de valor en PC de Barcelona o de Madrid). Sin embargo, junto con ello el autor no oculta su preocupación ante ciertas amenazas, como la utilización de soluciones genéricas que tienden a replicarse de ciudad en ciudad, el asunto no resuelto de la financiación estable de la I+D (al que se dedica todo un capítulo), las estrechas bases económicas, tecnológicas o sociales que en ocasiones sustentan algunos de los proyectos tecnopolitanos, o la deriva hacia intereses inmobiliarios, lo que puede llegar a vaciar de significado este tipo de actuaciones.

«Actualmente, un proyecto nuevo de calado regional requiere otros planteamientos para no derivarlo sólo hacia un parque empresarial o tecnológico donde se instalan simplemente empresas y centros tecnológicos independientes. La tendencia es hacia el parque científico tecnológico capaz de aglutinar disciplinas, centros, equipamientos, consorcios, plataformas, etc., y que se diferencia precisamente por su fuerte conexión con la universidad y la ciudad y por los servicios científico-tecnológicos concretos y específicos, pero de muy alto valor, que aporta al conjunto del tejido económico y social»

En definitiva, "Las Tecnópolis en España" es un trabajo de investigación imprescindible para estudiosos de las transformaciones urbanas en el actual contexto de la economía del conocimiento y, desde luego, para responsables de las administraciones publicas; desde los directamente implicados en las políticas industriales, tecnológicas, científicas en la esfera nacional o regional; hasta aquellos otros encargados de la promoción económica en la escala local y, por tanto, potencialmente interesados en un instrumento de planificación que de forma creciente es impulsado en ciudades españolas de muy diverso tipo. Sin duda, entre sus páginas los gestores de lo urbano, de la industria y de la tecnología encontrarán una valiosa información para la toma de decisiones, pero también un fuerte espíritu (auto) crítico y constructivo de quien, como investigador y responsable técnico de la administración, se sabe parte del engranaje social que analiza y aspira a mejorar desde sus responsabilidades profesionales.

Simón Sánchez Moral
Investigador
Fundación de Estudios de Economía Aplicada-FEDEA

 

 
  


 




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