ciencia y literatura


UN ESCLARECEDOR TEXTO SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA QUÍMICA EN NUETRA VIDA DIARIA

 

Los avances de la Química. Herradón García, Bernardo.  Editorial: Catarata-CSIC. Colección: ¿Qué sabemos de?. Madrid, 2012. 142 páginas.



 
 

La Química nos rodea. Todo es Química. Sin embargo, la Química tiene mala fama. ¿Cuál es entonces el problema? El desconocimiento. La ignorancia produce miedo; el miedo a lo desconocido. El libro que nos ocupa es un paso más en la batalla desplegada por científicos y divulgadores para concienciar al público en general, y a los jóvenes estudiantes en particular, de cómo la Química es buena; imprescindible. Y no se trata de un paso cualquiera, sino de uno muy importante y significativo, pues Bernardo Herradón, el autor, lleva ya muchos años comprometido en un torbellino divulgador destinado a hacer la Química comprensible. Este torbellino se ha convertido en un huracán durante el pasado Año Internacional de la Química 2011 que, finalmente, ha alumbrado este magnífico texto sobre Los Avances de la Química y lo que éstos influyen en nuestra vida diaria.

El libro se divide en 5 capítulos interconectados, aunque también de posible lectura independiente. En el primero de ellos se evidencia cómo la Química es parte de nuestra vida cotidiana. Es absurdo pensar en un mundo sin Química, como muchas veces parece promocionarse desde los medios de comunicación. Pensemos simplemente en dos de los ejemplos mencionados por Bernardo: el agua potable y las pilas. ¿Es que el agua potable es natural? ¿O es que no vivimos más desde que hemos eliminado la mayoría de las infecciones graves al poder potabilizar, por medios químicos, el agua que bebemos? ¿Y las pilas? ¿Podríamos ya sobrevivir sin nuestros amados teléfonos inteligentes, que no funcionan sin su correspondiente batería química …?

En el segundo capítulo se hace un recorrido histórico que nos lleva desde las primigenias Ciencias Naturales hasta la Química actual, pasando por la injustamente denostada Alquimia. Este repaso incluye, por supuesto, a todos los grandes científicos que han participado en este proceso. Algunos de ellos fueron grandes químicos sin saberlo, como el propio Einstein que, por ejemplo, contribuyó decisivamente al establecimiento del concepto moderno de molécula. Otro aspecto importante es la explicación de cómo la Física se vuelve atómica, y empieza a confundirse con la Química. Finalmente, no podemos olvidarnos de Pauling, tal vez el más conocido representante del grupo de científicos involucrados en la utilización de la Química para entender la Biología, la Ciencia que hoy denominamos Bioquímica.

El tercer capítulo se refiere a los conceptos. Un capítulo especialmente atractivo para alguien como el que suscribe estas líneas que, aunque químico de formación, hace ya tiempo que no maneja muchos de estos conceptos tan grata y claramente explicados por Bernardo. El propio autor del libro sostiene en el Prólogo que se trata de un capítulo evitable por el lector. Craso error. Es el capítulo imprescindible. El capítulo de cuya lectura aprenderemos lo necesario para entender la Química; para perder ese miedo a lo desconocido al que se hacía referencia al comienzo de estas líneas. Las Matemáticas tienen fama de ser la ciencia más abstracta. Mentira. Todos llevamos imprimados los conceptos matemáticos esenciales en nuestros genes. Los de más y menos, o sumar y restar, por ejemplo, son consustanciales al ser humano. E incluso a muchos otros animales. Es la Química la disciplina que requiere de un verdadero ejercicio de abstracción. Un ejercicio tan grande que incluso ha obligado a inventar un lenguaje nuevo, con sus propios símbolos y formulaciones.

El cuarto capítulo nos explica dónde está la Química en la actualidad, y a dónde va. Un capítulo que podría ser tema de una enciclopedia y que Bernardo resume con destreza y amenidad. Es especialmente reseñable cómo los objetivos de la Química, pese a no ser grandiosos, son los que contribuyen poderosamente a la mejora de nuestra vida cotidiana. Un químico no se embarcará en explicar el origen del Universo, ni en la búsqueda del sentido de la vida, pero nos facilitará energías baratas y conservantes con los que calentarnos y mejorar la higiene de nuestros alimentos, por ejemplo. La Química es además capaz de crear “cosas” que no existen en la Naturaleza. Este planteamiento conduce casi inevitablemente al último de los capítulos, dedicado al impacto de los avances químicos a lo largo de la Historia. Un capítulo inacabado porque, como bien comenta el autor, la falta de espacio condiciona el relato y abre la puerta a nuevas publicaciones sobre los temas que quedan sin tratar. No se olvida Bernardo, sin embargo, de los aspectos negativos, no de la Química, sino del mal uso que se puede hacer de ella. Y, muy certeramente, nos recuerda que es precisamente desde la propia Química desde donde se puede actuar contra esta indeseable utilización.

En definitiva, si alguien tiene interés por la Química no debe dejar pasar la oportunidad de leer este libro. Nunca más volverá a pensar que lo natural es lo bueno y lo químico lo malo. No, lo químico es lo natural. Como bien dice Bernardo, el primer químico fue el hombre primitivo que inventó, o descubrió, el fuego. Un proceso que, por cierto, ahora entendemos y llamamos combustión. Por tanto, ¿habríamos llegado a donde hemos llegado sin Química? Lean el libro y extraigan sus propias conclusiones.

Álvaro Martínez del Pozo
Departamento de Bioquímica
Facultad de Química
Universidad Complutense de Madrid

 

 
  


 




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